La Expedición antártica uruguaya de 1916 también denominada Expedición Nacional al Surhttps://www.gub.uy/ministerio-defensa-nacional/sites/ministerio-defensa-nacional/files/documentos/publicaciones/Resena-historica_0.pdf fue una misión de rescate organizada por Uruguay para socorrer a los tripulantes del Endurance de Ernest Shackleton, que permanecían varados en la Isla Elefante en la Antártida. Zarpó de Montevideo el 9 de junio de 1916 a bordo del buque pesquero Instituto de Pesca Nº 1, al mando del Teniente de Navío Ruperto Elichiribehety, y tras alcanzar la isla debió regresar sin desembarcar a causa de la barrera de hielo que la rodeaba, retornando el 14 de julio a Montevideo, donde fueron recibidos como héroes.
La expedición, además de de su misión de rescate antártico, participó en la búsqueda del Argos, un vapor carguero argentino desaparecido en destino a las Islas Georgias del Sur. También cumplió tareas de investigación científica, registrando datos meteorológicos y tomando muestras de agua, bajo directivas del meteorólogo uruguayo Hamlet Bazzano, primer investigador antártico uruguayo.
Como parte del trabajo científico se les encargó con termómetros de alta precisión, psicrómetros e instrumental para extraer muestras de agua y medir su temperatura diferentes profundidades. También con botellas que serían lanzadas al agua con documentación en su interior indicando fecha y posición, que eran de uso normal para estudiar las corrientes marinas.
Antecedentes En 1914, el explorador inglés Sir Ernest Shackleton llevó a cabo una nueva expedición al Polo Sur y quedó atrapado en los hielos antárticos al llegar al mar de Weddell. miniaturadeimagen|276x276px|Vista del lugar donde se encontraban los 22 tripulantes del Endurance varados en Isla Elefante. La presión de la masa helada trituró el casco del Endurance y los tripulantes debieron refugiarse en un témpano que estuvo meses a la deriva. En abril de 1916 lograron alcanzar la Isla Elefante y desde allí Shackleton, con algunos de sus hombres, logró arribar a las Malvinas, desde donde envió una solicitud de auxilio para rescatar a los que aún continuaban en la isla.
Ante la ausencia de auxilio inmediato en plena Primera Guerra Mundial, Uruguay, a pesar de carecer de barcos adecuados para el hielo, se ofreció a efectuar el rescate, destinándose para ello el pequeño vapor Instituto de Pesca Nº 1.
Preparativos En tres días se preparó el buque, se reforzó la proa con chapas y las cámaras de pescado aisladas para el frío se transformaron en alojamientos. Además se instaló un sistema de calefacción, una estación de radio con 200 millas de alcance y un cañón de tiro rápido a fin de emitir señales o romper los hielos.
Entre las provisiones se cargaron aceites, grasas y manteca, carnes saladas, café, licores, pieles, frazadas, botas, buzos gruesos de lana, chapas, maderas, repuestos y herramientas, en total unas 250 toneladas, lo calculado para 3 meses de expedición.
Al mando de la misión se designó al Alférez de navío Ruperto Elichiribehety, un joven de 28 años que se había ofrecido como voluntario. Junto a él viajaron otros 32 hombres con distintas especializaciones: médicos, radiotelegrafistas, cocineros, marineros, carpinteros, foguistas y carboneros, entre otros. El director meteorológico nacional, agrimensor Hamlet Bazzano, dio además instrucciones para una serie de estudios climatológicos y oceanográficos que inaugurarían la historia científica local en el continente blanco.
El buque Instituto de Pesca Nº 1 Esta nave, de acero y propulsada por una caldera a vapor alimentada a carbón, se llamó originalmente Princess Royal y fue construida en Aberdeen, Escocia para ser destinada a la pesca en el mar del Norte en 1906. En diciembre de 1912 pasó a la empresa "La Pescadora Argentina" y fue rebautizada Diez. Tiempo después fue adquirida por el Instituto y Estación de Pesca del Uruguay por 8.000 libras el 1º de diciembre de 1914.
