José Ramón Miguel Agustín Pro Juárez (Guadalupe, Zacatecas; 13 de enero de 1891-Ciudad de México, 23 de noviembre de 1927) fue un sacerdote católico, activista por la libertad religiosa en México, y miembro de la Compañía de Jesús, que fue acusado falsamente por el gobierno de Plutarco Elías Calles de participar en un atentado contra el candidato presidencial Álvaro Obregón, dentro del contexto del extenso enfrentamiento entre la Iglesia y el Estado que afectó a México entre 1914 y 1938, y que alcanzó su máxima expresión con la denominada Guerra Cristera (1926-1929). Miguel Pro fue fusilado sin juicio alguno ni desahogo de pruebas, junto con su hermano Humberto, Luis Segura Vilchis y Juan Tirado Arias. Fueron ejecutados por un pelotón en una comandancia de la policía capitalina, ubicada en el terreno ocupado en la actualidad por el edificio El Moro. En el marco del citado conflicto, fue el primer mexicano declarado mártir por odio a la fe por la Iglesia católica, y beatificado por el papa Juan Pablo II en 1988.

Contexto histórico anterior El conflicto entre la Iglesia y el Estado en México tuvo sus antecedentes más lejanos en la expulsión de los jesuitas del Imperio español. Este hecho constituyó un grave trauma que quedó grabado en la conciencia de los católicos, que vieron por primera vez la posibilidad de un enfrentamiento entre la Iglesia y el Estado. La guerra de Independencia de 1810-1821 resultó en intentos por disminuir la sujeción de la Iglesia al Estado, un asunto que generó dificultades a lo largo de todo el , y relaciones conflictivas entre liberales y conservadores.

En 1857 la guerra de Reforma fue producto de que, desde 1855 se desató una revolución liberal y con ella una serie de decretos y de leyes que modificaron la relación Iglesia-Estado. Durante la presidencia de Ignacio Comonfort se suprimió la Compañía de Jesús en México, por decreto publicado el 5 de junio de 1856. La Ley Lerdo, expedida el 25 de junio de 1856, obligó a las corporaciones civiles y eclesiásticas a vender casas y terrenos. La ley fue concebida como una forma de desarrollar la economía de México a expensas del socavamiento del poder económico de la Iglesia. Supuestamente buscaba aumentar el número de propietarios privados indígenas, y formar una clase de agricultores hacendados de extracción campesina, pero en la práctica la tierra fue comprada por ricos especuladores y la mayor parte de las tierras indígenas se perdieron. Así, las tierras comunitarias terminaron por engrosar el tamaño de latifundios y haciendas. Adicionalmente la Ley Iglesias, expedida el 11 de abril de 1857, reguló el cobro de derechos parroquiales. Tras la promulgación de la Constitución de 1857 la Iglesia perdió la mayor parte de sus privilegios aunque se acordó cierta independencia de los poderes seculares.

La dictadura de Porfirio Díaz (1876-1910), constituyó un descanso a la hostilidad contra la Iglesia, en el cual esta se fortaleció. El derrocamiento del dictador Porfirio Díaz provocó inestabilidad política, con muchas facciones y regiones en pugna. La Revolución mexicana iniciada en 1910, desembocó en el triunfo de los constitucionalistas en 1916, al mando de Venustiano Carranza, y la promulgación de una nueva Constitución en 1917 que incluía reformas contra la Iglesia. Se le prohibió a la Iglesia poseer cualquier tipo de bienes, incluidos los templos y las casas rurales (nacionalización de los bienes eclesiásticos). Con respecto a la educación, el Estado se reservó el deber de formar a las nuevas generaciones bajo una moral secularizada, señalando la gratuidad de la enseñanza para el nivel básico, y la calidad laica de sus contenidos. Los establecimientos particulares no solo estaban supeditados a la supervisión estatal en la obtención del permiso correspondiente y en la revisión de sus contenidos, sino que además no se revalidaba ni otorgaba dispensa a cualquier otro trámite que tuviera por fin dar validez a estudios hechos en los establecimientos destinados a la enseñanza profesional de los ministros de los cultos: eso repercutía en la invalidez de los títulos expedidos por las instituciones de formación religiosa. Además, no se le reconoció la personalidad jurídica a ninguna asociación religiosa y se prohibieron los votos religiosos. Siguió un período político de corte liberal, con las presidencias de Álvaro Obregón (1920-1924) y Plutarco Elías Calles (1924-1928).

