thumb|Ágape con la escena de la Fractio panis|Agape con la escena de la fracción de pan, Catacumbas de Priscila. Una confesión cristiana o denominación cristiana es aquella rama del cristianismo que funciona con un nombre, estructura o doctrina en común.
La mayoría de las confesiones cristianas se autodenominan iglesias, mientras que algunas más recientes tienden a utilizar indistintamente los términos iglesias, asambleas, comunidades, etc. Las divisiones entre un grupo y otro se definen por la autoridad y la doctrina; cuestiones como la naturaleza de Jesús, la forma de monoteísmo, la postura respecto de las doctrinas adoptadas con posterioridad al primer concilio de Nicea, la postura en particular respecto de la forma y los requisitos previos para el sacramento del bautismo, la autoridad de la sucesión apostólica, la hermenéutica bíblica, la teología, la eclesiología, la escatología y la primacía papal pueden separar una confesión de otra. Los grupos de confesiones –que a menudo comparten creencias, prácticas y vínculos históricos muy similares– se conocen a veces como "ramas del cristianismo". Estas ramas difieren en muchos aspectos, especialmente por las diferencias en las prácticas y las creencias.
Vertientes de la teología, las ciencias sociales y la sociología de la religión consideran en general una clasificación del cristianismo contemporáneo comprendida entre la Iglesia católica, la Iglesia ortodoxa, las varias confesiones formadas durante o después de la Reforma Protestante, así como los movimientos religiosos posteriores surgidos a partir del como el restauracionismo, el evangelicalismo, entre otros movimientos. Otras vertientes de la teología, las ciencias sociales y la sociología de la religión consideran además aspectos territoriales así como también desde el punto de vista de la posición de las denominaciones desde la política identitaria. Vertientes de la teología vinculadas con sectores conservadores de las iglesias católica y ortodoxa, sin embargo, habitualmente mantienen divergencias respecto de la materia.
Las mayores diferencias entre ortodoxia y catolicismo son culturales y jerárquicas. En cuanto a las confesiones protestantes y restauracionistas, éstas presentan diferencias teológicas muy acentuadas con la ortodoxia y el catolicismo, así como una gran diversificación doctrinaria entre sus vertientes. Otras diferencias incluyen la disciplina congregacional.
Las comparaciones entre las distintas confesiones cristianas deben ser hechas con cautela. En algunos grupos, por ejemplo, las congregaciones son parte de una organización eclesiástica monolítica; en cambio, en otros grupos, cada congregación es una organización autónoma independiente. Las comparaciones numéricas también son problemáticas debido a su posición en particular respecto del sacramento del bautismo y la forma en cómo se concibe la disciplina congregacional: la mayoría de grupos cuentan como miembros solamente a los adultos bautizados, aunque algunos contabilizan tanto a los adultos bautizados como a los niños (sean éstos bautizados o no).
La gran mayoría de los cristianos pertenece a Iglesias y corrientes cristianas que, aunque acepten parcialmente la validez de otros grupos, desde una posición política e ideológica identitaria consideran la multiplicación de vertientes -algunas de ellas, contrarias a la ideología de las vertientes religiosas hegemónicas- como un problema. Debido a estos conceptos identitarios, hoy considerados como pseudociencia por las ciencias sociales y la sociología de la religión, en diversos momentos de la historia se han sucedido situaciones documentadas de persecución religiosa y vulneraciones a los derechos fundamentales a diversas corrientes cristianas impulsados desde vertientes religiosas cristianas hegemónicas, como el caso de Argentina durante la dictadura cívico-militar que gobernó en ese país entre 1976 a 1983, o el caso de Rusia en el contexto de la invasión a Ucrania. El fundamentalismo cristiano puede llegar a considerar la existencia de tantas confesiones como un indicio de sectarismo. Por otra parte, el cristianismo confesional se contrasta con el cristianismo no confesional, que considera inaceptable la diversidad de confesiones.
Divisiones históricas Algunas corrientes o grupos del pasado dejaron de existir formalmente con el paso de los años. Ron Rhodes, The Complete Guide to Christian Denominations: Understanding the History, Beliefs, and Differences, Harvest House Publishers, USA, 2015, p. 108 Es el caso, por ejemplo, de los gnósticos (que sustentaban un modelo dualista de deidad), los ebionitas (que negaban la divinidad de Cristo), los apolinarios (que defendían que Jesús tenía cuerpo humano y mente divina), los montanistas (que pregonaban una nueva revelación concedida a ellos), los arrianos (que argumentaban que Jesús era un ser creado, por lo tanto no coeterno con Dios Padre) y los Priscilianos (seguidores de Prisciliano, quienes negaban el dogma de la Santísima Trinidad y defendían una concepción unitaria). Muchos de estos grupos primitivos, hoy considerados heréticos, se extinguieron por falta de seguidores o, de manera general, fueron suprimidos por la Iglesia institucionalizada, que en sus primeros siglos desarrolló un gran esfuerzo por unificar y definir con claridad lo que no era doctrina cristiana.
No obstante este esfuerzo, representado especialmente por los primeros Concilios ecuménicos, se fueron profundizando algunas diferencias entre las tradiciones Oriental y Occidental. Ellas se derivaron inicialmente de las diferencias lingüísticas y socioculturales entre el Imperio romano de Occidente y el Imperio bizantino. Como el mundo Occidental (es decir, Europa) utilizaba el latín como su lingua franca y el Oriental (es decir, Oriente Medio, Asia y el Norte de África) empleaba el griego koiné para transmitir sus escritos, los desarrollos teológicos de cada parte no llegaban a la otra con fluidez, pues la traducción se hacía muy difícil por costo y logística.
