El Real Monasterio de Santa María de El Paular es un monasterio situado en el municipio español de Rascafría, en la vertiente madrileña de la sierra de Guadarrama, en el valle del Lozoya, parque nacional de la Sierra de Guadarrama. El conjunto monumental del monasterio está declarado como bien de interés cultural con categoría de monumento desde 1876, es de titularidad estatal y adscrito al Ministerio de Educación Cultura y Deporte. Fue, desde su fundación en 1390 y hasta 1835, un monasterio cartujo. En 1954 empezó a operar como priorato benedictino.
Se supone que su topónimo deriva de la presencia abundante de álamos blancos (Populus alba) o pobos en esta zona cercana a las riberas del río Lozoya. Una alameda, pobeda o pobolar se ubicaría aquí.
Construcción miniatura|izquierda|155px|Puerta.
Por orden de Enrique II de Castilla las obras de construcción del cenobio cartujo dieron comienzo en 1390 y se prolongaron durante varios siglos.Cipriano García Hidalgo Villena (16 de mayo de 2017): «Patrimonio recuperado: El Monasterio de Santa María del Paular», Investigart. Consultado el 31 de agosto de 2025. Fue la primera fundación de la orden de San Bruno en Castilla. La ubicación fue elegida por el monarca y, según cuenta la tradición, decidió que el monasterio fuese de la orden cartuja debido a que, durante la guerra en Francia, su ejército había incendiado un monasterio de la misma orden.González Dávila, Gil. Historia de la vida y hechos del rey don Henrique tercero de Castilla, cap. IX (1638). Enrique II se ocupó de señalar a su hijo, que reinaría como Juan I de Castilla, el lugar exacto de la construcción, junto a una ermita que se conocía como Santa María de El Paular. Esta ermita aún sobrevive hoy, aunque rebautizada como capilla de Nuestra Señora de Montserrat.
El proyecto contaba con tres edificios: el monasterio, la iglesia y un palacio para uso y disfrute de los reyes. En sus inicios se dieron cita diferentes maestros y arquitectos como Rodrigo Alfonso, que intervino también en la catedral de Toledo, el morisco Abderramán, a quien se debe el refectorio gótico-mudéjar y Juan Guas, responsable del atrio y la portada de la iglesia y del claustro de los monjes, que cuenta con un templete octogonal muy característico que alberga en su interior una fuente. Un siglo después, a finales del siglo , Juan y Rodrigo Gil de Hontañón trabajaron en El Paular. La portada de acceso al patio del Ave María en el palacio se debe a Rodrigo Gil de Hontañón.
La iglesia La iglesia tomó forma final durante el reinado de Isabel la Católica (1475-1504) y es la parte más sobresaliente de todo el conjunto. La reja que separa los fieles de los monjes fue realizada por el monje cartujo Francisco de Salamanca y es una obra maestra en su género. La sillería del coro, de madera de nogal, fue tallada en el siglo por Bartolomé Fernández, que también fue el creador de la sillería de la iglesia del monasterio de El Parral en Segovia. Esta sillería, que en el año 1883 había sido trasladada a la basílica de San Francisco el Grande de Madrid, se repuso en el año 2003 en su actual y original ubicación.
Lo mejor, sin embargo, es el retablo, realizado a finales del siglo en alabastro policromado. Recrea una serie de diecisiete escenas bíblicas con un extraordinario detalle. Según parece, fue una obra ejecutada en Génova, de donde la mandó traer su donante, Juan II de Castilla, aunque otras fuentes apuntan a que fue labrado in situ por artistas de la escuela de Juan Guas durante la última década del siglo . Así podría demostrarlo la gran cantidad de desechos del mismo alabastro que el del retablo que se arrojaron al patio de Matalobos para terraplenar determinado lugar (algunos parcialmente labrados) y que han aparecido con motivo de recientes obras. Está perfectamente conservado, y recientemente ha sido objeto de una cuidadosa limpieza, que le ha devuelto todo su esplendor.
