Catalina II de Rusia (en ruso: Екатерина Алексеевна, Ekaterina Alekséyevna), llamada Catalina la Grande (en ruso: Екатерина Великая, Ekaterina Velíkaya; Szczecin (Stettin), Pomerania, Reino de Prusia, actualmente Polonia, 21 de abril de 1729-San Petersburgo, Imperio ruso, 17 de noviembre de 1796 según el calendario gregoriano), fue emperatriz reinante de Rusia durante 34 años, desde el 28 de junio de 1762 hasta su muerte, a los 67 años. Llegó al poder después de derrocar a su marido, Pedro III. Durante su largo reinado, inspirado por las ideas de la Ilustración, Rusia experimentó un renacimiento de la cultura y las ciencias, que condujo a la fundación de muchas nuevas ciudades, universidades y teatros, junto con una inmigración a gran escala desde el resto de Europa y el reconocimiento de Rusia como una de las grandes potencias de Europa.

La vida de Catalina se divide en dos partes, aproximadamente de la misma duración. Entre 1729 y 1762, pasó de ser una princesa alemana a una gran duquesa rusa; a partir de 1762 hasta que falleciera en 1796, fue emperatriz de Rusia. La principal fuente de información sobre su vida personal son sus Memorias, escritas en francés.

Tras ascender al poder y ponerse a gobernar el Imperio, Catalina confió a menudo en sus nobles favoritos, sobre todo el conde Grigori Orlov y Gregorio Potemkin. Con la ayuda de generales de gran éxito, como Alexander Suvórov o Piotr Rumiántsev, y almirantes como Samuel Greig o Fiódor Ushakov, gobernó en una época en la que el Imperio ruso se estaba expandiendo rápidamente por medio de la conquista y la diplomacia. En el sur, el Kanato de Crimea fue anexado tras las victorias sobre la Confederación de Bar y el Imperio otomano en la Guerra ruso-turca. Con el apoyo de Gran Bretaña, Rusia colonizó los territorios de la Nueva Rusia a lo largo de las costas de los mares Negro y Azov. En el oeste, la Mancomunidad de Polonia-Lituania, gobernada por el antiguo amante de Catalina, el rey Estanislao Augusto Poniatowski, fue repartida en varias ocasiones y el Imperio ruso obtuvo la mayor parte. En el este, los rusos se convirtieron en los primeros europeos en colonizar Alaska, estableciendo la América rusa.

Muchas ciudades y pueblos se fundaron por orden de Catalina en las tierras recién conquistadas, sobre todo Yekaterinoslav, Jersón, Nicolaiev y Sebastopol. Catalina, admiradora de Pedro el Grande, continuó modernizando Rusia de acuerdo con las directrices de la Europa occidental. Sin embargo, el servicio militar obligatorio y la economía siguieron dependiendo de la servidumbre, y las crecientes demandas del Estado y de los terratenientes privados intensificaron la explotación del trabajo de los siervos. Esta fue una de las principales razones detrás de las rebeliones, incluida la rebelión de Pugachov de cosacos, nómadas, pueblos del Volga y campesinos.

Catalina recogió el legado de Pedro I de Rusia, crear «una ventana hacia Occidente en la costa del Báltico», y la engrandeció, abriéndola en el mar Negro. Pedro importó tecnología, instituciones de gobierno y organización militar, y Catalina trajo de Europa la filosofía jurídica, política y moral, además de medicina, arte, cultura y educación.

El Manifiesto sobre la libertad de la nobleza, emitido durante el breve reinado de Pedro III y confirmado por Catalina, liberó a los nobles rusos del servicio militar o estatal obligatorio. La construcción de muchas mansiones de la nobleza, en el estilo clásico respaldado por la emperatriz, cambió la faz del país. A menudo figura en las listas de déspotas ilustrados. Como mecenas de las artes, presidió la época de la Ilustración rusa, incluyendo la creación del Instituto Smolny de Nobles Doncellas, la primera institución de educación superior para mujeres financiada por el Estado en Europa.

