La política de la República del Perú se desarrolla en el marco de una república democrática representativa, unitaria y de carácter semipresidencialista. En este sistema, el o la presidente del Perú ejerce a la vez las funciones de jefe de Estado y jefe de Gobierno, dentro de un sistema multipartidista.
El poder ejecutivo es ejercido por el presidente o presidenta junto con el Consejo de Ministros; el poder legislativo corresponde al Congreso de la República; y el poder judicial actúa de manera independiente de los otros dos poderes.
A lo largo de la historia republicana peruana, han surgido posiciones dualistas que han influido en su escena política. Estas han oscilado entre monárquicos y absolutistas (), liberales y conservadores (principios del ), neoliberales y maoístas (década de los ochenta) y fujimoristas y antifujimoristas ().
Los partidos políticos, tradicionalmente débiles, vieron cómo su apoyo se desplomaba aún más en Perú desde el año 2000, allanando el camino para el auge de los liderazgos personalistas. Los partidos políticos en el Congreso del Perú son, según la politóloga Lucía Dammert, «aglomeraciones de intereses individuales y de grupo más que partidos sólidos y representativos». Según un estudio de 2015, la población peruana suele percibir que la falta de capacidad del Estado influye negativamente en el respaldo a la democracia. A partir de 2022, la Unidad de Inteligencia The Economist califica a Perú de «régimen híbrido».
El historiador Antonio Zapata describe Perú como un «país de derechas»; el único gobierno de izquierdas de la historia contemporánea hasta la elección de Pedro Castillo en 2021 fue el de Juan Velasco Alvarado (1968-1975), autor de una reforma agraria y de la nacionalización de sectores estratégicos. Perú es también una de las naciones con mayor presencia de conservadurismo social de América Latina. El politólogo Carlos Meléndez sugiere que existen tres tipos de derecha posterior al : la de clase media, que suele apoyar al fujimorismo; la elitista, representada por el alcalde y líder ultraconservador Rafael López Aliaga, y la que promueve ideas liberales, ejemplificada por Pedro Pablo Kuczynski, aunque esta perdió poder con el paso del tiempo.
Desde la implementación del neoliberalismo a finales del y el surgimiento del centralismo, la tendencia predominante en los principales medios de comunicación y partidos políticos es estar a favor del liberalismo económico. Las investigaciones sugieren que existe «mentalidad insular» (la dificultad para que las personas colaboren con otras que piensan de manera distinta) y una ausencia de representación política a favor de los indígenas (en comparación con países vecinos como Bolivia). Los opositores al statu quo neoliberal o los participantes de la izquierda política, en particular de regiones andinas, suelen enfrentar campañas de deslegitimación conocidas como «terruqueos», en el que se asocia a individuos o grupos con terroristas involucrados en el conflicto armado interno peruano.
Desarrollo histórico
La configuración política del Perú tiene sus raíces en los movimientos independentistas y en los posteriores gobiernos militares instaurados tras la independencia nacional. Durante el periodo comprendido entre 1821 y 1895, el poder residió principalmente en manos militares, lo que limitó el desarrollo de partidos políticos modernos. En 1822 se convocó el primer congreso constituyente, integrado por 73 diputados electos, encabezado por Simón Bolívar. Al año siguiente, se promulgó una Constitución que establecía un gobierno democrático y la división de poderes.
Aquel proceso democrático tuvo corta duración debido a la renuncia de Bolívar. En su lugar, José de la Riva-Agüero asumió la presidencia, abanderando una corriente conservadora que enfatizaba el tradicionalismo y el intelecto, distanciándose de la orientación militar previa. A lo largo del , se desarrollaron nuevas constituciones, cada una con una vida efímera debido a las guerras civiles, entre las que destacó el conflicto entre conservadores y liberales de mediados de siglo, así como el anhelo nacionalista de anexionarse Bolivia.
La soberanía nacional se mantuvo a través de los objetivos de preservar el orden social y dirimir los conflictos políticos entre los intereses de la elite. La oligarquía limeña, denominación adoptada desde la década de 1870, intentó remodelar la nación en consonancia con sus ideologías y alianzas políticas. Este grupo, en el que 24 miembros se hallaban entre los 100 individuos más acaudalados de la época, ostentó el poder durante un periodo más prolongado que cualquier otra oligarquía en América Latina, desde 1895 hasta mediados del . En los gobiernos caudillistas de la República Aristocrática (anteriores al ascenso de Augusto Leguía), considerados un período de elecciones populares, el Partido Civil, identificado con la ideología de derecha liberal (representada por el presidente Manuel Prado), fue uno de los primeros partidos estables y representativos de la época.
A principios del , las tasas de alfabetización en Perú eran muy bajas (menos del 2 %). El reconocimiento de la población indígena no se produjo hasta la Constitución de 1920, que los reconoció y oficializó mediante posteriores decretos como el Patronato de la Raza Indígena en 1922. En la década de 1930 surgió el populismo y, en la siguiente, los primeros grupos de emigrantes de otras regiones se dirigieron a Lima.
