Los robots del amanecer o Los robots de Aurora (título original en inglés: The Robots of Dawn) es una novela de ciencia ficción escrita por Isaac Asimov, publicada por primera vez en 1983 por la editorial Doubleday. Es la tercera novela de la Serie de los robots, protagonizada por el detective de la Tierra Elijah Baley. Esta novela supuso la vuelta de Asimov a la serie tras tres décadas, ya que las dos novelas anteriores, Las bóvedas de acero y El sol desnudo, habían sido escritas durante los 1950. La novela fue finalista al premio Locus a la mejor novela de ciencia ficción y al premio Hugo a la mejor novela en 1984.

Contexto Con Los robots del amanecer, Asimov comenzó a sentar las bases de la unificación de su serie de los robots con la serie de la Fundación. Según una editorial del propio autor en el número de octubre de 1983 de la revista Isaac Asimov's Science Fiction Magazine, Los límites de la Fundación (1982) introdujo referencias a la existencia de robots en el pasado del universo de la Fundación. Sin embargo, Asimov era consciente de que la descripción de la sociedad humana de los espaciales aparecida en las novelas previas de robots Las bóvedas de acero (1953) y El sol desnudo (1957) era incompatible con la del universo de la Fundación. Por ello, el autor decidió que el argumento de Los robots del amanecer "apunta[ra] el universo de Lije Baley en la dirección del universo de la Fundación". Dicha unificación de series se completaría en la siguientes novelas Robots e Imperio (1985) y Fundación y Tierra (1986), correspondientes cada una de ellas a una de dichas series.

Según algunas fuentes, Asimov comenzó a escribir la novela en la década de 1950, pero la completó años después introduciendo algunos cambios.

Sinopsis El protagonista de la saga, el policía terrestre Elijah Baley, debe acudir a Aurora para resolver un crimen que puede tener consecuencias diplomáticas para la Tierra: Jander Panell, un robot humaniforme idéntico a R. Daneel Olivaw, se ha bloqueado y el ingeniero Han Fastolfe, es el principal y único sospechoso. Dado que Fastolfe es el principal promotor de la alianza entre Aurora y la Tierra, de ser encontrado culpable la relación entre ambos mundos podría romperse definitivamente.

Personajes

Elijah Baley Tras el éxito alcanzado en la misión llevada a cabo en el planeta Solaria (El sol desnudo), con tanta repercusión en la galaxia que incluso con el caso se realizó un ‘drama de hiperondas’, el detective Elijah Baley, ya con la clasificación C-7 en el bolsillo y con la expresión “¡Jehoshaphat!” siempre en la boca, es llamado a acudir al planeta Aurora para desentrañar otro misterio.

Frente al personaje aterrado ante la idea de abandonar la protección de la ciudad y poco amigo de los robots de anteriores novelas, en Los robots del amanecer la primera aparición del personaje se produce en el exterior de la ciudad, con el detective descansando a la sombra de un árbol y observando a un grupo de hombres que, como él, entrena para aclimatarse a las condiciones del mundo exterior y, como finalidad a más largo plazo, colonizar otros planetas. Su hijo, Bentley Baley, es precisamente la persona que lidera esta corriente colonizadora.

Precisamente el futuro de este anhelo está en relación con la nueva misión de Elijah Baley, ya que de su éxito dependerá que en el planeta Aurora, el más importante de los mundos espaciales, se imponga la postura del doctor Han Fastolfe, que está a favor de la participación de los terrícolas en la colonización de nuevos mundos, o que, por el contrario, la Asamblea Legislativa Mundial de Aurora apoye la tesis defendida por otro robotista, Kelden Amadiro, para quien la conquista de otros planetas debe hacerse mediante robots humaniformes y excluyendo a la Tierra de esta oportunidad.

A pesar de que el ‘drama de hiperondas’ se presentaba a un investigador “callado y juicioso, perspicaz y sutil”, es llamativo el pesimismo del personaje en Los robots del amanecer, al que además todos recuerdan que el actor que le dio vida en la dramatización era más atractivo. A este pesimismo contribuirá tanto el hecho de que si fracasa “quedará descartada toda esperanza de que los terrícolas puedan salir de su planeta y esparcirse por la galaxia”, como los pocos ánimos que recibe, ya que el enigma de la desconexión del robot humaniforme Jander Panell parece irresoluble. Sin embargo, gracias a su agudeza y a sus razonamientos lógicos, logrará salir airoso una vez más.

Sin embargo, durante esta aventura, Elijah Baley tendrá que enfrentarse a mucho más que a un enigma policíaco. En primer lugar, uno de los aspectos más destacados de esta novela de Isaac Asimov es su costumbrismo, ya que son numerosas las descripciones y los diálogos que versan sobre la relación de los auroranos con los robots, el tipo de alimentos que consumen, su actitud respecto a las relaciones sexuales o, entre otros muchos aspectos, los diferentes comportamientos entre ambos planetas a la hora de utilizar los denominados ‘personales’ (cuartos de aseo). Todas estas diferencias, que a veces agradan al investigador y otras provocan que vea a los habitantes de Aurora como excéntricos, suponen una dificultad añadida que llevan a decir a Baley: “¿Cómo podía, entonces, resolver aquel enrevesadísimo rompecabezas de la muerte de Jander, si a cada paso que daba se descubría sumido en la ignorancia?” Para rizar el rizo, el protagonista tendrá que extremar sus preocupaciones para que el desconocimiento de sus costumbres no ofenda a los auroranos, ya de por sí con una idea muy despectiva de los terrícolas.