Primeros años Catalina nació en Stettin, provincia de Pomerania, Reino de Prusia (actual Szczecin, Polonia). El padre de Catalina, Cristián Augusto, príncipe de Anhalt-Zerbst, era un general prusiano de la familia gobernante alemana de Anhalt, que ejercía de Gobernador de la ciudad de Stettin en nombre del rey de Prusia. Su madre era Juana Isabel de Holstein-Gottorp. Aunque nació como Sofía Federica Augusta (Sophie Friederike Auguste von Anhalt-Zerbst, apodada «Figchen»), una princesa alemana de rango menor, Catalina tenía una remota ascendencia sueca relacionada con Carlos IX. Debido a que el primo segundo de Sofía, Pedro III, se había convertido al cristianismo ortodoxo, el hermano de su madre llegó a ser el heredero del trono sueco y dos de sus primos hermanos, Gustavo III y Carlos XIII, más tarde llegaron a ser reyes de Suecia. ch 37.

De acuerdo con la costumbre imperante por entonces entre las dinastías gobernantes de Alemania, recibió su educación principalmente de una institutriz francesa y de tutores. Isabel Babette Cardel era el nombre de la gobernanta francesa que le enseñó a leer, escribir y hablar francés a la pequeña futura emperatriz. Entre otros, le hizo leer a Corneille, Racine y Moliere, cosa que influiría en el futuro. El pastor luterano y capellán castrense, Wagner, complementó estos primeros estudios con clases de religión, geografía e historia.Según sus memorias, Catalina era considerada una marimacho y había aprendido a dominar la espada.

Aunque Catalina nació princesa, su familia tenía muy poco dinero. Su ascenso al poder fue apoyado por los ricos parientes de su madre Juana, que eran tanto nobles como parientes reales. Las más de 300 entidades soberanas del Sacro Imperio Romano Germánico, muchas de ellas bastante pequeñas y sin poder, crearon un sistema político altamente competitivo en el que las diversas familias principescas luchaban por aventajarse una a la otra, a menudo mediante matrimonios políticos. Para las familias principescas alemanas más pequeñas, un matrimonio ventajoso era uno de los mejores medios para promover sus intereses, y la joven Catalina fue preparada durante toda su infancia para convertirse en la esposa de un gobernante poderoso con el fin de mejorar la posición de su dinastía. Además de su alemán nativo, Catalina llegó a dominar el francés, la lengua franca de las élites europeas en el . De joven recibió la educación estándar para una princesa alemana del , concentrándose en la etiqueta, el francés y la teología luterana.

Catalina conoció a su futuro esposo y primo segundo, el futuro Pedro III de Rusia (hijo de Ana Petrovna y, por tanto, sobrino de la zarina Isabel), a la edad de 10 años en 1739. Ambos eran bisnietos de Cristián Alberto de Holstein-Gottorp (1641-1695). Según sus escritos, encontró a Pedro detestable al conocerlo. No le gustaba su tez pálida ni su afición al alcohol. Más tarde escribió que ella se quedó en un extremo del castillo y Pedro en el otro.

En 1739, Pedro se convirtió en duque de Holstein-Gottorp, bajo la regencia de su tío Adolfo Federico Holstein, que era obispo de Lübeck. En 1742, la emperatriz Isabel lo llevó a Rusia con la intención de convertirlo en su sucesor. Desde muy joven, Pedro se mostró bastante inestable, situación que empeoró tras su llegada a Rusia, país que no le gustó nada.

Matrimonio y reinado de Pedro III miniaturadeimagen|Imagen del rey Pedro III La elección de Catalina como la futura esposa del zar (Pedro de Holstein-Gottorp) la realizó la emperatriz Isabel I y fue comunicada por carta a la familia cuando la seleccionada contaba 14 años de edad.La madre de Catalina, Juana Isabel de Holstein-Gottorp, que seguía con interés los asuntos rusos, preveía el matrimonio de su hija con Pedro en fecha próxima. Tras enviar retratos de su hija a la corte rusa, fue invitada a viajar con ella a Rusia en enero de 1744. Influyó en la elección la gestión diplomática entre el conde Lestocq y Federico II de Prusia en el llamado asunto Lopujiná. Ambos querían fortalecer la amistad entre Prusia y Rusia para debilitar la influencia de Austria y arruinar al canciller Alekséi Bestúzhev-Ryumin, consejero de la zarina Isabel, que era un conocido partidario de la alianza ruso-austríaca. Además, a la emperatriz le gustaba esa familia, ya que ella había estado prometida al tío materno de Catalina, Carlos Augusto de Holstein-Gottorp, que había muerto de viruela en 1727 antes de que se casaran. Asimismo, Catalina era joven y carecía de experiencia política, por lo que posiblemente no representaba mayor peligro para el trono ruso. Por su parte, Catalina, que entonces tenía 14 años, comprendía lo que estaba en juego. Lejos de ignorar el prestigio y el poder asociados a su futuro estatus, hizo caso omiso de las dudas de su madre.

