Alfonso VII de León, llamado «el Emperador»Se le llama Alfonso VII “el Emperador” en el título de la crónica oficial de su reinado: Chronica Adefonsi Imperatoris, véase L. Sánchez Belda (ed.) Chronica Adefonsi Imperatoris, edición y estudio. Madrid, 1950. (Caldas de Reyes, 1 de marzo de 1105-Santa Elena, 21 de agosto de 1157), fue rey de León y emperador de Hispania entre 1126 y 1157. Hijo de la reina Urraca I de León y del conde Raimundo de Borgoña, fue el primer rey leonés miembro de la casa de Borgoña, cuya línea legítima derivada del matrimonio de Alfonso VI y Constanza de Borgoña, se extinguió tras el asesinato de Pedro I en 1369, lo que posibilitó la sucesión al trono de la línea extramatrimonial de los hijos que tuvo Alfonso XI con Leonor de Guzmán en la persona de Enrique II de Castilla, primer rey Trastámara.
Retomando la vieja idea imperial de Alfonso III y Alfonso VI, el 26 de mayo de 1135 fue coronado Imperator totius Hispaniae (emperador de Hispania) en la Catedral de León, recibiendo homenaje, entre otros, de su cuñado Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona.
Biografía Origen y familia Alfonso era el segundo hijo de la reina Urraca, hija de Alfonso VI de León, y de su primer esposo, Raimundo de Borgoña. Nació el 1 de marzo de 1105, apenas dos años antes de la muerte de su padre en septiembre del 1107. Tenía una hermana mayor, Sancha, que había nacido antes del 1095. Durante su niñez, en el marco de los conflictos dinásticos, el infante fue acogido y protegido en el priorato benedictino de San Julián de Moraime (Mugía), en tierras del conde Pedro Froilaz y bajo el cuidado del abad Ordoño, hecho que el propio Alfonso recordaría al conceder en 1119 el privilegio que erigía a Moraime en «coto».
Conflictos en Galicia
Tras la muerte de su padre, Raimundo de Borgoña en 1107, y de su abuelo Alfonso VI en 1109, su madre Urraca contrajo un nuevo matrimonio para poder acceder a los tronos del reino de León y del reino de Castilla. El elegido por Alfonso VI resultó ser el rey aragonés Alfonso I el Batallador y provocó el rechazo de amplios sectores de la nobleza. Entre los contrarios a este enlace matrimonial se destacaron los nobles gallegos, encabezados por el obispo de Santiago de Compostela, Diego Gelmírez, y el tutor del infante, Pedro Froilaz, conde de Traba, quienes proclamaron y coronaron a Alfonso Raimúndez con siete años de edad como rey de Galicia en una ceremonia solemne celebrada en la catedral de Santiago el 17 (o 19) de septiembre de 1111.
Entre los contrarios a este enlace matrimonial se destacaron los nobles gallegos, debido a la pérdida del entonces infante de cinco años Alfonso Raimúndez de los derechos al trono del reino de León tras el pacto matrimonial firmado entre Urraca y Alfonso I de Aragón, que estipulaba que los derechos de sucesión pasarían al hijo que pudieran tener. La nobleza gallega encabezada por el obispo de Santiago de Compostela, Diego Gelmírez, y el tutor del infante, Pedro Froilaz, el conde de Traba, se rebelaron y el ayo del joven príncipe proclamó a Alfonso Raimúndez con siete años de edad rey de Galicia el 17 de septiembre de 1111, lo que obligó a Alfonso el Batallador a intervenir para restablecer el orden. Es discutido el sentido de esta proclamación, sin que pueda dilucidarse si se pretendía con ello establecer un reino independiente o no; es más probable que simplemente se tratara de otorgar la categoría de correinante a Alfonso Raimúndez con un grado igual al de su madre. La inhábil política de Gelmírez al no facilitar la sumisión de Portugal, cerró el camino para el triunfo de la revuelta, que obtuvo apoyo entre la nobleza gallega, pero que también generó opositores entre los sectores partidarios de Alfonso el Batallador, como ocurrió en Lugo. El Batallador actuó en Galicia, pues estaba incorporada de derecho a su reino por las capitulaciones matrimoniales, que establecían que el hijo de Alfonso y Urraca podría reinar en la mayoría de los territorios de la España cristiana: Aragón, Pamplona, León y Castilla; a excepción solo del condado de Barcelona y otros condados pirenaicos, como el de Urgel.
