Avilés es una villa española, capital del concejo del mismo nombre, ubicada en Asturias, al norte de España, junto a la ría de Avilés. El municipio es uno de los veinte agrupados que forman el área metropolitana central de Asturias. Cuenta con una población de .

Existen pruebas de asentamientos humanos desde la prehistoria, aunque es destacable que en la ciudad no se originó una población permanente hasta después de la época romana. En el con la obtención del fuero a manos del rey Alfonso VI de León, la urbe consigue una serie de privilegios al serle designado el realengo, entre los que está el poder celebrar ferias y un mercado semanal. Durante la Edad Moderna se vivió un momento de esplendor con la llegada de numerosa nobleza que buscaba construir sus solares en la villa y el auge de la burguesía, pero a partir de entonces se inició un largo período de decadencia que únicamente sería salvado con el comercio de bienes con América y la posterior llegada del ferrocarril y muy especialmente de su intensiva industrialización, eminentemente siderúrgica, a mediados del .

Su casco urbano conserva un conjunto histórico artístico compuesto por varios palacios, casas nobles, iglesias, plazas, calles y grandes parques, junto con un patrimonio cultural en el que destacan especialmente el Museo de la Historia Urbana y el Centro Niemeyer. De los diversos acontecimientos que cada año se celebran en la ciudad son dignos de mención su carnaval, la Fiesta del Bollo, el Festival Interceltico de Avilés, las Jornadas Internacionales del cómic y el Celsius 232.

Avilés se encuentra a solo 25 km de Gijón, a 27 km de la capital del Principado, Oviedo y a 15 km del aeropuerto de Asturias. Además está comunicada a través de la autovía del Cantábrico (A8), los ferrocarriles de cercanías de Renfe y estación de autobuses, en el mismo intercambiador, siendo además el principal puerto pesquero de Asturias y uno de los dos de Puertos del Estado en el Principado (junto al de Gijón). Asimismo, se trata de una de las ciudades más septentrional de España, situada a una latitud de 43°33′22″N.

Toponimia Según la hipótesis más aceptada, el término Avilés procede probablemente del antropónimo romano Abilius con desinencia esse en lugar de us ya que en algunos escritos medievales conservados hay referencias hacia la villa siendo denominada Abilles y Abilies. Este sufijo latino está presente en otros lugares de la geografía asturiana como Urbiés o Pendillés que procede de Pendilius. Atestiguan la presencia de romanos las denominaciones de otras poblaciones cercanas, como Laviana procedente de Flavius, o Llaranes que deriva a su vez de Larius y Leranes. Además, existen algunos restos arqueológicos dispersos, como monedas encontradas en el estuario de la ría, una estela antropomórfica encontrada en Molleda y diversos enseres que avalan la mencionada presencia de este pueblo en lo que no debía pasar de una pequeña villa en el centro del territorio de los astures.

Otra corriente de ideas acerca del origen de su nombre menciona que este topónimo provendría de Ab Illas, cuya traducción al castellano actual sería 'hacia Illas' o más bien 'de camino a Illas'. Estas palabras se corromperían con el paso del tiempo, una vez que se fue perdiendo el latín para dar paso al romance asturiano, dando finalmente como resultado Abilles y posteriormente la palabra Avilés. Por este motivo muchos estudiosos de la lengua asturiana consideran que el término correcto para denominar la localidad en dicho idioma sería Aviyés, nombre documentado en la literatura asturiana anterior al siglo XIX.

Historia

Prehistoria y Edad Antigua Aunque un poco difuso, el inicio de los asentamientos humanos continuados en la zona se puede fijar hace, aproximadamente, cien mil años, gracias a diversas herramientas líticas localizadas en yacimientos cercanos a la antigua línea de costa de la villa. Se conserva un hacha, denominada de Trelles, perteneciente al Paleolítico inferior y la cultura achelense, que se une a otros elementos localizados en La Rocica y Llaranes, como tres hachas pulimentadas y una lasca levallois. Además, también se localizaron durante unas excavaciones emprendidas en el centro de la ciudad una serie de más de diecinueve útiles prehistóricos bien conservados. En el entorno de la ciudad está documentada la presencia de algunos castros.

