Por utopía el Diccionario de la lengua española entiende dos cosas: en primer lugar, el «plan, proyecto, doctrina o sistema deseables que parecen de muy difícil realización» y en segundo lugar, la «representación imaginativa de una sociedad futura de características favorecedoras del bien humano», esto es, una sociedad tan perfecta e idealizada que es prácticamente imposible llegar a ella.thumb|300px|Representación utópica de New Harmony (Indiana), EE. UU., según las propuestas de Robert Owen (1838).La palabra proviene del helenismo Utopia, isla imaginaria con un sistema político, social y legal perfecto descrita por Tomás Moro en 1516, durante el renacimiento.

Etimología Utopía procede del griego οὐ («no») y τόπος («lugar») y significa literalmente «no-lugar», más el sufijo latino -ia o, como glosó Quevedo: «no hay tal lugar».More, Tomás. La Utopía. Traducción de don Francisco de Quevedo y Villegas. Prólogo. Barcelona. M. Repulles, 1805 La palabra fue acuñada por Tomás Moro para describir una sociedad ideal y, por lo tanto, inexistente.

Esta «república» es imaginada como mejor que las conocidas, en especial la europea del Renacimiento, por lo cual el término puede ser interpretado como Eutopia, también derivado del griego; εὖ («bueno» o «bien») y τόπος («lugar»), significando «el buen lugar», en oposición a la distopía o «mal lugar».

En un sentido estricto, el término hace referencia a la obra homónima de Tomás Moro: Libellus vere aureus, nec minus salutaris quam festivus, dē optimo rēpūblicae statu dēque nova insula Vtopia. En ella, Utopía es el nombre dado a una isla y a la comunidad ficticia que la habita, cuya organización política, económica y cultural contrasta con la sociedad inglesa de la época.

La utopía moderna Antecedentes y origen Se conocen narraciones antiguas que contienen elementos utópicos, a las cuales se las considera precursoras del género.Utopias en Flagship Visions and Modern Myths. Consultado 27/03/2018 Entre ellas pueden mencionarse Dilmún de la mitología mesopotámica,horkild Jacobsen (23 September 1997). The Harps that once--: Sumerian poetry in translation. Yale University Press. p. 150. ISBN 978-0-300-07278-5. Esqueria, la isla de los feacios descripta en la Odisea, y la evocación de la Edad de Oro en Hesíodo. En la Biblia el Libro de Ezequiel esboza un Israel utópico y la literatura de Qumrán también describe, sucintamente, una sociedad perfecta, ambas ubicadas en el futuro y realizadas con intervención divina. En el helenismo hay elementos utópicos en la descripción de Pancaya,Diodoro, Biblioteca Histórica, IV-VIII. BCGredos, 2004, Trad. J.J. Torres,p. 369 la isla de la Inscripción sagrada del relato de EvémeroPinheiro, Marilia P. Futre. (2006). Utopia and Utopias: a Study on a Literary Genre in Antiquity. In Authors, Authority and Interpreters in the Ancient Novel. Groningen: Barkhuis. (pp. 147–171, inglés). ISBN 907792213X. y de la isla del Sol de Yambulo.García Gual, Carlos. EL RELATO UTÓPICO DE YAMBULO en Suplemento Monográfico Utopía 2006-3 del Instituto Lucio Anneo SénecaWinston, David (November 1976). "Iambulus' Islands of the Sun and Hellenistic Literary Utopias". Science Fiction Studies. En otras tradiciones culturales aparecen utopías como La fuente del jardín de los duraznos de Tao Yuanming,Palandri, Angela Jung (1988). "The Taoist Vision. A Study of T'ao Yuan-Ming's Nature Poetry" (PDF). Journal of Chinese Philosophy. 15: 17–121 La Ciudad Virtuosa (una idealización de Medina en tiempos de Mahoma) de Al FarabiBakhsh, Alireza Omid (2013). "The Virtuous City: The Iranian and Islamic Heritage of Utopianism". Utopian Studies. 24 (1): 41–51 (en inglés). y las narraciones sobre Ketumati, el paraíso futuro en algunas escuelas budistas, lleno de palacios hechos de gemas y rodeado de árboles maravillosos, donde no existe el hambre.Maddegama, Udaya (1993). Sermon of the Chronicle-to-be. Motilal Banarsidass. pp. 32–33. En la Edad Media una obra utópica singular es La ciudad de las damas de Christine de Pizan.Quilligan, Maureen (1991). The Allegory of Female Authority: Christine de Pizan's Cité Des Dames. Cornell University Press. ISBN 0801497884.

