fue un director de cine japonés. Su trayectoria se desarrolló desde los años 1920, en el cine mudo, hasta sus últimas películas en color en los años 1960. En sus primeros trabajos abordó géneros cinematográficos convencionales, como la comedia, pero sus obras más conocidas tratan de asuntos familiares y presentan los conflictos generacionales y culturales característicos del Japón de posguerra.

Es ampliamente considerado uno de los mayores cineastas del y gozó en vida de bastante éxito de crítica y público en su país. El reconocimiento de la crítica internacional a su filmografía le llegó con el paso de los años. Catalogado como un director original e influyente, su película Tōkyō monogatari (Cuentos de Tokio) fue votada como la tercera mejor película de todos los tiempos en la encuesta del año 2012, de la revista Sight & Sound, y la cuarta en la encuesta de 2022.

Trayectoria vital y profesional Primeros años Yasujiro Ozu nació el 12 de diciembre de 1903, en el año 35 de la era Meiji. Fue el tercero de cinco hermanos e hijo de Toranosuke, su padre, y Asae, su madre. Con él tuvo poca relación por sus constantes ausencias debidas a su negocio de venta de fertilizantes. Con su madre, por el contrario, tuvo una profunda unión y vivieron juntos cuando les fue posible, hasta la muerte de ella en 1962. Vino al mundo y pasó sus primeros diez años de vida en Fukagawa, un populoso barrio comercial de la parte oriental de Tokio perteneciente a la antigua ciudad imperial de Edo.

Debido a los negocios de su padre, se trasladan en 1913 a la ciudad natal de este, Matsuzaka, en la prefectura de Mie, en la que el niño Yasujiro pasa su adolescencia y descubre su gran pasión por el mundo del cine. Allí cursó la educación secundaria en la escuela Uji-Yamada a partir de 1916, en la que no destacó precisamente por su entrega a los estudios. Al parecer fue un estudiante poco brillante, que faltaba a clase y que prefería dedicar su tiempo a la lectura, el cine, la práctica del judo y al sake, afición esta última que le acompañaría durante el resto de su vida.

En esta escuela vivió en 1920 una desagradable experiencia cuando, según diversas fuentes, se le encontró una nota subida de tono destinada a otro compañero mayor que él de la residencia escolar en la que estaba interno. Por este motivo fue expulsado del dormitorio que ocupaba -no de sus estudios- y tuvo que acudir cada día a dormir a casa. Esto le valió para, usando el sello de su madre, falsificar la cartilla de asistencia y ausencias a clase, con lo que pudo dedicar buena parte de su tiempo a entrar en las oscuras salas del incipiente cinematógrafo japonés, donde, según afirmaría él mismo en muchas ocasiones, encontró su pasión y su vocación cuando vio Civilization, de Thomas H. Ince.

Durante aquellos primeros años de entrega voraz al cine gustaba del americano más que del nipón, que decía despreciar. En especial sintió predilección por las actrices Pearl White y Lilian Gish, entre otras, y sus directores predilectos fueron Rex Ingram, Chaplin, King Vidor y Ernst Lubitsch.

Tras exigirle su padre que se presentara a los exámenes de ingreso en la prestigiosa escuela de negocios de Kōbe, y no superar la prueba, Yasujiro decide, a sus 19 años, ir a trabajar como maestro suplente en una aldea solitaria de la montaña, Miyanomae. Allí parece ser que se entregó con fruición al sake junto a amigos a los que invitaba a pasar temporadas con él; sin embargo, no dejó mal recuerdo entre los que fueran sus alumnos.

En 1923 se vuelve a Tokio, siguiendo a su familia, y deja atrás esa etapa en la que había vivido en un entorno rural alejado del bullicioso entorno tokiota. Este contraste entre la ciudad y el campo será un tema recurrente en muchas de sus películas.

Primeras película mudas A la vuelta del ejército, Ozu se encuentra con la clausura de los estudios de Kamata, especializados en filmes jidaigeki, y en los que él se había formado. Se dedica desde entonces, en los estudios de la Sochiku en Kamakura, a los géneros predilectos de la productora: la comedia nansensu y los dramas sociales -shomingeki- muy en boga en aquellos tiempos de penuria económica de la Gran Depresión, que afectó profundamente a Japón. Después de realizar varios mediometrajes que no se han conservado, rueda en 1929 Días de juventud, la primera de sus películas que nos ha llegado, y logra su primer éxito con El pilluelo.

En esta época Yasujiro Ozu adopta en su aspecto externo y en sus gustos un aire dandi occidentalizado debido a su gusto por todo lo americano. De hecho, firma algunos guiones de esos años con el seudónimo “James Maki”. Curiosamente, a partir de esa época fue conocido como el más occidental de los directores de la Sochiku, contrastando con la idea de ser el “más japonés de los directores japoneses” que ha quedado en el imaginario cinéfilo.

En aquellos tiempos trabajó a destajo y en condiciones precarias a pesar del reconocimiento público que empezó a llegarle. En 1928 hizo 5 películas, 6 en 1929 y hasta 7 llegó a realizar en 1930, su año más prolífico. Su insomnio crónico y la afición a los somníferos, el sake y el tabaco van minando su salud, y aquellos tiempos los recordaría siempre como una vida de perpetuo agotamiento.

De esta época destacan en su filmografía El coro de Tokio y He nacido pero… Con esta última, brillante comedia de contenido social, consiguió por primera vez el mejor lugar en la lista anual de la revista Kinema Junpo, hecho que se repetiría en varias ocasiones a lo largo de su carrera.

