Autorretrato pintando a María Antonieta es un óleo sobre lienzo de Élisabeth Vigée Le Brun, de 1790. Pertenece a la colección de los Uffizi de Florencia. Muestra a la artista con una túnica de seda negra y una faja roja, deteniéndose a media pincelada ante una imagen delineada, fusionando la elegancia rococó con la claridad neoclásica. La pintó en Roma tras huir de Francia para escapar de la Revolución Francesa en 1789. Con la obra demostraba su apoyo a la reina de Francia, María Antonieta. Tenía intención de donarla al gran duque de Toscana para su galería de autorretratos de artistas.

Historia Tras huir de París, su ciudad natal, Le Brun llegó a Italia en noviembre de 1789. Visitó la Galería de los Uffizi y le cautivó la colección de autorretratos del príncipe Leopoldo de Médici. En concreto, se inspiró en un autorretrato de Angelica Kauffmann, cuyo talento admiraba y con la que también se identificaba pues ambas eran jóvenes prodigios exitosas y cuyos maridos libertinos las arruinaron económicamente.

Los responsables de los Uffizi invitaron a Le Brun a añadir su autorretrato a la colección. El honor y la sensación de inferioridad que sintió ante esta invitación se evidencian al admitir la artista su "limitada erudición" comparada con los titulares de la colección de retratos.

Empezó a pintarlo en diciembre de 1789 en un apartamento del Palacio Mancini en Roma, sede de la Academia de Francia. Dijo: "Inmediatamente después de mi llegada a Roma, hice mi retrato para la galería de Florencia. Me pinté con una paleta en la mano, frente a un lienzo en el que estaba dibujando a la reina con tiza blanca". La obra se completó en dos mes y medio.

En abril de 1790, Le Brun viajó a Nápoles, llevando consigo ese autorretrato. En 1791, Lord Bristol le encargó una réplica, pero que representara a Julie, la hija de Le Brun, en lugar de María Antonieta.

Tras su regreso a Roma envió su autorretrato a los Uffizi, en Florencia. La pintura entusiasmó y Le Brun fue elogiada por la Academia de San Luca en Roma. En abril de 1792, visitó su obra en los Uffizi, pero le decepcionó la altura a la que estaba colgada y la proximidad a las obras circundantes.

Descripción thumb|185px|Autorretrato con su hija, Julie, Elisabeth Vigée Le Brun, 1786. thumb|181px|Autorretrato con dos círculos, Rembrandt, 1665-69. Le Brun aparece con la misma sonrisa cálida y cautivadora de sus primeros autorretratos (como su Autorretrato con Julie, Ternura Maternal). Mira al espectador, con una refinada túnica de seda negra, que muestra su elevada posición social, acentuada por una faja roja brillante en la cintura. Sobre sus rizos castaños, una tela blanca parecida a un turbante, que evoca los tocados habituales en los autorretratos de Rembrandt.

El sencillo vestido negro contrasta con el cuello de encaje para enfatizar la elegante curva del cuello. Se imagina frente a su caballete sosteniendo un lienzo con el contorno en tiza blanca de María Antonieta, de quien fue retratista oficial. En su mano izquierda, un puñado de pinceles y una paleta, y la mano derecha se representa justo antes de tocar el lienzo con el pincel.

Estilo Para esta obra Le Brun se inspiró en la escuela boloñesa, estilo artístico italiano de principios del . La creó en el momento de transición entre los períodos rococó y neoclásico, añadiendo elementos de ambos estilos.

Materiales y técnicas La obra se realizó con óleo sobre lienzo. Le Brun usó un pincel de tejón para crear una suave gradación de luz y sombra. Dio pinceladas más densas en los detalles de encaje y lino, con más material sobre el lienzo para crear mayor dimensión. Su paleta de colores limitada resalta las zonas más saturadas del cuadro.

Interpretación Aunque el Autorretrato pintando a María Antonieta se lo encargaron a Le Brun tras huir de su país natal, la leve sonrisa en sus labios solo muestra serenidad y gracia. Describe así su estado emocional al arribar a Roma, en sus memorias: «Ya no podía pintar más; mi espíritu destrozado, herido por tantos horrores, se encerró por completo en mi arte». La serenidad del retrato no sugiere ni su miedo ni su desesperación, sino un desafío y una seguridad en sí misma. Los críticos han anotado que los autorretratos de Le Brun muestran con frecuencia cierta prepotencia, sin la cruda introspección de la obra de Rembrandt.

Los tenues contornos de María Antonieta en esta pintura recuerdan la posición de su autora como retratista oficial de la reina. La presencia real ratifica la lealtad de De Brun a María Antonieta, frente la agitación política de la Revolución Francesa. Representarse a sí misma pintando a la monarca reafirmaba su afiliación real.

Referencias

Categoría:Autorretratos Categoría:Cuadros de 1790 Categoría:María Antonieta de Austria Categoría:Cuadros de pintoras de Francia Categoría:Cuadros de Marie-Louise Élisabeth Vigée-Lebrun