Hay cierta controversia acerca del origen de Avilés, ya que algunas teorías apuntan a que proviene de un campamento romano transformado posteriormente en asentamiento y cuyo máximo mando tenía como nombre Abilius. Algo que concuerda también con el posible origen de una de sus parroquias más antiguas, la de Llaranes, que parece derivar del antropónimo Larius. Esta hipótesis también es aceptada dado que se han encontrado diversos materiales de esa época, sirviendo como ejemplo un capitel corintio de mármol y grandes dimensiones, de origen desconocido y reutilizado como pila bautismal en la iglesia de San Nicolás de Bari, así como la variedad de monedas romanas encontradas en la ría, en Llaranes y en otros puntos de la ciudad.

Edad Media y Edad Moderna Su historia empieza a documentarse en torno al , cuando se nos habla de una villa situada al fondo de la ría y protegida por el castillo de Gauzón, construido por Alfonso III el Magno para la defensa del puerto y de la ciudad. Los restos del castillo, ubicado en el Peñón de Raíces (Castrillón), se encuentran en estudio a través de varias excavaciones arqueológicas que se realizan de manera anual. En este espacio defensivo se recubrió de oro y piedras preciosas la Cruz de la Victoria que, según la tradición, portó el Rey Pelayo, según consta en las inscripciones de su reverso.

Su situación marcó su destino tanto por ser el puerto de Asturias, a menos de una jornada de camino fácil, como por su ría que divide a la ciudad en dos, tanto geográfica como económicamente. De esta forma Sabugo adquiere gran potencia por la pesca, mientras que el comercio adquirió un gran impulso en la villa. La ganadería y la agricultura fue una fuente esencial de ingresos en los arrabales periféricos.

En 1085 Alfonso VI de León otorgó un fuero a Avilés. El fuero de Avilés le da categoría de Villa de Realengo y a lo largo de la Edad Media apoyará siempre a la corona, a quien paga impuestos. Avilés no fue nunca feudo ni tuvo otro tribunal competente que los reales. El fuero original se conserva en el Archivo Histórico Municipal junto con una copia romanceada, joya histórica, lingüística y jurídica por la que la villa adquiere categoría de realengo, sin sometimiento señorial y con unos privilegios económicos y civiles, guardando una inquebrantable fidelidad a la corona.

En esta época Avilés demostró su valor estratégico en lo económico con el monopolio de la sal, teniendo su almacenamiento y distribución. También hay que destacar su comercio marítimo, que recorría desde el cabotaje cantábrico al comercio con el norte de Europa, Portugal, Francia y la península. El privilegio es repetidamente confirmado por los reyes, además de acrecentado y mandado respetar cuando los intereses señoriales o de las comunidades trataban de imponerse. El primer documento se perdió en fecha incierta y el conservado es una copia de 1289, según confirmación hecha por el rey Alfonso VII el Emperador en 1155. Las fuertes murallas de la villa y su ley ofrecían libertad y seguridad frente al poder de los señores y de la Iglesia. La libertad comercial fue otorgada desde «la mar hasta León», siendo posteriormente ampliada por Fernando IV a todos los reinos de León y Castilla, con excepción de Murcia, Toledo y Sevilla.

El fuero tiene un gran interés lingüístico, armonizando romances tan distintos como el asturiano y el provenzal, fruto de la estrecha relación con los puertos de Francia. A diferencia de los fueros de Estella o Jaca, que están esencialmente en romance provenzal, el fuero de Avilés muestra una cierta integración de la población extranjera en la ciudad. Entre los siglos y Avilés vive un momento de esplendor mercantil a través del tráfico portuario; en los cayos se depositaban muchas mercancías destinadas al mercado de Oviedo, lo que dio lugar a querellas entre ambas poblaciones por el reparto de tasas y tributos.

