thumb|upright|210px|Representación física del diablo en el Museo Žmuidzinavičius en Kaunas. El diablo es la personificación del mal tal como se concibe en diversas culturas y tradiciones religiosas.Jeffrey Burton Russell, The Devil: Perceptions of Evil from Antiquity to Primitive Christianity, Cornell University Press 1987 , pp. 11 and 34 Se ve como la objetivación de una fuerza hostil y destructiva.Jeffrey Burton Russell, The Devil: Perceptions of Evil from Antiquity to Primitive Christianity, Cornell University Press 1987 , p. 34

La historia de este concepto se entrelaza con la teología, mitología, psiquiatría, el arte y la literatura, pero desarrollándose de forma independiente dentro de cada una de las tradiciones.Jeffrey Burton Russell, The Devil: Perceptions of Evil from Antiquity to Primitive Christianity, Cornell University Press 1987 , pp. 44 and 51 Históricamente en muchos contextos y culturas se le dan nombres diferentes —Satanás, Lucifer, Belcebú, Mefistófeles, Luzbel, Baphomet—, atributos y representaciones. La definición de lo que es un diablo está directamente relacionada con cada cultura.Arp, Robert. The Devil and Philosophy: The Nature of His Game. Open Court, 2014. . pp. 30–50Jeffrey Burton Russell, The Devil: Perceptions of Evil from Antiquity to Primitive Christianity, Cornell University Press. 1987 . p. 66.

Etimología

La palabra procede del latín Diabolus.Def DLE . Esta a su vez fue tomada del griego διάβολος diábolos, "calumniador".διάβολος, Henry George Liddell, Robert Scott, A Greek-English Lexicon, on Perseus El griego usa las palabras διαβάλλειν diabállein "calumniar" que se origina de διά diá " a través de" y βάλλειν bállein "arrojar" probablemente similar al sánscrito gurate, "él levanta".

Una versión plantea que la palabra «diablo» derivaría del idioma protoindoeuropeo *deiwos, adjetivo que significa ‘celestial’ o ‘resplandeciente’, una derivación preindoeuropea de la raíz *diw (‘resplandecer’), relativa sobre todo al cielo diurno. Otra posibilidad más remota es la raíz *diiv (‘jugar’).

Uso en el español La primera vez que aparece la palabra diabolo en el español es en las Glosas Emilianenses del siglo X en una glosa marginal que dice: "Elo tercero diabolo". En los siglos siguientes de la Edad Media diabolo/diablo tiene un uso más extendido que su sinónimo demonio, aunque lo usa Gonzalo de Berceo con el significado de geniecillo o espíritu travieso y divinidad inferior. Precisamente es Berceo quien relata a principios del siglo XIII la leyenda griega de Teófilo en forma de clérigo judío que para alcanzar un mayor grado eclesiástico hace un pacto con Satanás —que recibe los calificativos de "falso ángel", "sutil adversario", "mortal enemigo", "cativa bestia" y "maestro savidor"— aunque interviene la Virgen María que se apodera del papel que Teófilo había firmado. Referencias al diabolo/diablo aparecen en el Libro de Apolonio, en el Libro de buen amor del arcipreste de Hita —que también recoge la leyenda de Teófilo— y en el Conde Lucanor del infante don Juan Manuel.

Nombres y representaciones

Los nombres más comunes o conocidos con que se nombra al diablo en la Biblia son: Lucifer, Satanás, Belial, Samael, «antigua serpiente», «gran dragón», «el dios negro», «el dios de este siglo» y «el padre de la mentira». En la República Dominicana y al resto de América Latina, se ha adoptado algunos sinónimos como son: Diale, Diantre, Diache o Mandinga. En México este personaje es conocido popularmente como «chamuco».

Es quien crea y dirige a la Bestia (estructura de poder imperial). El número del diablo, considerado la Marca de la Bestia, es el seiscientos sesenta y seis (666) y para otros es el seiscientos dieciséis (616).

