thumb|Frontispicio del Augustinus, edición de 1640. El jansenismo fue un movimiento religioso y teológico de los siglos y dentro de la Iglesia católica, iniciado por el teólogo y obispo neerlandés Cornelio Jansenio (1585-1638), particularmente en su obra Augustinus, publicada de manera póstuma en 1640, que enfatizaba la necesidad de gracia divina y el papel limitado del libre albedrío en la salvación, ampliamente influenciado por las doctrinas de Agustín de Hipona. El movimiento surgió principalmente en Francia y los Países Bajos como una reacción rigorista contra lo que se percibía como la laxitud moral y teológica asociadas particularmente con la Compañía de Jesús. El jansenismo gozó de cierta popularidad en Europa durante los siglos y posteriores, pero fue condenado como herético por la Iglesia católica debido a sus tesis sobre la salvación, que en último término negaban el concurso de la libertad humana."Jansenio y Jansenismo", en ecwiki (Enciclpedia Católica online).
Los jansenistas provocaron debates álgidos, especialmente en Francia, donde cinco propuestas, incluyendo las doctrinas de expiación limitada y gracia irresistible fueron condenadas como heréticas por teólogos hostiles a Jansenio. En 1653, el papa Inocencio X condenó cinco ideas del jansenismo en la bula Cum occasione, que hizo al jansenismo oficialmente herético. Los jansenistas llegaron a vincularse con la oposición a la monarquía francesa y con las luchas contra el papado por parte de proponentes del galicanismo. Esto les convirtió en un blanco tanto para el rey Luis XIV como para el papa Clemente XI, quienes emprendieron acciones fuertes contra ellos. En 1708, la abadía de Port-Royal, un centro de pensamiento jansenista, fue clausurado. En 1713, Clemente XI emitió la bula Unigenitus, que condenaba las enseñanzas jansenistas.
El jansenismo, como movimiento puritano, enfatiza el pecado original, la depravación humana, la necesidad de la gracia divina que salvará solo a aquellos a quienes les fue concedida desde su nacimiento y la creencia en la predestinación sin libre albedrío. Generalmente, el jansenismo es considerado como sinónimo de intransigencia.
La obra fundamental del jansenismo es el Augustinus, escrito por Jansenio, publicado de forma póstuma (Lovaina, 1640) debido a la controversia teológica que hubiera podido generar. Basado en este libro, surge un movimiento que se desarrolla en tres ramas: jansenismo teológico, jansenismo moral-espiritual (influyente en el rigorismo moral en los siglos y ) y jansenismo político-antijesuítico-galicanista (considerado como el movimiento mayoritario dentro del jansenismo).
Desarrollo histórico del jansenismo
Antecedentes El jansenismo se originó a partir de una escuela de pensamiento teológico dentro del marco de la contrarreforma, y apareció en los años que siguieron al Concilio de Trento (1545-1563), si bien se basó en debates más antiguos. Si bien el movimiento toma su nombre de Cornelio Jansenio, está vinculado a una larga tradición de pensamiento agustiniano. vínculo=https://en.wikipedia.org/wiki/File:Saint_Augustine_by_Philippe_de_Champaigne.jpg|izquierda|miniaturadeimagen|Agustín, (354–430 a. C.) obispo de Hipona, Padre de la Iglesia, quien es aclamado como el padre de la doctrina jansenista de la gracia La mayoría de los debates que contribuyeron a la formación del jansenismo versan sobre la relación entre la gracia divina (que Dios concede al hombre) y la libertad humana en el proceso de salvación. En el , el obispo norteafricano Agustín de Hipona se opuso al monje británico Pelagio, quien sostenía que el hombre posee en sí mismo la fuerza para querer el bien y practicar la virtud, y así alcanzar la salvación, una postura que resta importancia a la gracia divina. Agustín rechazó esta idea y afirmó que solo Dios decide a quién concede o niega la gracia, la cual hace posible la salvación del hombre. Las acciones buenas o malas del ser humano (y, por ende, su voluntad y su virtud) no influyen en este proceso, dado que el libre albedrío se perdió a consecuencia del pecado original de Adán. Dios obra en el hombre mediante la gracia eficaz, regenerándolo de manera infalible sin anular su voluntad. De este modo, el hombre recibe un deseo irresistible y dominante de hacer el bien, infundido en él por la acción de la gracia eficaz.
La teología medieval, dominada por el pensamiento agustiniano, dejaba poco margen a la libertad humana en lo referente a la gracia. Santo Tomás de Aquino, sin embargo, intentó articular un sistema de pensamiento en torno al agustinismo para conciliar la gracia y la libertad humana. Afirmaba tanto la acción de lo divino en cada acto del hombre como la libertad de este último. Los escolásticos de los siglos y se alejaron del agustinismo hacia una perspectiva más optimista de la naturaleza humana. La Reforma rompió con la escolástica , y tanto Martín Lutero como Juan Calvino tomaron a Agustín como referencia, aunque también adelantaron posturas radicales. Para algunos agustinos, bastaba con afirmar la omnipotencia de Dios frente a la libertad humana (que el pelagianismo exaltaba en exceso), mientras que Lutero y Calvino consideraban que la gracia —libremente concedida o negada por Dios— era la causa de la salvación del hombre. En consecuencia, se negaba por completo el libre albedrío humano.
Para contrarrestar la Reforma, la Iglesia católica reafirmó en 1547, durante la sexta sesión del Concilio de Trento, el papel del libre albedrío, sin pronunciarse sobre su relación con la gracia. Posteriormente, la postura católica no fue del todo unánime: el sacerdote jesuita Diego Laínez defendió una posición que sus detractores calificaron de pelagiana. De hecho, los jesuitas reavivaron el debate por temor a que un agustinismo excesivo debilitara el papel de la Iglesia en la salvación y comprometiera el rechazo al protestantismo. En el auge del humanismo renacentista, ciertos católicos tenían una perspectiva menos pesimista del ser humano y buscaban determinar su lugar en el proceso de salvación basándose en la teología tomista, la cual parecía ofrecer un punto de equilibrio razonable entre la gracia y el libre albedrío. Es en este contexto donde, en 1567, Aquino fue proclamado Doctor de la Iglesia.
