La iglesia de la Purísima es un emblemático templo religioso de culto católico y bajo la advocación de Purísima Concepción en el centro de la ciudad de Monterrey, capital del estado de Nuevo León, en México.

Sus orígenes se remontan a finales del . De acuerdo con la tradición histórica y la documentación conservada, el culto surgió a partir de una pequeña imagen de la Purísima Concepción llevada a Monterrey por la indígena nahua tlaxcalteca Antonia Teresa, originaria de San Esteban de Nueva Tlaxcala, actual Saltillo, Coahuila.

La imagen, conocida también como la Virgen Chiquita y tradicionalmente llamada Virgen de la Zapatera por la relación de Antonia Teresa con el oficio de zapatera de su familia, dio origen a una de las devociones marianas más antiguas y arraigadas de Monterrey, alrededor de la cual se desarrolló la capilla, la parroquia y la actual basílica.

Historia

Orígenes y leyenda Según la tradición, a fines del llegó a Monterrey una familia de origen tlaxcalteca, encabezada por Antonia Teresa, viuda y conocida como «la Zapatera» por su oficio y por estar casada con el zapatero Diego Hernández. Antonia Teresa era originaria de San Esteban de Nueva Tlaxcala, Coahuila, y se estableció en Monterrey hacia 1680. miniaturadeimagen|226x226px|Testamento de Antonia Teresa, tlaxcalteca iniciadora del Templo de la Purísima. La leyenda relata que alrededor del año 1700 la ciudad sufrió inundaciones catastróficas tras 40 días consecutivos de lluvia intensa, en que el río Santa Catarina amenazaba con desbordarse. En ese momento crítico, Antonia sacó en procesión la pequeña imagen de la Purísima Concepción que traía consigo y la llevó junto al río. Al extender la figura sus manos, las aguas retrocedieron y cesó la tormenta.

Este milagro legendario dio pie al primer culto público. Desde entonces la imagen comenzó a ser venerada en una humilde capilla edificada junto a la vivienda de Antonia Teresa. La propia historiografía documenta que la imagen, una talla de apenas 42 cm, era de probable manufactura tlaxcalteca.

El relato fue recogido ya en el por cronistas como fray Servando Teresa de Mier, quien lo narra con tono escéptico, y ha sido reconstruido por investigadores actuales. No obstante, los archivos confirman la existencia de Antonia Teresa, zapatera tlaxcalteca que efectivamente introdujo la talla de la Virgen Chiquita a Monterrey.

De capilla a parroquia Con el paso del tiempo, la capilla original quedó pequeña para los fieles crecientes. En un testamento fechado el 20 de octubre de 1719, Antonia Teresa legó la imagen de la Virgen y la modesta capilla a su hija Margarita. Para 1791 ya aparece en el plano de la ciudad la Capilla de la Purísima en el mismo solar. La capilla era de estilo franciscano.

Durante la segunda mitad del , Monterrey experimentó un fuerte crecimiento demográfico e industrial. La antigua capilla resultó insuficiente para atender a la población del sector poniente de la ciudad. Finalmente, el 19 de diciembre de 1894 el arzobispo de Monterrey Jacinto López y Romo decretó erigir formalmente la Parroquia de la Purísima Concepción, elevando el culto a un templo parroquial de mayores dimensiones. izquierda|miniaturadeimagen|224x224px|Construcción original de estilo neoclásico de la Iglesia de la Purísima en el año 1905. Tras la erección parroquial se edificó un templo mucho más amplio, construido en sillar y con estilo neoclásico, que sustituyó a la antigua capilla virreinal. Sin embargo, el continuo crecimiento urbano de Monterrey volvió a hacerlo insuficiente, además de que la arquidiócesis buscaba levantar un templo que representara la nueva imagen de una ciudad industrial moderna.

En este contexto se decidió demoler el templo neoclásico y levantar una nueva iglesia. El proyecto fue impulsado por el entonces obispo de San Luis Potosí, Guillermo Tritschler y Córdova, quien consideró que el nuevo santuario debía expresar tanto la continuidad de la antigua devoción mariana como el espíritu moderno e industrial de Monterrey.

Reconstrucción y debate thumb|200x200px| La Purísima Concepción de María de seis metros y medio de altura en barro cocido, obra del artista Adolfo Laubner Mayer. Este templo comenzó los procesos de construcción en el año de 1939 y es conocida por tratarse de la primera edificación religiosa de corte moderno en México, y en un antecedente importante de las estructuras de cascarones de hormigón armado realizadas por arquitectos como Félix Candela en décadas posteriores. El arquitecto encargado de la obra fue Enrique de la Mora, autor también de otras conocidas iglesias en el país como El Altillo en la Ciudad de México.

Su desarrollo fue influenciado por Tritschler, cuya intervención fue determinante tanto en la elección del proyecto arquitectónico como en la integración artística del edificio. Además de respaldar la propuesta moderna presentada por Enrique de la Mora, promovió la participación de destacados artistas para la decoración del templo, entre ellos Adolfo Laubner Mayer, Jorge González Camarena, Herbert Hoffman de Ysenbourg, Benjamín Molina, Federico Cantú y Jesús Guerrero Galván.