Alfonso I, finalmente, se dirigió contra los partidarios de Alfonso Raimúndez derrotándolos en Villadangos en octubre o noviembre de 1111 con la ayuda del conde de Portugal, Enrique de Borgoña, tío de Alfonso VII. Con esta victoria el Batallador desbarató el intento político del obispo de Santiago de Compostela y sus partidarios, capturó a Pedro Froilaz (que sería liberado poco después) y debilitó a sus oponentes. Sin embargo, Gelmírez y Alfonso Raimúndez consiguieron huir. La actitud de Urraca I en todo el conflicto es discutida, mientras que la Historia compostelana (que es una fuente parcial, pues se trata de una biografía dedicada a exaltar la política del obispo Gelmírez) señala que Urraca estuvo de acuerdo con la coronación de Alfonso Raimúndez (pese a que ello hubiera supuesto aceptar una corregencia dirigida por Gelmírez y sus colaboradores), existe un documento que manifiesta que el 2 de septiembre de 1111 (solo quince días antes del acto de la proclamación de su hijo como rey de Galicia) Urraca firmaba en Burgos junto con su esposo Alfonso el Batallador una donación a favor del monasterio de Oña, y en octubre lo hacía del mismo modo en otra suscrita en Briviesca. Ambos documentos fueron redactados por el canónigo de Santiago de Compostela, cuyo cargo lo hace cercano al obispo, por lo que el juego de alianzas políticas dista de ser sencillo.
Señor al sur del Duero En 1116 Urraca hizo una jugada maestra para debilitar tanto al rey aragonés como a sus opositores leoneses: cedió el gobierno de los territorios al sur del Duero, dominados en esencial por el Batallador, a su hijo. Alfonso marcharía a Toledo, donde quedaría bajo la tutela del fiel arzobispo Bernardo, se alejaría de sus problemáticos partidarios gallegos y disputaría la región al monarca aragonés. A finales de noviembre de ese año, Alfonso ya se hallaba al sur del Duero. El 16 de noviembre de 1117, entró en Toledo; la ciudad dejó de estar dominada por el Batallador y la zona volvió a someterse fundamentalmente a Urraca. El joven Alfonso, por su parte, comenzó a emplear el título de emperador.
El 25 de mayo del 1124 se encontraba en Santiago de Compostela, donde el obispo Gelmírez le armó caballero, ceremonia mediante la cual alcanzó la mayoría de edad. Aunque su madre no estuvo presente, parece que el acto contó con su anuencia.
Cuando su madre falleció el 8 de marzo del 1126 en Saldaña, Alfonso se encontraba en el cercano Sahagún. Al día siguiente, marchó a León para recibir la sumisión de la nobleza, el clero y el pueblo. Salvo en el caso del castillo leonés, que hubo de tomarse al asalto, el reconocimiento de la autoridad de Alfonso fue general y rápido.
Rey de León El 10 de marzo de 1126, tras la muerte de su madre, Alfonso VII fue coronado rey de León en la catedral de León y de inmediato emprendió la reclamación de Castilla, donde su padrastro, Alfonso I de Aragón, contaba con importantes guarniciones militares que le aseguraban su dominio. Entre estas destacan Burgos y Carrión de los Condes, cuya población se decanta por el nuevo rey y en 1127 entregan las plazas a Alfonso VII.
