Felipe de Anjou (; 1276-24 de diciembre de 1331) fue un príncipe de Tarento, señor del Reino de Albania, déspota de Romania, príncipe de Acaya y emperador titular de Constantinopla. Nacido en la Casa de Anjou-Sicilia como hijo del rey Carlos II de Anjou y María de Hungría, recibió el título de príncipe de Tarento en 1294. Se casó con Tamar Ángelo Comneno, heredera del Despotado de Epiro, lo que le permitió expandir sus dominios en Grecia, adquiriendo soberanía sobre Acaya, el Ducado de Atenas y Tesalia.
Felipe participó en la guerra de las Vísperas sicilianas, pero fue derrotado y capturado en la batalla de Falconara, siendo liberado en 1302 con la Paz de Caltabellota. En 1304, intentó reclamar la herencia de Epiro, pero se encontró con la negativa de su suegra, lo que dio lugar a una guerra que terminó con un acuerdo en 1306, en el que Felipe renunció a sus pretensiones sobre Epiro. En 1309, se divorció de Tamar para casarse con Catalina de Valois-Courtenay, heredera del Imperio latino de Constantinopla, y en 1313 obtuvo el título imperial.
A lo largo de su vida, Felipe estuvo involucrado en los conflictos entre güelfos y gibelinos, apoyando a los primeros. En 1315, fue derrotado en la batalla de Montecatini, donde perdió a su hijo Carlos y a su hermano Pedro. Tras la muerte de Luis de Borgoña en 1316, Felipe luchó por la sucesión del Principado de Acaya, pero después de varias disputas familiares, fue confirmado como príncipe, aunque tuvo que cederlo a su hermano Juan de Gravina por consejo del rey Roberto I de Nápoles.
En sus últimos años, Felipe trató de expandir sus dominios en los Balcanes y obtener el Condado de Provenza para su familia, pero sus intentos fueron infructuosos. Finalmente, tras la intervención del papa y las presiones del rey, renunció a sus pretensiones sobre Provenza en favor de sus sobrinas, Juana y María. Al morir, sus títulos y derechos pasaron a su hijo Roberto, quien continuó la dinastía Anjou-Tarento.
Origen y juventud
Nacido en 1276, Felipe era el cuarto hijo de Carlos II de Anjou, rey de Nápoles, y María de Hungría. Vivió en la capital del Reino hasta los trece años bajo la tutela educativa de Étienne de La Forêt. El 3 de noviembre de 1289, su padre lo envió a la Provenza para negociar en su nombre la paz con el Reino de Aragón.
Felipe desempeñaría un papel relevante en los planes de su padre para reordenar los dominios que tenía en la Grecia latina y para ello dirigió su atención hacia el Despotado de Epiro. El hecho de tener una buena relación con este Estado cercano a sus dominios era el requisito principal para poder conservarlas. Así, en junio de 1291, CarlosII encomendó a Florencio de Henao, príncipe de Acaya, y a Pierre de l’Isle que concertara el matrimonio entre su hijo y Tamar Ángelo Comneno, hija del déspota Nicéforo I Comneno Ducas. No obstante, el emperador bizantino Andrónico II Paleólogo se opuso a estos planes y envió un ejército, que estaba asistido por una armada genovesa, para atacar la capital epirota de Arta; al principio tuvo éxito, ya que no solo pudo conquistar Ioánina, sino también Durazzo antes de emprender una retirada estratégica, pero la alianza planeada no pudo evitarse. Como incentivo para que se celebrara la boda, el rey planteó la posibilidad de conceder a su hijo el Principado de Tarento, aunque esto significaba su restauración.
El 25 de mayo de 1292, los emisarios angevinos Guillaume de Poncey y Berardo d'Atri llegaron a Epiro para concluir las negociaciones matrimoniales con Nicéforo, pero también le presentaron toda una relación de exigencias; entre ellas, que Tamar debía casarse con Felipe y vivir en el Reino de Nápoles, como había sugerido su padre a la embajada en 1291. Al mismo tiempo, tenía que transferir todo el Despotado de Epiro, incluidas conquistas posteriores, a su hija y solo se le permitía conservar el usufructo durante su vida, mientras que los castillos de Angelokastro, Vrachova, Ioánina, Naupacto y Vonitsa debían pasar a su yerno inmediatamente.