La defensa del proyecto moderno se remonta a una reunión celebrada en febrero de 1941, antes de que Tritschler fuera nombrado arzobispo de Monterrey. En ella participaron nueve prelados mexicanos, el arquitecto Enrique de la Mora, el ingeniero Armando Ravizé Rodríguez, responsable de la construcción, el comité encabezado por el empresario Antonio L. Rodríguez y el párroco del antiguo templo neoclásico, cuya demolición estaba prevista para dar paso a un nuevo edificio de mayores dimensiones que respondiera al crecimiento de la población y a las necesidades pastorales de la ciudad.thumb|150px| Uno de los seis ángeles que decoran el exterior del templo, obra de Laubner Mayer.|izquierdaLa reunión coincidió con las celebraciones por las bodas de oro sacerdotales del entonces arzobispo de Monterrey, José Guadalupe Ortiz y López. Asistieron asimismo los arzobispos de México, Luis María Martínez; de Guadalajara, José Garibi Rivera; y de Morelia, Leopoldo Ruiz y Flores; así como los obispos José María Echavarría y Aguirre y su auxiliar Luis Guízar Barragán, de Saltillo; Serafín María Armora y González, de Tamaulipas; Miguel Darío Miranda Gómez, de Tulancingo; y Tritschler, de San Luis Potosí. Tras examinar la maqueta del nuevo templo, la mayoría manifestó reservas respecto al proyecto, al considerarlo impropio para el culto católico. Entre las críticas expresadas figuraron comparaciones con un hangar o una bodega, mientras que el obispo de Tulancingo manifestó que consideraba indigna la construcción del edificio. Ante la oposición general, el arzobispo de México, Luis María Martínez, señaló que ya se habían escuchado suficientes opiniones contrarias y preguntó quién deseaba asumir la defensa del proyecto.

Fue entonces cuando intervino Tritschler, quien argumentó que la historia del arte sacro demostraba que todos los estilos arquitectónicos habían sido innovadores en su tiempo y que las transformaciones estilísticas constituían una constante en la evolución de la arquitectura religiosa. En su exposición sostuvo que el proyecto de Enrique de la Mora representaría una expresión adecuada de la fe para una ciudad como Monterrey, caracterizada por su desarrollo industrial, y afirmó que el empleo del hierro, el cemento y el cristal reflejaba los materiales con los que la ciudad ingresaba a una nueva etapa de progreso. Su intervención resultó decisiva para que la propuesta fuera aceptada y continuara su desarrollo. En aquel entonces, Tritschler ya había sido nombrado para ser el VII arzobispo de Monterrey.

Inauguración y recepción thumb|250px|La obra de diseño le mereció a su autor Enrique de la Mora y Palomar ganar el Premio Nacional de Arquitectura el 12 de septiembre de 1946.|izquierdaLa presentación pública del proyecto generó una intensa controversia entre diversos sectores de la sociedad regiomontana, que consideraban poco apropiada la adopción de un lenguaje arquitectónico moderno para un templo católico. El debate trascendió al ámbito intelectual y fue objeto de un artículo del escritor Alfonso Reyes Ochoa, quien defendió la construcción del nuevo edificio y elogió el trabajo de Enrique de la Mora.

Durante la ejecución de la obra surgió otra controversia en la prensa local cuando se dio a conocer que el grupo escultórico monumental de Jesucristo crucificado y los doce apóstoles había sido encomendado por Tritschler al artista Herbert Hofmann de Ysenbourg, de origen judío. En respuesta a las críticas, el sacerdote jesuita Felipe Pardinas Illanes, conocedor del arte y artista él mismo, defendió públicamente dicha designación al afirmar: «Pueden darse excelentes católicos o católicas que perpetren esperpentos artísticos verdaderamente insoportables. Cuando tratemos de labores artísticas, busquemos a quien sepa».

El nuevo templo y su cripta subterránea fueron consagrados por el arzobispo Guillermo Tritschler el 22 de junio de 1943, fecha en la que comenzó oficialmente el culto en el edificio. Posteriormente, el 14 de febrero de 1946, el mismo prelado realizó la consagración solemne del templo, acto con el que se inauguró además un ciclo de conferencias dedicadas al arte religioso. En septiembre del mismo año, se otorgó el Premio Nacional de Arquitectura a Enrique de la Mora. A partir de este reconocimiento, la iglesia ha sido señalada como un referente por el empleo de estructuras parabólicas de concreto armado, cuya influencia se extendió a proyectos posteriores, comenzando una nueva era en la arquitectura religiosa.

El 10 de mayo de 1990, durante su visita pastoral a Monterrey, el papa Juan Pablo II elevó el templo a la dignidad de Basílica Menor y coronó la imagen de la Virgen Chiquita, venerada en la ciudad desde 1698, consolidando oficialmente la importancia histórica y religiosa de una de las advocaciones marianas más antiguas del estado de Nuevo León.

Descripción miniaturadeimagen|Interiores de la Iglesia de la Purísima en Monterrey, Nuevo León.|264x264px La estructura de la iglesia es de concreto, con un paraboloide, dónde se encuentra la nave principal, intersecado por otro, más pequeño, el templo, destaca por un sistema de construcción que utiliza elementos derivados de la optimización estructural, dando paso a sus reconocidas hipérboles y parábolas, bóvedas y arcos. En planta estos paraboloides forman una cruz, como es tradición en la arquitectura eclesiástica.

En los planos tiene 47 metros y 69 centímetros desde la puerta de entrada hasta las puertas junto al altar mayor, mas 4 metros 33 centímetros de la comba en el ábside, de puerta a puerta de las naves del crucero dan 34 metros con 15 centímetros. La nave central tiene 15 metros hasta la base de las enervaduras parabólicas, más 2 metros con 60 centímetros de fondo cada una de las ocho capillas parabólicas laterales.

Se aprovechó la piedra de la excavación para el revestimiento de la capilla subterránea, los muros parabólicos laterales y para la esbelta torre de cuarenta y tres metros de altura desde el suelo y otros tres con que remata la cruz. En una pared de lo alto se colocó una imagen de la Purísima en barro cocido, creación de Adolfo Laubner Mayer, con seis metros y medio de altura.

Referencias

Bibliografía

Véase también Ciudad de Monterrey Iglesia de la Purísima Concepción, 20px desambiguación de otras iglesias bajo la misma advocación.

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