thumb|280px|El paseo de Andalucía o La maja y los embozados, obra pintada por Goya en 1777, dentro de la serie costumbrista de los cartones para tapices.
El costumbrismo era principalmente un movimiento artístico que refleja los usos y costumbres de la sociedad, que pertenecían a una región o país concreto y a sus tradiciones. Tuvo un desarrollo basado en las distintas estéticas del Romanticismo y también se consideró una manifestación en la literatura y la pintura del siglo . Especialmente fue asociado a España y a lo español, y ya en el marco de la pintura del periodo isabelino. Enrique Lafuente Ferrari lo definió como «corriente que cultiva ciertos aspectos en la observación de la realidad nacional... sentida como pintoresca».
Modelos y precedentes thumb|280px|La Danza campesina obra de Pieter Bruegel el Viejo pintada hacia 1568 en el marco de la posteriormente denominada pintura de género, pudo servir de modelo al costumbrismo pictórico de trasunto romántico a partir del siglo .
El término costumbrismo aparece a partir del siglo , asociado al «mito romántico», y evoluciona en la literatura y diversos medios artísticos, debatiéndose entre la recuperación del tesoro etnográfico (tradiciones y folclore), la amenaza de la Revolución Industrial y el éxodo del campo a la ciudad, y el emergente poder adquisitivo de la clase burguesa. En la literatura costumbrista, ese proceso parte de un ejercicio de estilo que tiene mucho de juego, frente a las propuestas científicas que sobre el mismo campo cultural hacen el historiador, el sociólogo o el etnógrafo.Así parece deducirse de la afirmación de ensayistas del tema como José Escobar Arronis o Rubén Benítez. Este escribía en 1988 que «el escritor costumbrista observa siempre la realidad sub specie historiae». Por su parte, el hispanista Escobar Arronis, anota que «el costumbrismo no documenta una realidad objetiva, sino una concepción de la realidad desde un punto de vista ideológico, con una lógica de clase. Es una textualización literaria de un texto ideológico previo, es decir, una textualización literaria de una representación imaginaria de la realidad.»
A partir de estos postulados, los estudios relacionados con el costumbrismo decimonónico, en la línea de la tradicional pintura de género centroeuropea (en esencia, de los Países Bajos), concluyen que el nuevo subgénero se aparta del Realismo, más analítico y crítico, para ofrecer un retrato colorista.
En España el precedente más rico e influyente se encuentra en la obra de Francisco de Goya, con un escaparate singular en el conjunto de los cartones para tapices como punto de partida para la escuela romántica madrileña. El otro foco, más pintoresco, será la escuela romántica sevillana, desinhibida del general empeño por "rebelarse contras los mitos", y manifestada como afirmación castiza. Correa pdf Así lo presentaba "El Solitario" en sus Escenas andaluzas (1846):
Literatura costumbrista en Europa 180px|thumb|The Spectator, publicada por Joseph Addison y Richard Steele en Inglaterra entre 1711-1712. En ella apareció el personaje ficticio "sir Roger de Coverley", gentilhombre de la reina Ana Estuardo, considerado "más digno de afecto que de aprecio".
Larra sitúa el origen de la moderna literatura de costumbres en Inglaterra, ya en el umbral del siglo , con la publicación de The Spectator, efímera revista editada por Addison y Richard Steele, concebida como escaparate y semillero de lo que ellos mismos llamarían «Essay or sketch of manners» (escenas de costumbres).
Otra punta de lanza de la gestación y luego difusión del “costumbrismo europeo” fue la nueva posibilidad de viajar, pasión romántica que generó el modelo literario descriptivo de los libros de viajes, más preocupado muchas veces por lo pintoresco y lo tópico, por la simple impresión o emoción, que por el análisis crítico o el estudio etnográfico.
