Las Brigadas Internacionales fueron unidades militares compuestas por voluntarios extranjeros de más de cincuenta países que participaron en la guerra civil española (1936-1939) junto al Ejército Republicano, enfrentándose al bando sublevado al lado del gobierno de la Segunda República.
Según los datos manejados por estudios realizados en Estados Unidos por el Batallón Abraham Lincoln y por el historiador Andreu Castells, llegaron a participar un total de 59 380 brigadistas extranjeros; posteriormente, el historiador Hugh Thomas rebajaría la cifra de combatientes a 40 000, mientras que las más recientes investigaciones de Michael Lefebvre y Rémi Skoutelsky dan una cifra de casi 35 000. La cifra de Rémi Skoutelsky (34 111 individuos: 32 165 interbrigadistas y el resto «elementos repartidos en el ejército español») procede de sus investigaciones en el archivo de la Komintern y su cómputo se ha visto corroborado por un informe del servicio secreto militar ruso elevado al mariscal Voroshilov, comisario de Defensa soviético, el 26 de julio de 1938 en el que se dice que a finales del mes de abril la Komintern había registrado a 31 369 voluntarios en las Brigadas Internacionales durante todo el transcurso de la guerra. Al mismo tiempo los internacionales nunca sobrepasaron el número de 20 000 hombres presentes en los frentes en un momento determinado de la guerra (se calcula que fueron entre 12 000 y 15 000). La nacionalidad más numerosa fue siempre la francesa, con una cifra cercana a los 10 000 hombres, buena parte de ellos de la zona de París. Murieron al menos 15 000 brigadistas.
La mayoría no eran soldados, sino trabajadores reclutados voluntariamente por los partidos comunistas (Comintern) o veteranos de la Primera Guerra Mundial. En un informe reservado presentado al resto de miembros del gobierno británico en enero de 1937, el secretario del Foreign Office Anthony Eden comparó a los brigadistas con las fuerzas de la Italia fascista y la Alemania nazi que estaban apoyando al bando franquista: «Es cierto que también han cruzado la frontera francesa voluntarios en número considerable. Pero son de una categoría diferente. No están organizados, no tienen experiencia militar, y en su gran mayoría no están armados ni equipados».
Su base se encontraba en la base aérea de Los Llanos, en Albacete. Las Brigadas participaron en la defensa de Madrid en 1936, las batallas del Jarama, Guadalajara, Brunete, Belchite, Teruel, Aragón y el Ebro, siendo retiradas a partir del 23 de septiembre de 1938, a fin de modificar la posición del Comité de No Intervención ante la intervención extranjera.
Historia
Antecedentes
Las Brigadas Internacionales no fueron, al contrario de lo que se suele creer, ni los primeros ni los únicos voluntarios extranjeros que partieron a luchar a España en favor de la República. Ya antes de su formación (en octubre de 1936) había en la Península un número, aunque no muy alto, de combatientes extranjeros, que prácticamente desde el día de la sublevación estaban participando en la contienda. Algunos de ellos ya residían en España antes del golpe del 18 de julio y procedían mayoritariamente de países con gobiernos fascistas (o pseudofascistas), de donde se habían visto obligados a exiliarse por su militancia progresista, socialista, comunista o anarquista. Por esta razón, los dos principales países de origen de estos primeros voluntarios extranjeros fueron Alemania e Italia. De este primer grupo de combatientes extranjeros que ya vivían en España al estallar la guerra se encontraban, como dos de los más conocidos, el novelista francés André Malraux y el socialista y antifascista italiano Fernando De Rosa Lenccini, que años antes había atentado contra Humberto II de Italia. thumb|300px|left|Manifestación antifascista en Londres recogida en primera página por el diario La Vanguardia del 11 de septiembre de 1936. También hubo otro grupo de extranjeros que a partir del 18 de julio fue llegando a España por sus propios medios y se incorporó al bando republicano por simple simpatía política hacia el Frente Popular. Pero si es difícil dar cifras sobre los soldados que conformaron las Brigadas Internacionales, mucho más aún, por la inexistencia de documentos oficiales, lo es cifrar a los extranjeros que llegaron antes de octubre de 1936.
En tercer lugar, es destacable la incorporación a las filas del bando republicano de los participantes en las olimpiadas populares. Esta competición, organizada por grupos políticos de izquierda, se estaba celebrando en Barcelona en el verano de 1936 como contrapartida a las olimpiadas oficiales que se disputaban en Berlín bajo el gobierno de Adolf Hitler, y en ella tomaban parte deportistas de diversos países del mundo. Muchos de estos atletas se sumaron a las luchas callejeras de Barcelona, participaron en el levantamiento de barricadas y en la ocupación del Hotel Colón. La mayoría de los participantes, cuyo número oscilaba entre 174 y 300, regresó a sus respectivos países el día 24 de ese mismo mes de julio, tras haber sido protagonistas durante la primera semana de la guerra. Precisamente, el atleta austriaco Mechter, que murió durante el 19 de julio, es considerado el primer brigadista caído en combate.
Las unidades formadas por estos primeros voluntarios extranjeros se bautizaron con nombres de militares izquierdistas o progresistas del siglo anterior, como Walery Wroblewski, comandante en la Comuna de París, o de figuras políticas de mucho prestigio, como el socialista inglés Tom Mann. En agosto de 1936, entró en combate el batallón Comuna de París, compuesto principalmente por franceses y belgas al mando de Jules Dumont, en la batalla de Irún.
