thumb|Un paisaje expresionista: Egon Schiele: La pequeña ciudad II (vista de Krumau sobre el río Moldava) 1912-1913, óleo sobre lienzo, 89,5 × 90,5 cm, col. Viktor Fogarassy, Graz.

Paisaje es el nombre del dibujo de lugares que el estudio de la historia del arte da al género pictórico que representa escenas de la naturaleza, tales como montañas, valles, árboles, ríos y bosques. Casi siempre se incluye el cielo (que recibe el nombre técnico de celaje), y las condiciones atmosféricas pueden ser un elemento importante de la composición. Además del paisaje natural, también se trata, como un género específico, el paisaje urbano. Tradicionalmente, el arte de paisajes plasma de forma realista algún paisaje real, pero puede haber otros tipos de paisajes, como los que se inspiran en los sueños (paisaje onírico, muy usado en el surrealismo).

En la historia de la pintura, el paisaje fue adquiriendo poco a poco cada vez más relevancia, desde su aparición como fondo de escenas de otros géneros (como la pintura de historia o el retrato) hasta constituirse como género autónomo en la pintura holandesa del . También es un motivo esencial para la pintura japonesa.

Dentro de la jerarquía de los géneros, el paisaje ocupaba un lugar muy bajo, superior solo al bodegón.

Clases de paisaje artísticos thumb|Eugene von Guerard: Monte Townsed, 1863. La pintura romántica exalta los paisajes salvajes y a menudo montañosos. thumb|Pieter Brueghel el Viejo, Los cosechadores, 1565: Paz y agricultura en un paisaje ideal prerromántico, sin terrores sublimes. thumb|Frans Koppelaar, Paisaje cerca de Bolonia, 2001; paisaje pintado en-plein-air. Por la manera en que está tratado el tema del paisaje, cabe distinguir tres tipos fundamentales:

El paisaje «cósmico» o «sublime», en el que se presenta la naturaleza de manera salvaje, inmensos paisajes que no necesariamente representan lugares realmente existentes, y en los que el hombre se siente perdido. Dentro de esta línea estaría el «paisaje naturalista» que refleja una naturaleza grandiosa, abundante y salvaje, en la que aparecen fenómenos atmosféricos como tormentas. Es propio de los artistas del norte de Europa, especialmente de la pintura de Alemania, como Durero, Elsheimer o Friedrich. La naturaleza «dominada» por el hombre, como ocurre con el paisaje flamenco o neerlandés. La presencia del hombre hace que la naturaleza no parezca amenazadora. Muchas veces acaba siendo un «paisaje topográfico», que representa necesariamente un lugar preciso e identificable, con una naturaleza presentada de la manera más humilde. Dentro de esta línea pueden citarse a Patinir, Pieter Brueghel el Viejo o los maestros holandeses del . La naturaleza «colonizada» por el hombre, lo cual es típico del paisaje italiano. Aparecen campos cultivados de relieve, colinas, valles y llanuras con casas, canales, carreteras y otras construcciones humanas; la naturaleza ya no es una amenaza, sino que el hombre, además, la ha hecho suya. Dentro de este tipo de paisaje puede hablarse del «paisaje clásico», donde se representa una naturaleza ideal, grandiosa. La representación no es creíble, sino recompuesta para sublimar la naturaleza y presentarla perfecta. En este tipo de paisaje suele esconderse una historia. Es tópica la presencia de elementos de arquitectura romana, combinados con una montaña o una colina y con un plano de agua. Este tipo de «paisaje ideal» fue creación de Annibale Carracci, al que siguieron Domenichino y el francés Poussin. Durante siglos, el paisaje italiano fue el modelo académico siendo además Italia el país al que acudían los artistas de toda Europa para formarse.

