miniaturadeimagen|Ídolo principal del templo, representación de Pachacámac, deidad creadora del mundo. En la mitología incaica, Pachacámac (en quechua: Pacha Kamaq) es el dios creador y animador de todo el universo. Asimismo, era él quien controlaba el equilibrio en el mundo.

Pachacámac es una deidad dotada de incalculables atribuciones. Dentro del extenso e incontable arsenal de prerrogativas atribuidas a esta deidad, se identifican: el fuego, el cielo, la noche, la tierra, los terremotos, etc.

En la tradición andina, Pachacámac es comúnmente considerado una reedición o manifestación del dios Viracocha. La magnitud del poder y la influencia atribuidos a Pachacámac fue tal que los incas llegaron a suponer que este nombre correspondía a la denominación que los habitantes de la costa otorgaban a Viracocha. A pesar de ello, se reconoce que se trata de entidades distintas dentro del panteón andino.

El canto sacro quechua llamado Yayallay, es un antiguo himno religioso de origen incaico que fue trascrito por Blas Valera. En este canto un joven Inca alumno de la escuela de la nobleza yachahuasi pide muchos hijos de su sangre real a los tres dioses Illapa, Inti y Pachacámac (Valera 1618:c.5v) pero al mismo tiempo afirma que Pachacámac no tiene ni principio ni fin; se dirige también a la Pachamama que estos dioses preñan.

Asimismo, Pachacámac fue considerado «el creador» en las culturas de Lima, Chancay, Ichma, Huari y Chincha.

Etimología El nombre del dios Pachacámac, a menudo escrito simplemente <Pachacama> en las fuentes del , es un compuesto enteramente quechua. Se trata de una frase verbal nominalizada, a partir del sustantivo pacha ("tierra, mundo, espacio, tiempo, universo, totalidad, época") y del verbo kamay ("sustentar, crear, animar"), junto al nominalizador de agente -q.

La frase relativa así formada ofrece algunos problemas de traducción, pues puede traducirse como "el que crea el mundo" o como "el que sustenta el universo", entre otras.

Concepto

La abstracción más allá del visible Sol Algunas fuentes consideraban a Pachacámac como un dios que, similar a su homólogo Viracocha, era invisible y desconocido, puesto que nadie lo había visto. Esta descripción retrata al dios Pachacámac de la misma manera que su homólogo: un dios omnipotente, omnipresente y omnisciente. Sin embargo, para algunos eruditos, la antedicha descripción pertenece más a un principio universal (concepto abstracto e impersonal) que a una deidad en sí.

Entre las antedichas fuentes, se encuentra la otorgada por el célebre cronista Inca Garcilaso de la Vega. En su obra Comentarios Reales, Garcilaso describe a Pachacámac con lo siguiente:

No obstante, la descripción proporcionada por Garcilaso parece reflejar predominantemente la percepción que la nobleza tenía sobre la figura de Pachacámac, más que la visión compartida por la población general del Tahuantinsuyo.

Además de Garcilaso, diversos cronistas señalan que los incas, al igual que otras civilizaciones antiguas, llegaron a cuestionar la supremacía de su deidad principal; en este caso, el Sol, considerado el astro más poderoso y venerado dentro de su cosmovisión. Este cuestionamiento refleja una dinámica compleja dentro de las creencias religiosas andinas, donde, a pesar de la centralidad del culto solar, existían debates y reflexiones internas sobre la jerarquía y el poder de las divinidades. Siguiendo esta línea, el historiador Martín de Murúa atestigua dicho pensamiento en su obra HIstoria general del Perú. Esta fuente menciona que el Inca Pachacútec, contemplando el infinito lienzo celeste, llegó a la profunda convicción de que el Sol no podía ser el absoluto creador, pues más allá de su fulgor, existía un misterio mayor que escapaba a su luz.

Como bien refiere la fuente, Pachacútec instituyó el culto solar como eje ideológico del naciente Tahuantinsuyo. Sin embargo, en el fuero interno del Inca subyacía la certeza de una fuerza primigenia y metafísica, inaccesible a la comprensión humana: aquel principio universal que las crónicas alternan bajo los nombres de Viracocha o Pachacámac.

Regresando a la fuente de Garcilaso, esta misma expresa que el Inca Túpac Yupanqui, al cuestionar la hegemonía del astro rey, habría pronunciado lo siguiente:

Prosiguiendo con la fuente, el Inca Huayna Cápac también expresó dicha dubitación hacia la hegemonía del culto solar. Mientras Huayna Cápac platicaba con un sacerdote, el Inca le comunicó:

Características

Ychsma renombrado como Pachacámac Antes de ser incorporado al panteón incaico, Pachacámac era conocido bajo el nombre de Ychsma, Ichma o Irma. El vínculo entre la deidad costeña y el Tahuantinsuyo se estableció diplomáticamente por el Inca Túpac Yupanqui.

El historiador Hernando de Santillán hace énfasis a dicha relación en su obra Relación del origen, descendencia, política y gobierno de los Incas. En dicha obra, el historiador menciona lo siguiente:

El verdadero ídolo de Pachacámac Según Hernando Pizarro, hermano del conquistador Francisco Pizarro, quien escribió un relato acerca de su visita a Pachacámac, señala que el ídolo fue destruido y que su tesoro fue capturado para ser trasladado a Cajamarca.

En su Carta a los magníficos señores oidores de la audiencia real de Santo Domingo sobre la conquista del Perú, él expone que:

Francisco López de Xerez, secretario de Francisco Pizarro, fue claro al indicar que existían varias réplicas del ídolo de Pachacámac alrededor del recinto principal que fue profanado por Hernando Pizarro. López de Xerez lo describió de la siguiente manera:

Estos datos indican que el verdadero ídolo de Pachacámac fue uno completamente diferente y que, al ser destruido, no se tienen datos de como pudo lucir aquel verdadero ídolo.

