thumb|Miguel de Cervantes y su obra Don Quijote son los máximos exponentes de esta literatura. La literatura española es el conjunto de obras literarias desarrolladas en idioma español en España. No podría incluirse en esta categoría la literatura hispanoamericana clásica y tardía, la literatura judeoespañola y la literatura arabigoespañola, escritas respectivamente en latín, hebreo y árabe. Abarca desde las primeras expresiones poéticas conservadas en lengua vernácula (las jarchas) hasta la actualidad, con más de mil años de historia. Es una rama de la literatura románica y ha dado lugar a otra importante rama, la literatura hispanoamericana.

La literatura española se engloba dentro de la literatura en español, en la que se incluyen las literaturas en castellano y español de todos los países hispanohablantes. Por otro lado, también está englobada en la literatura de España, junto con las de las demás lenguas habladas en el país.

Historia de la literatura española La época medieval

Solamente a partir del y en un sentido exclusivamente geográfico es posible hablar de literatura española escrita. Hasta este período, se supone la coexistencia de una poesía de transmisión oral en lengua romance, tanto lírica como épica, junto a unos usos escriturales cultos cuya lengua de expresión y transmisión era el latín.

Hasta la década de 1950 fue habitual considerar que el comienzo de la literatura española se daba con una obra épica: el Cantar de Mio Cid (), obra que era transmitida generalmente de forma oral por los juglares. La historiografía literaria no tuvo en cuenta datos proporcionados por crónicas anteriores a la definitiva fijación textual de dicho cantar de gesta. Estos datos se refieren a la tradición oral tanto en su versión lírica más antigua como a los romances, ambas formas de expresión que formaban parte del patrimonio popular. En el año 1948, Samuel Miklos Stern, un investigador húngaro, descubrió en antiguos manuscritos conservados en El Cairo unas estrofas líricas en lengua romance aljamiada, denominadas jarchas. Actualmente, se asume que estas no reflejan un romance castellano, sino el romance mozárabe.

thumb|Página 72 del Códice Emilianense 60. Se aprecia la glosa al margen.

Glosas Emilianenses (): El primer texto escrito en formas románicas españolas. En realidad no tiene carácter literario. Apareció en el manuscrito de San Millán de la Cogolla (Códice emilianense 60). El texto dice así:

Se ha señalado que este texto podría interpretarse por sus características más bien como la variedad riojana del romance navarro.

Las jarchas (): Breves composiciones líricas de carácter amoroso, escritas en árabe vulgar, o en la lengua romance de los cristianos que vivían en al-Ándalus (mozárabes). Ejemplo de jarcha:

Cronológicamente el primero en surgir es el Mester de Juglaría, formado por cantares de gesta que imitan las chansons francesas al principio y luego reaccionan con una temática nacional bien diferenciada agrupándose en varios ciclos, de los cuales los más importantes son los relativos a El Cid, a los Siete infantes de Lara y el relativo a Bernardo del Carpio. Frente a la épica francesa, la épica española posee unos rasgos diferenciales muy acusados:

Mayor realismo, frente a los elementos sobrenaturales y fantásticos que aparecen en la épica francesa. Mayor vitalidad: los argumentos e historias medievales de la épica española pervivirán luego en el teatro clásico del Siglo de Oro y en el Romancero viejo y nuevo hasta la actualidad en forma oral o incluso escrita. Utiliza una rima más fácil y libre, la asonante, frente a la épica francesa, escrita en rima consonante. El verso de la épica española es anisosilábico (irregular, de distinta medida, con predominio del alejandrino o de 14 sílabas con pausa versal o cesura casi siempre tras la séptima sílaba), mientras que el de la épica francesa es regular, isosilábico.

En este mester podríamos agrupar también la literatura oral tradicional de las jarchas en lengua mozárabe, de las cantigas de amigo en gallego portugués y la literatura trovadoresca que, en lengua provenzal, empiezan a escribir algunos trovadores catalanes. En cuanto a lírica castellana en este siglo apenas nada se ha conservado, salvo algunos restos de villancicos.

