Alfonso II de Aragón apodado «el Casto» o «el Trovador» (Huesca, 1-25 de marzo de 1157-Perpiñán, 25 de abril de 1196), fue rey de Aragón y conde de Barcelona desde la muerte de su padre Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona y princeps de Aragón, el 6 de agosto de 1162, aunque es objeto de debate cuándo fue plenamente rey de Aragón.Véase la sección: Debate historiográfico: ¿Cuándo fue plenamente rey de Aragón? Desde 1166 fue también marqués de Provenza.
Según Joan-Ferran Cabestany, «la política de Alfonso el Casto fue justamente un último intento, nos parece, de conseguir un nuevo hinterland en la Provenza, y dominar así toda la zona geográfica que separaba las dos grandes estructuras estatales que se perfilaban, Castilla y Francia. Es decir, la realización de un Estado pirenaico». Una valoración con la que coincide Jordi Ventura. Por otro lado, Cabestany también ha destacado que fue el primer soberano de la Corona de Aragón que se intituló rey de Aragón y conde de Barcelona. Por su parte Jordi Ventura ha señalado que «de todas las numerosas obras que el rey Alfonso llevó a cabo, hay una que perdura como ninguna. Y son todos aquellos pueblos y aquellas villas de Aragón y de Cataluña que se fundaron durante los treinta y cuatro años de su reinado».
Incorporó a sus dominios el Condado de Rosellón, las tierras occitanas de Provenza y el Condado de Pallars Jussá. Firmó con su sobrino, el rey castellano Alfonso VIII, el tratado de Cazola en 1179, pero años más tarde y mediante el tratado de Huesca (1191), se alió con los monarcas de León, Portugal y Navarra contra la hegemonía castellana.
Su corte se convirtió en el punto de reunión de los trovadores que acudían desde todos los puntos de ambos lados de los Pirineos, tanto de Occitania como de Cataluña. Uno de ellos recordó su época como un «temps joiós» ('tiempo gozoso'). «Su reinado y el de su hijo Pedro coinciden, efectivamente, de 1162 a 1213, con el apogeo de la poesía cortesana de expresión provenzal». Él mismo se ejercitó en la poesía provenzal intercambiando escritos con importantes trovadores de la época, como Giraut de Bornelh.
Cambio de nombre Como ya señaló en 1960 Joan-Ferran Cabestany el «cambio de nombre del rey» es una «cuestión que ha suscitado apasionadas controversias, muchas de ellas de cariz escasamente científico». Este mismo historiador explica que en el testamento sacramental de Ramón Berenguer, fechado en 1162, se refiere al filio suo majori Raymundo ('su hijo primogénito Ramón'), mientras que la donación de su viuda Petronila de dos años después dice: dilecto filio meo Ildefonso, regi aragonensi et comiti barchinonensi, qui in testamento eiusdem viri mei vocaris Raimundo ('mi amado hijo Alfonso, Rey de Aragón y Conde de Barcelona, que en el testamento de mi esposo se llama Ramón'). Sin embargo, según Antonio Ubieto Arteta, desde su nacimiento fue designado indistintamente por los dos nombres, Ramón y Alfonso, aunque en el Acuerdo de Serón de Nágima de 1158 el nombre que aparece es el de Ramón. Pero lo cierto es que como rey todos los documentos los firmó con el nombre de Alfonso.
El cronista aragonés Jerónimo Zurita, citado por Cabestany, explicó que el cambio de nombre fue una decisión de Petronila: «que quiso la reyna que el infante su hijo dexare el nombre de Ramón, que havía tenido todo el tiempo que vivió su padre, y de allí adelante se llamare Alfonso». Luis Suárez Fernández considera que su propósito fue hacer honor a Alfonso el Batallador, tío de Petronila, y señalar así la continuidad dinástica. Esta interpretación también la han propuesto otros historiadores.
Por su parte Jordi Ventura lo ha relacionado con el hecho de que iba a ser conde y rey a la vez, «extraña combinación legal que los contemporáneos resolvieron dando la natural preeminencia al título de rey —la expresión conde-rey es de creación moderna—», lo que «debió quizás motivar el cambio de nombre del pequeño infante», «prenda de poco precio a cambio de la herencia de su batallador tío abuelo».