Pachacámac y la figura del zorro El dios Pachacámac se encuentra asociado a múltiples conceptos y/o elementos. Entre ellos, se destaca su evidente asociación con los cánidos (más concretamente, con el zorro). La relación entre el dios omnipotente y el ladino cánido se encuentra presente en otros mitos e inclusive en representaciones artísticas. En el mito de Wakon y los Willkas, un grupo de diversos animales coadyuvó a los hijos de Pachacámac en vencer al formidable Wakon. Entre dichos animales, se encuentra presente el zorro o añas el zorrillo (dependiendo de las versiones del mito). Estos fueron los principales animales que asistieron a los Willkas, por lo que el generoso Pachacámac les concedió los siguientes dones: el don de la astucia para superar obstáculos y/o la habilidad de refugiar a sus crías en madrigueras subterráneas para que estén siempre protegidas. En contraste, en los textos de Huarochirí, estos animales fueron maldecidos por el dios Cuniraya Huiracocha por no alentarlo en su búsqueda de Cahuillaca. La antedicha información define dos temas muy importantes: el origen de las creencias en torno a dichos animales y la escisión de estos últimos en animales solares y lunares. Posiblemente, este último punto realce la dualidad en una escisión entre culturas y/o etnias que diferían en el pensamiento de estos animales. Por un lado, animales como el cóndor y el puma fueron magnificados por su ánimo a Cuniraya (ambos animales son enaltecidos en las culturas de la sierra, mientras que las culturas costeras no tuvieron tanta afinidad a estos animales en comparación con los serranos). Por otro lado, el zorro fue anatematizado por no alentar al dios (los zorros son venerados por las culturas costeñas debido a su inteligencia, mientras que los serranos le tienen menor estima por su avidez). De manera coincidente, el zorro es un animal asociado con la noche, la cual es una de las tantas atribuciones del dios Pachacámac.

Dentro de su templo, se ha encontrado un ídolo tallado en madera de algarrobo que representa al propio Pachacámac. Dicho ídolo consiste en un ídolo bifronte que observa en dirección opuesta a la otra, representando así el concepto de dualidad. En relación con este concepto, algunos estudiosos sostienen que, los dioses representados en dicho ídolo son Vichama y Pachacámac. Dicho ídolo ha estado sujeto a múltiples interpretaciones. Una de ellas asevera que una de las caras del ídolo se encuentra ataviada de mazorcas de maíz (elemento asociado con el día y, por lo tanto, con Vichama), mientras que la otra cara se encuentra ataviada con cabezas de zorro (animal asociado con la noche y, por ende, con Pachacámac).

Otra representación artística que representa dicha vinculación se encuentra detallada por Cristóbal de Albornoz. En su obra Instrucción para descubrir todas las guacas del Pirú, el clérigo ofrece una descripción sustancial respecto al dios Pachacámac. El extirpador de idolatrías se refiere a la divinidad como:

En textos posteriores, el clérigo expone que esta misma zorra tenía dos representaciones: la primera era el antedicho ídolo hecho de oro y la otra era el cuerpo momificado del animal. Respecto al cuerpo momificado, el propio Albornoz escribe:

En relación al testimonio anterior, la información de Tantanamoc también se puede obtener dentro del Manuscrito de Huarochirí. Curiosamente, en dicho manuscrito, la figura del zorro está vinculada con los movimientos telúricos, lo cual es otra de las tantas asociaciones de Pachacámac.

El rostro de Pachacámac Al igual que otros dioses andinos, Pachacámac era un dios poliforme, puesto que se podía manifestar bajo la forma de cualquier elemento. Respecto a ello, el sacerdote Pedro de la Gasca ha mencionado que el dios telúrico se apersona ante sus sacerdotes bajo la forma de animales grotescos y salvajes. En dicho testimonio, se manifiesta la siguiente información:

A raíz de la omnipotencia del dios Pachacámac, aquellos que acudieran a su templo para realizar consultas y encomiarlo, debían ingresar observando siempre la entrada y caminar de espaldas hacia el ídolo que personifica a la divinidad para evitar verlo. Esto último era una muestra de humillación y respeto a la fuerza irrefrenable de Pachacámac:

Pachacámac, el que mueve al mundo Los antiguos peruanos tenían el pensamiento de que a Pachacámac tan solo le bastaba un mínimo movimiento de su cabeza para ocasionar masivos cataclismos y, si él se moviese completamente, el universo llegaría a su extinción.

Respecto a esta creencia, se ha documentado acerca de la misma dentro del Manuscrito de Huarochirí. En dicha fuente se puede leer lo siguiente:

Pachacámac como dios de la noche Como se vio anteriormente, Pachacámac es un dios poseedor de múltiples atribuciones. Si bien él es mayormente conocido como un dios creador de carácter ctónico, otras fuentes lo establecen como un dios creador de carácter celeste y, en determinados casos, resaltan también un carácter nocturno.

Las fuentes que hablan respecto a Pachacámac como dios y/o personificación de la noche incluyen mitos y ritos que lo consagraban con completa vehemencia.

Respecto a los mitos, muchos de ellos hacen énfasis en Pachacámac como dios todopoderoso y celeste. En relación con su vinculación con la noche, uno de los exponentes más destacados es el mito de Vichama, dios hermano de Pachacámac. En dicho mito, ambos dioses manifiestan su oposición y complementariedad; puesto que ambos personifican el ciclo del tiempo: Vichama (el día) y Pachacámac (la noche). Uno no puede existir y/o definirse como tal (día y noche) sin la participación del otro, por lo que se trata de una dualidad eterna que se repite sin cesar.