Según Ramón Menéndez Pidal el Cantar del Mío Cid fue compuesto alrededor del año 1145, cuarenta y seis años después de la muerte del Cid; Antonio Ubieto Arteta, sin embargo, ha corregido esa hipótesis inicial y ha fechado la composición de la obra alrededor del año 1207. Se ignora el autor, aunque debía poseer algunos conocimientos jurídicos y quizá se hallaba relacionado con el culto sepulcral establecido en torno al sepulcro del Cid en el monasterio de San Pedro de Cardeña; Menéndez Pidal piensa, a causa de la distribución de los topónimos que se encuentran en el Cantar, que pudieron ser dos autores relacionados con San Esteban de Gormaz y Medinaceli; el manuscrito fue copiado por un tal Per Abbat, Pedro Abad.

Mester de Juglaría Cantar de Mío Cid, de autor desconocido, aunque el manuscrito está firmado por Per Abbat (Pedro Abad) Auto de los Reyes Magos

Mester de Clerecía, surge por oposición al Mester de Juglaría. Su máximo representante es Gonzalo de Berceo. Lírica galaico-portuguesa, presenta tres tipos de cantigas: de amigo, de amor y de escarnio o maldecir.

Alfonso X el Sabio, promotor de la lengua castellana, excelente poeta en galaico-portugués y promotor de la Escuela de Traductores de Toledo.

Don Juan Manuel Juan Ruiz, arcipreste de Hita Romancero viejo Lírica culta castellana

thumb|200px|La Celestina. Durante el surge el llamado renacimiento, la producción literaria aumentó exponencialmente y los poetas más destacados de este siglo son Juan de Mena, Íñigo López de Mendoza (marqués de Santillana) y Jorge Manrique, quien con su obra Coplas a la muerte de su padre reflejó perfectamente la aceptación cristiana de la muerte. La Celestina: La literatura española de la Edad Media concluye con esta obra de Fernando de Rojas.

El Renacimiento

El período histórico que sucede a la Edad Media en Europa es conocido como el Renacimiento, comprende todo el aunque sus precedentes se encuentran en los siglos y y sus influencias se dejan notar en el .

Se inició en Italia y se extendió por toda Europa favorecido por el invento de la imprenta.

Los escritores del renacimiento adoptaron como modelos que debían ser imitados a los escritores de la antigüedad clásica, y a los grandes italianos del Dante, Petrarca, y Boccaccio. Este movimiento fue influido por los humanistas que estudiaron la cultura de Grecia y Roma, entre los que destacan Erasmo de Róterdam, Antonio de Nebrija y Juan Luis Vives.

Durante la Edad Media el arte es un medio para honrar a Dios. En el Renacimiento el centro del mundo es el hombre, los poetas cantan al amor humano, la naturaleza, los hechos guerreros, y también tratan temas filosóficos y políticos.

Poesía durante el reinado de Carlos V Juan Boscán influido por los artistas italianos e instado por Navagero, introduce las nuevas formas, escribiendo muchos poemas de gran calidad.

Su amigo Garcilaso de la Vega es el definitivo adaptador de las formas italianas, utilizando el verso endecasílabo y los recursos típicos de la poesía italiana: soneto, terceto, la canción, la lira, la rima interna, los versos sueltos.

Ajeno a los metros italianos, pero también renacentista, cabe incluir en una línea más castiza a Cristóbal de Castillejo.

Una serie de poetas siguieron los pasos formando la Escuela Petrarquista cuyos representantes más importantes son: Diego Hurtado de Mendoza, escritor principalmente satírico. Hernando de Acuña: Autor de bellos sonetos. Gutierre de Cetina: Autor del madrigal Ojos Claros Serenos Francisco de Figueroa, llamado "el Divino". Jorge de Montemayor, autor de un importante Cancionero y de la novela pastoril Los siete libros de la Diana