Desde otro punto de vista, referido al tema que se representa y no tanto a la manera en que se trata, cabe diferenciar entre:

Marinas este tipo de paisaje se da protagonismo a todo lo relacionado con la vida marina: océanos, playas y mares. Asimismo, en este tipo de paisaje, los artistas pueden aprovechar los colores, las tonalidades y las texturas para representar la majestuosidad de la vida marina. Paisajes fluviales son pinturas que se enfocan en representar ríos y su alrededor. Pueden capturar la interacción entre el agua, la tierra y la vegetación. Paisajes naturales se centran en representar una naturaleza abundante, grandiosa y salvaje. El protagonismo lo tiene el escenario natural. El objetivo es que los artistas, gracias a un proceso de observación previo, reproduzcan o interpreten la belleza de la naturaleza. Paisajes costumbristas son aquellos que simbolizan costumbres y tradiciones de lugares específicos como por ejemplo los paisajes típicos de pueblos colombianos que se representan en la pintura popular. Paisajes estelares o paisajes nublados son representaciones de nubes, formaciones del clima y condiciones atmosféricas. Paisajes lunares muestran paisajes de la visión de la luna en la tierra. Paisajes urbanos estos se enfocan en los escenarios, ambientes y elementos de las ciudades, como personas, edificios, autos y luces. Hardscape o paisajes duros, en el que lo que se representa son zonas como calles pavimentadas y grandes complejos de negocios o industrias. Paisaje aéreo o etéreo, mostrando la superficie terrestre vista desde arriba, especialmente desde aeroplanos o naves espaciales. Cuando el punto de vista es muy pronunciado hacia abajo, no se aprecia el cielo. Este género puede combinarse con otros, como en el arte etéreo nublado de Georgia O'Keeffe, el paisaje etéreo lunar de Nancy Graves o el paisaje etéreo urbano de Yvone Jacquette. Paisaje onírico, este tipo de paisaje se le conoce como paisaje cósmico y se trata de un paisaje fantástico, mágico e irreal. El paisaje onírico combina escenarios imaginarios o propio de los sueños con elementos de la realidad, como los bosques o las ciudades.

Historia Antigüedad En los tiempos de las más antiguas pinturas chinas a Tijeras si la tradición de paisajes «puros», en los que la diminuta figura humana simplemente invita al observador a participar en la experiencia.

Del Antiguo Egipto se conservan algunas representaciones de paisajes esquemáticos en las tumbas de los nobles, grabadas en relieve durante el Imperio Antiguo y pintadas al fresco en el Imperio Nuevo; suelen enmarcar escenas de caza o ceremonias rituales.

En Pompeya y Herculano se han preservado frescos romanos de cuartos decorados con paisajes del En la antigüedad grecorromana, el paisaje se pinta como fondo o entorno para contextualizar una escena principal.

Edad Media thumb|left|Paisaje de Giotto: Detalle de la «Huida a Egipto» de la capilla de los Scrovegni en Padua, (h. 1304), pintura al fresco. Durante toda la Edad Media cristiana y el Renacimiento, el paisaje se concibe como una obra divina y su representación hace referencia a su Creador. En la pintura occidental, la representación realista del paisaje comenzó dentro de las obras religiosas del . Hasta entonces, las representaciones de la naturaleza en el arte pictórico había sido arquetípica: líneas onduladas para el agua o festones para las nubes. Fue Giotto el primero que, abandonando los precedentes modelos bizantinos, sustituyó el fondo dorado de las imágenes sagradas por escenarios de la realidad. Aunque autores como Boccaccio alabaron su realismo de Giotto,Según Bocaccio, Giotto poseyó el talento de lo cierto es que no dejaban de ser muchas veces representaciones simples: un árbol representaba un bosque, una roca una montaña. Poco a poco, a lo largo de la Baja Edad Media, esos fragmentos de naturaleza que aparecían en las escenas sagradas o míticas fue ampliándose, pero su carácter secundario lo revela el hecho de que muchas veces se dejaba a ayudantes, como ocurre en La Anunciación florentina de Fra Angélico. Dentro del estilo italo-gótico, Ambrogio Lorenzetti superó la representación topográfica para crear auténticos paisajes dentro de sus alegorías del Buen y del Mal Gobierno en el Palacio Comunal de Siena, al estudiar las horas del día y las estaciones. La pintura gótico-flamenca se caracteriza por su «realismo en los detalles», conseguido en gran medida gracias a la nueva técnica de la pintura al óleo; entre los aspectos a los que se prestó más atención y realismo estuvo el paisaje, tanto natural como urbano. Cabe citar, a este respecto, el plano del fondo de la Virgen del Canciller Rolin, auténtico paisaje en el que se detalla un jardín, más allá de él un río y a los lados una ciudad contemporánea del pintor.

