Txistulari (también chistulari) es la persona que toca el txistu, una flauta recta de tres agujeros característica de la tradición musical vasca y navarra. En su forma tradicional, el intérprete toca el txistu con una sola mano y utiliza la otra para percutir un tamboril, de modo que una misma persona produce simultáneamente melodía y ritmo.

La figura del txistulari actual es resultado de una larga evolución histórica. Sus antecedentes fueron músicos de flauta y tambor conocidos, según la época y el lugar, como juglares, tamborinos, tamborileros, danbolines, chunchuneros o txuntxuneros. La progresiva contratación de estos intérpretes por las administraciones locales, la consolidación de las bandas de txistularis, el asociacionismo iniciado en el y la incorporación del instrumento a conservatorios y enseñanzas superiores transformaron un oficio tradicional ligado principalmente a la danza y a la fiesta en una actividad que abarca también la docencia, la música de cámara, el concierto y la creación contemporánea.

miniatura|Grupo de txistularis.

Denominación La palabra txistulari procede del euskera txistu y el sufijo de agente -(l)ari. El Diccionario histórico de la lengua española documenta en castellano la forma chistulari desde 1896 y la grafía txistulari desde 1927. Esta última se ha impuesto progresivamente en el uso contemporáneo y el propio diccionario registra una mayor preferencia actual por ella.

El Diccionario de la lengua española conserva como lema la forma chistulari, que define como el músico que acompaña las danzas populares con chistu y tamboril. En euskera, txistulari es la forma normativa recogida por Euskaltzaindia.

La denominación moderna no debe proyectarse sin matices sobre toda la historia del oficio. Mikel Aranburu Urtasun señala que en la documentación navarra el intérprete de flauta y tambor aparece como jular o juglar, tamborín, tamborilero, tamboritero, danbolin o chunchunero, entre otras formas, antes de generalizarse la denominación txistulari. Soinuenea indica, por ejemplo, que en las relaciones de músicos contratados para los Sanfermines de Pamplona se utilizó el término juglar hasta 1874 y posteriormente se extendió txuntxunero.

Práctica musical El modelo tradicional combina una flauta de tres agujeros y un tambor tocados por una sola persona. El txistu se sostiene con una mano mientras la otra acciona la baqueta del tamboril. Esta disposición permite al intérprete ejecutar a la vez la línea melódica y una base rítmica.

Históricamente, la función del txistulari estuvo estrechamente relacionada con la danza, las romerías, las fiestas, las procesiones y el ceremonial municipal. Entre las obligaciones documentadas para músicos contratados por ayuntamientos figuran las dianas, los pasacalles, el acompañamiento de las corporaciones y autoridades, los bailes públicos, las celebraciones religiosas y civiles y, en algunos casos, la enseñanza del instrumento.

La formación clásica de banda de txistularis se consolidó con dos txistus, un silbote y un atabal. Esta plantilla sigue siendo una referencia para las bandas municipales, aunque las formaciones contemporáneas pueden ampliarse o adaptarse al repertorio. En la actualidad, la actividad profesional de los txistularis comprende tanto las funciones tradicionales como conciertos, música de cámara, colaboraciones con agrupaciones vocales e instrumentales y tareas docentes.

Evolución histórica del oficio De juglar a tamborilero El conjunto de flauta de una mano y tambor se difundió ampliamente por Europa durante la Edad Media. En el ámbito vasco-navarro se documentan tanto representaciones iconográficas como referencias escritas a intérpretes que acompañaban danzas y celebraciones. Estos músicos constituyen los antecedentes históricos del txistulari, aunque las denominaciones, los instrumentos y las funciones sociales fueron cambiando con el tiempo.

Aranburu describe el oficio como una actividad que podía ejercerse de formas muy distintas: existían músicos contratados o asalariados, intérpretes independientes que recorrían diferentes localidades y aficionados que compatibilizaban el tamboril con otras ocupaciones. La imagen tradicional del tamborilero estuvo asociada durante siglos a una condición social modesta y, por su relación con el baile, fue objeto en determinados periodos de críticas y restricciones de carácter moral o religioso.

José Luis Ansorena señaló que la categoría social del intérprete se transformó progresivamente: de un músico festivo de consideración social limitada pasó a convertirse, en muchos lugares, en un oficio estable transmitido incluso dentro de familias de txistularis.

Municipalización La vinculación con los ayuntamientos fue decisiva para la continuidad del oficio. La administración local contrató a tamborileros para organizar o acompañar las diversiones públicas y para participar en actos de representación institucional. En Navarra convivieron durante largo tiempo los contratos por actuación con fórmulas más estables, mientras que en otros territorios se consolidaron antes plazas y bandas municipales.

En Vitoria-Gasteiz, por ejemplo, el Ayuntamiento documenta la figura del tamborilero municipal desde el y una relación contractual estable desde 1843. Sus obligaciones incluían fiestas de calle, pasacalles, acompañamiento de la corporación y enseñanza. En Eibar existen acuerdos municipales de los siglos y para contratar tamborileros asalariados, y a finales del se documenta ya una plaza municipal de tamboril.

La dedicación exclusiva a la música fue, sin embargo, relativamente tardía. Los músicos municipales podían desempeñar además otros cometidos administrativos o laborales. Aranburu subraya que la profesionalización musical a tiempo completo es una modalidad reciente en comparación con la larga historia del oficio.

La banda de txistularis y la profesionalización Durante el se extendió la presencia del silbote y se fue consolidando la formación que acabaría convirtiéndose en banda clásica de txistularis. A comienzos del varias ciudades organizaron agrupaciones municipales estables. La Banda Municipal de Txistularis de Vitoria-Gasteiz se constituyó con la plantilla clásica en 1923, aunque la ciudad contaba con tamborileros municipales desde mucho antes.