Las traducciones de Pierre de Marivaux y los ensayos de Louis Sébastien Mercier facilitaron en Francia la obra costumbrista que autores como Étienne de Jouy (también citado por Mariano José de Larra), desarrollaron en la Gazette de France entre 1811 y 1817, o de Paul-Louis Courier.
El costumbrismo en España thumb|190px|Salas dedicadas a los costumbristas andaluces en el Museo del Romanticismo de Madrid.
Los críticos y estudiosos del fenómeno adjudican a Mesonero Romanos la paternidad de término costumbrismo cuando lo incluye en la definición de la corriente periodístico-literaria desarrollada en el Madrid de la primera mitad del siglo , de la que él mismo forma parte esencial.Mesonero, fecundo autor de las Escenas Matritenses (1832-1842), definido por Ramón Gómez de la Serna como «el hombre que no se compromete» y dibujado en cuerpo y alma por Larra, su contemporáneo y antagonista, como autor de «cierta tinta pálida, hija acaso de la sobra de meditación, o del temor de ofender», fue, en el triunvirato del costumbrismo literario, el contemplador divertido de usos, costumbres y régimen, formando equipo con Estébanez Calderón, siempre más preocupado por el esteticismo de la expresión. Frente a ellos, Fígaro, fue a su vez retratado por el propio Mesonero con estas palabras: «Quédese la apetecida palma de la sátira política unida a la memoria de mi desgraciado amigo Fígaro. Por dos distintas sendas caminamos siempre, y ni él siguió mis huellas ni yo pretendí nunca más que admirar y respetar las suyas.» Con todo, Mesonero seguirá siendo útil y ameno, en tanto Larra, en palabras de Max Aub «sigue siendo el escritor más moderno de España». Lo describe Mesonero en el prólogo de su Panorama matritense: cuadros de costumbres de la capital observados y descritos por un curioso parlante (1835), como «pintura filosófica o festiva y satírica de las costumbres populares». Ampliando términos y conceptos parece que se refería al impulso nacido en los ambientes culturales de la capital de España en respuesta al cosmopolitismo y el afrancesamiento de la Ilustración, y a partir de una recuperación del casticismo, la identidad nacional y los valores tradicionales. En uno de los estudios más clásicos que se han dedicado al costumbrismo, José Fernández Montesinos sintetiza dichos términos y conceptos en la búsqueda de «la otredad del pasado reciente de España»."Lo que parece haber llamado la atención de los costumbristas, más allá de la simple observación y el reportaje, era la necesidad de comprender la "otredad" del pasado reciente de España, o de la vida en ciertas zonas de España o en ciertos barrios de sus ciudades. Los componentes de tal "otredad" a veces fueron vistos como a punto de olvidarse, pero se les contemplaba por lo general afectuosamente como parte de la herencia de la nación. Es decir, el costumbrismo se cimentaba sobre todo en la descriptividad, pero también con elementos de interpretación, presentes en los adjetivos del titulo de esta ponencia." Ese impulso de raíz intelectual se vio amplificado quizá por la propia esencia subjetiva que el Romanticismo dedicaba a la identidad colectiva o «volkgeist», el carácter nacional o popular (la otredad de Montesinos), si bien su naturaleza contemplativa y pintoresca le aleja de la violencia que sugieren otros ismos como el Nacionalismo y el Regionalismo.
En un sentido muy amplio puede hablarse de precursores en anteriores siglos, en la selección temática, el estilo popular y el diseño barroco de algunas obras de Juan de Zabaleta o Francisco Santos o Antonio Liñán y Verdugo;De Zabaleta se citan dos obras Día de fiesta por la mañana y Día de fiesta por la tarde, parejas al Día y noche en Madrid de Francisco Santos, y la Guía y aviso de forasteros de Liñán. pero hay que esperar al siglo para considerar como referentes algunos pasajes descriptivos de Sebastián Miñano o, ya más cerca del epicentro que menciona Mesonero, la obra del dramaturgo gaditano Juan Ignacio González del Castillo o la del padre del sainete Ramón de la Cruz.