Sus características eran:
Eslora máxima: 45,62 m Manga máxima: 7,05 m Puntal: 3,65 m Tonelaje total: 339,52 t (152,79 t netas)
Tripulación El Teniente de Navío Ruperto Elichiribehety ofreció sus servicios a la iniciativa de rescate y fue designado al mando de la misión. Mientras que la oficialidad que le secundó en esa campaña estaba integrada por:
Alférez de Navío Arnoldo Pedro Campo: nacido en Rivera en abril de 1884. Integraba la Plana Mayor del crucero Montevideo cuando manifestó su voluntad de unirse a la partida salvadora. Integrante de la Promoción N.º 2 de la Escuela Naval, egresó en 1910. Alférez de Navío Juan José San Martín: salteño, de veinticuatro años. Había revistado como soldado del Batallón de Infantería N.º 4 antes de ingresar a la Marina Militar y se encontraba destinado en el cañonero 18 de Julio cuando se aceptó su ofrecimiento para participar en la expedición. Integrante de la Promoción N.º 4 de la Escuela Naval, egresó en 1914. Jefe de Máquinas Ramón Folch: Alférez de Navío asimilado que servía a bordo del crucero Montevideo tras haberlo hecho en la vieja cañonera General Rivera, en cuya trágica voladura resultó lesionado. Alférez de Navío Héctor Castells: joven barcelonés de nacimiento, integrante de la Promoción Nº 3 de la Escuela Naval, egresado en 1911.
Hasta la noche previa a la zarpada, todas las fuentes de información coinciden en reconocer la presencia a bordo del Instituto de Pesca Nº 1 de Elichiribehety, Camps y San Martín, así como también de Folch Bonafont. Sin embargo, la Plana Mayor no estaría completa hasta la mañana del mismo día en que el vapor zarpó para el sur, cuando se le sumó Castells Caraf.
El riesgo supuesto por la empresa que se iba a acometer hizo insoslayable la necesidad, entre otras, de contar con auxilio sanitario a bordo, y al efecto la Asistencia Pública envió al practicante Oscar Rodríguez Rocha, un adelantado estudiante de medicina que se había presentado voluntariamente para ell
El personal subalterno de la expedición se integró con hombres de la Escuadra Nacional, tripulantes originales del vapor pesquero y personal contratado:
Del crucero Montevideo (voluntarios)
Radiotelegrafista: Luis M. de los Santos Cocinero: José Vidal Cabos de Mar: Pedro Correa y Juan Villa Cabo de Cañón: Jesús Amor Marineros: Carlos Rosales y Umberto Fassolo Ayudante de carpintero: Arnaldo D'Urso Foguistas: Nicanor Breijo, Manuel Pereira y Leoncio Núñez Carboneros: Manuel Giménez y Modesto Nogueira
Del cañonero 18 de Julio
Marinero Manuel de Souza, quien ofreció servir en la expedición y fue comisionado a órdenes de Elichiribehety.
Del Instituto de Pesca N.º 1
Maquinistas 1.º y 2.º: Juan Aminore y Juan José Domínguez Contramaestre: Juan Martínez Marineros: José María Galo y Antonio Alonso Foguistas: Antonio Olivera y José López Carbonero: Domingo Alonso
Personal contratado
Enfermero: Francisco Castelar Marineros: Guillermo Thomas y Bernardo Lange
Expedición
Partida y escala en Malvinas La expedición zarpó de Montevideo el 9 de junio de 1916, arribando en una semana a Stanley, en donde embarcaron el capitán del Endurance, Frank Worsley, su segundo oficial Thomas Crean y Sir Ernest Shackleton. Este les advirtió a todos los hombres del vapor uruguayo de los peligros del viaje y de las enormes posibilidades de que no regresaran jamás y que aquel que quisiese estaba a tiempo de abandonar la misión. Sin embargo nadie bajó a tierra y luego de conocer la unánime voluntad de seguir adelante, zarpó nuevamente el 17 de junio de 1916.
