Carlos IV de España, llamado «el Cazador» (Portici, 11 de noviembre de 1748-Nápoles, 19 de enero de 1819), fue rey de España desde el 14 de diciembre de 1788 hasta su abdicación el 19 de marzo de 1808.

Accedió al trono poco antes del estallido de la Revolución francesa, y su falta de carácter solía hacer que delegase el gobierno en manos de su valido, Manuel Godoy, de quien se decía que era amante de su esposa María Luisa de Parma. Aunque aceptado como cierto por algunos autores como Balansó o Zavala, dicha hipótesis no cuenta, en la actualidad, con el apoyo mayoritario de la academia, ya que no ha podido ser demostrado.La Parra López, E. (2002): Manuel Godoy: la aventura del poder; Rúspoli, E. (2004): Godoy: La lealtad de un gobernante ilustrado. La Revolución Francesa de 1789 marcó su reinado, pero eso no le impidió seguir con la línea de reformas ilustradas, impulsadas tanto por el monarca como por Godoy, truncado por la injerencia napoleónica y la inestabilidad interna que esta provocó.

Su reinado acabó abruptamente el 19 de marzo de 1808 cuando, como consecuencia del motín de Aranjuez, abdicó en favor de su hijo, el príncipe Fernando. El 6 de mayo del mismo año el ya rey Fernando VII devolvió el Trono a su padre aunque este, a su vez, había cedido sus derechos a la Corona a Napoleón Bonaparte el día anterior en lo que se conocería como las abdicaciones de Bayona. El 1 de octubre de 1814 Carlos cedería por segunda vez sus derechos al Trono a su hijo Fernando por medio de un convenio firmado en Roma, ciudad donde vivía exiliado, aunque este los había recuperado ya de manos de Napoleón por el Tratado de Valençay.

Primeros años

thumb|left|Carlos IV en su juventud (c. 1765), en un retrato de Mengs (Museo del Prado, Madrid). Carlos IV fue el séptimo hijo de Carlos III con su esposa María Amalia de Sajonia. Nació el 11 de noviembre de 1748 en el Palacio Real de Portici, Portici, durante el reinado de su padre en las Dos Sicilias. Fue bautizado como Carlos Antonio Pascual Francisco Javier Juan Nepomuceno José Januario Serafín Diego.

En 1759, tras la muerte sin descendencia de su tío, el rey Fernando VI de España, su padre pasó a ocupar el trono español.

El primogénito varón de Carlos III era Felipe Antonio de Borbón, que fue apartado por su grave incapacidad, tanto de la sucesión a la Corona de España como a la de las Dos Sicilias. Así, Carlos, segundo hijo varón, pasó a ser heredero de la monarquía hispánica y fue jurado como príncipe de Asturias el 19 de julio de 1760.

Sucedió a su padre, Carlos III, al morir este el 14 de diciembre de 1788.

Reinado

Gobierno del conde de Floridablanca (1777-1792)

Las primeras decisiones de Carlos IV mostraron unos propósitos reformistas. Confirmó en el puesto como primer secretario de Estado y del Despacho al conde de Floridablanca, un ilustrado que inició su gestión con medidas como la condonación del retraso de las contribuciones, limitación del precio del pan, restricción de la acumulación de bienes de manos muertas, supresión de vínculos y mayorazgos y el impulso del desarrollo económico. El propio monarca tomó la iniciativa de derogar la ley sálica impuesta por su antecesor Felipe V, medida ratificada por las Cortes de 1789, que no se llegó a promulgar.

El estallido de la Revolución francesa en 1789 cambió radicalmente la política española. Conforme llegan las noticias de Francia, el nerviosismo de la corona crece y acaba por cerrar las Cortes que, controladas por Floridablanca (mantenido en el poder por consejo de su padre), se habían reunido para reconocer al príncipe de Asturias. El aislamiento parece ser la receta para evitar la propagación de las ideas revolucionarias a España. Floridablanca, ante la gravedad de los hechos dejó en suspenso los Pactos de Familia, estableció controles en la frontera para impedir la expansión revolucionaria y efectuó una fuerte presión diplomática en apoyo a Luis XVI. También puso fin a los proyectos reformistas del reinado anterior y los sustituyó por el conservadurismo y la represión (fundamentalmente a manos de la Inquisición, que detiene a Cabarrús, destierra a Jovellanos y despoja de sus cargos a Campomanes).