La primera ruptura significativa y duradera del cristianismo histórico se produjo con la Iglesia asiria de Oriente, a consecuencia de la controversia cristológica sobre el Nestorianismo en 431. En 1994 esta Iglesia firmó una declaración cristológica de fe en común con la Iglesia católica, por el que ambas interpretaron este cisma como un problema básicamente lingüístico, derivado de dificultades de traducción de términos muy delicados y precisos del latín al aramaico y viceversa (véase Concilio de Éfeso). Después del Concilio de Calcedonia, en 451, la siguiente gran división ocurrió entre las Iglesias siria y alejandrina (también llamada Iglesia Egipcia o Copta), que se separaron en virtud de las doctrinas monofisitas (el papa Juan Pablo II y el Patriarca sirio Ignacio Zakka I Iwas firmaron, a fines del , una declaración cristológica de fe en común). Estas Iglesias monofisitas son conocidas como Iglesias no calcedonianas, diferenciándose de la Iglesia ortodoxa por aceptar sólo las resoluciones de los tres primeros Concilios ecuménicos.
Aunque la Iglesia como un todo no experimentó mayores divisiones en los siglos siguientes, los grupos Oriental y Occidental llegaron a tal punto de desacuerdo, que los patriarcas de ambas familias se excomulgaron mutuamente en 1054, hecho que es conocido históricamente como el Cisma de Oriente y Occidente. Las razones políticas y teológicas del cisma son complejas. Sin embargo, el punto más controvertido fue la cuestión de la primacía papal: Los cristianos de Occidente insistían en que el Patriarca de Roma debía mantener una posición especial de autoridad sobre los patriarcas de las iglesias de otras ciudades (Patriarca de Alejandría, Patriarca de Antioquía, Patriarca de Constantinopla e incluso sobre el Patriarca de Jerusalén). En cambio, los cristianos de Oriente sostenían que todos los patriarcas eran de igual autoridad, no teniendo ninguno de ellos primacía sobre jurisdicciones ajenas a la propia. El cisma se afianzó y por siglos cada iglesia consideró a la otra como causante de la división, y fue solamente bajo el papado de Juan Pablo II que se hicieron las primeras reformas significativas para mejorar las relaciones entre la Iglesia de Roma y las Iglesias Orientales.
Muchos siglos después del Gran Cisma, el cristianismo Occidental (que se denominaba a sí mismo católico) experimentó una serie de movimientos reformadores geográficamente aislados que precedieron a la aparición de la Reforma Protestante. Por ejemplo, en Italia, durante el , Pedro Valdo congregó a un grupo de seguidores conocidos como los valdenses, y tal movimiento fue posteriormente absorbido por los reformadores protestantes modernos. En Bohemia, una región de mayoría ortodoxa, la ocupación por parte de los Estados Pontificios (un Estado militarmente más poderoso que la posterior Santa Sede) produjo la imposición del catolicismo, pero a principios del Jan Hus (sus seguidores fueron llamados husitas) inició un movimiento para desafiar las enseñanzas de la Iglesia de Roma (guerras husitas). Posteriormente el grupo daría origen a los Hermanos Moravos y renacería con otros nombres, pero ya formando parte de la Reforma Protestante.
Un movimiento independiente que, años después, se alinearía también mayoritariamente con la Reforma Protestante, se comenzó a gestar cuando el rey Enrique VIII de Inglaterra se hizo declarar "Cabeza de la Iglesia de Inglaterra" mediante el Acta de Supremacía de 1534. El anglicanismo paulatinamente fue adoptando algunas doctrinas protestantes hasta declararse inequívocamente Católico y Reformado, por lo menos en la Comunión anglicana.
Un cisma de enormes dimensiones se produjo a consecuencia de la publicación de las noventa y cinco tesis de Martín Lutero en la Universidad de Wittenberg, el 31 de octubre de 1517. Escritas inicialmente como una serie de reclamaciones a fin de estimular la reforma de la Iglesia Occidental, no pretendían ni remotamente alcanzar el efecto que lograron. Los textos de Lutero, combinados con la obra del teólogo suizo Ulrico Zuinglio y del teólogo francés Juan Calvino, provocaron la ruptura del cristianismo católico europeo, fundando la que ha llegado a ser, probablemente, la segunda mayor rama del cristianismo moderno (después del catolicismo), el denominado protestantismo.
A diferencia de otras ramas del cristianismo (catolicismo, ortodoxia, ortodoxa asiria, coptismo y anglicanismo), el protestantismo es un movimiento con una gran variedad de estructuras gubernamentales. De esta forma, diversos grupos, como los presbiterianos, las Iglesias Reformadas, los luteranos, los metodistas, los congregacionalistas, los anabaptistas, los bautistas, los adventistas, los pentecostales, y los restauracionistas (dependiendo del esquema de clasificación que se utilice), pueden ser agrupados dentro de esta rama del cristianismo.
Modelos de clasificación
A pesar de que en el pasado, la gran mayoría de los cristianos permanecieron por siglos unidos en una misma Iglesia (solo dividida por factores geográficos), algunos sostienen que el cristianismo nunca fue una religión de creencias homogéneas. De cualquier forma, la diversidad de creencias y de grupos a inicios del es evidente, no obstante compartir casi todos ellos una historia y una tradición en común. El cristianismo es, actualmente, la mayor religión del mundo (sumando aproximadamente un tercio de su población), este hecho hace pertinente una clasificación comparativa de sus diversas tradiciones, que incorpore tanto las particularidades de cada tradición, como sus doctrinas, escuelas teológicas, formas de gobierno eclesiástico, formas de lenguaje y otros aspectos.