miniaturadeimagen|240x240px|Tezcatlipoca en el Códice Borgia.Tezcatlipoca () es una deidad central en la mitología tolteca y mexica (y de otros pueblos mesoamericanos). Se le asocia con diversos conceptos, como el cielo nocturno, los huracanes, la obsidiana y el conflicto. Su festividad principal era Tóxcatl, la cual, como la mayoría de las festividades mexicas, incluía sacrificios humanos.thumb|240x240px|Tezcatlipoca representado en el Códice Ríos con aspecto de jaguar; en esta forma se le llamaba Tepeyóllotl.El nahual de Tezcatlipoca, su contraparte animal, era el jaguar. En forma de jaguar, se convertía en la deidad Tepeyóllotl. En el tonalpohualli, Tezcatlipoca gobernaba la trecena Ce Ocelotl "Uno Jaguar"; también era el patrón de los días con el nombre de Acatl. Su representación en libros como el Códice Borgia y el Códice Fejérváry-Mayer sugiere una fuerte conexión con el calendario en su conjunto, donde Tezcatlipoca aparece rodeado de signos de día, lo que implica una especie de dominio sobre ellos.

Se le atribuye el otorgamiento de cosas buenas y malas al hombre a su merced, por lo que en tiempos prehispánicos fue temido y reverenciado. Según el mito, Quetzalcóatl y Tezcatlipoca son dualidad y antagonía cosmogónica. Quetzalcóatl es llamado también Tezcatlipoca blanco, en tanto que el color de Tezcatlipoca es el negro. Hoy en día, en la mitología nahua de la Huasteca, se le conoce con el nombre de Tlacatecólotl .

Los orígenes de Tezcatlipoca se remontan a deidades mesoamericanas anteriores veneradas por los olmecas y los mayas. Existen similitudes entre Tezcatlipoca y Tohil, la deidad patrona de los mayas quiché, descrita en el Popol Vuh, cuyo nombre hace referencia a la obsidiana y se le asociaba con el sacrificio. K'awiil, la deidad maya del poder y el trueno en el período Clásico, era representada con un cuchillo de obsidiana humeante en la frente y una pierna reemplazada por una serpiente. Es posible que Tezcatlipoca se trate del mismo "dios jaguar" de los olmecas y los mayas, o que sea una expansión mexica basada en los cimientos establecidos por estos, ya que los mexicas solían inspirarse en culturas mesoamericanas antecesoras.

Etimología Tezcatlipoca se suele traducir del náhuatl como "espejo humeante". Esto alude a su conexión con la obsidiana, el material con el que se fabricaban los espejos en Mesoamérica. Se utilizaban para rituales profecías, por lo que también se asocia con la adivinación.

Nombres y denominaciones Entre las fuentes originales, existen muchas formas y atributos para dirigirse a esta deidad debido a su carácter voluble. Tan sólo Bernardino de Sahagún en el Libro del Códice Florentino, se refiere a Tezcatlipoca con 360 formas diferentes. Entre las más relevantes que destacan y , son principalmente las siguientes: «Tloqueh Nahuaqueh», ‘el que posee lo cercano’, ‘el que posee lo que rodea’; «Titlacahuan», ‘somos sus esclavos...’, ‘cuyos hombres somos...’; «Teihmatini», ‘el sabio’, ‘el que entiende a la gente’; «Tlazohpilli», ‘el noble precioso’, ‘el hijo precioso’; «Teyocoyani», ‘el creador [de gente]’; «Yaotl» o «Yaotzin», ‘el enemigo’, ‘el venerable enemigo’; «Icnohuahcatzintli», ‘el misericordioso’; «Ipalnemohuani», ‘por quien todos viven’; «Ilhuicahuah», ‘poseedor del cielo’; «Tlalticpaqueh», ‘poseedor de la tierra’; «Monehnequi», ‘el arbitrario’, ‘el que pretende’; «Pilhuahcatzintli», ‘padre reverenciado’, ‘poseedor de los niños’; «Tlacatlé Totecuiyoé», ‘oh, amo, nuestro señor...’; «Yohualli Ehecatl», ‘viento nocturno’, metáfora de lo invisible, lo impalpable; «Motahtzin», ‘tu padre’; «Telpochtli», ‘joven’, ‘muchacho’; «Moyocoyani», ‘el que se crea a sí mismo’; Su nombre calendárico es «Ome Acatl» ‘Dos Caña’, y bajo ese nombre se consagra como otra deidad.