Renacimiento thumb|«Paisaje panorámico» propio de la Escuela del Danubio: La batalla de Alejandro en Issos de Albrecht Altdorfer, h. 1528, óleo sobre tabla, 158,4 x 120,3 cm, Alte Pinakothek, Múnich. El paisaje adquirió autonomía iconográfica en el . En su forma realista, se debe sobre todo al arte flamenco y alemán, como por ejemplo, Alberto Durero, que dejó numerosas acuarelas de paisajes. En su forma idealizada de inspiración clásica, es algo que debe atribuirse a Italia, siendo El Perugino, maestro de Rafael, uno de los más destacados elaboradores de vastos espacios en los que se situaban los personajes, con una fuerte acentuación del paisaje. En Venecia, con su luz cambiante sobre las aguas, aunque el paisaje siguió siendo fondo de obras y no su motivo principal, se esmeraron por lograr realismo reflejando vistas de la laguna, sus calles y monumentos, así como la «tierra firme», y de los fenómenos atmosféricos como ocurre con la tormenta que ya desde el da nombre al cuadro más conocido de Giorgione.

En esta época, el paisaje sirvió para expresar las utopías urbanas y políticas emergentes. A menudo «percibido» a través del marco de las ventanas en los cuadros que representaban escenas interiores, fue consiguiendo un papel cada vez más importante, hasta ocupar toda la superficie de la tela. Paralelamente, los personajes de las escenas religiosas en exterior fueron «encogiendo» hasta no estar más que simbolizados por los elementos del paisaje (por ejemplo Jesús de Nazaret por una montaña). Pero en síntesis, el paisaje seguía siendo solo parte de un cuadro de historia o de un retrato.

En Flandes, la primera representación del paisaje independiente fue la de Joachim Patinir, cuyas composiciones religiosas o mitológicas están totalmente dominadas por la representación realista de la naturaleza, hasta el punto de que la escena es mero «pretexto» para representar un «paisaje panorámico» o «geográfico», desde un punto de composición de "horizonte alto" (como si el pintor estuviera situado en lo alto de una montaña). En la generación siguiente, en algunas obras de género de Pieter Brueghel el Viejo la figura humana queda reducida a la insignificancia, siendo lo importante el paisaje representado, igualmente panorámico y desde un punto de vista elevado, como ocurre por ejemplo en El invierno del ciclo de estaciones del año. Ha de mencionarse también la Escuela del Danubio o «danubiana», en la que autores como Albrecht Altdorfer o Lucas Cranach el Joven siguen pintando el tipo de «paisaje panorámico», con amplias extensiones de terreno percibidas a vista de pájaro.

En la pintura española no abunda el paisaje, limitándose a representaciones de interés topográfico o botánico. Pero sí cabe mencionar un paisaje «puro» que atrajo grandemente la atención, siglos después, de surrealistas y expresionistas: la Vista de Toledo que pintó El Greco al final de su vida. Los monumentos aparecen con cierto detalle, pero rodeados por un campo resuelto a través de manchas de color verde, lo mismo que el cielo son manchas de azul y todo ello bañado por una luz tormentosa.

Barroco A principios de siglo, en la época del tenebrismo, el paisaje seguía siendo poco cultivado. Solamente el alemán Adam Elsheimer destaca por tratar las historias, generalmente sagradas, como auténticos paisajes en los que muchas veces realiza espectaculares estudios sobre los efectos atmosféricos, la luz o los estudios de amanecer y anochecer.