La Batalla de San Roque fue un enfrentamiento militar librado durante las guerras civiles argentinas el 22 de abril de 1829, entre las fuerzas del gobernador de la provincia de Córdoba, Juan Bautista Bustos, y las del brigadier José María Paz. Tuvo lugar en las márgenes del río Primero, aguas arriba de Córdoba, Argentina. Como resultado de la victoria de Paz, el gobierno de la provincia quedó en sus manos.
Antecedentes Situación previa Tras el fracaso de las tres Expediciones Auxiliadoras al Alto Perú, el Ejército del Norte quedó acantonado primero en Tucumán y luego en Córdoba, siendo utilizado para luchar contra los federales, principalmente los de Santa Fe. El 8 de enero de 1820, cuando marchaban en una de esas campañas, varios oficiales, dirigidos por los entonces coroneles Juan Bautista Bustos y José María Paz, se sublevaron y llevaron al Ejército hasta Córdoba. Pero la sublevación había permitido a los federales destruir al gobierno central, que desapareció durante mucho tiempo; por otro lado, también Tucumán estaba sumida ahora en una guerra civil, de modo que el ejército bajo el mando de Bustos no marchó hacia el frente con el Alto Perú. El propio Bustos aprovechó para hacerse elegir gobernador de la provincia de Córdoba, cargo que ocupó en dos períodos sucesivos de cuatro años, y que seguía ocupando al inicio del año 1829.
Por su lado, tras una carrera militar oscura durante años, Paz se incorporó al frente del contingente santiagueño al ejército argentino que llevó adelante la Guerra del Brasil. Ésta terminó en la segunda mitad de 1828, y las tropas fueron trasladadas inicialmente a Buenos Aires. En un primer contingente venía, entre otros, el general Juan Lavalle, mientras la mayor parte de las tropas del interior llegó bajo la dirección del general Paz. Antes de que las tropas de Paz arribasen, Lavalle derrocó, derrotó en combate e hizo fusilar al gobernador Manuel Dorrego, enviando tropas al interior de la provincia para intentar imponer su autoridad y evitar el avance del gobernador santafesino Estanislao López.
El 1 de enero de 1829, retornaba a Buenos Aires de la guerra contra el Imperio del Brasil, la 2.ª división del Ejército Nacional, al mando del brigadier José María Paz. Se encontró con que la provincia, desde el golpe de Estado del 1 de diciembre de 1828 contra Dorrego, era gobernada por Lavalle, quien lo nombró su ministro de Guerra al día siguiente de su llegada. Semanas más tarde, Lavalle marchó a San Nicolás de los Arroyos con su propia división para preparar una campaña contra los federales santafesinos. Allí lo alcanzó Paz con su división y, tras una breve reunión, Lavalle partió a enfrentar a López.
A finales de marzo, Paz partió de San Nicolás, encontrándose con Lavalle en un lugar llamado Desmochado el 3 de abril, despidiéndose durante la noche, Paz siguió con rumbo a Córdoba, mientras que Lavalle se había enterado de la derrota y muerte del coronel Federico Rauch, por lo que no entregó ningún jinete a Paz y volvió a Buenos Aires, pues toda la campiña de esa provincia se sublevó al enterarse de la derrota de Rauch.
Muchos oficiales no estaban de acuerdo con el movimiento de Paz, pues temían que la mayoría de los soldados, provenientes de las provincias del interior, desertaran en cuanto se acercaran a sus hogares. También señalaban que dos tercios de la división eran infantes o artilleros, por lo que no eran decisivos en una batalla de las que se daban en el Río de la Plata en esa época, y que le estaban restando importantes recursos a Lavalle. Sin embargo, Paz se justificó indicando que su movimiento era para distraer al brigadier Juan Bautista Bustos, el brigadier Juan Facundo Quiroga y el coronel José Félix Aldao, impidiendo que le enviaran refuerzos a Rosas y López. Además, temía que la mayoría de sus soldados desertaran si volvía a Buenos Aires, pues se alejarían de sus hogares.