Gobierno del conde de Aranda

En 1792, Floridablanca fue sustituido por el conde de Aranda, amigo de Voltaire y de otros ilustrados franceses, a quien el rey encomienda la difícil papeleta de salvar la vida de su primo materno, el rey Luis XVI en el momento en que, tras el fracaso de la fuga de Varennes, este había aceptado la Constitución francesa de 1791.

Sin embargo, la radicalización revolucionaria a partir de 1792 y el destronamiento de Luis XVI —el rey francés fue encarcelado y quedó proclamada la República— precipitó la caída del conde de Aranda y la llegada al poder de Manuel Godoy el 15 de noviembre de 1792.

Primer Gobierno de Manuel Godoy miniaturadeimagen|left|Manuel de Godoy (1792), por Francisco Bayeu (Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid). Manuel Godoy, un guardia de corps, ascendió rápidamente en la corte gracias a la amistad y confianza que le otorgaron los reyes. En pocos años pasó de ser un hidalgo a convertirse en duque de Alcudia y de Sueca, capitán general y, desde finales de 1792, en «ministro universal» de Carlos IV con un enorme poder. De pensamiento ilustrado impulsó medidas reformistas como las disposiciones para favorecer las enseñanzas de las ciencias aplicadas, la protección a las Sociedades Económicas de Amigos del País y la llamada desamortización de Godoy de bienes pertenecientes a hospitales, casas de misericordia y hospicios regentados por comunidades religiosas.

La Revolución francesa condicionó su actuación en la política española. Sus primeras medidas se encaminaron en salvar la vida de Luis XVI, procesado y condenado a muerte. Pese a los esfuerzos de todas las cortes europeas, el monarca francés fue guillotinado en enero de 1793, lo que generalizó una guerra de las potencias europeas contra la Francia revolucionaria conocida como la guerra de la Convención, en la que España participó y fue derrotada por la Francia republicana, fruto del desastroso abastecimiento, la pésima preparación del ejército y la escasa moral de la tropa frente a los enardecidos sans culottes franceses. Un ejército de 25000 hombres dirigido por el general Ricardos entró en el Rosellón y logró algunos éxitos. A partir de 1794 las tropas españolas se vieron forzadas a la retirada. Los franceses ocuparon Figueras, Irún, San Sebastián, Bilbao, Vitoria y Miranda de Ebro. thumb|Godoy presentando la paz a Carlos IV por José Aparicio, 1796, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. La obra representa el final de la Guerra del Rosellón con la Paz de Basilea. Godoy suscribió con Francia la Paz de Basilea en 1795. La República francesa devolvió a España las plazas ocupadas, a cambio del territorio hispano de la isla de La Española —colonia de Santo Domingo—. En agradecimiento el rey Carlos IV le concedió el título de príncipe de la Paz.

En 1796, concluida la fase más radical de la Revolución, Godoy firmó el Tratado de San Ildefonso y España se convirtió en aliada de Francia. Este cambio de postura buscaba el enfrentamiento con Gran Bretaña, principal adversario de la Francia revolucionaria y tradicional enemiga de España con la que disputaba la hegemonía marítima y, concretamente, el comercio con América. La escuadra española sufrió la derrota frente al cabo de San Vicente en 1797, pero Cádiz y Santa Cruz de Tenerife resistieron a los ataques del almirante Nelson. En América los británicos ocuparon la isla de Trinidad, y sufrieron una derrota en Puerto Rico. Ello provocó la caída de Godoy en mayo de 1798.

Gobiernos de Saavedra y Urquijo

Tras ello, dos ilustrados, Francisco de Saavedra y Mariano Luis de Urquijo, se sucedieron al frente del gobierno entre 1798 y 1800.