En Avilés se encontraba el alfolí de la sal de Asturias y León, distribuyendo la producción de salinas gallegas, portuguesas, francesas e incluso andaluzas. En 1309 Fernando IV concede al Alfoz de Avilés los concejos de Gozón, Illas, Carreño, Castrillón y Corvera, heredero del Alfoz de Gauzón. La muralla que circundaba la villa fue el condicionante de mayor importancia de la distribución urbanística. De los fuertes muros, demolidos en 1818, solo quedan restos visibles incorporados al palacio de Camposagrado. De época medieval se conserva el Palacio de Valdecarzana o casa de Pedro el Cruel o de la Baragaña, que fue alojamiento y lonja de algún burgués medieval.

En el año 1479 se produce un gran incendio en la villa y los Reyes Católicos conceden varias mercedes a Avilés para ayudar a su recuperación, como la concesión del mercado semanal de los lunes, que sigue celebrándose. En aquella época existían extensas masas forestales en los alrededores, que se empleaban en la construcción de buques para las naves de la Armada Invencible, galeones y galeras para el servicio de los Asturianos. Muchos marinos avilesinos intervienen en hechos de armas notables. Suele decirse que Rui Pérez (aunque investigaciones recientes indican que el nombre correcto es Rui González) capitaneaba uno de los navíos de la escuadra de Ramón de Bonifaz, que con su sierra en la proa cortó el puente de Tablas de Triana que permitió a los cristianos conquistar Sevilla, hecho que se recuerda en el escudo de la villa. Otro marino célebre es Pedro Menéndez de Avilés, primer adelantado de la Florida. Por este motivo la ciudad es conocida también como La Villa del Adelantado de la Florida o, simplemente, Villa del Adelantado.

Con la Edad Moderna el puerto de Avilés empezó a caer en una crisis mercantil, pero otros sectores tomaron su relevo, como fue sobre todo el sector agrícola que tuvo grandes mejoras en los cultivos tradicionales y también destacar la entrada del maíz. En aquella época de frecuentes enfrentamientos con ingleses y franceses, el castillo de San Juan de Nieva fue atacado repetidas veces por corsarios de estas nacionalidades. Personalidades como Bances Candamo y Carreño Miranda destacan en el panorama cultural de la época.

Edad Contemporánea En mayo de 1809 avanzó sobre Avilés la brigada napoleónica de Marcognet, a la que trataron de detener los mal armados vecinos, siendo derrotados en Valliniello. Se produjo una carga por el puente de San Sebastián en la que murieron doscientos hombres. Los franceses ocuparon el Palacio de Camposagrado, organizándose la resistencia mediante celadas en las calles contra soldados aislados o en pequeño número. Tan eficaz fue esta estrategia que el general Kellerman mandó una orden a las autoridades locales haciéndoles responsables de las vidas de sus soldados.

En las guerras carlistas algunas partidas pasaron por la villa, como la del general Sanz. En el se construye la dársena de San Juan de Nieva, nuevas industrias como la fundición de Arnao y telares. De igual manera, se trae el telégrafo y el ferrocarril, y se deseca la ría en la zona donde se ubica actualmente el parque del Muelle, uniendo el núcleo marinero de Sabugo y la villa amurallada. La industrialización se inicia en el con el asentamiento, entre otras, de la Real Compañía Asturiana de Minas en el vecino municipio de Castrillón, cuyos productos son comercializados por el puerto de Avilés que, a pesar de su nombre ocupa también terrenos castrillonenses. Destacó también la implantación en el del Martinete del Castañedo de Zaldúa, en Llaranes, y la Azucarera de Villalegre, que entró en funcionamiento a finales del .

miniatura|Baterías de coque de Avilés