220x124px|thumb|right|revuelta de las monjas odivelas
La historia de Portugal es la propia de una nación europea cuyos orígenes se remontan a la Baja Edad Media, que amplió sus territorios durante la Era de los Descubrimientos hasta crear un vasto imperio por lo que se convirtió en una potencia mundial entre los siglos y .
A fines del , Portugal comenzó la pérdida de su fuerza militar y naval en el desastre de Alcazarquivir, y de su flota, que fue incorporada a la Armada Española. En 1755 un terremoto provocó la destrucción de Lisboa, su capital. En el el país se vio afectado por las guerras napoleónicas y la posterior independencia de su mayor colonia, Brasil.
En el año 1910 una revolución depuso la monarquía, pero la República fue incapaz de solventar los problemas de un país inmerso en la conflictividad social, la corrupción y los enfrentamientos con la Iglesia. En 1926 un golpe de Estado dio paso a una dictadura que se mantuvo en el poder hasta 1974, cuando una revolución de militares llevó al establecimiento de la democracia. Al año siguiente, Portugal declaró la independencia de todas sus posesiones en África. Es socio fundador de la OTAN, OECD y la EFTA. En 1986 ingresó en la CEE, actual Unión Europea.
Etimología El nombre de Portugal deriva del nombre romano Portus Cale. Cale era el nombre de un asentamiento primitivo localizado en la desembocadura del Duero, que fluye hacia el Océano Atlántico en el norte del actual país. Durante la segunda guerra púnica (final del ) los Romanos intervienen en la península ibérica en contra de los cartagineses. En ese conflicto conquistaron la localidad de Cale (puerto de origen celta cercano al actual Oporto) pasando a denominarla Portus Cale. Durante la Edad Media, la región circundante a Cale pasó a ser denominada por los Visigodos Portucale. Ese nombre derivaría en Portugale durante los siglos y . El término fue usado para referirse a la región entre el Duero y el Miño, que se convirtió en la frontera entre Portugal y España.
Algunos historiadores creen que la palabra Cale deriva del griego Kalles ("bonito"), refiriéndose a la belleza del valle del Duero, donde los griegos decidieron establecerse. La palabra sería transformada por los fenicios en Cale, pasando así a los Romanos. Otros autores piensan que Cale deriva de los pueblos Galaicos que habitaban en la zona.
Portu viene de la palabra Poohto, nombre que también recibe la ciudad que se encuentra actualmente en el lugar, Oporto. La ubicación de la antigua Cale es la actual Gaia (Vila Nova de Gaia), una ciudad al otro lado del río. Muchos piensan que ambas ciudades deben unirse, debido a su cercanía y a sus enlaces históricos.
Edad Antigua
thumb|left|150px|Expansión de los íberos.
Los primeros contactos con griegos y fenicios (finales del II milenio a. C.) significaron el surgimiento de pequeños puestos comerciales costeros semipermanentes. La parte atlántica de la península tuvo menos contactos por lo que está menos documentada que la parte mediterránea. Esa época coincidió con la formación de la primera entidad política conocida, el mítico reino de Tartessos, en el suroeste peninsular. En el I milenio a. C. la península ibérica estaba habitada por los denominados historiográficamente pueblos prerromanos. Recibieron el nombre colectivo de Iberos los de la franja mediterránea y valles del Ebro y Guadalquivir, mientras que los del interior se asociaban a la influencia cultural celta. Debe evitarse considerar tales denominaciones como reflejo de una unidad étnica o cultural que estuvo muy lejos de producirse. En la zona del actual Portugal las fuentes romanas localizan a pueblos que denominan Lusitanos, Galaicos o Gallaeci y los Conios. Otras tribus menos significativas fueron los Brácaros, Célticos, Coelernos, Equesos, Grovios, Interamici, Leunos, Luancos, Límicos, Narbasos, Nemetatos, Pésures, Quaquernos, Seurbos, Tamagani, Taporos, Zoelas o Túrdulos.