El término utopía, sin embargo, se debe a Tomás Moro, quien tituló así una de las obras más importantes de este género. Tomás Moro bautizó con este término una isla idílica, ubicada cerca de las costas (entonces inexploradas) de América del Sur, cuyos habitantes habían logrado el Estado perfecto, caracterizado por la convivencia pacífica, el bienestar físico y moral de sus habitantes y el disfrute común de los bienes. La obra se basa en los valores del Humanismo y utiliza como marco narrativo las narraciones de Américo Vespucio sobre las tierras americanas, el Nuevo Mundo, en particular la descripción de la isla de Fernando de Noronha y las costas del Brasil.More, Thomas; Utopía; Joaquim Malafrè Gavaldà (2003); La Maison de L'écriture. En la utopía de Moro aparece la crítica social puesta en boca de un extranjero o un viajero pero, a diferencia de las narraciones moralizantes o las sátiras, se propone una alternativa en la forma de una comunidad imaginada, la cual se ubica en los límites del espacio habitado.

Con esta obra Moro dio origen a un género literario en el cual la descripción de una sociedad perfecta es el elemento central de la trama. Estas sociedades aparecen ubicadas en los extremos del mundo o en un futuro más o menos distante, pero siempre se trata de proyectos humanos, exentos de intervenciones sobrenaturales o maravillosas. Por extensión, se denominaron utopías a todas las narraciones precedentes que contenían los elementos básicos de la Utopía de Moro y al mismo concepto de «sociedad ideal». Al final de su libro, el propio Moro considera virtualmente irrealizable una sociedad utópica en Europa, de modo que utopía, desde su origen, establece la premisa de que tal sociedad no puede existir en el mundo del autor y que, por lo tanto, la utopía es meramente imaginaria e imposible. A partir de aquí arranca el uso peyorativo del término.

Derivado de utopìa es el adjetivo utopismo, que indica aquel pensamiento, propuesta que se concentra en la descripción de comunidades imaginadas igualitarias y armónicas, frecuentemente sin considerar los medios para establecerlas.

En el aparece en idioma inglés, la palabra distopía (su primer uso es un discurso de John Stuart Mill sobre la política agraria en Irlanda) modelada expresamente como contraria a utopía."Quizás sea demasiado halagador llamarlos utópicos, más bien deberían ser llamados dis tópicos o caco-tópicos. Lo que comúnmente se llama utópico es algo demasiado bueno para ser practicable; pero lo que parecen favorecer es demasiado malo para ser practicable."

["It is, perhaps, too complimentary to call them Utopians, they ought rather to be called dys-topians, or caco-topians. What is commonly called Utopian is something too good to be practicable; but what they appear to favour is too bad to be practicable".]

John Stuart Mill Parliamentary Speeches (Hansard Commons 1868) citado en Oxford English Dictionary (edición de 1989) s.v. Dystopia. El español la registra a partir del . Relacionado con ella, pero como un género meramente literario, Charles Renouvier acuñó el concepto de ucronía, definida como la utopía en la Historia.Sánchez Jaramillo, C. A., & Molina Valencia, N. (n.d.). Ciencia Ficción Política y Construccionismo. En: Athenea Digital. Revista de Pensamiento, 17(1), 79-96.

