El catolicismo político en Argentina se encuentra presente desde tiempos del Imperio español en América, y se trazan a lo largo de su historia.

Desde los orígenes de la Argentina

izquierda|miniatura|150px|El sacerdote jesuita Francisco Suárez (1548-1617), de la Escuela de Salamanca. Gracias a la célebre bula del Papa Pablo III Sublimis Deus de 1537 que declara a los indígenas hombres con todos los efectos y capacidades de cristianos, hubo un gran contraste entre la colonización española, la anglosajona y francesa en América. En el Imperio español, iniciado en estas latitudes con la Gobernación del Río de la Plata y del Paraguay, la unidad social se concebía a través de la unidad de la Fe de la Iglesia católica.

Pero desde su emancipación la Nación Argentina estuvo influida por dos corrientes de pensamiento distintas:

1) La racionalista, laicista e iluminista de Voltaire que sustentó la filosofía política de la Revolución Francesa y que influyó por ejemplo en el Dean Funes en Córdoba.

2) Otra anterior, de inspiración cristiana, influida, por un lado, por la doctrina del sacerdote jesuita Francisco Suárez, de la Escuela de Salamanca, que pregonó que la autoridad es dada por Dios pero no al rey sino al puebloAbad de Santillán (1965): 409 que fue aprendida en la Universidad Mayor Real y Pontificia San Francisco Xavier de Chuquisaca por los principales patriotas que impulsaron la Revolución de Mayo; y por otro, por el ejemplo de la Revolución Americana que, aunque tuvo otros orígenes, su lema nacional es In God we trust (en inglés: «En Dios confiamos»).Corrientes interpretativas de la Revolución de mayo de 1810

En los primeros tiempos de la Argentina, Cornelio Saavedra y luego fray Cayetano Rodríguez, fray Francisco de Paula Castañeda, el Pbro. Pedro Ignacio de Castro Barros, el Gral. Manuel Belgrano, Esteban Agustín Gascón, Gregorio García de Tagle, entre otros, fueron grandes defensores del pensamiento católico y de la Iglesia contra el anticatolicismo de los grupos liderados primero por Mariano Moreno y Juan José Castelli,Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría), Año X, Ed. Goncourt, Bs. As., 1970.“Las etapas de mayo y el verdadero Moreno”, ediciones Theoría. Bs. As., 1963, pág. 73 y después por el gobernante Bernardino Rivadavia que en 1822 impulsó la reforma eclesiástica entre otras medidas suprimió el diezmo y el fuero eclesiástico, cerró varios conventos que tenían escasos miembros y confiscó los bienes que pertenecían a las órdenes religiosas disueltas, incluyendo los del Santuario de Luján, de los de la Hermandad de Caridad, del Hospital de Santa Catalina y otros.Rivadavia y la expropiación a las órdenes eclesiásticas

Rivadavia era católico pero había adoptado las ideas regalistas de Europa y quiso aplicarlas en el país. Esta doctrina sostenía que no existía un Iglesia Universal regida por el Papa sino que existían comunidades nacionales de fieles a los cuales el gobierno podía dirigir. Rivadavia contó con el apoyo de algunos sacerdotes como Valentín Gómez, Gregorio Funes, Julián Segundo de Agüero y otros.

El 1 de julio de 1822, Rivadavia publicó una serie de decretos reformistas, que fueron completados seis meses más tarde por la ley de la Cámara de Representantes que dictó, el 21 de diciembre, la "Ley de Reforma General".

Estas resoluciones afectaban principalmente a las órdenes religiosas, cuyos miembros eran considerados más adictos a la Santa Sede que los sacerdotes del clero secular.