Periodo romano
miniaturadeimagen|Imperio Romano, . thumb|180px|left|La provincia romana de la Lusitania, al suroeste de la península ibérica.
La península ibérica fue, junto con el norte de Italia, el escenario principal de la segunda guerra púnica entre Cartago y el Imperio romano. Fue durante esta guerra cuando arribaron a las costas peninsulares tropas romanas por primera vez. Tras la conquista de Cartago por parte de Roma los cartagineses tuvieron que renunciar a la península a favor de los romanos (en el 206 antes de Cristo). Este resultado, tras el final de la segunda guerra púnica, se desarrolló a partir del 202 a. C. En el 197 a. C. los romanos crearon dos provincias bajo las cuales quedaba dividida la península: la Hispania Citerior (Norte de Hispania) y la Hispania Ulterior (Sur de Hispania).
Los pueblos celtas que habitaban la zona no estaban dispuestos a someterse a los romanos sin luchar. Esta resistencia comenzó prácticamente desde el momento en que los romanos pisaron el territorio. De esta forma, en el 197 a. C. comenzaron las guerras celtíberas entre los pueblos oriundos de Iberia y las tropas romanas. Tras un acuerdo de paz, en 179 a. C., ideado por Tiberio Sempronio Graco, los pueblos lusos se sometieron a la que entonces era la República Romana.
Con esta victoria romana no se trajo paz a las provincias, sino que los Lusitanos, otro pueblo celtíbero, terminarían por levantarse contra los romanos. El conflicto se fue agrandando cada vez más.
En 154 a. C. dio comienzo lo que se conoce como Guerra Hispánica, un levantamiento de los pueblos celtíberos. Cuatro años más tarde, los romanos consiguieron vencer al jefe lusitano y terminar con la revuelta. Viriato, uno de los pocos supervivientes, se convirtió en jefe de los Lusitanos, continuando con las luchas contra los romanos y convirtiéndose en el héroe de su pueblo. Cuando fue asesinado en manos romanas, mientras se encontraba junto con su pueblo en la localidad de Viseo en 139 a. C., comenzó de nuevo una revuelta. A partir del 138 a. C. los romanos comenzaron a fortificar la zona en la que se encuentra la actual Lisboa. Julio César arribó a Lisboa en el 60 a. C., y terminó con el último foco de resistencia lusitano. Roma mantuvo el poder en el territorio durante casi cuatro siglos. En 27 a.C. tiene lugar una reforma administrativa bajo el gobierno de César Augusto, en la cual se divide la península ibérica en tres provincias: Bética, Hispania Citerior o Tarraconense y Lusitania (con capital en Emérita Augusta, la actual Mérida). La provincia de la Lusitania se dividió en tres conventos jurídicos: Pacensis (con capital en Pax Iulia, la actual Beja), Scallabitanus (con capital en Scallabis, la actual Santarém) y Emeritensis (con capital en Emérita Augusta, la actual Mérida). Lusitania se componía de la mayor parte del territorio portugués actual (lo que encontramos al sur del Duero) así como las provincias españolas de Salamanca , Cáceres , gran parte de Ávila, zonas de Zamora , el oriente de Toledo , así como una buena parte de Badajoz . Durante la Antigüedad tardía, Diocleciano dividiría la Tarraconense en 3 provincias surgiendo la Hispania Cartaginense y Callaecia o Gallaecia. La Gallaecia se componía de los territorios del actual Portugal que se encontraban al norte del Duero.
Los celtíberos eran paganos, practicando el Sacrificio humano, lo que fue certificado por Apiano durante las exequias de Viriato. En el comenzó la cristianización de todos los territorios, creándose cuatro diócesis ( Braga, Ossónoba, Évora y Lisboa), de las cuales Braga era la más antigua.
Edad Media Invasores bárbaros thumb|left|150px|Expansión de los visigodos en la península ibérica.