La Constitución de 1920 estableció, entre otros hitos, los Congresos Regionales para el Poder Legislativo con el fin de fomentar la participación de las zonas rurales. Sin embargo, la participación rural encontró resistencia en el gobierno debido a las denuncias de vulneración de derechos. Esta insatisfacción jugaría un papel crucial en años siguientes, cuando el concepto de «pueblo» se empleó como una forma de oponerse a la oligarquía. Según Gonzalo Portocarrero, los criollos y los mestizos eran más aceptados por la élite republicana que los indígenas.
En Perú el poder político se concentró en la élite limeña. El historiador Jorge Basadre acuñó el término «Perú profundo» para visibilizar a las personas del pueblo que viven más allá del «Perú legal». El término engloba al campesino, especialmente al serrano, y fue replicado por el presidente Fernando Belaúnde. Una investigación del gobierno de los Estados Unidos (1992) indicó que los departamentos no limeños establecieron sus propias élites.
Según la revista Debate, el comportamiento electoral en Perú tiene una preferencia por candidatos con características distintivas, tanto de derecha como de izquierda.
Surgimiento del partido aprista y crisis de oligarquía El socialismo andino se implantó en la década de 1920. Según la revista Historia Agraria de América Latina, en Perú se gestó uno de los proyectos socialistas más radicales del mundo. Previamente, en 1885, surgió la idea de un movimiento denominado «Inca Socialista», que podría haber estado compuesto por 30 000 campesinos indígenas. Este movimiento se consideraba más avanzado que los modelos revolucionarios de los pensadores europeos más radicales y generaba temores entre las clases dominantes, que veían en él un eco de la conquista del Imperio incaico.
En 1924, desde la Ciudad de México, los líderes de la reforma universitaria en Perú que habían sido forzados al exilio por el gobierno fundaron la Alianza Popular Revolucionaria Americana, que tuvo una gran influencia en la vida política del país. El APRA, que no tuvo una postura definida hacia la oligarquía o la clase trabajadora, es en gran medida una expresión política de la reforma universitaria y de las luchas obreras de los años 1918-1920. El movimiento toma sus influencias de la revolución mexicana y su Constitución de 1917, particularmente en temas de agrarismo e indigenismo, y en menor medida de la revolución rusa. Cercano al marxismo (su líder, Haya de la Torre, declaró que «el APRA es la interpretación marxista de la realidad americana»), sin embargo, se aleja de él en la cuestión de la lucha de clases y la importancia que se le da a la lucha por la unidad política de América Latina.
En 1928 se fundó el Partido Socialista Peruano, en particular bajo la dirección de José Carlos Mariátegui, exmiembro del APRA, quien intentó retratar la situación real del país con sus Siete ensayos. Poco después, en 1929, el partido creó la Confederación General de Trabajadores del Perú. Sin embargo, en los años 1930, el PSP sufre una renovación con el futuro Partido Comunista Peruano. Además, el APRA se enfrentó con autoridades de la etapa militar («segundo militarismo») tras la crisis economía internacional ocurrida al terminar el gobierno de Augusto Leguía; como resultado, los apristas fueron vetados hasta 1945, cuya prohibición se evidenció con las elecciones de 1936, mientras que las Fuerzas Armadas gobernaron varios años (en que se conoce como el «tercer militarismo»). Luego de la vuelta de la democracia en los años 1940, en 1950 el gobierno permaneció liberal.
Perú atravesó una etapa de estancamiento gubernamental que se denominó «crisis de oligarquía» (1930-1968). Ya en 1968, se marcó un hito en la izquierda, que era entonces una fuerza electoral marginada, cuando entró en el gobierno el militar Velasco Alvarado, que incluso abrió la puerta a la nueva constitución de 1979. Aquello supuso el fin de la oligarquía en su estado original, en el que la falta de interés del Estado y de los medios de comunicación entre este y las poblaciones aledañas, y el descontento de estas, sería aprovechado por grupos extremistas. Además de las reformas agrícolas del gobierno como propuestas para el sector rural, recibieron el apoyo de casi todos los movimientos de la izquierda como el SUTEP, pero no de partidos radicales como el Movimiento de Izquierda Revolucionaria y la Vanguardia Revolucionaria. En 1975 Velasco abandonó el poder y, a pesar de las intenciones de Morales Bermúdez de continuar el legado autócrata, el APRA fue uno de los favoritos para gobernar de nuevo en democracia; cuyo líder Alan García Pérez gobernó en la década de 1980, denominada también la década perdida.
Si bien Alfonso Barrantes puso en marcha aquel espectro democrático con su llegada en 1983, en un esfuerzo por representar las regiones aledañas de Lima, según el historiador Antonio Zapata, la presencia de la izquierda perdió prestigio en esa década emergente debido a la mala imagen vinculada con la etapa del terrorismo. Esto coincide con ideas más radicales del PCP, como Sendero Luminoso, grupo protagónico de los últimos años del siglo en acercarse al concepto de la ultraizquierda, que su sucesor y candidato a partido político Movadef aprovechó incursionarse en las elecciones. La etapa de crisis representativa posterior a Velasco fue plasmada en el controvertido informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (2001-2003), responsable de investigar el denominado conflicto armado interno, cuando denotó una insuficiencia en el desarrollo político peruano exclusivo para grupos de poder.
Gobierno de Fujimori y situación de los espectros políticos