En febrero de 1744, Catalina y su familia fueron recibidos por un gran fasto en Moscú, conociendo a la zarina Isabel I en el palacio de Annenhof, entonces residencia de la familia imperial. Allí mismo le fue concedido el título de Gran Duquesa Catalina Alekseyevna.

La intriga diplomática casi fracasa, en gran medida debido a la intervención de la madre de Catalina, Juana Isabel, una inteligente y ambiciosa mujer. La imagen histórica de la madre de Catalina ha quedado como la de una mujer emocionalmente fría, así como una trepadora social que amaba las intrigas y los chismes de la corte. Juana estaba tan cegada por la ambición de convertir a su hija en emperatriz de Rusia que logró enfurecer a la zarina Isabel, la cual la obligó a salir del país, acusándola de espiar para el rey de Prusia. No obstante, a Isabel siempre le gustó la hija, y finalmente el matrimonio se celebró en 1745.

Al llegar a Rusia en 1744 a la edad de 15 años, la princesa Catalina no escatimó esfuerzos para congraciarse no solo con la emperatriz Isabel y con su marido, Alekséi Razumovski, sino también con el pueblo ruso. Se dedicaba con tal celo a aprender la lengua rusa que se levantaba por la noche y caminaba descalza para repasar las lecciones. Esto dio lugar a que tuviera un grave ataque de neumonía en marzo de 1744. Cuando escribió sus memorias, describió cómo había formado su mente al llegar a Rusia para hacer todo lo que fuese necesario y profesar en todo lo que se requiriera de ella a fin de estar calificada para llevar la corona. Aunque llegó a dominar el idioma, conservó un acento alemán que nunca pudo perder.

Catalina recordó en sus memorias que, nada más llegar a Rusia, enfermó de una pleuritis que casi la mata. Atribuyó su supervivencia a las frecuentes sangrías, llegando en un solo día a recibir hasta cuatro flebotomías. La oposición de su madre a esta práctica le valió el desagrado de la emperatriz. Cuando la situación de Catalina parecía desesperada, su madre Juana quiso que recibiera a un pastor luterano. Sin embargo, al despertar de su delirio, Catalina al parecer le dijo: «No quiero a ningún luterano; quiero a mi padre ortodoxo». Esto elevó aún más la estima que le tenía la emperatriz.

Su padre, un devoto luterano, se opuso firmemente a la conversión de su hija a la Iglesia ortodoxa rusa, condición necesaria para contraer matrimonio con un príncipe ruso, pero a pesar de sus instrucciones, el 28 de junio de 1744 fue bautizada con el nombre de Catalina (Yekaterina o Ekaterina) y el patronímico Alekséyevna (hija Alekséi) según la costumbre rusa, de manera que quedó convertida en tocaya de Catalina I, madre de Isabel y abuela materna de Pedro III. El compromiso tuvo lugar al día siguiente, cuando se convirtió en «Gran Duquesa y Alteza Imperial». Al año siguiente se celebraron los esponsales, y Catalina se casó con el gran duque Pedro el 21 de agosto de 1745 en San Petersburgo. Catalina acababa de cumplir 16 años, y su padre no viajó a Rusia para la boda. Los recién casados se instalaron en el palacio de Oranienbaum, que fue la residencia de la «joven corte» durante 54 años.Desde allí gobernaron el ducado de Holstein-Gottorp (que ocupaba menos de un tercio del actual estado alemán de Schleswig-Holstein, incluso con la parte de Schleswig ocupada por Dinamarca) para adquirir experiencia para gobernar Rusia.

El golpe de Estado de 1762