En San Sebastián, la tradición de txistularis municipales adquirió especial influencia en la evolución técnica y artística del instrumento. Entre sus figuras destacaron Eusebio Basurko, Isidro Ansorena, Javier Hernández Arsuaga y Jose Ignazio Ansorena. Isidro Ansorena obtuvo en 1922 la plaza de primer txistulari del Ayuntamiento donostiarra y desarrolló una amplia labor como intérprete, compositor y profesor.

El paso del tamborilero al txistulari moderno estuvo acompañado por una mayor presencia de la escritura musical, la armonización, los repertorios a varias voces, los concursos y una creciente influencia de la enseñanza académica. Karlos Sánchez Ekiza ha estudiado este proceso como una transformación de la música popular de txistu por su relación con modelos de la música culta.

miniatura|Isidro Ansorena, txistulari, compositor y pedagogo.

Asociacionismo y alardes El 20 de septiembre de 1927 se fundó en Arrate (Eibar) la Asociación de Txistularis del País Vasco, actualmente Euskal Herriko Txistulari Elkartea. La asamblea fundacional reunió a unos 125 participantes. Uno de sus objetivos iniciales fue disponer de una publicación que difundiera repertorio y documentación relacionada con el instrumento; el primer número de la revista Txistulari apareció en marzo-abril de 1928.

miniatura|Reunión fundacional de la Asociación de Txistularis en Arrate, 1927.

En torno a la asociación se desarrollaron concursos de interpretación y composición y grandes concentraciones de intérpretes. Soinuenea sitúa en estos años el desarrollo del alarde de txistularis como formato de concierto colectivo. Tras la interrupción causada por la Guerra Civil y la ilegalización de la asociación, esta pudo reorganizarse y recuperar su actividad en la década de 1950.

Los alardes reúnen a numerosos txistularis y atabalaris y pueden incorporar coros, grupos de danza y otros instrumentos. Desde la segunda mitad del se consolidaron en numerosas localidades. El Alarde de Txistularis de Pamplona, celebrado durante los Sanfermines desde 1959, constituye uno de los ejemplos de mayor continuidad.

En Navarra, Euskal Herriko Txistulari Elkartea Nafarroa (EHTEN), creada en 2015 y vinculada históricamente a la asociación de 1927, desarrolla conciertos, talleres y actividades con músicos y escuelas de música de la comunidad y organiza el Alarde de Txistularis de San Fermín. Su fondo documental ingresó en 2021 en el Archivo Real y General de Navarra.

Enseñanza y profesionalización académica La transmisión del oficio fue durante siglos fundamentalmente práctica y oral, a través de familias, maestros locales y aprendizaje directo. Durante el primer tercio del aparecieron métodos, academias y proyectos de enseñanza sistemática. En 1929 se creó en San Sebastián una academia municipal de txistu y danzas con Isidro Ansorena como responsable de la enseñanza del instrumento.

En 1950 el Ayuntamiento de San Sebastián nombró oficialmente a Ansorena profesor de txistu del Conservatorio Municipal. Posteriormente se crearon academias en Bilbao en 1957 y Pamplona en 1958; en 1961 el txistu se incorporó también al Conservatorio de Pamplona. Durante las décadas siguientes se extendieron escuelas y academias por numerosas localidades. En Navarra destacó, entre otras iniciativas, la Escuela de Txistularis de Oberena, fundada en Pamplona en 1971 por Juan Manuel Ecay y vinculada a la formación de varias generaciones de intérpretes.

A mediados de la década de 1980 se habían establecido estudios de txistu de grado medio y superior en el Conservatorio de San Sebastián. Soinuenea identifica a Jose Ignazio Ansorena como el primero en obtener el título de catedrático de txistu. ERESBIL documenta su trayectoria como catedrático y director del Conservatorio Superior de Música de San Sebastián y destaca su trabajo en técnica, afinación, pedagogía y repertorio.

En el ámbito estatal, el Real Decreto 1463/2001 estableció los aspectos básicos del currículo de Txistu en los grados elemental y medio de las enseñanzas musicales reguladas por la LOGSE.

En el existen estudios superiores de Interpretación-Txistu. Musikene incluye la especialidad dentro de su grado superior y su plan de estudios contempla cuatro cursos de instrumento principal, repertorio con pianista, caja y silbote como instrumentos afines, música de cámara, banda tradicional o cuarteto de txistus, transcripción y didáctica, entre otras materias.

El Conservatorio Superior de Música de Navarra (CSMN) ofrece asimismo la especialidad de Txistu, con cuatro cursos de instrumento principal y asignaturas de conjunto, repertorio, instrumentos afines y técnicas instrumentales aplicadas a la pedagogía. En 2026, Garaine Jorajuria obtuvo una plaza del Cuerpo de Catedráticos de Música y Artes Escénicas, especialidad Txistu, en el CSMN; la adjudicación oficial del Gobierno de Navarra la sitúa en la plaza 0593/TXISTU del centro. Ese mismo año, Diario de Noticias la presentó como la primera mujer catedrática de Txistu de Euskal Herria.

Mujeres txistularis La práctica estuvo históricamente masculinizada, especialmente en los puestos públicos y municipales. Aranburu caracteriza la imagen tradicional del tamborilero como la de un varón de ámbito popular, aunque la documentación permite constatar también casos femeninos anteriores a la profesionalización contemporánea. Soinuenea recoge, a partir de documentación estudiada por el Padre Donostia, una referencia de 1611 a Inesa de Gaxen, descrita como mujer que tocaba un tamboril, y la presenta como la primera mención conocida de una mujer tamborilera en ese contexto histórico.