La guerra de los campesinos alemanes (), también llamada la revolución del hombre común () fue un levantamiento o revuelta de los campesinos en el Sacro Imperio Romano Germánico entre 1524 y 1525. Consistió, como el movimiento inicial Bundschuh y las guerras husitas, en una serie de revueltas, tanto económicas como religiosas, por parte de campesinos de religión católica y nobles que se habían pasado al protestantismo de Lutero. El movimiento no tenía un programa común.
El conflicto, que fue más profundo en el sur, oeste y centro de Alemania, pero que también afectó a áreas de Austria y Suiza, contó durante la primavera y el verano de 1525 con un total estimado de 300 000 campesinos insurgentes y dejó un saldo de 130 000 víctimas entre los sublevados (100 000 según otras estimaciones). La revuelta popular fue la más masiva y generalizada en Europa hasta la Revolución francesa en 1789.
Causas y contexto
Al comienzo del , la disgregación del Sacro Imperio Romano Germánico se aceleraba. Los poderes y prerrogativas de los príncipes regionales se habían acrecentado en el curso de los años en desmedro del emperador, quien a su vez estaba ocupado en la defensa externa del imperio en sus luchas contra Francia y el Imperio otomano. La parte sur del imperio, Suabia en especial, estaba dividida en una multiplicidad de pequeños feudos relativamente autónomos.
A su vez, los distintos estamentos sociales de estos feudos formaban un complejo mosaico de estratos sociales, con intereses y objetivos a veces contrapuestos, a veces coincidentes, que favorecían, incluso en el seno de un mismo grupo, intrincados juegos de alianzas y querellas.
Las razones que condujeron al levantamiento del año 1525 eran múltiples, pero radicaban principalmente en la desfavorable evolución de la situación económica y legal de los campesinos, evolución esta que no difería mayormente entre una y otra región.
Situación del campesinado
El campesinado constituía el grueso de la poblaciónEn los albores del se estima que Alemania tenía 12 millones de habitantes, de los cuales sólo 1,5 millones (menos del 13 %) vivían en ciudades. De éstas, la más grande era Augsburgo, que contaba con 50.000 habitantes. Salvo unas 15 ciudades con más de 10.000 habitantes, la gran mayoría de las ciudades y pueblos oscilaban entre 100 y 1000 habitantes. (Cnf. "The New Encyclopaedia Britannica", 15th Edition, T.20, artículo "Germany", pag.85/86) del Imperio y todas las cuestiones relativas a este eran tratadas y resueltas a nivel local por los príncipes territoriales.
Los campesinos no tenían, a diferencia de los otros estamentos sociales, ninguna participación ni derecho político en la vida del imperio. Pero sobre ellos pesaba la mayor carga del mantenimiento de la sociedad feudal: príncipes, nobles, funcionarios, patricios y el clero se beneficiaban de la fuerza de trabajo de aquellos. El número de beneficiarios se había acrecentado en sucesivas generaciones, no así los recursos de los campesinos. Por el contrario, fueron las cargas que pesaban sobre los mismos las que aumentaron con el transcurso del tiempo: en el , al «diezmo grueso» y al «diezmo menudo» se sumaban tasas de todo tipo, impuestos de guerra, aduanas, intereses y numerosos y variados tipos de servicios personales a los que fueron obligados en beneficio de los nobles.
Por otra parte, en la Alta Suabia, Wurtemberg, Franconia, Alta Sajonia y Turingia era habitual la partición de las herencias sobre una base real, es decir, dividiendo efectivamente el territorio cultivable entre los herederos, razón por la cual, la misma superficie global de producción se fraccionaba cada vez más. Muchas de estas pequeñas explotaciones no eran económicamente viables, en parte por las cargas que pesaban sobre las mismas.
La multiplicación de pequeñas unidades productivas favorecía el establecimiento de fronteras y aduanas internas, así como el desarrollo de una mentalidad localista que frenaba la expansión de la economía.