Equivalencia en otras religiones thumb|Imagen de Mara, según en la religión budista es el demonio que intento tentar a Buda Siddharta Gautama. Fragmento de Alivio de Mara al estilo de Gandhara, que se encuentra en el Distrito de Swat, Pakistán.

En otras culturas y creencias religiosas, también tienen ciertos conceptos de un ser maligno o de varios seres malignos. A diferencia del cristianismo, el judaísmo y el islam, donde el Diablo es conocido como un ángel caído o un demonio, en otras culturas eran conocidos como dioses del mal y expulsados del cielo. Según las leyendas de otras culturas, estos dioses del mal se rebelaron contra un Dios o Diosa de la creación o contra varios dioses creadores, lo que coincide con los relatos bíblicos.

Por ejemplo en el budismo, se le conoce como Mara, quien intentó evitar que el Buda Siddharta Gautama alcanzara la iluminación y destruyera el Ego.

En el zoroastrismo, se le conoce como Angra Mainyu, siendo la representación del mal, y no necesariamente un dios o un ente propiamente tal.

Respecto al hinduismo, en occidente se le suele asociar a la figura de Iama o Yama, el dios de la muerte, el señor de los espíritus de los muertos y guardián del inframundo; sin embargo Iama no es una entidad demoníaca, siendo más bien el "equivalente" de demonios hindúes los Asuras.

En las culturas precolombinas, por ejemplo en la cultura incaica, el Supay es una figura ambivalente, definida por el sincretismo, que ha sido asimilada al Diablo de la cultura cristiana, pero que también es adorado como señor de las profundidades o Salamanca. A diferencia de lo que sucede con el Diablo cristiano, "el indígena no repudiaba al Supay sino que temiéndole, lo invocaba y rendía culto para evitar que le hiciera daño".

Sin embargo, existe una leyenda con respecto al lago Titicaca, como ser la caída del ser humano al pecado y que tiene cierta similitud con el relato bíblico del Génesis como ser la tentación de Adán y Eva.

Cuenta la leyenda que el lago Titicaca era un valle fértil y poblado de personas que vivían felices en paz y armonía. Nada les faltaba, la tierra era rica y les procuraba todo lo que necesitaban. Sobre esta tierra no se conocía ni la muerte, ni el odio, ni la ambición. Los Apus, los dioses de las montañas, protegían a estos seres humanos. No les prohibieron más que una sola condición: que nadie debía subir a la cima de las montañas donde ardía el Fuego Sagrado.

Durante largo tiempo, estas personas que habitaban el valle no pensaron en infringir esta orden de los dioses. Pero el Supay, espíritu maligno condenado a vivir en la oscuridad, no soportaba ver a estas personas vivir tan tranquilamente en el valle. Él se ingenió para dividir a los hombres sembrando la discordia. Les pidió probar su coraje, para desafiar al dios creador, Viracocha, para encontrar el Fuego Sagrado a la cima de las montañas.

Entonces un buen día, al alba, estas personas desobedecieron y comenzaron a escalar la cima de las montañas, aunque a medio camino fueron sorprendidos por los Apus.

Éstos comprendieron que los hombres habían desobedecido y decidieron exterminarlos. Miles de pumas, salieron de sus cavernas y se devoraron a estas personas y que suplicaban al Supay por ayuda. Pero este permanecía insensible a sus súplicas.

Viendo eso, Inti, el dios del Sol o Viracocha, se puso a llorar. Sus lágrimas eran tan abundantes, hasta formar un diluvio y que en cuarenta días inundaron el valle.

Solo un hombre y una mujer llegaron a salvarse sobre una barca de junco. Cuando el sol brilló de nuevo, el hombre y la mujer no creían ver ante sus ojos, bajo el cielo azul y puro, estaban en medio de un lago inmenso. En medio de esas aguas flotaban y los pumas que estaban ahogados y transformados en estatuas de piedra.

En las culturas andinas, como en los Departamentos de Oruro y Potosí en Bolivia, los mineros lo conocen como el tío de la mina. Está representado con la imagen del diablo, influencia del coloniaje y de la imposición del cristianismo. Según sus creencias, es el guardián de las minas y su imagen es venerado por los mineros con ofrendas similar a los santos, aunque nada que ver con rituales satánicos. Según la fe de los mineros hacia el tío, es para que no les falte las riquezas.

