La Malinche (), también conocida como Doña Marina o Malintzin, fue una mujer nahua que desempeñó un papel fundamental durante la conquista española del Imperio mexica. Tras haber sido entregada como esclava a los españoles en 1519, pasó a formar parte de la expedición de Hernán Cortés, para quien actuó como intérprete, traductora y asesora en las negociaciones con distintos pueblos indígenas. Su dominio del náhuatl y el maya permitió establecer la comunicación entre los conquistadores y las sociedades mesoamericanas, convirtiéndola en una de las figuras más relevantes de la conquista de México.
Se conocen pocos datos sobre sus primeros años. Las fuentes coloniales coinciden en que nació en la región del actual sur de Veracruz y que pertenecía a una familia noble antes de ser vendida o entregada como prisionera durante su infancia. Después de ser bautizada con el nombre de Marina, acompañó a Cortés durante gran parte de la campaña militar, participó en encuentros diplomáticos con diversos señoríos indígenas y estuvo presente en acontecimientos decisivos, como la llegada a Tenochtitlan, la matanza de Cholula y la caída del Imperio mexica. De su relación con Cortés nació Martín, considerado uno de los primeros mestizos de la Nueva España.
Su actuación durante la conquista ha sido objeto de interpretaciones contrapuestas desde el . Mientras algunos cronistas españoles destacaron su inteligencia, habilidad lingüística y capacidad diplomática, con el tiempo surgió una imagen que la identificó como responsable de la derrota mexica y símbolo de la traición. Esta visión se consolidó especialmente tras la publicación de El laberinto de la soledad (1950), de Octavio Paz, aunque investigaciones historiográficas posteriores han cuestionado esa interpretación al señalar las limitaciones de las fuentes y el contexto de violencia y subordinación en el que desarrolló su actuación.
A partir de la segunda mitad del , historiadoras, escritoras y estudiosas feministas y chicanas comenzaron a reinterpretarla desde nuevas perspectivas. En lugar de presentarla exclusivamente como una traidora, la describieron como una mujer que sobrevivió a circunstancias extraordinarias y cuya capacidad como intérprete y negociadora le permitió desenvolverse entre dos mundos enfrentados. Estas revisiones también han analizado su construcción simbólica en relación con la Virgen de Guadalupe y la Llorona, así como su influencia en los debates sobre el mestizaje, la identidad nacional y el papel de las mujeres en la historia de México. Su figura ha ejercido una amplia influencia en la cultura mexicana e hispanoamericana. Ha sido representada en la literatura, la pintura, la danza, la ópera, el teatro musical, el cine, la televisión y la música popular, además de dar nombre a uno de los volcanes más emblemáticos de México. En el , su legado ha continuado siendo objeto de atención académica e institucional, reflejado en iniciativas de reconocimiento público como la inauguración, en 2026, de una escultura dedicada a Malintzin en el Paseo de las Heroínas de la Ciudad de México, dentro de un proceso más amplio de resignificación histórica de su legado.
Nombre La Malinche es conocida por diversos nombres, aunque se desconoce cuál fue su nombre original. Tras ser bautizada en la Iglesia católica, recibió el nombre cristiano de Marina, precedido con frecuencia por el tratamiento de «doña». Los nahuas la llamaban Malintzin, nombre derivado de Malina, adaptación al náhuatl de su nombre en español, junto con el sufijo honorífico . Según la historiadora Camilla Townsend, en ocasiones se añadía al final el sufijo vocativo , dando lugar a la forma Malintzine, que posteriormente se habría abreviado a Malintze y que los españoles habrían interpretado como Malinche. Otra posibilidad es que estos últimos simplemente no percibieran la «susurrada» del nombre Malintzin.
Durante mucho tiempo se asumió que Tenepal formaba parte de su nombre. En las anotaciones que el historiador nahua Chimalpahin realizó en su ejemplar de la biografía de Cortés escrita por Francisco López de Gómara, empleó repetidamente la forma Malintzin Tenepal para referirse a ella. Según la lingüista e historiadora Frances Karttunen, Tenepal probablemente deriva de la raíz náhuatl tene, que significa «poseedor de labios» o «quien habla con elocuencia», o bien «quien tiene facilidad de palabra», y de la posposición , que significa «por medio de». James Lockhart, por su parte, sostiene que Tenepal podría derivar de tenenepil, que significa «la lengua de alguien». En cualquier caso, Malintzin Tenepal parece haber sido una traducción literal del sobrenombre español doña Marina la lengua, donde la lengua, empleado con el sentido de «la intérprete», constituye su sobrenombre en español.
Al menos desde el , se creyó que originalmente se llamaba Malinalli, palabra náhuatl que significa «hierba» y corresponde al signo del día en el que supuestamente nació. De ser así, Marina habría sido elegido como su nombre de bautismo por su semejanza fonética. Sin embargo, los historiadores modernos han rechazado esta hipótesis de carácter mítico, al señalar que los nahuas asociaban el signo calendárico Malinalli con connotaciones negativas o «malignas», y que evitaban emplear este tipo de signos como nombres personales. Además, es poco probable que los españoles preguntaran a los indígenas cuáles eran sus nombres antes de bautizarlos con nuevos nombres correspondientes a santos católicos.