Los problemas económicos, las guerras, las malas cosechas y la presión ejercida por los señores acrecentaban la situación de dependencia y la servidumbre del campesinado.
Las propiedades comunales se habían expropiado. Los derechos de utilización de terrenos comunes de pastoreo, de tala de bosques, de pesca y de caza, antes comunitarios, habían sido limitados o suprimidos.
La nobleza
La alta nobleza (príncipes) no actuaba para mejorar las condiciones de vida de los campesinos, el mantenimiento del statu quo le garantizaba —con el apoyo de la coerción— la supervivencia de sus privilegios y ventajas.
La pequeña nobleza tenía sus propios problemas y debía enfrentar, en los albores del Renacimiento, la desaparición de su rol y significación histórica.La generalización de las armas de fuego, la creciente importancia de la infantería y, sobre todo, el desarrollo de la artillería redujeron paulatinamente la importancia estratégica del doblete "caballería - castillo", lo que hizo anticuado el papel de la nobleza como casta militar. Ello la llevó a organizar sus propios motines, como la frustrada «Revuelta de los caballeros palatinos» de 1523 liderada por Franz von Sickingen.Franz von Sickingen fue el líder de la pequeña nobleza y la caballería renano-palatina. Trató de lograr en su provecho la secularización de los bienes de la Iglesia, de derrocar príncipes electores y elevar el orden de dignidad de la caballería. Luego de algunos saqueos exitosos, se refugió en su castillo en Landstuhl, donde fue sitiado por los dirigentes de Hesse, Tréveris y del Palatinado. Herido, murió el 7 de mayo de 1523.
Algunos pequeños nobles se dedicaban al saqueo, lo que no contribuía precisamente a mejorar la lamentable situación en la que ya se encontraban los campesinos.
El clero
En el clero existían a su vez estratos claramente diferenciados.
Por una parte, algunos jerarcas eclesiásticos como arzobispos, obispos, abades y otros prelados se oponían a cualquier cambio de la situación existente. El catolicismo era en algunos casos pilar central del sistema feudal: las instituciones eclesiásticas, el modelo feudal estaba calcado sobre ciertos puntos del modelo eclesiástico. Algunos de sus altos dignatarios eran al mismo tiempo príncipes con grandes territorios y siervos a su cargo, a los que explotaban ocasionalmente como los señores seculares.
Por otra parte, se encontraba el clero popular (curas de pueblos y de campiñas), cuya situación económica se asemejaba más a la de las clases desfavorecidas que a la de la aristocracia eclesiástica. Pese a su condición de eclesiásticos, no fueron por ello ajenos a la simpatía de burgueses y de las clases desfavorecidas. Algunos participaron e incluso perecieron en los movimientos populares acusados de herejes.
La Reforma protestante
thumb|300px|Caricatura representando a un eclesiástico de vida licenciosa.
En el seno de la Iglesia tenían lugar hechos criticados. Muchos prelados, llamados despectiva o jocosamente (clerizontes) por sus contemporáneos, llevaban un tren de vida ostensiblemente licencioso, aprovechándose, por un lado, de las fundaciones y herencias en su favor provenientes de los sectores más pudientes y, por otro, de los cánones impuestos y de las donaciones de los más pobres.
Pero algunos sectores de la Iglesia no solo obtenían sus ingresos de diezmos y donaciones, sino también de la fe popular, con medios tales como reliquiasPor ejemplo, en la Iglesia de Todos los Santos o Iglesia del castillo de Wittenberg se especulaba que se conservaban varios frascos que contendrían leche de la Virgen María, paja original del pesebre de Jesús y otros objetos por el estilo. Para más detalles, ver el artículo consagrado a las 95 tesis de Lutero a las que se atribuían poderes milagrosos y, sobre todo, la piedra del escándalo, y a veces a través de la lucrativa venta de indulgencias, según los puntos que constituyeron el grueso de las denuncias de Martín Lutero contra el papado. Posteriormente, el no pagar lo que se enviaba a Roma indujo a algunos príncipes a sumarse a los luteranos, y con las desigualdades en la protección de distintas confesiones en la paz de Augsburgo, contribuyó al desencadenamiento de la guerra de los Treinta Años, que iba contra el poder central, más que de religión.