Muchos de los combatientes que conformaban estas unidades voluntarias espontáneas se integraron luego en las Brigadas Internacionales, pero otros muchos, por diversas circunstancias, permanecieron al margen de ellas y combatieron en otras unidades del Ejército Popular de la República. Numerosos extranjeros no se integraron en las brigadas debido, principalmente, a discrepancias políticas, ya que las Brigadas empezaron a ser organizadas y promovidas por el Partido Comunista Francés (de donde salieron los primeros oficiales brigadistas), lo cual causaba que extranjeros de filiación socialistas, anarquistas, o marxistas ajenos al comunismo, prefirieran enrolarse en otras unidades.
En algunos de los casos, algunos extranjeros lucharían integrándose en unidades del POUM o de otras organizaciones de izquierdas disidentes de la Internacional Comunista. Relacionado con esta cuestión, y tras las jornadas de mayo de 1937 en Barcelona, el gobierno republicano ordenó el 19 de junio de 1937, por un decreto implementado por Vicente Rojo Lluch siguiendo órdenes del entonces ministro de Defensa Indalecio Prieto "que todos los extranjeros que prestan servicio al Ejército, quedaban encuadrados en las Brigadas Internacionales". Esta orden no fue cumplida por muchos soldados extranjeros, que lucharon hasta el final de la guerra en unidades ajenas a las de los brigadistas.
Creación
Las Brigadas Internacionales no se formaron espontáneamente como sostuvo la Internacional Comunista, sino que fue ella quien las organizó (a partir de la decisión tomada por su Secretariado el 18 de septiembre de 1936 en Moscú, a instancias de Stalin), además del reclutamiento y de los aspectos organizativos se encargaron dirigentes del Partido Comunista Francés, encabezados por André Marty. Pero la inmensa mayoría de sus integrantes sí fueron verdaderamente "voluntarios de la libertad" (como decía la propaganda republicana) llegados desde países con gobiernos fascistas o autoritarios, como Alemania, Italia o Polonia, pero también de países democráticos como Francia (que aportó el mayor número de brigadistas, unos 10 000), Reino Unido o Estados Unidos (con el famoso batallón Abraham Lincoln que llegó a finales de 1936 y cuya entrada en combate se produjo en la batalla del Jarama en febrero de 1937). Así pues, las Brigadas Internacionales no eran el "Ejército de la Comintern", un instrumento de la política de Stalin, como aseguraba la propaganda del bando sublevado. Un trabajador inglés que se enroló en las Brigadas Internacionales le explicó así en una carta a su hija por qué había venido a combatir a España:
El Gobierno de la República, presidido por el socialista Francisco Largo Caballero desde el 4 de septiembre de 1936, en principio fue reacio a aceptar la propuesta, considerando que las Brigadas estaban siendo formadas y regidas por la Comintern y su partido afiliado en España, el PCE. De hecho, grupos anarquistas bajo la dirección de la FAI obstaculizaron la entrada de voluntarios antifascistas en la frontera, llegando a tener retenidos a más de mil brigadistas, como llegó a reconocer el dirigente faísta Diego Abad de Santillán en su libro de memorias Por qué perdimos la guerra. La opinión de estos sectores reticentes dentro del bando republicano cambiaría en octubre, cuando el avance de los sublevados hacia Madrid evidenció la crítica situación militar de la República, lo cual hacía urgente reclutar la mayor cantidad posible de soldados.
Las movilizaciones en favor del reclutamiento para las Brigadas Internacionales se extendieron por toda Europa y luego por Estados Unidos, pero en países como Alemania e Italia se identificaron como el primer paso para combatir al fascismo y al nazismo, que ya habían establecido dictaduras en ambos Estados. Los primeros brigadistas llegaron a Albacete el 14 de octubre de 1936. Las primeras Brigadas formadas (XI, XII y XIII) estaban compuestas mayoritariamente por franceses, belgas, italianos y alemanes voluntarios. Dentro de cada brigada se constituyeron batallones, generalmente de miembros de la misma nacionalidad para facilitar las comunicaciones entre los integrantes.
El 22 de octubre el gobierno aprobó la constitución de las Brigadas Internacionales, siendo designado como organizador de las mismas el republicano Diego Martínez Barrio. Como presidente de la Junta Delegada del Gobierno para el abastecimiento de víveres y pertrechos, su labor de coordinación y logística fue de suma importancia, estableciendo el entonces presidente de las Cortes y vicepresidente de la República su residencia en Albacete durante un tiempo para desarrollar esta labor.
La sede internacional de reclutamiento se estableció en París bajo la dirección del Partido Comunista de la Unión Soviética y el Partido Comunista Francés. Desde el gobierno republicano se tramitaba la documentación necesaria para el recluta, se hacían llegar estos documentos a París, y desde allí se embarcaba a los voluntarios que llegaban vía ferrocarril a Barcelona desde toda Europa. Posteriormente, el gobierno los remitía a Albacete, donde la República había establecido el cuartel general y el centro de entrenamiento de las Brigadas Internacionales.
El 23 de octubre, Francisco Largo Caballero crea la División Orgánica de Albacete con un Comité de Organización encargado de asistir de manera centralizada a los voluntarios que llegaban del extranjero. El líder comunista francés André Marty, secretario general de la Comintern y hombre de la plena confianza de Stalin al parecer, es nombrado Jefe de la Base de Albacete. Los voluntarios que llegaban iban destinados luego a distintas poblaciones: La Roda, Tarazona de la Mancha, Villanueva de la Jara y Madrigueras eran los lugares de mayor concentración.