Funciones de las utopías A pesar de este carácter novelado o ficticio de las utopías, a lo largo de la historia del pensamiento se les han atribuido funciones que van más allá del simple entretenimiento. Función orientadora. Las utopías consisten, básicamente, en la descripción de una sociedad imaginaria y perfecta. Y, aunque para muchos pensadores la realización completa de este sistema sea imposible, algunos de los procedimientos que se describen pueden aplicarse a posibles reformas y orientar la tarea organizadora de los políticos. Aunque la utopía en su conjunto pueda verse como un sueño inalcanzable, para algunos sería útil en orden a señalar la dirección que deben tomar las reformas políticas en un Estado concreto. Función valorativa. Aunque las utopías son obras de un autor determinado, a menudo se reflejan en ellas los sueños e inquietudes de la sociedad en la que el autor vive. Por esta razón, permiten reconocer los valores fundamentales de una comunidad en un momento concreto y, también, los obstáculos que éstos encuentran a la hora de materializarse. Por ello, para muchos autores, las utopías no sirven tanto para construir mundos ideales como para comprender mejor el mundo en el que vivimos. Función crítica. Al comparar el Estado ideal con el real, se advierten las limitaciones de este último y las cotas de justicia y bienestar social que aún le restan por alcanzar. De hecho, la utopía está construida a partir de elementos del presente, ya sea para evitarlos (desigualdades, injusticias…) o para potenciarlos (adelantos técnicos, libertades…). Por eso, supone una sutil pero eficaz crítica contra las injusticias y desigualdades evidentes tras la comparación. Incluso si consideramos que la sociedad utópica es un disparate irrealizable, nos presenta el desafío de explicar por qué no tenemos al menos sus virtudes. Función esperanzadora. Para algunos filósofos, el ser humano es esencialmente un ser utópico. Por un lado, la necesidad de imaginar mundos mejores es exclusiva de la especie humana y, por otro, esta necesidad se presenta de forma inevitable. El hecho de ser libres, de poder soñar con lugares mejores que el que nos rodea y de poder actuar en la dirección de estos deseos está íntimamente conectado con nuestra naturaleza utópica. Esta es, además, la que justifica el hálito de esperanza que siempre permanece en los seres humanos: por muy injusto y desolador que sea el propio entorno, siempre resultaría posible imaginar y construir uno mejor.

Crítica del concepto Todas las utopías posteriores a Moro tienen en común dos rasgos: describen sociedades que están fuera del mundo conocido, en ningún lugar, y siempre se trata de comunidades prácticamente cerradas, sin contacto con el mundo exterior, en especial con las sociedades europeas. Además, si bien tienen una historia previa, aparecen invariables en el tiempo. Todas, por otra parte, presentan elementos de orden, simetría y rigidez. Algunos autores señalan que su premisa es diseñar las condiciones sociales necesarias para llevar a la práctica los valores éticos de justicia e igualdad, agregan que, en ese empeño se ignora el valor de la libertad individual, que ha surgido, precisamente, con el humanismo renacentista.Victoria Camps, Breve historia de la ética, Barcelona, RBA, 2013. Capítulo 6: "'El Renacimiento: la invención del sujeto':'Las utopías renacentistas', pag 137 ISBN 978-84-9006-530-3

Sociedades utópicas miniaturadeimagen|Retrato de Tomás Moro, por Hans Holbein

La república platónica

En Occidente el primer modelo de sociedad utópica fue imaginado por Platón. En uno de sus diálogos más conocidos, República, (en griego Πολιτεία Politeia, que proviene de πόλις polis, denominación dada a las ciudades estados griegas), además de la defensa de una determinada concepción de la justicia, hallamos una detallada descripción de como sería el estado ideal, es decir, el estado justo. Platón, profundamente descontento con los sistemas políticos que se habían sucedido en Atenas, especialmente con la democracia, imagina cómo se organizaría un estado que tuviese como objetivo el logro de la justicia y el bien social.

Según Platón, el estado perfecto estaría formado por tres clases sociales: los gobernantes, los guardias y los productores. Cada una de estas clases tendría una función, unos derechos y unos deberes rígidamente diferenciados.