En Roma, el centro de la autoridad espiritual, ciertos papas actuaban tanto como mecenas de las bellas artes (que estaban obligados a financiar de una u otra forma), como intrigantes príncipes territoriales y guerreros. Entre algunos métodos para el acceso a los altos cargos eclesiásticos figuraban el nepotismo, el clientelismo y la corrupción.
Tal estado de cosas ya había sido objeto de vivas críticas entre clérigos y campesinos, originando en el pasado fallidas revueltas, tales como los casos de Hans Böhm en la Baja Franconia, de Girolamo Savonarola en Florencia o de Jan Hus en Bohemia.
Pero cuando (según se cree) el fraile dominico Johann Tetzel, por encargo de Alberto de Brandeburgo (el endeudado arzobispo de Maguncia) y del papa León X, recorría Alemania en 1517 en una exitosa gira de venta de indulgencias con el lema:
el agustino Martín Lutero denunció esta práctica en sus 95 tesis y el 31 de octubre de 1517 las clavó en las puertas de la Iglesia del Castillo de Wittenberg,Se discute si Lutero efectivamente clavó o no "Las 95 tesis" en las puertas de la Iglesia o si simplemente las distribuyó. Un comentario al respecto puede verse en el artículo de la Wikipedia que les está dedicado. Lo cierto es que, debido en parte a la generalización de la imprenta, rápidamente alcanzaron una enorme difusión y que, una vez lanzadas, el movimiento fue irreversible. poniendo en marcha la Reforma protestante y logrando la Contrarreforma católica.
La argumentación de Martín Lutero en su escrito La libertad cristiana (1520), en el sentido de que «un cristiano está sujeto sobre todo al Señor y a nadie más que a él, incluido quien escribe», así como la traducción en 1522 del Nuevo Testamento al alemán, constituyeron verdaderos detonantes: a partir de ese momento era posible, Biblia en mano, cuestionar los privilegios de los nobles que estaban basados, pretendidamente, en la voluntad divina.
Por su parte, Ulrico Zuinglio en Zúrich y Thomas Müntzer en Allstedt difundieron las tesis de que todos los hombres podían encontrar, sin necesidad de intermediarios, el camino hacia Dios y lograr la salvación de sus almas. Con ello se contradecían las enseñanzas de la Iglesia católica (y de paso de los reformistas que la emiten, ya que también serían intermediarios en la interpretación bíblica). Así se trataba de incentivar en el hombre común la idea de que el clero, además de haberse alejado de su propia doctrina, era en gran medida superfluo.
El campesinado y muchos clérigos tampoco encontraban razón bíblica alguna que justificara la situación calamitosa que les tocaba vivir. Más aún, las limitaciones efectuadas por los señores al derecho antiguo contradecían el derecho divino: si Dios había creado animales y plantas sin la intervención del hombre y para el provecho de todos los hombres por igual, ¿por qué no habrían de aspirar a los mismos derechos que los nobles y que el clero?
Precedentes históricos
El largo deterioro de la situación de los campesinos había sido ya fuente de numerosos conflictos y levantamientos regionales. Disparadores de éstos habían sido generalmente problemas locales.
Entre estos pueden citarse:
Descontento y protestas no eran ajenos a los habitantes de las ciudades. Así, ya en 1448 pueden citarse las manifestaciones de Berlín. En los años inmediatamente precedentes a las guerras campesinas, tuvieron lugar acontecimientos y manifestaciones en el curso de las cuales los habitantes de las ciudades se solidarizaron con los campesinos, entre otras en 1509 en Erfurt, en 1511 en Ratisbona, Brunswick, Espira, Colonia, Schweinfurt, Worms, Aquisgrán, Osnabrück y en otras.