El sevillano José María Blanco White escribió sus Cartas de España entre 1821 y 1822, encontrándose en Inglaterra. En ellas pueden encontrarse escenas folclóricas españolas. Sin embargo, no fueron traducidas y publicadas en español hasta 1972.
Las tertulias madrileñas promoverán un pequeño ejército de escritores, en cuyo estado mayor se encuentran Ramón de Mesonero Romanos, con el andalucista Serafín Estébanez Calderón a su derecha y Mariano José de Larra a la izquierda –con todo el simbolismo que marcan tales extremos–, y que constituyen la más exacta definición del costumbrismo literario. Muy pronto los editores se suman a la difusión y explotación del floreciente género costumbrista y se publican muy diversas obras colectivas (recopilaciones de artículos) en las que se reúnen tipos más o menos tópicos y profesiones más o menos populares. Así apareció, publicada en dos entregas (1843-1844) la popular Los españoles pintados por sí mismos, editada en Madrid por Ignacio Boix, y reimpresa en un solo volumen en 1851, ya dentro de la biblioteca. Al rebufo generado por su éxito, fueron apareciendo El álbum del bello sexo o las mujeres pintadas por sí mismas (1843),De la que solo aparecieron dos entregas, una de ellas compuesta por Gertrudis Gómez de Avellaneda y otra por Antonio Flores Los cubanos pintados por sí mismos (1852), Los mexicanos pintados por sí mismos (1854), Los valencianos pintados por sí mismos (1859), Las españolas pintadas por los españoles (1871-1872), Las mujeres españolas, portuguesas y americanas, en tres tomos (1872, 1873, 1876), Los españoles de hogaño (1872), y El álbum de Galicia. Tipos, costumbres y leyendas (1897). Un singular conjunto que representa la vertiente más superficial del género.
De ese conjunto de cuadros costumbristas se alimentará luego una parte importante de la novela del realismo español en autores como Fernán Caballero, José María de Pereda, Armando Palacio Valdés, reconocidos como post-costumbristas, y con pinceladas aisladas en la obra de Benito Pérez Galdós, Emilia Pardo Bazán y Juan Valera; y aún puede rastrearse en la obra naturalista de ámbito regional que Vicente Blasco Ibáñez ambientó en su tierra natal.
En la pintura y el grabado thumb|190px|José Jiménez Aranda (1837-1903): La plaza de toros (1870)
Enrique Lafuente Ferrari organiza y diferencia la corriente costumbrista de la pintura romántica de la España isabelina en dos grandes grupos:
La escuela andaluza, incentivada por el "mito romántico" de España creado por los viajeros europeos del siglo y el , y bien definida por la "escuela de los Bécquer",Formada por José Domínguez Bécquer (1805–1841), padre del poeta Bécquer y del pintor Valeriano Bécquer (1833–1870), y por Joaquín Domínguez Bécquer (1817–1879). además de Manuel Cabral y Manuel Rodríguez de Guzmán, con un amplísimo catálogo de continuadores muy bien representado en el Museo de Bellas Artes de Sevilla y el Museo Carmen Thyssen Málaga.
La escuela de inspiración goyesca, menos contaminada por doctrinas y modas foráneas. «Lo que para los extranjeros supone una actitud, viene a ser para ellos [seguidores de Goya] una tradición». Este grupo se localiza geográficamente en Madrid, formando simbiosis cultural con el periodismo costumbrista de la capital de España. Lafuente propone la etiqueta "escuela romántica madrileña", con dos generaciones, la de José Elbo y Leonardo Alenza, y la continuadora con Eugenio Lucas, Lameyer y Antonio Pérez Rubio;Con posible continuación en el hijo de Lucas, Eugenio Lucas Villaamil y en Ángel Lizcano. todos ellos opuestos al arte oficial, disidentes antiacademicistas, pobres y, quizá como causa de ello, de breve vida.