Debate historiográfico: ¿Cuándo fue plenamente rey de Aragón? Los dos primeros documentos en que aparece su firma están fechados el 1 de septiembre de 1162, solo veintisiete días después de la muerte de su padre Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona y princeps de Aragón, quien en su testamento sacramental le había legado, como hijo primogénito suyo, el condado de Barcelona y el reino de Aragón. En estos dos documentos confirmaba los fueros de Zaragoza y los fueros de Calatayud y poco después firmaba también la confirmación de los fueros de la villa de Alcañiz, que su padre había otorgado en 1157. En estos tres primeros documentos se intitulaba «rey de Aragón, de Sobrarbe y Ribagorza», sin que apareciera el título de «conde de Barcelona» —Jordi Ventura lo achaca a que «las noticias que habían llegado de la muerte de su padre eran únicamente oficiosas [había muerto lejos de la península], sin que se conociera todavía el reparto de los estados que había hecho entre sus hijos»—.
La primera vez en que firmó como rey de Aragón y conde de Barcelona fue el 27 de septiembre, cincuenta días después de la muerte de su padre. El documento es un pacto de alianza y amistad con Fernando II de León firmado en Ágreda cuya finalidad era atacar al reino de Navarra. Las negociaciones del conocido como Tratado de Ágreda las debió comenzar Ramón Berenguer IV y estaba firmado por delegación de los dos monarcas, ya que es probable que ninguno estuviera presente —conviene recordar que Alfonso solo tenía cinco años de edad—. thumb|Genealogía elaborada en tiempos de Martín I el Humano (1396-1410) en la que aparece Ramon Berenguer IV (Ramon Berenguer: comte), portando el orbe, que ofrece el anillo a su esposa Petronila (Peronella: reyna) representada con atributos reales (corona, cetro y orbe), al igual que el hijo de ambos y sucesor, Alfonso (Afons: rey). Dos semanas después, el 11 de octubre, se reunió en Huesca una asamblea de prelados y barones aragoneses y catalanes, convocada por Petronila, para dar a conocer públicamente el testamento sacramental de Ramón Berenguer. En él dejaba a su segundo hijo varón Pere, el futuro Ramón Berenguer IV de Provenza, el condado de Cerdaña y los derechos sobre el vizcondado de Narbona y el vizcondado de Carcasona, reconociéndose vasallo del primogénito, y al tercero, Sancho le asignaba el papel de posible heredero de sus otros dos hermanos si morían sin descendencia. A su esposa Petronila el condado de Besalú y el castillo de Ribas, para que viviera allí —«lo que no debió gustarle», según Jordi Ventura—. En el acta de la asamblea aparecen un total de 43 firmas (signa) y entre ellas la de Petronila. Anaïs Waag ha destacado que Petronila es la única que además valida el documento con su confirmación. En su signum se lee: «Signum Petronila, reina de Aragón y condesa de Barcelona, mujer del dicho conde, que [esto] apruebo y confirmo y corroboro con mi propia mano». Waag interpreta este hecho como una prueba de que Petronila «tuvo un papel crucial en la validación de esta sucesión» (de Ramón Berenguer por su hijo primogénito) al trono aragonés. En la asamblea también se dio a conocer que en el testamento el rey Enrique II de Inglaterra había sido designado como tutor de todos sus hijos. A continuación, al igual que hicieran su abuelo Ramiro II y su padre Ramón Berenguer IV, viajó por el reino de Aragón para recibir el juramento de fidelidad de los vasallos de dicho reino. Ese mismo mes de octubre también otorgó la carta puebla de Pintano. thumb|left|Petronila, «aragonensis regina et barchinonensis comitissa» (reina de Aragón y condesa de Barcelona) abdica en 1164 en su hijo Alfonso el reino íntegro.