En segundo lugar, Elijah Baley también tendrá que enfrentarse a sus miedos y, más concretamente, a su agorafobia. A pesar del entrenamiento que está llevando a cabo para acostumbrarse a vivir sin la protección de esas bóvedas de acero que protegen las ciudades terrícolas, el protagonista de Los robots del amanecer se ve obligado a hacer grandes esfuerzos, pero su determinación, ya que sabe que la adaptación al exterior es vital para la colonización, le hace salir victorioso y, finalmente, tal y como se narra al final del libro, logra disfrutar de “una paz tranquila, una paz sin prisas, una paz solitaria y apartada” de un jardín frente al “rumor continuo y el movimiento apresurado de las ciudades”. Así, frente a la inquietud que se sugiere en el primer capítulo, que concluye con el alivio de traspasar de nuevo el muro de la ciudad, el final, también bajo la sombra de un árbol, presenta a un Baley recuperado y capaz de disfrutar de la naturaleza. Pero este proceso no estará exento de traumas, empezando por el simple temor de tener que realizar de nuevo un viaje a otro planeta o el miedo a los vehículos voladores utilizados en Aurora, el impacto que le produce el uso de un aparato llamado ‘astrosimulador’ o, sobre todo, tener que enfrentarse a una tormenta.

No será esta la única evolución que Elijah Baley experimente durante su misión, ya que durante su presencia en Aurora también irá mejorando la percepción que el personaje tiene sobre los robots, un proceso que comienza ya en la primera novela de la serie, Las bóvedas de acero. El afectuoso reencuentro con el robot humaniforme Daneel Olivaw, que le acompañó en las otras dos misiones, prueba que ya es mucho el camino andado, pero a lo largo de Los robots del amanecer, el detective logra tener afecto por otro robot, Giskard Reventlov, que no tiene aspecto humano. Además, a lo largo de toda la narración Baley cree ver en los robots signos de emoción típicamente humanos, e incluso denunciará en los últimos capítulos comportamientos de los auroranos que, a su juicio, suponen una discriminación para las máquinas. El detective alcanzará así un equilibrio entre la excesiva dependencia de los auroranos por los robots y los prejuicios de los terrícolas hacia las máquinas.

Por último, Elijah Baley también tendrá que plantar cara en esta ocasión a sus sentimientos respecto a Gladia Delmarre, a la que libró de una acusación de homicidio durante su misión en Solaria y por la que siempre se ha sentido atraído. Este detalle no pasó inadvertido para los realizadores del ‘drama de hiperondas’, lo que pone celosa a la esposa de Baley, Jessie, y despierta la curiosidad de su hijo, que le pregunta si es ella y no la colonización el verdadero motivo por el que quiere viajar a Aurora. Aunque en un principio ambos parecen haber superado el enamoramiento, que físicamente no pasó de una caricia en la mejilla en el primer encuentro, el detective reconoce en el capítulo doce las ganas que tiene que estrechar entre sus brazos a Gladis y besarla justo después de recomendar a Santirix Gremionis, pretendiente de la mujer, que lo haga. Elijah y Gladia terminan haciendo el amor y, aunque el detective reconoce en el último capítulo que “me avergüenza tener que reconocer que, en este momento, me daría igual que la Tierra estallase en pedazos con tal de tenerte a ti”, reconocen finalmente que su amor es imposible y el investigador vuelve a la Tierra para seguir con el proyecto colonizador y deja a Gladia en manos de Santirix Gremionis.

Daneel Olivaw El robot humaniforme primogénito Daneel Olivaw vuelve a acompañar al detective Elijah Baley en una nueva misión y, aunque su personaje no tiene ya el mismo atractivo que en otras entregas, especialmente en Las bóvedas de acero, sigue manteniendo con Baley esclarecedores diálogos sobre la trama y las decisiones del detective, a quien además introduce en las peculiares costumbres aurorianas y al que protege con celo.

Al contrario de lo habitual, en Los robots del amanecer Elijah Baley tiene la oportunidad de salvar el pellejo al robot, ya que después del fallo irreparable ―o asesinato, según se mire― de Jander Panell se convierte en el único robot humaniforme. Esto le convierte en objeto de deseo para el robotista Kelden Amadiro, quien anhela conocer los secretos de esa tecnología al considerar que la colonización de otros mundos debe llevarse a cabo mediante estos robots. Sospechando de las intenciones de Amadiro, el detective obliga a Olivaw a huir y a dejarle solo cuando su vehículo es saboteado a pesar del deplorable estado en el que se encuentra el humano. A pesar de que se supone que Daneel Olivaw es uno de los robots más avanzados, no logra percibir claramente la situación y se niega a abandonar al detective, momento en el que se revela una inteligencia robótica superior, la de Giskard Reventlov.

Sobre Daneel Olivaw el doctor Han Fastolfe, creador de la criatura, dice que es "una obra de la que tengo la debilidad de sentirme orgulloso. Es el primero de su clase". Evidentemente, desconoce las potencialidades de Giskard.

Giskard Reventlov Aunque en un principio parece que el robot Giskard Reventlov, creado por el doctor Han Fastolfe, es un personaje secundario cuyo papel va a limitarse a escoltar a Elijah Baley durante su viaje y permanencia en Aurora, a medida que avanza el relato su protagonismo va haciéndose mayor y, al final, será la clave para la conclusión de la trama.

Han Fastolfe se refiere a él como su “mayordomo y mano derecha” y lo describe como “fuerte y robusto”, en realidad porque incluso él desconoce las posibilidades de Giskard, que a consecuencia de unas reprogramaciones introducidas en él por la robotista Vasilia Aliena, y de forma totalmente accidental, puede leer la mente de los humanos e incluso manipularla, aunque esto último sólo de manera leve, ya que de lo contrario pondría en peligro la integridad de las personas y, por lo tanto, ir contra la primera ley de la robótica, según la cual no se puede dañar a ningún ser humano.