Algunas medidas fueron: El Gobierno decretó el cierre de varios conventos, como los de los Bethlemitas, Recoletos y Mercedarios; al mismo tiempo se apoderó de todos los bienes que pertenecían a estas órdenes religiosas. El Gobierno incautó los bienes propios del santuario de Luján, de los de la Hermandad de Caridad, del Hospital de Santa Catalina y otros. El gobierno tomó sobre sí la responsabilidad de dar permisos para abandonar el estado religioso a quienes así lo deseaban. Se declararon suprimidos los diezmos, impuesto tradicional que servía para el sostenimiento del clero. No podría haber convento con más de 30 religiosos ni con menos de 16, bajo la pena de supresión y confiscación de bienes. Ningún religioso podría pronunciar sus votos de consagración perpetua antes de lo 25 años de edad. No se reconocería la existencia de ninguna autoridad religiosa que residiera fuera del país y pretendiera tener poder sobre el clero secular y regular Juan Carlos Nicolau (2008). «Manuel José García (1784-1848) - Política y Diplomacia en el Río de la Plata» (en español). Histórica, de Emilio J. Perrot. «pág. 213-214».«AGN, Sala X, 1-1-8».

Los despojos arbitrarios y unilaterales de la administración rivadaviana junto con el rol de la Iglesia católica en la génesis de la nacionalidad argentina son causa de la reparación histórica que fundamenta el actual sostenimiento del culto católico en la Argentina, reglamentado por la Ley 21.540 sobre la "Asignación a determinados dignatarios pertenecientes al Culto Católico Apostólico Romano".

La reforma desató una verdadera guerra periodística. Por un lado Juan Cruz Varela y Florencio Varela defendían la posición del Gobierno en "El Centinela" y "El Lobera del Año XX". Por el otro fray Cayetano Rodríguez y fray Francisco de Paula Castañeda atacaban vigorosamente a Rivadavia. El Gobierno decidió exiliar a Castañeda a Carmen de Patagones, pero el fraile escapó a Montevideo. El presbítero Mariano Medrano —vicario provisorio de la Santa Sede al haber quedado vacante el puesto de obispo de Buenos Aires desde 1812— se opuso enérgicamente a las reformas rivadavianas. Entre los opositores más prominentes a las políticas de Rivadavia se encontraba el fraile Francisco de Paula Castañeda periodista y escritor satírico que le dedicó a Rivadavia las siguientes líneas: izquierda|miniatura|150px|Francisco de Paula Castañeda (1776–1832).

El 19 de marzo de 1823 estalló la "Revolución de los Apostólicos" en oposición a la reforma encabezada por Gregorio García de Tagle, una reacción bien organizada contra las reformas del ministro Bernardino Rivadavia. Tuvo apoyo de muchos descontentos, además de frailes y curas, pero fracasó después de varias horas de lucha. Las fuerzas gubernamentales dispersaron rápidamente a la manifestación, y la mayoría de los líderes fueron capturados, ejecutados o castigados con dureza.

Tagle logró escapar a Montevideo que estaba en poder del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve, con ayuda de Dorrego (el mismo a quien había desterrado injustamente en 1816 a España). El coronel José María Urien y el capitán José Benito Peralta fueron ejecutados, pero el juicio fue suspendido y sus documentos destruidos por orden de Rivadavia.Acerca del clivaje religioso en la historia argentina. Surgimiento y disolución de la Unión CatólicaCoronel José María Urien Elías y la Revolución de los apostólicos

Tagle fue arrestado en Montevideo, que era entonces la capital de la Provincia Cisplatina, gobernada entonces por el vizconde de la Laguna Carlos Federico Lecor, que tardaría meses en liberarlo.

izquierda|miniatura|150px|Juan Manuel de Rosas (1793–1877). Desde 1829 a 1851 la Iglesia contó con la actitud favorable de Juan Manuel de RosasNueva historia de la Iglesia salvo hacia los Jesuitas que fueron nuevamente expulsados del territorio argentino, como en 1767. Recién en 1854 regresarían para permanecer definitivamente en la Argentina.