En febrero de 1163 Alfonso y su madre marcharon a Cataluña y el día 23 era jurado como conde de Barcelona. Por esas mismas fechas otorgó la carta puebla de Montblanch y en ese documento aparece también la firma de Petronila —en todo el reinado de Alfonso solo existe otro documento, fechado en 1168, en que se puede encontrar el signum de Petronila—. El 18 de junio del año siguiente, a punto de cumplirse los dos años de la muerte de Ramón Berenguer, Petronila en una asamblea celebrada en Barcelona hizo donación formal a su hijo primogénito del reino de Aragón. Según Jordi Ventura lo hizo aconsejada (y presionada) por los «los nobles aragoneses y catalanes a la vez, pero sobre todo por los aragoneses». Por su parte Percy Ernst Schramm ha señalado que la donación de Petronila de 1164 «por razones legales, no habría sido necesaria, ya que su marido había dejado su reino directamente a los hijos y a ella solo le había asignado la viudedad... Es evidente que los aragoneses lo aprovecharon para dejar asentado el hecho de que, desde que Ramiro II volvió al monasterio, la soberana de Aragón había sido Petronila, y por eso ella, y no su marido, traspasaba el reino al hijo».
Esto último es lo que sostiene una parte de la historiografía: Alfonso solo tuvo el dominio jurídico pleno del reino a partir de la donación de su madre en junio de 1164. Siguiendo la teoría del casamiento en casa de Antonio Ubieto Arteta, algunos historiadores y genealogistas, como Benito Vicente de Cuéllar, niegan incluso el derecho de Ramón Berenguer a ceder el reino de Aragón a su hijo porque él era únicamente el «administrador» de la Casa, «regente del Reino», «del que seguía siendo señor, padre y rey, Ramiro II, hasta que murió el 16 de agosto de 1157. Luego su hija Doña Petronila sería la reina titular hasta que el 18 de junio de 1164 renunció en favor de su hijo Alfonso II». thumb|Signum regis (firma real) de Alfonso II. Es el mismo signum que el empleado por su tío abuelo Alfonso I el Batallador —que a su vez era el mismo que el utilizado por el hermano de este Pedro I de Aragón—. Se ha discutido si el uso del mismo signum fue una idea de Petronila o de los magnates de Aragón, como reconocimiento a la memoria del Batallador. Por el contrario otro sector de la historiografía sí que le reconoce a Ramón Berenguer IV el derecho de ceder el reino de Aragón a su hijo primogénito, como resultado de la «donación» que le había hecho Ramiro II de su hija Petronila y del reino de Aragón en los capítulos matrimoniales acordados en Barbastro en 1137, insistiendo además en el hecho de que Alfonso ostentó el título de rey de Aragón a partir de septiembre de 1162 y no a partir de junio de 1164 y de que, según el derecho sucesorio aragonés, las mujeres no podían reinar. Por su parte, Joan-Ferran Cabestany, ha señalado que «lo que podemos excluir sin ninguna duda es la idea de la herencia total a través de la hija de Ramiro» y plantea que «Ramon Berenguer fuera el heredero legal y territorial y Petronila la heredera dinástica», con lo que el reinado comenzaría «legalmente» tras la jura como conde de Barcelona el 24 de febrero de 1163 y después de la «renuncia de su madre, el 18 de junio de 1164», a la que siguió la jura como rey en Zaragoza el 11 de noviembre del mismo año. Una posición similar es la que parece sostener Hilda Grassotti cuando afirma que «Alfonso II recibió de su padre el reino de Aragón y el condado de Barcelona (1162), en concepto de honor, y de su madre el dominio de la tierra y el principado, es decir, el regnum (1164)».
Minoría de edad (1162-1174) thumb|Documento en el que en el lugar de la datación (párrafo sombreado) se dice: Facta carta era Mª. Cª. LXXXXª. VIª., regnante Raimundo Berengario in Aragone et in Superarbio [Sobrarbe] et in Ripacurcia [Ribagorza] et in Barchinona .ipso anno quando dompna regina peperit filium suum Adefonsum.in civitate Oscha. Antonio Ubieto Arteta lo ha aportado como la prueba que demostraría que Alfonso habría nacido en Huesca entre el 1 y el 25 de marzo de 1157. Sin embargo, Jordi Ventura ha cuestionado esta interpretación, alegando que Huesca tal vez sea el lugar de datación del documento, ya que existe un punto entre Adefonsum y la frase del otro renglón in civitate Osca.