miniaturadeimagen|250x250px|Detalle del Vaso de Mikonos (Museo Arqueológico de Mikonos, Grecia), del Se trata de una de las más antiguas representaciones del caballo de Troya. El caballo de Troya fue un artilugio con forma de enorme caballo de madera que se menciona en la historia de la guerra de Troya y que según este relato fue usado por los aqueos como una estrategia para introducirse en la ciudad fortificada de Troya. Tomado por los troyanos como un signo de su victoria, el caballo fue llevado dentro de los gigantescos muros, sin saber que en su interior se ocultaban varios soldados enemigos. Durante la noche, los guerreros salieron del caballo, mataron a los centinelas y abrieron las puertas de la ciudad para permitir la entrada del ejército aqueo, lo que provocó la caída definitiva de Troya. La fuente más antigua que menciona el caballo de Troya, aunque de manera breve, es la Odisea de Homero. Posteriormente otros autores ofrecieron relatos más amplios del mito, entre los que destaca la narración que recoge la Eneida de Virgilio.

Por lo general, el caballo de Troya es considerado una creación mítica, pero también se ha debatido si realmente pudiera haber existido y fuera una máquina de guerra transfigurada por la fantasía de los cronistas. De cualquier manera, demostró ser un fértil motivo tanto literario como artístico, y desde la Antigüedad ha sido reproducido en innumerables poemas, novelas, pinturas, esculturas, monumentos, películas y otros medios, incluidos dibujos animados y juguetes. Asimismo, en épocas recientes se han hecho varias reconstrucciones hipotéticas del caballo. Aunado a ello, ha dado origen a dos expresiones idiomáticas: «caballo de Troya»; es decir, un engaño destructivo, y «presente griego», algo concebido como aparentemente agradable, pero que trae consigo consecuencias graves.

Contexto thumb|250px|El incendio de Troya (Francisco Collantes). La guerra de Troya fue descrita por primera vez en los poemas homéricos y desde entonces ha sido contada por otros autores, antiguos y modernos, quienes han introducido variaciones y expandido la historia, pero el resumen del episodio del caballo es el siguiente:

La guerra duraba más de nueve años cuando el más destacado guerrero griego, Aquiles, había caído muerto en combate. A pesar de haber cumplido las condiciones impuestas por los oráculos para la toma de la ciudad —traer a Neoptólemo, hijo de Aquiles, traer los huesos de Pélope y robar el Paladio—, los griegos no conseguían atravesar los muros de Troya.

En esta tesitura, el adivino Calcante observó una paloma perseguida por un halcón. La paloma se refugió en una grieta y el halcón permanecía cerca del hueco, pero sin poder atrapar a la paloma. El halcón entonces decidió fingir retirarse y se escondió fuera de la mirada de la paloma, quien poco a poco asomó la cabeza para cerciorarse de que el cazador había desistido, pero entonces el halcón salió del escondite y culminó la cacería. Después de narrar esta visión, Calcante dedujo que no deberían seguir tratando de asaltar las murallas de Troya por la fuerza, sino que tendrían que idear una estratagema para tomar la ciudad. Después de ello, Odiseo concibió el plan de construir un caballo y ocultar dentro a los mejores guerreros. En otras versiones, el plan fue instigado por AteneaQuinto de Esmirna, Posthoméricas xii,9; Fragmentos de épica griega arcaica, pág 157. Madrid, Gredos, 1979. ISBN 84-249-3524-1. y también existe una tradición que señala que Prilis, un adivino de la isla de Lesbos, hijo de Hermes, profetizó que Troya solo podría ser tomada con ayuda de un caballo de madera.

Bajo las instrucciones de Odiseo de Atenea, el caballo fue construido por Epeo el focidio, el mejor carpintero del campamento. Tenía una escotilla escondida en el flanco derecho y en el izquierdo tenía grabada la frase: «Con la agradecida esperanza de un retorno seguro a sus casas después de una ausencia de nueve años, los griegos dedican esta ofrenda a Atenea». Los troyanos, grandes creyentes en los dioses, cayeron en el engaño. Lo aceptaron para ofrendarlo a los dioses, ignorando que era un ardid de los griegos para traspasar sus murallas puesto que en su interior se escondía un selecto grupo de soldados. El caballo era de tal tamaño que los troyanos tuvieron que derribar parte de los muros de su ciudad. Una vez introducido el caballo en Troya, mientras los troyanos festejaban por su derrota, los soldados ocultos en él abrieron las puertas de la ciudad, tras lo cual la fuerza invasora entró y la destruyó.Homero, Odisea VIII,515.

Fuentes literarias

El caballo de Troya es mencionado por primera vez en varios pasajes de la Odisea de Homero. Una de las veces sucede en el palacio de Menelao, quien ofrece un banquete de bodas para su hijo y su hija, que se casaban al mismo tiempo. En medio de la fiesta, llega Telémaco, quien buscaba noticias de su padre y toma asiento al lado de Menelao, acompañado de Pisístrato. Posteriormente, entra en la sala Helena. El grupo, entristecido, comienza a recordar la guerra de Troya, cuando Helena toma la palabra y cuenta sus recuerdos de la misma. Entonces Menelao confirma lo que ella había dicho, hablando del caballo:

En otro pasaje, Odiseo pide al aedo Demódoco que narre la historia del caballo de Epeo creado con la ayuda de Atenea. El aedo contó el episodio desde el punto en que algunos argivos habían prendido fuego a sus tiendas de campaña y partido en sus buques, mientras que otros, entre los que estaba Odiseo, esperaban escondidos en el interior del caballo. Los troyanos llevaron el caballo dentro de su fortaleza, donde permaneció mientras decidían qué hacer con él. Unos deseaban destruirlo; otros querían llevarlo a lo alto de la ciudadela y precipitarlo sobre las rocas, mientras que otros preferían conservarlo como una ofrenda a los dioses. Optando por esta última alternativa, sellaron su destino:

Más tarde, cuando el propio Odiseo se encuentra en el Hades buscando el consejo de Tiresias sobre su regreso a Ítaca, encuentra al fantasma de Aquiles, a quien le habla sobre su hijo, Neoptólemo:

thumb|210px|Sinón es llevado ante Príamo, grabado en el Vergilius Romanus. Otros poetas antiguos también hicieron mención al caballo: Arctino de Mileto, en su Iliupersis, y Lesques, en la Pequeña Ilíada, pero sus obras originales se han perdido y sobreviven solo breves fragmentos y resúmenes en la Crestomatía, de Proclo.Fragmentos de épica griega arcaica págs. 157 y 181. Una referencia adicional se encuentra en la tragedia Las troyanas de Eurípides, cuando Poseidón dice:

Sin embargo, el relato más detallado se encuentra en el libroII de la Eneida de Virgilio. Durante el banquete, Eneas relata a Dido cómo fue que después de la falsa retirada de los griegos, viendo la playa desierta, los troyanos abrieron las puertas de la ciudad y metieron el enorme caballo: Timetes había propuesto llevarlo dentro de los muros, pero Capis y otros temieron una trampa, reconsiderando que lo mejor sería quemarlo, o al menos averiguar lo que tenía en sus entrañas.Marón, Publio Virgilio. Eneida. Libro II. Traducción de Manuel Odorico Mendes, 1854. eBooksBrasil.com Mientras la multitud estaba debatiendo qué hacer, el sacerdote Laocoonte corrió hacia el lugar para advertir:

Dicho esto, arremetió contra el caballo insertándole una lanza con tal de destruirlo. En este momento se presentó ante Príamo, rey de Troya, a un prisionero griego cuyo nombre era Sinón, que se dejó capturar. Fingiendo que lloraba, pidió asilo, alegando ser un proscrito fugitivo. La multitud se conmovió, el griego se levantó y emitió un discurso astuto. Dijo que su padre pobre, sin recursos, le había confiado a Palamades para que lo educase. Sin embargo, por las intrigas de Odiseo, Palamedes fue acusado de traición y asesinado. A partir de entonces Sinón fue continuamente acusado por Odiseo de delitos jamás cometidos. Por todo ello, juraba vengarse tanto por él como por su tutor. Asimismo, en un gesto retórico, se ofrece como víctima voluntaria de la ira troyana. Sorprendida, la gente alrededor de él quiso saber más, y este relató que los griegos, cansados de esta batalla perdida, levantaron el sitio, pero vieron que su intento de regresar estaba impedido por las tormentas marinas y señales en los cielos. Para conocer la voluntad de los dioses, enviaron a Eurípilo para que consultase un oráculo. La respuesta que trajo fue que se requería un sacrificio humano similar al que se había realizado antes del inicio de la guerra a fin de obtener vientos favorables. Tras varios días de silencio, el adivino Calcante, de acuerdo con Odiseo, había anunciado que Sinón debía ser la víctima del sacrificio. Fue atado y se le vendaron los ojos para el ritual sangriento, pero pudo romper las ataduras y huyó, hasta que los troyanos lo encontraron. Una vez más, afirmó su inocencia y pidió la compasión del enemigo.

thumb|275px|left|Grabado de Giovanni Battista Fontana donde se observa a Laocoonte y sus hijos siendo devorados por las serpientes. Al fondo, se observa cómo el caballo es llevado dentro de la ciudad. Su actuación fue convincente y le otorgaron el perdón. Fue liberado y recibido como uno de ellos. Los troyanos le preguntaron por la razón para tan maravillosa construcción. A ello respondió Sinón diciendo que se consideraba libre de la lealtad a su antigua patria, invocando a los dioses como testigos, y maldiciendo a los griegos, agregó que el caballo había sido construido por orden expresa de Atenea, como desagravio por la profanación del paladio troyano, imagen dedicada a la diosa y robada por Odiseo y Diomedes, delito por el que estaban convencidos de que no ganarían la guerra. Además se construyó de modo que no pudiese, por su tamaño, pasar a través de las puertas de la ciudad, para que jamás fuese tomado por los troyanos, volviéndose así un nuevo paladio. Si eso sucedía los griegos conocerían la venganza divina, y Troya, la gloria.

Por otra parte, Laocoonte sacrificó un toro a Neptuno, cuando de Ténedos emergieron dos serpientes monstruosas que mataron al sacerdote y sus dos hijos y luego se refugiaron en el templo de Atenea. Aterrorizados, los troyanos vieron el prodigio como una señal del cielo y creyeron que la diosa los había castigado por haber profanado la ofrenda con la lanza. No hacía falta nada más para que los troyanos creyeran la historia de Sinón, por eso hicieron una brecha en la muralla y se llevaron el caballo a la ciudad en medio de grandes festejos. Casandra profetizaba la catástrofe inminente, pero su destino era decir la verdad sin ser creída. Una vez entrada la noche, mientras los troyanos dormían, Sinón abrió el caballo, sus compañeros salieron a matar a los guardias y dieron una señal al ejército escondido en Ténedos cuyos integrantes regresaron, invadieron la ciudad, la saquearon y la quemaron, en medio de la masacre de sus habitantes.