Poesía lírica en la época de Felipe II Manuel Quintana distinguía al principio del dos escuelas, la Sevillana y la Salmantina, lo que luego confirmaría Marcelino Menéndez y Pelayo, añadiéndose sin embargo después la Antequerano-granadina. Así pues, se han señalado tres tendencias: La Escuela Sevillana: Se caracteriza por adornos retóricos y tratar temas de amor humano y patriótico. Fernando de Herrera, autor de unas Anotaciones a Garcilaso de la Vega, es su representante máximo, aunque también sobresalen Francisco de Rioja, de quien destacan sus Silvas a las flores; Rodrigo Caro (autor de una famosa elegía "A las ruinas de Itálica"; Juan de Arguijo, de famosos sonetos; Juan de Mal Lara, autor de la gran epopeya mitológica Hércules animoso y otros poemas mitológicos; Andrés Fernández de Andrada, autor de la estoica y horaciana Epístola moral a Fabio; Francisco Pacheco, también pintor, y el epicúreo y humorista Baltasar del Alcázar. La Escuela antequerano-granadina, con poetas como Pedro Espinosa, Gregorio Silvestre, Cristobalina Fernández de Alarcón, Juan Latino, Luis Barahona de Soto, Pedro de Padilla, Juan de Padilla, Gaspar de Baeza, Juan Bautista de Mesa, Andrés del Pozo y Jorge de Montemayor La Escuela Salmantina: Su fundador es Fray Luis de León, se caracteriza por la sobriedad y concisión del estilo. Se inspira en temas greco-latinos y en la Biblia. Asimismo, el enigmático Francisco de la Torre, el capitán Francisco de Aldana, autor de la famosa Epístola a Arias Montano; el propio escriturista Benito Arias Montano, Francisco de Medrano, fray Basilio Ponce de León, el humanista y gramático Francisco Sánchez de las Brozas, también autor de unas eruditas Anotaciones a Garcilaso; Francisco de Figueroa y Alfonso Velázquez de Velasco.

La ascética y la mística La aparición de este género en España parece influenciada por místicos extranjeros anteriores como Kempis, Tauler, Ruysbrock, etc. Entre los primeros escritores ascéticos está el Beato Juan de Ávila (1500-1569).

Los más importantes escritores ascéticos son:

Fray Luis de Granada: Fue miembro de la Orden de los Dominicos. Gran orador de temas religiosos. Sus obras más importantes, consideradas tratados de doctrina, son Guía de pecadores, Libro de la oración y meditación, y, la más notable, Introducción al símbolo de la fe. Santa Teresa: Teresa de Cepeda y Ahumada. Nació en Ávila. A los 19 años ingresó en la Orden Carmelitana que más tarde reformó, creando la Orden de las Carmelitas Descalzas. Fundó 17 conventos en doce años. En su obra literaria utiliza un lenguaje campechano propio del campo de Ávila pero de profundo y fervoroso. Entre sus obras más importantes están El Libro de su vida, autobiografía espiritual Camino de perfección, donde indica los medios para lograrla, El libro de las fundaciones, El castillo interior, o Las moradas. San Juan de la Cruz: Juan de Yepes Álvarez. Nació en Fontiveros (Ávila), fue discípulo de Santa Teresa. Llevó a cabo la reforma de la Orden de los Carmelitas Descalzos, y fundó varios conventos. A diferencia de santa Teresa, san Juan es un humanista y domina el idioma. Su obra poética, muy escasa, se reduce a Subida del monte Carmelo, Cántico espiritual, Noche oscura del alma, Llama del amor viva. Y también algunas poesías de carácter religioso, entre las que están Aunque es de noche y Tras un amoroso lance. Su obra más importante es el Cántico Espiritual, escrito en liras garcilasistas, inspirado en el Cantar de los Cantares. San Ignacio de Loyola: Íñigo López de Recalde, fundador de la Compañía de Jesús. Fue herido en la defensa de Pamplona. Durante su convalecencia la lectura de los libros Vida de Cristo escrita por Ludolfo de Sajonia y Flos Sanctorum influyeron en su espíritu profundamente. Su única obra literaria es Los Ejercicios Espirituales, en la que expresa su ideología cristiana.

Siglo de Oro: El Barroco

thumb|200px|left|Retrato de Luis de Góngora, por Diego Velázquez.

El : La Ilustración y el Neoclasicismo

El : Romanticismo y Realismo