La serie cartujana. Las pinturas del claustro miniatura|Interior del claustro con cuadros de Vicente Carducho. Por encargo del prior Juan de Baeza, entre los años 1626 a 1632, Vicente Carducho —coetáneo de Velázquez y como él pintor regis— pintó para los 54 huecos del claustro del Paular otros tantos grandes cuadros sobre la vida del fundador de la orden, san Bruno de Colonia, así como la historia de la orden cartuja, que constituyen una página de gloria de la pintura universal. Tras la desamortización en 1835, fueron arrancados y repartidos entre diversos museos e instituciones, pero sorprendentemente se conservaron casi todos: 52. Los dos que faltan ("San Bruno ante los planos de la primera construcción en la Chartreuse" y "El milagro del Sagrado Voto") fueron quemados durante la Guerra Civil por los republicanos en Tortosa, Tarragona, en cuyo museo municipal se hallaban depositados.Cipriano García Hidalgo Villena (30 de mayo de 2017): «Arrebatados en el pasado, vuelven a su lugar. El Paular y su patrimonio mueble», Investigart. Consultado el 31 de agosto de 2025.
Tras la devolución de los dos coros, obra de Bartolomé Fernández, que se custodiaban en la basílica de San Francisco el Grande de Madrid, quedaba la tarea de conseguir la restitución al claustro cartujo de los cuadros de Vicente Carducho. El Museo del Prado guardaba el mayor número de ellos, diecisiete, seguido del Museo Provincial de La Coruña, con catorce. En el verano de 2006 finalizó lo que parecía imposible: la restauración de los cincuenta y dos cuadros del ciclo. Ello se logró merced al tesón del estudioso alemán Werner Beutler, a la decisión de los responsables del Museo del Prado —en especial Leticia Ruiz—, y al ingente y perfecto trabajo llevado a cabo por las restauradoras del estudio ROA durante seis años. Téngase en cuenta que cada uno de los cincuenta y dos «mediopuntos» mide 3,45 × 3,15 metros, y que el estado de conservación de casi todos era deplorable. Tras las importantes obras de restauración y climatización del claustro, culminó, en el verano de 2011, el retorno de la serie cartujana de Vicente Carducho a su sitio, el claustro de la Real Cartuja de Santa María del Paular.
Sobre este tema existe una espléndida monografía publicada en español en 1998 por Werner Beutler: Vicente Carducho en El Paular (editorial Verlag Locher, Köln). En ella, el autor detalla la vida de Carducho, la historia de la cartuja del Paular, y estudia uno a uno —aportando reproducción fotográfica— todos los cuadros del ciclo, analizando sus vicisitudes hasta nuestros días, el tema del cuadro y sus características pictóricas. Esta obra ha sido completada con un opúsculo del mismo autor, titulado El retorno de Vicente Carducho a El Paular, editado en 2006 con texto en español y alemán; opúsculo en el que narra y actualiza la gran aventura que está a punto de culminarse. En efecto, el 28 de julio de 2011 fue reinaugurado el claustro mayor del Paular, una vez que fueron colocados cada uno de los cincuenta y dos «medio-puntos» en sus lugares de origen.
miniatura|Fuente y galería porticada.
Es preciso considerar que la serie cartujana fue concebida como pintura mural, de modo que los lienzos se encontraban en origen clavados en una tablazón de madera, algo habitual en la época. Durante la desamortización se extrajeron de los muros del claustro y se trasladaron al Convento de la Trinidad, cuyas colecciones pasaron finalmente a integrar las del Museo del Prado. En la Trinidad se montaron en bastidores rectangulares, para lo cual se hicieron añadidos en los ángulos superiores, pintados de un color verde plano, desvirtuando totalmente la composición original. Cuando en el año 2001 el Museo del Prado acomete la restauración de la serie, Estudio ROA, empresa adjudicataria del trabajo, propone a la dirección del Museo la recuperación del formato de medio punto, eliminando los añadidos, y el Patronato del Museo aprueba tal propuesta. Gracias a este criterio básico, y a los laboriosos trabajos de restauración, ha sido posible la instalación de las pinturas en el mismo sitio donde estuvieron y para el que fueron creadas.