Biografía Primeros años miniaturadeimagen|Códice Azcatitlan: Hernán Cortés y la Malinche (extrema derecha), manuscrito pictográfico indígena de principios del sobre la conquista de México. Se desconoce la fecha de nacimiento de la Malinche, aunque se estima que fue hacia 1500 y probablemente no después de 1505. Nació en un altépetl que formaba parte de un Estado mesoamericano o era tributario de este, cuyo centro se ubicaba en la ribera del río Coatzacoalcos, al este del Imperio mexica. Las fuentes discrepan respecto al nombre exacto del altépetl donde nació. En tres procesos judiciales independientes celebrados poco después de su muerte, varios testigos que afirmaron haberla conocido personalmente, entre ellos su hija, declararon que había nacido en Olutla. La probanza de su nieto también señaló a ese sitio como su lugar de nacimiento. Su hija añadió que el altépetl de Olutla estaba relacionado con Tetiquipaque, aunque se desconoce la naturaleza de esa relación. En el Códice Florentino, la tierra natal de la Malinche aparece como «Teticpac», que muy probablemente corresponde a la forma singular de Tetiquipaque. Gómara escribió que procedía de «Uiluta» (presumiblemente una variante de Olutla), aunque erróneamente situó ese lugar en la región de Jalisco, que para entonces pertenecía al Imperio purépecha, por lo que esa identificación resulta muy poco probable. Bernal Díaz del Castillo, por su parte, señaló a «Painalla» como su lugar de nacimiento.
Según diversas fuentes, pertenecía a una familia noble. Gómara afirma que su padre estaba emparentado con un gobernante local, mientras que Díaz sostiene que sus padres eran gobernantes. Townsend señala que, aunque es probable que Olutla tuviera entonces una población mayoritariamente hablante de popoluca, la élite gobernante —a la que presuntamente pertenecía la Malinche— hablaba náhuatl. Otro indicio que respaldaría su origen noble es su aparente capacidad para comprender el tecpillahtolli («habla señorial»), un registro del náhuatl considerablemente distinto del habla común y que debía aprenderse de manera específica. Asimismo, el hecho de que con frecuencia se la llamara doña, tratamiento que en la España de la época rara vez se aplicaba a personas ajenas a la aristocracia, sugiere que era considerada una mujer noble. No obstante, también es posible que los españoles le otorgaran ese tratamiento en reconocimiento de la importancia de su papel durante la conquista.
Probablemente tenía entre ocho y doce años cuando fue vendida o secuestrada para ser esclavizada. Díaz escribió que, tras la muerte de su padre, su madre y su padrastro la entregaron a unos mercaderes para que el hijo de ambos —medio hermano de la Malinche— heredara los derechos sucesorios. Historiadores, especialistas y críticos literarios han puesto en duda este relato sobre sus orígenes, en gran medida debido al marcado énfasis que Díaz otorga al cristianismo en su narración de los acontecimientos. En particular, Sonia Rose de Fuggle sostiene que Díaz recurre en exceso al polisíndeton —recurso que imita la estructura sintáctica de numerosos relatos bíblicos— y que, en términos generales, presenta a la Malinche como una mujer cristiana ideal. Townsend, en cambio, considera probable que algunos miembros de su propio pueblo participaran en su venta como esclava, independientemente de las razones que los motivaron. Posteriormente fue llevada a Xicalango, una importante ciudad portuaria de la región. Más tarde fue adquirida por un grupo de mayas chontales, quienes la llevaron a la ciudad de Potonchán. Allí comenzó a aprender la lengua maya chontal y, posiblemente, también la variante yucateca. El dominio de estas lenguas le permitió más adelante comunicarse con Jerónimo de Aguilar, otro de los intérpretes de Hernán Cortés, quien hablaba maya yucateco además de su lengua materna, el español.
Participación en la Conquista de México En los primeros compases de su expedición a México, Cortés se enfrentó a los mayas en Potonchán. En la batalla que siguió, los nativos sufrieron numerosas bajas y solicitaron la paz. Durante los días siguientes entregaron a los españoles alimentos, oro y veinte mujeres esclavizadas como presentes, entre ellas la Malinche. Las mujeres fueron bautizadas y repartidas entre los hombres de Cortés, quienes esperaban utilizarlas como sirvientas y disponer de ellas sexualmente. La Malinche fue entregada a Alonso Hernández Portocarrero, uno de los capitanes de Cortés, quien era primo hermano del conde de Medellín, ciudad natal del conquistador.
Sus habilidades lingüísticas salieron a la luz cuando los españoles entraron en contacto con hablantes de náhuatl en San Juan de Ulúa. Los emisarios de Moctezuma habían acudido para averiguar quiénes eran aquellos recién llegados, pero Aguilar no podía comprenderlos. Según Gómara, cuando Cortés descubrió que la Malinche podía comunicarse con ellos, le prometió «más que la libertad» si lo ayudaba a localizar a Moctezuma y a establecer comunicación con él. Entonces Cortés la tomó a su servicio, apartándola de Portocarrero. Con la ayuda de Aguilar y la Malinche, Cortés conversó con los emisarios de Moctezuma. Estos también iban acompañados de artistas encargados de pintar a Cortés, al resto de la expedición, así como sus embarcaciones y armas, para enviar esos registros a Moctezuma. Años después, Díaz escribió que los nahuas llamaban «Malinche» a Cortés, pues tomaban a la intérprete como punto de referencia para identificar al grupo de españoles.