La chicua en la llanura amazónica del Perú, según la mitología amazónica, es considerado un maligno “diablo” enviado por algún brujo malero, o uno de estos brujos que busca vengarse de alguien. Cuando canta cerca de una casa la gente se pregunta a quién habrá venido a buscar ese maldito pájaro.

En la cultura maya, destacan los Ajawab o los "señores del inframundo" , los que gobiernan el Xibalbá, conocido como el inframundo. Principalmente por la descripción que de él hace el Popol Vuh (Pop wuj, en k'iche'), cuya traducción sería "Libro del Consejo" o "Libro de la Comunidad", descubierto en época posterior a la conquista española en el siglo XVIII, traducido al latín por Fray Francisco Ximénez desde una perspectiva católica.Abreu, 2008; p. 9 De ahí que se refiera al Xibalbá con mucha semejanza al infierno cristiano.

Sin embargo el concepto de "mal" está explícitamente representado en las características de otros seres de la mitología maya, como Wuqub Qak'ix y su familia, o mediante defectos en las personalidades de los primeros seres humanos creados. Xib'alb'a no es entonces el infierno, ya que representa a la muerte y la enfermedad, vistas como parte de la existencia y no como castigo. Es más preciso referirse a Xib'alb'a como el inframundo.

En la cultura azteca destaca Kisín, según esta cosmología, el infierno regido por Kisín es en realidad una especie de purgatorio para la mayoría de las personas que mueren: sin embargo las mujeres que mueren en el parto o los soldados muertos en batalla no deben pasar por allí, y en cambio los suicidas quedan relegados a permanecer allí por toda la eternidad.

Los antiguos mayas lo imaginaban como un esqueleto con los ojos colgantes. Su oponente era el dios del maíz y la vegetación, llamado Ah Mun o Hun-Hunahpu que a menudo se muestra con una mazorca de maíz creciendo en su cabeza.

Para los lacandones Kisín es «un personaje iracundo, que patea la base de la gran ceiba cuando está de mal humor, provocando seísmos».

Para la cultura popular actual, Kisín ha permanecido como un personaje que habita el subsuelo y a quien se le atribuyen los terremotos.

Los guanches, antiguos aborígenes de la isla de Tenerife de Canarias, España, destacaban a Guayota o Guaiota a la principal entidad maligna de su mitología según los primeros historiadores de Canarias.

Una leyenda literaria moderna popularizada recientemente pero sin base en las fuentes históricas tradicionales habla de un enfrentamiento entre Guayota y el dios supremo Achamán. Guayota había encerrado al dios del sol Magec en el interior del Teide, sumiendo a todo el mundo en la oscuridad. Los guanches pidieron clemencia a Achamán, quien tras una encarnizada lucha consiguió derrotar a Guayota, liberar a Magec y taponar el cráter con Guayota en su interior.

Representaciones en imágenes

thumb|Según el hinduismo, Iama o Yama, es el demonio o el dios de la muerte. Pintura de 1814. La imagen del Diablo ha sido representada de varias formas. Hasta el momento el símbolo más popular es una bestia (con cola, cuernos y patas de cabra) con un trinche en su mano. Otros lo han reproducido con la figura de una cabra, como el macho cabrío, aunque tergiversada. El macho cabrío representaba al dios griego Pan de aspecto divino. Tras la Inquisición, la cultura cristiana lo asoció a Satanás.

Se lo ha asociado con distintos animales, como el carnero, el cerdo, el cuervo, el sapo, el lobo, la rata, el dragón, la serpiente y hasta con un tiburón blanco, todas imágenes deformadas por algunas supersticiones en base a comparaciones.

El carnero tiene las dos características en la cultura cristiana, por sus cuernos encarna al Diablo pero también es el cordero de Dios que simboliza la paz.

El cerdo es considerado un mamífero inmundo y representa a uno de los siete pecados capitales: la gula.