Segundo gobierno de Manuel Godoy miniaturadeimagen|Carlos IV (1790-1791) por Francisco Bayeu (Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid). La llegada al poder de Napoleón en 1799 y su proclamación como emperador en 1804 alteró las relaciones internacionales y se renovó la alianza con Francia. Napoleón necesitaba, en su lucha contra los británicos, contar con la colaboración de España, sobre todo de su escuadra naval. Por ello, presionó a Carlos IV para que restituyera su confianza en Godoy. Este asumió de nuevo el poder en 1800 y firmó el Convenio de Aranjuez de 1801 por el que ponía a disposición de Napoleón la escuadra española, lo que implicaba de nuevo la guerra contra Gran Bretaña.

Godoy declaró en 1801 la guerra a Portugal, principal aliado británico en el continente, antes de que lo hiciera Francia. Este conflicto, conocido como la guerra de las Naranjas, significó la ocupación de Olivenza por España, que además obtuvo el compromiso de Portugal de impedir el atraque de buques británicos en sus puertos. thumb|Visita de Carlos IV a Barcelona en 1802 con motivo de los enlaces matrimoniales del príncipe de Asturias, Fernando, con María Antonia de Nápoles, y de la infanta María Isabel con Francisco Genaro de Dos Sicilias. Para el evento se engalanaron las calles, se realizaron obras públicas, y se organizaron bailes, representaciones teatrales, mascaradas, desfiles con carrozas, fuegos artificiales y ascensiones en globo.

En 1805, la derrota de la escuadra franco-española en la batalla de Trafalgar por la Armada británica modificó la situación radicalmente. Frente a la hegemonía de Gran Bretaña en los mares, Napoleón recurrió al bloqueo continental, medida a la que se sumó España. En 1807 se firmó el Tratado de Fontainebleau que estableció el reparto de Portugal entre Francia, España y el propio Godoy, y el derecho de paso por España de las tropas francesas encargadas de su ocupación.

Crisis final thumb|left|Moneda de 2 escudos de oro, acuñada en Madrid en 1798 con la leyenda en latín: ·CAROL[US]·IIII·D[EI]·G[RATIA]·HISP[PANIARUM]·ET·IND[IARUM]·R[EX]· Con tal sucesión de guerras se agravó hasta el extremo la crisis de la Hacienda; y los ministros de Carlos IV se mostraron incapaces de solucionarla, pues el temor a la revolución les impedía introducir las necesarias reformas, que hubieran lesionado los intereses de los estamentos privilegiados, alterando el orden tradicional.

La presencia de soldados franceses en territorio español aumentó la oposición hacia Godoy, enfrentado con los sectores más tradicionales por su política reformista y entreguista hacia Napoleón. A finales de 1807 se produjo la Conjura de El Escorial, que se presentó como una conspiración encabezada por Fernando, príncipe de Asturias, que pretendía la sustitución de Godoy y el destronamiento de su propio padre. En realidad, Fernando solo pretendía tratar su casamiento con una princesa francesa y, en caso de muerte de su padre, deshacerse de Godoy. Tanto Godoy como la reina, que desconfiaban de Fernando, trataron de emplear sus tratos con el embajador francés para desprestigiarlo, sin éxito. Pese a todo, el propio Fernando delató a sus colaboradores y pidió el perdón de sus padres. El escándalo marcó el comienzo del fin del reinado de Carlos. En marzo de 1808, ante la evidencia de la ocupación francesa, Godoy aconsejó a los reyes que abandonaran la península y se refugiaran en América. Pero se produjo el motín de Aranjuez, levantamiento popular atizado por el príncipe Fernando y los nobles opuestos a Godoy, contra los reyes aprovechando su presencia en el palacio de Aranjuez. Godoy fue hecho preso por los amotinados. Carlos IV, enfermo, desanimado e incapaz de afrontar la crisis, abdicó en su hijo Fernando VII ante el cariz de los acontecimientos:

miniaturadeimagen|Estatua ecuestre en honor a Carlos IV, ubicada en la plaza Manuel Tolsá, en el centro histórico de la Ciudad de México.