Iconografía Los elementos iconográficos relacionados con Tezcatlipoca son variados y dependerán de su representación. Éstas son algunas según distintos autores, recopilados en el libro Tezcatlipoca de Luis Barjau (1991):

Bernardino de Sahagún:

cabellera de pedernales rayas a nivel de los ojos orejeras de oro retorcidas en espiral "olla" a la espalda, de plumas de quetzal brazaletes de pedernal cascabeles atados a las piernas sandalias negras escudo orlado de plumas y bandera de papel, en a mano espejo en la otra mano

Diego Durán:

la imagen era de obsidiana (sólo en México); en las demás ciudades, de madera; toda pintada de negro, excepto la cara (color "indio") orejeras de oro y plata bezote de cristal con pluma verde o azul adentro, de unos 15 cm. coleta de cabellos sostenida con cinta de oro, que remataba con una oreja (oro) con vahos o humos pintados de la oreja y la cinta salía un manojo de plumas blancas de garza joyel de oro al cuello (pectoral) brazaletes de oro piedra verde en el ombligo plumero verde, azul y amarillo (mano izquierda) con chapa de oro (espejo) cuatro flechas (mano derecha) cascabeles de oro (tobillos) pata de venado (pie derecho) capa de red, blanco y negro, adornada de plumas sandalias

Leyenda Ometecuhtli y Omecihuatl, la pareja creadora, principio dual, masculino y femenino, en la cultura náhuatl, viviendo en el decimotercero cielo, engendró cuatro hijos: el primero fue Yayauhqui Tezcatlipoca (Tezcatlipoca oscuro), el segundo Tlatlauhqui Tezcatlipoca (Tezcatlipoca Rojo, también llamado Xipe Tótec o Camaxtle), el tercero fue el Tezouhqui Tezcatlipoca (Tezcatlipoca azul) entre los de habla náhuatl conocido como Huitzilopochtli (colibrí del sur) y el cuarto, el Iztac Tezcatlipoca (Tezcatlipoca blanco) o Quetzalcóatl.

En el manuscrito antiguo conocido como “Historia de los toltecas por sus pinturas”, que trata de los mitos de origen de los antiguos mexicanos, se menciona que existió una pareja celestial, divina, creadora. Él se llamaba Tonacatecuhtli (El Señor de nuestra carne), y ella llevaba por nombre Tonacacihuatl (La mujer de nuestra carne), los cuales, dice el manuscrito: “se criaron y estuvieron siempre en el treceno cielo, de cuyo principio no se supo jamás”.

Esta pareja divina tuvo cuatro hijos, cuyo orden, según el manuscrito antiguo, es el siguiente: El primero en nacer, el mayor de todos, llamaron Tlatlauhqui Tezcatlipoca, también llamado Camaxtle (y por el nombre más conocido de Xipe-Totec); el segundo hijo que tuvieron pusieron por nombre: Yayauhqui Tezcatlipoca, "el cual fue el mayor y peor, y el que más mandó y pudo que los otros tres... Al tercero llamaron Quetzalcoatl, y por otro nombre Yohualli Ehecatl. Al cuarto y más pequeño llamaban Omitecuhtli y por otro nombre, Maquizcoatl y los mexicanos le decían Huitzilopochtli..."

“Y de estos cuatro hijos de Tonacatecuhtli y Tonacacihuatl, el Tezcatlipoca era el que sabía todos los pensamientos y estaba en todo lugar y conocía los corazones, y por esto le llamaban Moyocoyani, que quiere decir que es todopoderoso… Estos dioses tenían estos nombres y otros muchos, porque según en la cosa en que se entendían, o se les atribuían, así le ponían nombre, porque cada pueblo les ponía diferentes nombres, por razón de su lengua, y ansí se nombran de muchos nombres.”