Matrimonio con Tamar de Epiro miniatura|derecha|upright|El Principado de Tarento durante la época de Felipe. Las negociaciones fueron difíciles y largas, pero a fines de 1293 se completó el acuerdo y en julio del año siguiente se firmó el compromiso de matrimonio. Además, la mitad de Epiro pasaría a manos de Felipe cuando falleciera su suegro y el resto lo heredaría a la muerte de su suegra Ana. De esta manera, Tamar se convertiría en la heredera del Despotado y aportaría los castillos exigidos por CarlosII como dote a su matrimonio con Felipe; el hijo de Ana y Nicéforo, Tomás, sería desheredado y compensado con un castillo. El rey también cumplió su parte del trato; el 16 de diciembre de 1293 firmó el acta de concesión del Principado de Tarento a su hijo, que podría legar a sus descendientes, así como grandes propiedades en el Condado de Acerra, pero que fue expedido recién el 4 de febrero de 1294 en Aix-en-Provence, fecha en que Felipe también recibió el espaldarazo que confería su dignidad de caballero.
El 13 de agosto de 1294, Felipe y Tamar se casaron en L’Aquila, con lo que finalizaba la primera fase por parte de CarlosII de crear para su hijo un dominio que se extendería en ambos lados del mar Jónico bajo la dependencia de su Reino. Al mismo tiempo, el rey también lo invistió con la isla de Corfú, la ciudad de Butrinto, la última posesión albanesa de los angevinos; asimismo, le transfirió sus derechos y reclamos de su abuelo, Carlos I de Anjou, en el Principado de Acaya, el Reino de Albania, el Ducado de Atenas y Tesalia, aunque se mantendría como el alto señor feudal en aquellas posesiones. Felipe no aceptó la designación de rey y solo adoptó los títulos de «déspota de Romania y señor del Reino de Albania». Estas acciones lo convirtieron en uno de los señores feudales más poderosos de Nápoles y percibía unos ingresos anuales dos mil onzas de oro de sus feudos.
Participación en las Vísperas sicilianas
miniatura|derecha|upright|Representación de Felipe en la batalla de Falconara (1299). Nuova Cronica - ms. Chigiano L VIII 296 - Biblioteca Vaticana.
Entre 1294 y 1295, CarlosII designó a Felipe vicario general del Reino durante sus tres periodos de ausencia; sin embargo, no pudo granjearse un buen papel político durante su gobierno. En 1299, cuando las guerras de las Vísperas sicilianas llegaron a un punto álgido, tuvo la oportunidad de proceder de manera independiente tanto en lo político como en lo militar. En junio de ese año, su padre le ordenó partir hacia Catania, en Sicilia, con cuarenta galeras como refuerzos para su hermano Roberto de Calabria, que conquistó la ciudad con el apoyo de contingentes aragoneses. Con ambos ejércitos, los hermanos marcharían contra FedericoIII de Sicilia, que acampaba con sus tropas en las cercanías de Enna. El viaje de Felipe a Sicilia había suscitado el rechazo del papa Bonifacio VIII y de los cardenales Gerardo Bianchi y Matteo Rosso Orsini.
Sin embargo, Felipe decidió actuar por su propia cuenta y cambió de rumbo, desembarcando en Trapani. Este error proporcionó a FedericoIII la oportunidad de atacar por separado a ambos ejércitos, con lo que se dirigió a Trapani, encontrándose con las fuerzas del príncipe tarentino en las cercanías de Falconara. Debido a su ventaja numérica y desaciertos estratégicos de los angevinos, el 10 de diciembre de 1299 los sicilianos les infligieron una dura derrota y capturaron a Felipe y a varios de sus dignatarios. Estuvo cautivo en Cefalú y luego fue enviado a Butera, pero pudo recuperar su libertad con la Paz de Caltabellota en 1302 y retornó a Nápoles el 16 de octubre. A su regreso de Sicilia, su padre le devolvió su feudo, que había administrado por medio de un vicario. En 1304, recibió una segunda investidura, con lo que ampliaba notablemente el Principado, y también se le otorgó la alta jurisdicción penal dentro de sus feudos.
