La Inmaculada Concepción es una talla de Pedro Roldán realizada entre 1679 y 1680. Está ubicada en la Iglesia de Nuestra Señora de Gracia, en Córdoba (Andalucía, España).

Historia Tras la conocida como gran peste de Sevilla, ocurrida en 1649, se produjo una nueva epidemia en 1679 que afectó, entre otras zonas, a Córdoba, donde cuatro años antes Alfonso de Salizanes y Medina, devoto de la Inmaculada, había sido nombrado obispo. El 24 de julio de 1679 el municipio procedió, a modo de rogativa, a jurar el voto de la defensa de la Limpia y Pura Concepción de María, siendo este acto aprobado por el obispo el 4 de agosto y llevado a cabo veinte días después. El prelado presidió el juramento en la Catedral de Córdoba, donde se proclamó a la Inmaculada Concepción como patrona de la ciudad. Ese mismo año Medina pidió al cabildo un espacio en la catedral con el fin de levantar una capilla funeraria para él dedicada a la Inmaculada, siendo la misma inaugurada el 2 de diciembre de 1682. Respecto a la imagen titular, el prelado celebró un concurso en 1679 para el que convocó a dos de los escultores más destacados del momento: Pedro de Mena y Pedro Roldán. Al año siguiente ambos tallistas presentaron sus respectivas obras, las cuales gustaron tanto al obispo que en un principio tuvo dudas a la hora de elegir una, si bien terminaría decantándose por la de Mena (en 1973 el profesor Jorge Bernales fechó erróneamente la talla de Roldán en 1668, lo que provocó incertidumbre acerca de la posible celebración del concurso). Tras ser rechazada, la Inmaculada de Roldán fue conducida a la iglesia del Convento de Nuestra Señora de Gracia, donde se venera actualmente, por disposición del sacristán de la misma, el fraile trinitario Alonso de la Madre de Dios. El protocolo del convento relata los hechos en los siguientes términos:

Descripción Esta obra pertenece al periodo de madurez artística de Roldán y posee muchas similitudes con la Inmaculada del mismo autor elaborada en 1652 y conservada en la Iglesia de Santa Ana de Montilla, en Córdoba. La imagen, de 1,40 metros de altura, muestra a la Virgen con un rostro dotado de unas facciones alejadas de la juventud plasmada en la mayoría de Inmaculadas de la época; de hecho, la talla muestra a una Virgen madura al acentuar las líneas de expresión que enmarcan la boca. La imagen tiene los ojos almendrados y el cabello, dividido, cae a ambos lados del rostro y se posa delicadamente sobre los hombros. Los brazos se hallan flexionados y levemente desplazados a un lado, clara influencia de Martínez Montañés, estando las manos, que no son las originales, juntas en posición orante sin llegar a tocarse.

La Virgen porta una túnica en tono marfil con estampado floral en la que destaca una profusión de pliegues desordenados y un estrechamiento a medida que baja hasta los pies, a imagen y semejanza de las obras inmaculistas de Alonso Cano. Por su parte, el manto, de color azul con motivos dorados en los bordes, se encuentra suspendido del brazo izquierdo y presenta un esquema de pliegues el cual muestra un patrón caracterizado por drapeados angulosos que fluyen desde la cintura hasta las rodillas. El amplio vuelo de los ropajes dota de movimiento a la Inmaculada, la cual presenta cierto hieratismo roto solo por un leve contrapposto originado por la flexión de la pierna izquierda. La imagen se apoya en un escabel compuesto por una esfera en la que destacan una estrella pintada y el rostro alado de un serafín en relieve, todo ello coronado a su vez por una media luna invertida acorde a la doctrina de los antiguos tratadistas. Para rematar el conjunto, la Virgen luce una aureola estrellada de orfebrería.

Según una descripción del historiador, literato y antiguo profesor de la Universidad de Córdoba Ángel Aroca Lara:

Referencias

Categoría:Escultura en madera Categoría:Esculturas de la Virgen María Categoría:Esculturas de España del siglo XVII