Travesía hacia la Isla Elefante
Navegación y primeros hielos miniaturadeimagen|276x276px|Mapa de ubicación de la Isla Elefante Iniciada la navegación, se tomaron todas las providencias más adecuadas: además de mantener una estrecha situación del buque "a son de mar", la vigilancia y seguridad fueron motivo de medidas extraordinarias, como guardias permanentes de vigía en el nido de cuervo del trinquete. Además se reforzó la guardia de navegación, asignando a los oficiales ingleses embarcados como ayudantes de los oficiales orientales que se desempeñaban como comandantes de guardia, con rumbo casi exactamente sur, navegando en procura de la Isla Elefante.
El 20 de julio a las 23:55, la presencia de la región polar fue patente al avistarse los primeros hielos. Fue el Alférez de Navío San Martín quien divisó las masas de hielo, adelantándose al capitán Worsley que le acompañaba, hombre acostumbrado a navegar en aquellos gélidos parajes, y aun antes que el serviola diera la voz de alerta.
Entre los hielos El 21 de junio, la noche del solsticio de invierno, llegó entre los hielos antárticos el primer vapor de casco metálico que alcanzara esas latitudes.
Durante toda la noche se maniobró para evitar el abordaje de los témpanos, y recién a las 7:30 se pudo gobernar rumbo a la Isla Elefante. A las 9:30, entre las brumas polares, aparecieron las montañas de Elefante. Registrado por el jefe expedicionario:
La barrera de hielo En ese estado de exaltación llegaron a los hielos que rodeaban la isla: un cinturón de 20 millas de ancho, compacto, irregular, agrietado, insalvable. Se navegó sin éxito buscando una zona en que la faja fuera más angosta, mientras que los hielos seguían llegando desde el oeste y, al adherirse a las bandas del buque, le restaban velocidad y capacidad de maniobra, bastando poco más para que la mano helada retuviera para siempre al atrevido vapor.
Las circunstancias, parecían haber retado a los expedicionarios, que plantearon intentar el abordaje de la isla en trineo o con esquíes, según lo relató el Alférez Camps en Montevideo. En verdad, ello era imposible dado que el campo de hielo que se extendía ante ellos era de superficie muy quebrada, y en esas grietas hubieran perdido la vida cuantos intentaran cruzar la barrera helada.
Se hicieron disparos de cañón con el ánimo de hacer llegar a los náufragos un mensaje de esperanza: los estaban buscando y seguirían haciéndolo. También dejaron víveres sobre las aguas congeladas.
Consejo de oficiales y decisión de regresar El 21 de junio, cuando ya se estaba a unas 20 millas de la Isla Elefante, Shackleton planteó la vuelta a Puerto Stanley ante el peligro de la gran cantidad de bloques de hielo que amenazaba atrapar al buque oriental como había acaecido con el Endurance.
Ante la resistencia de la oficialidad uruguaya a volver sin cumplir el objetivo, se celebró un consejo. Durante el mismo el explorador inglés insistió en sus argumentaciones, pero el Teniente Elichiribehety solicitó que quedase documentado por escrito que la decisión asumida se debió a su criterio y que este se avalaba por sus argumentaciones: pocas condiciones del buque para soportar la presión de los hielos, y el peligro de haber aumentado la cantidad de témpanos, corriendo el riesgo de perecer atrapados sin poder igualmente prestar el socorro a los náufragos.
Elichiribehety , sin embargo, no juzgaba agotadas las posibilidades, recién a las 13 horas, cuando el explorador británico se opuso tenazmente a seguir y demostró con certeza la esterilidad del sacrificio inminente, se decidió a llamar a Consejo de Oficiales.
Ante sus oficiales presentó un documento redactado por Shackleton en el que se consignan las razones que obligaban a regresar. El documento está redactado en español en el original y refrendado por unos párrafos en idioma inglés. Dice así:
Regreso El casco del barco estaba afectado por encontronazos con trozos de hielo, además la baja temperatura rompió los tubos del condensador de vapor, haciendo que se debiera apagar el motor a vapor y continuar la navegación a vela. El 25 de junio se arribó de nuevo a Puerto Stanley para efectuar las reparaciones.