La presidencia de Calles coincidió con el período más álgido de las relaciones Iglesia-Estado en México y el desarrollo de la Guerra cristera.

Biografía

Infancia y adolescencia Miguel Agustín Pro nació en el seno de una familia minera en Guadalupe, Zacatecas, el 13 de enero de 1891. Fue el tercero de once hijos, cuatro de los cuales murieron siendo bebés o niños pequeños. Su padre, Miguel Pro, era un ingeniero moderadamente adinerado que había enseñado a sus hijos a tratar al pobre con respeto y caridad. La familia Pro se oponía al liberalismo del régimen de Díaz, pero «se enfocaba hacia adentro, y era apolítica por principio». «[…] focussed inward, apolitical by principle.» En 1896 la familia Pro se mudó a la ciudad de Monterrey. En 1898 se trasladó a Concepción del Oro, Zacatecas, y allí pasó Miguel Agustín la mayor parte de su infancia y juventud. Desde muy joven fue llamado por su apodo, "Cocol".

El fermento revolucionario trastornó el sustento de la familia Pro y en la década del año 1890, en medio de una ola de huelgas laborales, el padre dejó su labor en la mina y comenzó su trabajo para una secretaría gubernamental.

A partir de 1906 Miguel Agustín dejó de estudiar y comenzó a ayudar a su padre en sus negocios de la Agencia Minera de la Secretaría de Fomento en Concepción del Oro. Poco después su padre fue nombrado agente Oficial de dicha Secretaría y tomó a su hijo como colaborador directo en su oficina para que aprendiera el manejo de los documentos. A los 18 años de edad manejaba más de dos mil documentos relacionados con las minas y tomaba parte en litigios y arbitrajes.

Vocación, estudios en el extranjero y ordenación sacerdotal

Su hermana mayor María de la Luz ingresó en un convento de la Congregación de la Pureza de María en Aguascalientes, y eso lo impulsó a reflexionar sobre su vocación religiosa. Finalmente, Miguel Agustín ingresó al noviciado de los jesuitas en Los Llanos, Michoacán, del 15 de agosto de 1911. Después del noviciado continuó sus estudios en Los Gatos, California, ya que los jesuitas debieron abandonar Los Llanos a causa de la presencia del ejército constitucionalista, liderado por Venustiano Carranza.

Luego pasó a España (1915–1919) donde permaneció cinco años dedicado a la filosofía y la retórica.

thumb|Miguel Pro en Enghien, Bélgica, en diciembre de 1925

De 1919 a 1922 enseñó en Nicaragua. Luego regresó a España y continuó sus estudios en Enghien, Bélgica, donde vivió en una comunidad con 130 jesuitas. Allí fue enviado por el padre Camilo Crivelli –provincial de la provincia de México- para prepararlo en cuestiones sociales para ejercer su ministerio entre los comunistas de Orizaba e impulsar el movimiento social católico. Según Crivelli, Miguel Agustí Pro tenía las características requeridas para trabajar con los obreros mexicanos:

Allí fue ordenado sacerdote a finales de agosto de 1925. Al siguiente mes se agravó su estado de salud y fue enviado a la Clínica de Saint-Remy para su tratamiento. Enfermo desde sus tiempos de estudiante, el jesuita atravesó por un verdadero calvario consistente en varias intervenciones quirúrgicas para resolver una innominada afección estomacal. Su recuperación fue larga. Allí se enteró de la muerte de su madre. Meses más tarde fue enviado a una casa de convalecencia en Hyéres, atendida por religiosas franciscanas. Dada la gravedad de su condición, el padre Picard, nuevo rector del Teologado de Enghien, decidió enviarlo de regreso a México dado que su enfermedad no tenía remedio según el diagnóstico médico: «Regresa Ud. para morir en su patria».