Varias versiones reducidas de estos cuadros, creídas modelos previos, se guardan en la Quinta de Selgas de Cudillero (Asturias), abierta al público como museo y gestionada por la Fundación Selgas-Fagalde.
Capilla del Sagrario miniatura|Capilla del Sagrario (o transparente).
Las capillas y el tabernáculo forman un conjunto que se comenzó en 1718, reformando la antigua capilla de forma ochavada que existía para la exposición y adoración del Santísimo. El autor del proyecto de conjunto fue el cordobés Francisco Hurtado Izquierdo, que ya en 1702 había realizado el Sagrario de la cartuja de Granada, y es una de las obras barrocas más bellas de España. Comprende por una parte el tabernáculo o transparente propiamente dicho, que es una estructura hexagonal que alberga un Sagrario monumental, construido en 1724 con mármoles de colores extraídos en canteras de Cabra, Priego de Córdoba, Granada y serranía de Córdoba. En él se colocaba una gran custodia barroca de 24 arrobas de plata, realizada por el cordobés Pedrajas y que ocupaba el centro del tabernáculo, desaparecida probablemente durante la «Francesada». Y por otra parte, una capilla octogonal con cuatro capillitas y tres altares. En ellas se conservan tallas representando a diversos santos: Santa Catalina, Santa Águeda, San Juan, Santa Lucía, Santa Inés (entre las de San Joaquín y Santa Ana), así como las de los santos cartujos: san Bruno de Colonia, san Nicolás Albergati, san Hugo de Lincoln, y san Antelmo. La mayoría de estas tallas se deben a Pedro Duque y Cornejo, también autor de la célebre sillería del coro de la catedral de Córdoba, con quien fueron contratadas el 20 de mayo de 1725. El resto son del vallisoletano Pedro Alonso de los Ríos. La parte pictórica, de la que hoy quedan pocos restos, la ejecutó, en 1723, el bujalanceño Antonio Palomino como final de su carrera.
Sala capitular
Es una pieza rectangular cubierta con tres tramos de bóveda de ojivas. Durante la restauración del siglo , se colocó un falso entablamento adornado con angelotes y frutos policromados, así como con un escudo de Castilla en el muro occidental.
Posee un retablo también de estilo barroco, obra de José de la Torre«Descubre la ruta desde Alameda del Valle al Monasterio de Santa María de El Paular », El Correo de España, 11 de febrero de 2015. Consultado el 15 de julio de 2022. (aunque algunos lo atribuyen a Churriguera), de 1701, con seis columnas salomónicas en el cuerpo central, adornado con angelotes y profusa vegetación. Presidía el retablo una bella estatua de San Bruno (hoy en la cercana iglesia de Rascafría) acompañado por San Hugo y San Antelmo, que siguen en sus respectivas hornacinas. Actualmente ocupa la capilla central del retablo una imagen de la Inmaculada que antiguamente estaba situada en la parte superior del arco de separación entre los coros de los hermanos y los monjes en la iglesia mayor del monasterio. En la parte central superior destaca la Crucifixión, de un gran dramatismo.
Refectorio El refectorio del monasterio es de estilo gótico, y en él sobresale el púlpito mudéjar. Está presidido por un magnífico calvario del en madera acompañado de ángeles en vuelo que recogen con cálices la sangre que emana de las heridas de Jesucristo. El fondo pictórico, que representa una Jerusalén celestial, es del . Debajo del calvario, en el lugar para el que fue realizado y en calidad de depósito del Museo Cerralbo, se sitúa un cuadro de Eugenio Orozco, de 1634, que representa la última cena en el momento que Jesús está diciendo a sus apóstoles ‘uno de vosotros me va a traicionar’, una copia del que Tiziano realizó para el refectorio de El Escorial.«Eugenio Orozco», Museo Cerralbo. Consultado el 16 de julio de 2022.
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