Conflictos y cambios de poder miniatura|upright|125px|Escudo de armas de Felipe, el blasón de la Casa de Anjou con una banda argén desde la parte superior diestra del mismo hasta la inferior siniestra, como príncipe de Tarento.
En 1304, después de haber solucionado sus problemas, Felipe se enfocó en afianzar su poder en Acaya y Epiro, donde había fallecido su suegro. En abril de ese mismo año, mandó emisarios a la corte de Ana para que entregara la herencia prometida en el acuerdo matrimonial, pero esta no aceptó, ya que deseaba asegurar todo el Despotado para su hijo Tomás. Además, los funcionarios angevinos no habían respetado la religión de los nativos, el cristianismo ortodoxo, en los territorios que administraban, dado que esto contradecía la libertad de culto que habían garantizado a los epirotas. En junio de 1304, CarlosII respondió con la guerra debido a la negativa, por lo que encomendó a Felipe de Saboya, nuevo príncipe de Acaya, invadir Epiro. Luego de unas primeras victorias, Ana consiguió sobornarlo para que abandonara la campaña. Cuando el rey supo que este se había retirado a sus dominios, decidió otorgar a Felipe el gobierno sobre Acaya, por lo que fue despojado de su título el 5 de junio de 1306.
Felipe no había actuado en persona en estos acontecimientos, ya que había partido a Cataluña en julio de 1304 para escoltar a Sancha de Mallorca a Nápoles, donde se casaría con su hermano Roberto. No obstante, en el otoño de 1304, decidió comandar en persona la campaña contra Epiro. El 7 de octubre de ese año, su padre había prometido prestarle seis mil onzas y también lo designó capitán general de las provincias de Capitanata, la Tierra de Bari y la Tierra de Otranto para que pudiera disponer de los recursos de toda la Apulia, pero todo este apoyo resultó ser insuficiente. El 8 de junio de 1305, suscribió con los enviados epirotas un acuerdo por el que renunciaba a la mitad del Despotado, el cual debía haber heredado en su totalidad desde el principio.
No obstante, el tratado no se cumplió dado que los angevinos concluyeron una alianza el 18 de octubre de 1305 con Juan I Orsini, conde palatino de Cefalonia y Zacinto, para continuar con la guerra. Para poder financiar la campaña, Felipe empeñó durante un año los ingresos económicos de Naupacto por treinta y un mil hiperpirones y, con la aprobación de su padre, pudo vender parte de sus feudos a cambio de dieciséis mil onzas. A comienzos de junio de 1306, partió de Apulia con una armada, compuesta por veinticuatro galeras, que transportaba cuatro mil caballeros y seis mil hombres de armas. Este viaje se proponía dos objetivos: afianzar su poder en Acaya, donde el anterior príncipe todavía tenía derechos a pesar de haber sido depuesto, y acto seguido conquistar Epiro con el apoyo de los nobles aqueos y las mesnadas de Orsini. No encontró oposición y, tras una breve campaña contra los bizantinos de Morea que terminó en la conquista del castillo de Tripotamo, emprendió la invasión del Despotado. Sin embargo, la campaña fracasó completamente debido a que su ejército quedó diezmado por una epidemia de disentería. Tuvo que firmar de nuevo la paz con Ana, y así recuperar los castillos de Naupacto, Vonitsa y Butrinto, que habían sido ocupados.
Ambiciones políticas y desafíos miniatura|upright|izquierda|Sello de Felipe como príncipe de Tarento. A comienzos de 1307, Felipe viajó a la curia papal que se celebró en Poitiers, ya que quería reunirse con el papa Clemente V para discutir sobre sus proyectos en Romania. En mayo de ese año, el papa le dispensó los diezmos de los Condados de Provenza, Forcalquier y el Principado de Acaya. El 11 de mayo de 1307, intentó también llegar a un acuerdo con Felipe de Saboya, al que prometió que, si renunciaba a todos sus derechos sobre el Principado, recibiría a cambio el Condado de Albe, en el Reino de Nápoles. Pero, a pesar de lo pactado, Felipe no llegó a cumplir con dicho compromiso.