Cabe mencionar en esta fuente que los únicos hijos de la pareja creadora que son llamados "tezcatlipocas" son el primero y el segundo, los otros dos (Quetzalcoatl y Huitzilopochtli) no reciben ese apelativo, al menos no en esta fuente. En una de las leyendas nahuatlacas, Tezcatlipoca y Quetzalcóatl originaron al mundo. Existía solo un océano primigenio, donde únicamente vivía el monstruo de la tierra, Cipactli, Tezcatlipoca ofreció su pie como señuelo, y el monstruo de la tierra emergió y se lo comió. Entonces, Tezcatlipoca y Quetzalcóatl se apoderaron de él, y lo extendieron para convertirlo en la tierra.

Sus múltiples ojos se convirtieron en estanques y lagunas, y sus fosas nasales son las cuevas. Para resarcir el daño que le hicieron al monstruo de la tierra, Tezcatlipoca exige ofrendas humanas, consistentes en dar de cada uno lo mejor de sí, alcanzando la trascendencia a través de la acción y la preservación de la naturaleza.

Entre los toltecas, era un protector transformador que descendió del cielo a la tierra valiéndose de una tela de araña, para destruir la obra de Quetzalcóatl, a quien se le apareció bajo el aspecto de un viejo que le ofreció el brebaje de la inmortalidad, pero este era en realidad una bebida enloquecedora (Pulque). Los espíritus de los muertos debían presentarse ante Tezcatlipoca para recibir su sentencia vestidos con una piel de jaguar y con un yugo de madera al cuello. Antes de entrar en el reino de la muerte, la morada de Mictlán, eran sometidos a varias pruebas.

Caracterización thumb|Máscara de turquesa representando a Tezcatlipoca (Museo Británico).|253x253px Sus representaciones eran pintadas con un tipo especial de tintes con reflejos metálicos; solía aparecer representado con una franja negra en el rostro y un espejo de obsidiana en el pecho, donde veía todas las acciones y pensamientos de la humanidad, y del cual brotaba un humo que mataba a sus enemigos; la condición de espejo resume a Tezcatlipoca, los contrastes y dualismos presiden todas sus funciones, Tezcatlipoca también es representado con una franja negra en el rostro y en una pierna muestra un hueso expuesto donde debería estar el pie, como un jaguar, el que corazón de la montaña (Tepeyollotl), fuerza interna de la Tierra, el sol nocturno; su emblema es un cuchillo de obsidiana, que representa el viento negro y cortante, como las palabras que desarmonizan el entorno y la comunicación cuando no se emplean adecuadamente.

Tezcatlipoca es, señor del lado norte del universo, que se identificaba con el Mictlán, región del reposo, y se llama Mictlampa, rumbo de los muertos. Se asocia con el color negro, con la imagen del Técpatl o cuchillo de pedernal, lo preside Yayauhqui Tezcatlipoca (Oscuro espejo su esplendor); el norte es una región árida por donde soplan los vientos fríos; él tenía la habilidad de conocer los pensamientos y los sentimientos, además de ser omnipresente; es el guerrero del norte, representa el cielo nocturno, la luna y las estrellas, es llamado "noche y viento, el árbitro, el que piensa y rige por su propia voluntad"; es el dios de la noche y la tentación, una de sus características más relevantes es poseer la juventud eterna, por eso era llamado telpochtli (el siempre joven); es invisible, virtud por la que se lo creía omnipresente y se le atribuye además el nombre yáotl (el enemigo), como la creación del aire y la música (en una mano porta flechas, en la otra una flauta). Es el dios que da y quita la riqueza, es el protector de los esclavos.

Tezcatlipoca fue el dios azteca de la noche y todas las cosas materiales. Llevaba consigo un espejo de cualidades mágicas, que emanaba humo y era capaz de matar al enemigo, aspecto por el que también era llamado dios del espejo humeante. Fue deidad de la región norte y, como señor del mundo y de las fuerzas naturales, era el oponente de Quetzalcóatl, relacionado con lo espiritual; juntos complementaban la dualidad antagónica con que la cosmogonía azteca explicó el mundo. Entre los investigadores aún no existe acuerdo sobre quién, de los dos, fue el dios principal en el panteón, aunque no se duda de que ambos lo fueran. En ocasiones, Tezcatlipoca aparece en las narraciones como un tentador de los hombres, instándolos al mal: castigando la maldad y recompensando la bondad, él ponía a prueba la mente de los hombres frente a las tentaciones.