Continuando con la tradición del antiguo régimen, Rosas consideraba a la Iglesia como parte del aparato del estado y defendía la Fe Cristiana como condición esencial para el bienestar y orden del pueblo argentino. Rosas fue cuestionado por su identificación con el gobierno, el estado, el país y la Nación, y su búsqueda de la defensa de la Iglesia. Durante su gobierno, el color rojo punzó en todos los aspectos de la vida, y los altares fueron vestidos permanentemente con ese color; los curas párrocos llamaban a la feligresía a defender la "Santa Causa de la Federación", y el retrato de Rosas solía estar expuesto junto a las imágenes de los santos.Di Stefano y Zanatta (2000): 237-242.

derecha|miniatura|150px|Facundo Zuviría (1793-1861). derecha|miniatura|150px|Mamerto Esquiú (1826-1883). En el año 1853 se aprueba una nueva constitución y en ella se ratificó la libertad de culto y la eliminación del fuero eclesiástico, el congreso es quien determina el ingreso de nuevas órdenes religiosas, para ser presidente o vicepresidente de la nación es requisito ser católico y los eclesiásticos no pueden ser miembros del Congreso. El presidente del Congreso Constituyente de 1853, Facundo Zuviría (1793-1861), se autocalificaba “demócrata y cristiano” y señalaba que “sin principios religiosos, no hay libertad, ni justicia, ni sociedad estable”. Durante las sesiones en que se que se discutió el contenido de la constitución, se destacó la figura de fray Mamerto Esquiú. Sorprendentemente, este pronunció su discurso más conocido, favorable a la jura de la Constitución, conocido como Sermón de la Constitución: recordó la historia de desuniones y de guerras civiles argentinas, y se felicitó por la sanción de una Constitución que traería nuevamente la paz interna. Pero para que esa paz durara, era necesario que el texto de la Constitución quedara fijo e inmutable por un largo tiempo, que no fuera discutida por cada ciudadano, que no se le hiciera oposición por causas menores, y que el pueblo argentino se sometiera al poder de la ley: No pudo terminar la frase, porque el auditorio lo apabulló con un cerrado aplauso. La primera resistencia a la Constitución en el interior había sido vencida, y Catamarca juró la Constitución hasta el último de sus funcionarios y personajes notables.

Su sermón alcanzó trascendencia nacional y fue copiado en la prensa de todas las provincias; la resistencia que se le podía haber hecho a la Constitución en otras provincias quedó vencida por la elocuencia de un fraile desconocido de una provincia pequeña. El texto del sermón patriótico fue impreso y difundido por el país por decreto del presidente Justo José de Urquiza. Hasta en Buenos Aires, que había rechazado el Acuerdo de San Nicolás y la Constitución, su sermón tuvo un eco inesperado, aunque de todos modos se sancionó una constitución provincial que de hecho separaba al Estado de Buenos Aires del resto del país.

La Iglesia y la cuestión social en la Argentina

Durante el pontificado de Pío IX (1846-1878) se inicia en la Iglesia el denominado catolicismo social para defender los derechos de los trabajadores tras la revolución industrial. 150px|izquierda|miniatura|Pio IX, iniciador en la Iglesia el denominado catolicismo social para defender los derechos de los trabajadores tras la revolución industrial, en 1863. En 1864 el Papa Pío IX en la encíclica Quanta Cura condenó el socialismo y el liberalismo, por lo que hizo un primer esbozo de las enseñanzas que León XIII desarrollará: denunciaba conjuntamente, por una parte, la pretensión del socialismo del de sustituir la Providencia Divina por el Estado y, por otra, el carácter materialista del liberalismo económico que excluye el aspecto moral de las relaciones entre capital y trabajo. derecha|miniatura|150px|Félix Frías (1816-1881)

En 1861 José Manuel Estrada creó la Sociedad San Francisco Javier, para unir a los artesanos de Buenos Aires,Ventura Flores, p.180 y para difundir entre ellos la cultura católica.Tanzi, p.11 Esto fue un antecedente de los Círculos Católicos de Obreros, y un signo de la preocupación social de Estrada, en línea con lo que posteriormente se conocería como Doctrina social de la Iglesia.Ventura Flores, p.180

En 1877 Félix Frías fundó el "Club Católico" para combatir la propaganda laicista del Partido Autonomista Nacional que estaba en el poder desde 1874. Club que en 1883 fue rebautizado con el nombre de Asociación Católica de Buenos Aires.