En 409 los llamados pueblos bárbaros, suevos, alanos y vándalos (asdingos y silingos) Todos de origen germánico, salvo los Alanos que eran pueblos iranios, se asientan en Hispania. En 411 estos pueblos se dividen entre sí el territorio: los vándalos asdingos ocuparon la Gallecia, los suevos la región del norte del Duero, los alanos las provincias de Lusitania y Cartaginense y los vándalos silingos la Bética.
Al mismo tiempo tiene lugar la entrada de los visigodos en la península ibérica al servicio del Imperio romano con el objetivo de subyugar a los invasores.
De todos estos pueblos, los suevos y los visigodos serían los que tuvieron una presencia más duradera en el territorio en el que actualmente se asienta Portugal. Estableciendo la capital de su reino en Braga, los suevos expanden su territorio hacia Galicia y Lusitania. Los suevos eran originariamente paganos, y fueron evangelizados por Martín de Braga, aunque la variante del cristianismo a la que pertenecieron fue alternativamente católica (la de la población autóctona) o arriana (la de los visigodos). A partir de 470 crecen los problemas del Reino Suevo con el vecino Reino visigodo de Toledo. En 585 el rey visigodo Leovigildo toma Braga y se anexiona el Reino Suevo. A partir de este momento, toda la península permanecerá bajo el reinado godo (con la excepción de algunos puntos en la costa sur del mediterráneo, que estaban controladas por los bizantinos), hasta la invasión musulmana de 711.
Los pueblos bárbaros eran numéricamente inferiores a la población hispanorromana, por lo que su estrategia fue en primer lugar mantenerse como minoría dirigente estrictamente separada de la mayoría autóctona. A ello ayudó el mantenimiento de las diferencias idiomática y religiosa, y la prohibición legal de los matrimonios mixtos. No obstante, la consolidación del reino visigodo (y en menor medida del suevo) se consiguió justamente por políticas de integración con la población local, incluyendo la conversión religiosa, la unificación legislativa y la autorización de matrimonios mixtos, lo que produjo una progresiva identificación y mezcla étnica y cultural.
Las ciudades sufrieron una fuerte decadencia, como en toda Europa Occidental, y tanto las formas de vida urbanas como la economía sufrieron una fuerte ruralización.
Ocupación musulmana thumb|250px|Estatua de Ibn Qasi, señor de Mértola (1144-1147).
En 711 la península ibérica fue ocupada por las tropas del Califato de Damasco (básicamente bereberes norteafricanos con algunos elementos Árabes). Durante los primeros dos siglos el Califato de Damasco luchó por mantener el control de toda la Península. Tras las primeras victorias cristianas la antigua provincia del imperio Omeya se independizó y pasó a ser el emirato de Al-Ándalus, y más tarde pasó a estar controlada por el Califato de Córdoba. En el 712 cayó Toledo, la capital Visigoda. Desde entonces fueron avanzando hacia el norte, y todas las ciudades fueron capitulando. En el 716 controlaban toda la península, aunque el control en el norte era más nominal que militar. A partir de entonces dirigieron sus esfuerzos hacia los Pirineos para tomar el reino Carolingio. En el año 718 en Asturias se produce la primera revuelta, al mando de un noble visigodo llamado Don Pelayo. En 722 tiene lugar la Batalla de Covadonga, donde Pelayo vence y funda el reino de Asturias.
Los siglos y significarían un creciente poderío musulmán, a pesar de los núcleos cristianos del norte de la península. En el , Abderramán III convierte al-Ándalus en califato independiente.
La Reconquista terminó con la Conquista de Granada por parte de los Reyes Católicos en 1492. En esa época, el reino portugués ya existía como nación independiente, dedicándose a los descubrimientos ultramarinos con la excusa de seguir con las cruzadas para difundir el cristianismo. Los musulmanes que no fueron expulsados o asesinados durante la reconquista tuvieron que adquirir las costumbres locales incluido el credo cristiano. No hay datos ciertos sobre la presencia de componentes bereberes en la población portuguesa actual pero algunos científicos apuntan a que la hay.
Nacimiento de Portugal
right|thumb|Bandera del Condado de Portucale