En cuanto a su vida personal, Ozu siempre mantuvo, al margen de los vaivenes propios de la producción de películas y de sus experiencias militares, una discreción completa. A la muerte de su padre, en 1934, volvió a vivir con su madre, por la que sentía un intenso apego y con la que convivió ya para siempre. Nada seguro se conoce de sus relaciones íntimas con otras personas. Se habló de varios romances con diversas actrices, aunque ninguno de ellos fue reconocido o probado, y tan solo sabemos que a lo largo de toda su vida mantuvo una relación íntima de gran complicidad con una gheisa llamada Sekai Mori o Senmaru. En cualquier caso, quienes trabajaron con él lo recuerdan como un hombre tímido, meticuloso, discreto y amable. Nunca tuvo conflictos serios con quienes trabajó. En efecto, en Sochiku siempre tuvo libertad para escribir y rodar sus películas, si bien él mismo supo adaptarse a las temáticas y géneros que, sobre todo en estos primeros años, le eran impuestos.

Hasta 1936 Ozu no llegó a realizar un film completamente hablado, usando para ello un sistema de sonido desarrollado por Hideo Mohara, su operador de cámara de por aquel entonces. Fue El hijo único. Se suele afirmar que Ozu se resistía a los nuevos formatos, como el color o la pantalla panorámica, que nunca llegó a utilizar. Sin embargo, él mismo en 1935 lamentó no haber tenido aún la oportunidad de rodar con sonido.

Años de guerra En septiembre de 1937, Yasujiro Ozu es movilizado para ir al frente de Manchuria. Se integra en el batallón de armas químicas como cabo y permanece en el campo de batalla sirviendo en diversos puestos durante 22 meses. Durante este tiempo sirve como un soldado cualquiera, a diferencia de otros personajes famosos a los que se reserva para tareas de propaganda. No obstante concede bastantes entrevistas durante este periodo, en las que insiste una y otra vez en estar aprovechando la experiencia bélica para preparar una película de este género a su regreso a Japón. Sin embargo, sabemos por sus diarios que sus pensamientos de este periodo van por otro camino. No parece que Ozu estuviera muy cercano al espíritu militarista de la época y le causan gran impresión las escenas desgarradoras que contempla en el campo de batalla, como muestra un apunte del 2 de abril de 1939:“Junto a ellos [cadáveres de rebeldes e indígenas] un bebé que apenas acababa de salir del vientre de su madre jugaba con un saco de pan seco (...) Le manaba sangre de los párpados que se le había coagulado en el mentón; su rostro parecía sereno, de tanto como había debido llorar. El hombre vestido de azul, a su lado, parecía su padre. La escena era tan insoportable que, antes de que se echara a llorar, aligeré el paso”Sus experiencias de aquel tiempo no se reflejarán después en película bélica alguna, pero están muy presentes en las conversaciones que los veteranos ya envejecidos mantienen en sus obras de los 50 y 60.

Durante aquel tiempo tuvo un memorable encuentro con Sadao Yamanaka, gran promesa del cine japonés, además de amigo y compañero de Ozu, que lamentablemente falleció unas semanas más tarde enfermo de disentería.

El 16 de julio de 1939 es desmovilizado y a la vuelta a Japón trabaja en algunos proyectos que no llegan a fructificar, el más completo de ellos una primera versión de El sabor del té verde con arroz que no llega a rodarse y que, con un guion bastante alterado, acabó realizando en 1952.

En 1941 puede por fin dirigir Hermanos y hermanas de la familia Toda, y en 1942 Había un padre, una de las películas predilectas del director junto a Cuentos de Tokio y Primavera precoz, y que contó por primera vez con el protagonismo absoluto de Chishū Ryū, uno de sus actores fetiche. Posteriormente trabajará en un proyecto sobre las vivencias de un grupo de soldados en Birmania, La lejana Tierra de nuestros padres, que no llegó a realizarse pese a lo avanzado de su preparación.

En 1943 es enviado a Singapur junto a su operador con el fin de hacer un documental sobre el movimiento independentista indio. Las tareas de preparación de este documental, que nunca llegó a realizarse, le dejaron mucho tiempo para ver películas norteamericanas. Tuvo la oportunidad de ver Ciudadano Kane, por la que sentía la mayor admiración a pesar de lo alejada que parece estar de su estilo e intereses.

En agosto de 1945, con la llegada de los británicos a Singapur, Ozu es hecho prisionero de guerra y permaneció seis meses en el campo de Cholon, tras los cuales volvió al Japón humillado y arrasado de 1946.

Madurez En febrero de 1946 Ozu regresa a un Japón devastado por la guerra. Tras unos meses de adaptación en los que escribió algún guion que no saldría adelante, pasa a formar parte activa de algunas asociaciones de cineastas y por fin, en 1947, rueda y estrena su primera película en cinco años: Nagaya Shinsiroku (Historia de un inquilino), también llamada Historia de un vecindario o Memorias de un inquilino, a la que le sigue Kaze na naka no menodori (Una gallina en el viento) en 1948. Aunque Ozu no se sintiera muy satisfecho de estas dos obras, le permitieron volver a tomar el pulso al mundo del cine y disponerse a otra época de dedicación absorbente, como fueran sus inicios, en la que dio a luz a sus películas más recordadas y reconocibles.

Con Banshun (Primavera tardía), en 1949, Yasujiro Ozu alcanza uno de los primeros cenits de su carrera. Esta película supone el comienzo de una época final en la que el director nipón ya se asienta en su peculiar y depurado estilo más allá lo relativo al tratamiento de la puesta en escena, como ya se puede ver, desde mediados de los años 30, que viene haciendo progresivamente. A partir de ese momento Ozu se entregó por completo a unas temáticas -la familia, los conflictos entre tradición y modernidad,- que no volverá a abandonar y a unos procedimientos narrativos muy personales y ajenos por entero a los habituales.