Jansenio Las discusiones del Concilio de Trento sobre el papel de la libertad y el libre albedrío y su relación con la gracia divina no habían terminado con la controversia De Auxiliis. Jansenio pensó encontrar en los escritos de Agustín de Hipona una respuesta más satisfactoria. Por eso, elaboró su obra Augustinus, donde trata tres puntos principalmente: Resumen de la controversia pelagiana. Negación del estado de naturaleza pura. Desarrollo de su concepción sobre la noción de gracia eficaz.
En este escrito, define su postura como agustiniana, pero anunciando que se sometía a lo que el papa sentenciara en relación con su libro (lo mismo afirma en su testamento).
De acuerdo con Jansenio y sus seguidores, al oponerse a las doctrinas sobre la gracia divina definidas por Lutero y Calvino, los teólogos de la contrarreforma—particularmente los jesuitas—habían errado en la otra dirección, enfatizando la responsabilidad humana a expensas de la iniciativa divina y de tal forma recayendo en la herejía del pelagianismo del , la idea de que la humanidad es esencialmente buena y puede lograr la salvación sin ayuda divina. Contra tales supuestas tendencias pelagianas, Jansenio enfatizó el daño causado a la naturaleza humana por el pecado original, la depravación innata de la humanidad debido a la caída primoridial y la consecuente necesidad de la gracia divina para la salvación, así como el poder de la concuspiscencia. Para Jansenio, esto exaltaba el carácter omnipotente de la gracia que se hizo disponible por Cristo Redentor, que es el único medio para restaurar la humanidad a la verdadera libertad. Jansenio apoyó los argumentos de Agustín de Hipona en relación con la necesidad de la gracia divina para cometer cualquier acto bueno, la eficacia infalible de la gracia divina y el carácter absolutamente arbitrario de la predestinación. Consistentes con esta perspectiva pesimista sobre la naturaleza humana y la libertad fueron las perspectivas rigorísticas sobre los sacramentos de la penitencia y la eucaristía, así como sobre asuntos morales, adoptados por el jansenismo.
La publicación del Augustinus generó una violenta controversia. La obra fue acusada, principalmente por los jesuitas, de despojar el libre albedrío de toda realidad y de rechazar la universalidad de la redención. Sin embargo, la interpretación jansenista del cristianismo se expandió. Fue defendida por discípulos tales como Jean Duvergier de Hauranne, abad de Saint-Cyran, las monjas del célebre convento cisterciense de Port-Royal des Champs, Antoine Arnauld (quien se convirtió en líder del movimiento jansenista) y Pascasio Quesnel, quien organizó el grupo jansenista en un partido político a finales del . También atrajo figuras influentes en la sociedad francesa como el filósofo y matemático Blaise Pascal o el dramaturgo Jean Racine.
El abad de Saint Cyran
Jean Duvergier de Hauranne, abad de Saint Cyran, era director espiritual en el monasterio de Port Royal des Champs donde había nacido un movimiento rigorista relacionado con la familia Arnauld: Antoine Arnauld (1612-1694), teólogo de la Sorbona y la abadesa Angélica Arnauld (1591-1666). El grand Arnauld es un personaje controvertido que ha merecido fuertes críticas de historiadores como Henri Bremond y por otros es considerado el mejor director espiritual. Era contrario a la Compañía de Jesús, y con el seudónimo de Petrus Aurelius publicó una serie de escritos contra ellos y su supuesta independencia de los obispos.
A Duvergier debe el jansenismo una creciente fama y la publicación y extensión del escrito de Jansenio. Esto le valió la enemistad del cardenal Richelieu, que buscaba apagar toda fuente de discordias en la Iglesia francesa. El papa Urbano VIII prohibió la reimpresión del Augustinus, pero el libro se siguió imprimiendo ya que había sido dedicado al cardenal Fernando, infante de España, quien permitió y popularizó la publicación. Incluso en Roma se hizo una edición en 1643. Pero ya varios documentos pontificios y el Santo Oficio habían prohibido el libro. El primero fue la bula In eminenti de UrbanoVIII (1642). Luego vino la constitución Cum occasione de Inocencio X (1653) y otra constitución publicada por el papa Alejandro VII, Ad sacram beati Petri sedem.
En Francia el movimiento tenía sus principales detractores, uno de ellos el santo francés más popular de las tierras gálicas, san Vicente de Paúl. San Vicente alertaba a su congregación de caer en lo que el denominaba el peor mal para la Iglesia de la época, y se alejó totalmente del abad de Saint Cyran.
Los Arnauld Los hermanos Arnauld fueron directos continuadores de la obra de Duvergier, abate de Saint-Cyran.
El doctor en Teología Antonio Arnauld, enemistado con los jesuitas, y por eso en su momento expulsado de la Sorbone, se dedicó a propagar las ideas de Jansenio, intentando presentarlas como puro y consecuente agustinismo. Criticó ásperamente la costumbre de la comunión frecuente, añadiendo este aspecto a la devoción de sus seguidores. También institucionalizó el jansenismo ofreciéndole una ascética propia, una modificación propia de los dogmas y los cambios necesarios en la liturgia y en los sacramentos. A Antoine se le unió bien pronto Pierre Nicole, que criticó especialmente la formulación de la infalibilidad pontificia y propuso la propia de los jansenistas, que es de corte conciliarista.