En esa situación realizó un viaje a Lourdes, en los Altos Pirineos, esperanzado de que una intervención de la Virgen de Lourdes le devolviera la salud. De su visita a la gruta de Massabielle en el interior del célebre santuario escribió:

Regreso a México, apostolado y fusilamiento

Contexto del regreso a México y su actividad El 14 de junio de 1926 el presidente Plutarco Elías Calles emitió un decreto que prohibió a la Iglesia celebrar eventos religiosos en lugares distintos a los designados (templos); estableció el derecho del gobierno de designar el número de sacerdotes que realizarían funciones religiosas en cada estado de la República y estableció un proceso de registro obligatorio en una oficina de la Secretaría de Gobernación, entre otras restricciones. Debido a la Ley Calles se clausuraron 142 templos en el país y varias capillas en asilos de beneficencia privada abiertos al público; se suprimieron las acciones de religiosos en todas las instituciones de beneficencia en las que participaban; se cerraron 73 conventos y se expulsó a numerosos sacerdotes extranjeros. A finales de julio de 1926, el episcopado mexicano ordenó la suspensión de todos los actos de carácter religioso.

En julio de 1926 Miguel Agustín Pro regresó a México cuando, en expresión de la Enciclopedia Británica, «el catolicismo estaba virtualmente proscrito en ese país». Luego de que el gobierno de México decidiera reglamentar los artículos 27 y 130 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en materia de relaciones Estado-Iglesia, una ola de descontento y protestas cundió por todo el país. Como consecuencia de ello se crearon la Liga Nacional para la Defensa de las Libertades Religiosas y otras organizaciones de laicos, religiosos y sacerdotes católicos.

El padre Pro brindó durante ese periodo sus servicios como consejero espiritual y sacerdotal a varias de esas organizaciones. Desarrolló un trabajo desgastante durante los meses que vivió en la capital, mientras huía de casa en casa para despistar a los sabuesos del gobierno que seguían sus pasos.

Se hizo rápidamente popular entre los católicos y, por ello mismo, fue visto con recelo por las autoridades que resentían su disposición a rechazar, muchas veces de manera jocosa, las restricciones impuestas por la nueva legislación. Ejercía a escondidas su ministerio, usaba disfraces para eludir los controles policiales y predicaba en secreto ejercicios espirituales. Fundó centros eucarísticos donde distribuía cientos de comuniones clandestinamente, llegando hasta las 1500 eucaristías en un solo día. Se desplazaba subrepticiamente en bicicleta. En palabras escritas del propio Miguel Pro: «Mi apariencia de estudiante evita muchas suspicacias sobre mi profesión. Algunas veces con un bastón en la mano, otras con un perro policía que me han regalado y me sigue los talones, otras montando la bicicleta de mi hermano (que me ha dejado ya un moretón en el brazo derecho y un chichón en la frente) voy a todas partes de día y de noche, haciendo el bien…»

Atentado contra el general Álvaro Obregón

En noviembre de 1927, el ingeniero Luis Segura Vilchis desarrolló un plan para atentar contra el general Álvaro Obregón, por entonces candidato a la presidencia de la República. El atentado tuvo lugar el domingo 13 de noviembre de 1927 y consistió en alcanzar el automóvil donde Obregón se movilizaba y arrojarle una bomba. El plan se frustró: el artefacto explosivo no logró herir al general Obregón. Sus guardias respondieran al atentado y responsabilizaron a los hermanos Miguel Agustín Pro y Humberto Pro. En realidad, la única conexión entre el atentado y los hermanos Pro fue el automóvil Essex usado para el ataque que anteriormente había sido de la propiedad de uno de los hermanos del sacerdote.