Alfonso el Batallador reacciona y se dirige contra Alfonso VII al frente de un numeroso ejército. Ambos se encuentran en el valle de Támara. Sin embargo, no se produce un enfrentamiento entre los ejércitos debido a que los dos monarcas tienen situaciones más graves a las que hacer frente: Alfonso VII debe atender las veleidades territoriales de su tía Teresa de León y Alfonso I, a las amenazas de los almorávides. Se llega entonces a un acuerdo que se plasma en un pacto conocido como las Paces de Támara, en el que se establecen las fronteras entre el reino leonés y el aragonés, volviendo a los límites fijados por Sancho III el Mayor, y se zanjan las disputas entre ambos firmantes renunciando el monarca aragonés al título de emperador, que había utilizado entre 1109–1114 tras su matrimonio con Urraca I de León. Este matrimonio se había anulado al considerarse que no fue consumado, por lo que la unión dinástica los reinos peninsulares cristianos —a excepción de Portugal— no tuvo lugar hasta el reinado de los Reyes Católicos (unión dinástica, no propiamente de los reinos, que permanecieron independientes, con cortes propias, así como los diversos estados de Aragón, de los que Isabel I no fue reina).
Tras el pacto alcanzado con el rey de Aragón, Alfonso VII se dirige hacia Galicia desde donde se interna en el condado Portucalense, que rige su tía Teresa, y tras arrasarlo vuelve a León para casarse con Berenguela, hija de Ramón Berenguer III, en 1128.
Ese mismo año logra que su tía Teresa de León reconociera su soberanía, aunque dicho reconocimiento sería efímero porque el 24 de junio Teresa se ve obligada a huir a Galicia cuando su hijo, Alfonso Enríquez, la derrota en la batalla de San Mamed, que será el origen de la futura independencia del reino portugués.
En 1130 depone a los obispos de León, Salamanca y Oviedo, que se habían opuesto a su matrimonio con Berenguela. Esto provoca el rechazo de parte de la nobleza, encabezada por Pedro González de Lara, Beltrán de Risnel y Pedro Díaz de Aller, que se rebela contra el monarca y toma Palencia. Alfonso VII acude a la ciudad y restablece el orden apresando a los cabecillas.
Aspiraciones territoriales miniaturadeimagen|Imperio leonés en 1150. miniaturadeimagen|Óbolo de Alfonso VII con la leyenda "Imperator Leoni". Tras la muerte sin descendencia del rey de aragoneses y pamploneses Alfonso I el Batallador (1134), Alfonso VII reclamó el trono de su padrastro alegando para ello ser tataranieto de Sancho III el Mayor. La candidatura de Alfonso no fue aceptada ni por los nobles aragoneses, que nombraron rey de Aragón al hermano de Alfonso I, Ramiro II el Monje, ni por los nobles pamploneses, que eligieron como rey de Pamplona a García Ramírez. A pesar de ello, Alfonso ocupa La Rioja y Zaragoza, ciudad esta última que entregaría al recién nombrado rey aragonés a cambio de su juramento de vasallaje.
Posteriormente, apoyado por nobles del norte de los Pirineos, controló amplios territorios del sur de Francia, llegando hasta el río Ródano, lo que le valió para retomar la vieja idea imperial de Alfonso III y, el 26 de mayo de 1135, se hace coronar, en la catedral de LeónImperator totius Hispaniae (Emperador de toda España) por el obispo Arriano ante Guido de Vico, legado del papa Inocencio II. En dicha ceremonia recibirá el homenaje, entre otros, de su cuñado Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona, de su primo tercero el rey García Ramírez de Pamplona, del conde Alfonso Jordán de Tolosa, su primo hermano, y de otros señores y embajadores de Gascuña y del Mediodía francés, como el conde de Cominges, el conde de Foix (su concuñado) y el señor de Montpellier, de Ermengol VI de Urgel —vinculado con Castilla y desposado con una hija del conde Ansúrez—, y de representantes de varios de los principales linajes musulmanes, como el caudillo ismaelita Sayf al-Dawla, más conocido como Zafadola. No asisten su también primo hermano Alfonso Henríquez ni el rey aragonés Ramiro II de Aragón, su tío en tercer grado, con el que se encuentra enemistado por la ocupación de Zaragoza.
Estas ceremonias de homenaje no deben confundirse con el vasallaje, conceptos diferentes y con rituales muy establecidos. En el homenaje los soberanos no cedían soberanía ni se comprometían a entregar tributos, sino que establecían una alianza política y militar que en general se traducía en compromisos matrimoniales. De hecho, era habitual prestar homenaje simultáneamente a más de un monarca.