Campaña en Córdoba En la noche del 3 de abril, Paz envió al comandante Juan Gualberto Echeverría con 60 coraceros al sur de la provincia de Córdoba con la intención de distraer a Bustos y forzarlo a dividir sus fuerzas. El 4 de abril, la 2.ª división acampó en Esquina de la Guardia, en la frontera entre las provincias de Santa Fe y Córdoba. Se encontró con las casas abandonadas y esa noche hubo una fuerte tormenta, lo que no impidió que al amanecer siguiera su marcha a Cruz Alta, donde calmó a los atemorizados habitantes, para seguir a Cabeza de Tigre, donde nuevamente acampó. Anunció que entraba en la provincia para devolver a sus hombres a sus hogares en el interior. Córdoba era una ciudad de unos once mil habitantes y dentro de su territorio vivían más de setenta y seis mil personas.
En la madrugada del 6 de abril, Paz se enteró de que una partida de dragones federales ocupaba Saladillo, así que envió al ayudante de campo Rafael Correa, con una partida de coraceros a sorprenderlos, pero le dio órdenes de usar sus armas a menos que fuera necesario. Correa sorprendió a sus enemigos, por lo que se dispersaron sin luchar, sin embargo, logró gritarles que no venía como enemigo, eso convenció a algunos dragones, que cambiaron de bando y se unieron a los unitarios.
Los unitarios llegaron a Fraile Muerto el 7 de abril, donde el capitán de milicias Juan Paz había huido el día anterior. A la jornada siguiente arribaron a La Herradura, donde se reunió con Echeverría, habiendo obligado a Bustos a mantener una fuerza considerable en el sur. Durante la noche, el brigadier unitario inspeccionó el cruce del río Tercero por su artillería y bagaje. Luego envió al teniente coronel Lorenzo Barcala con un soldado a la casa del comandante del departamento de Villa Nueva, Manuel López, quien fue al campamento unitario. López aseguró que no había obedecido las órdenes de Bustos de reunir milicias de caballería, pero Paz decidió mantenerlo a la fuerza en su campamento.
El 9 de abril, los unitarios acamparon en Tío Pujio, de donde salió al anochecer, dejando libre a López, quien se mostró sumiso y el brigadier le regaló un sable. Antes de la medianoche llegó al Corral del Maestro, de donde se había retirado ese mismo día el coronel Francisco Quevedo, quien había reunido jinetes en la zona. El día 10, Paz llegó a Ojo de Agua, pero como el lugar no era adecuado para acampar resolvió seguir a Impira donde se agotaron los soldados, caballos y sobre todo los bueyes que llevaban cañones y carromatos. Al llegar se encontraron que no había agua y tuvieron que seguir hasta una laguna fangosa cercana, en cuyas orillas acamparon a las 16:00 horas. Ahí se enteró de que Bustos había salido de Córdoba a Pilar, donde estaba preparando líneas defensivas a orillas del río Segundo. Paz dejó descansando al grueso de su tropa a cargo del mayor coronel Román Deheza (o Desa o Deza), jefe de su Estado Mayor, tomó una parte de su caballería e infantería ligeras y se acercó a Pilar. Al aproximarse se enteró de que Bustos había regresado a Córdoba, pero en el camino se desvió a Pedernera, cerca del río Segundo.
En la madrugada del 11 de abril, Paz llegó a Pilar, lugar donde se le unió su división a las 10:00 horas. Después de tres horas, apareció una partida de 50 jinetes federales en las cercanías, la que luego fue reforzada, por lo que el capitán Juan Balmaceda y una partida de coraceros fueron a enfrentarlos. El brigadier les ordenó no disparar primero, pero en cuanto se acercaron los unitarios, la partida huyó disparando, siendo perseguidos brevemente. A las 15:00, todo la división se puso en marcha hacia Córdoba, momento en que se enteraron de la retirada de Bustos de Pedernera. Así, Paz mando a Deheza ocupar esa localidad con el grueso de sus hombres mientras él iba con su vanguardia se dedicó a seguir a su enemigo. A la mañana siguiente, Paz decidió reunirse con su división, acampando en Morura. En tanto, Deheza había seguido la marcha y en esa jornada entró sin oposición en Córdoba, que había sido abandonada por los federales, y nombró gobernador substituto a Pedro Juan González. La tropa acampó en el barrio de Mataderos, en los suburbios de la ciudad, y en la medianoche se le unió el brigadier. Al reunirse con Deheza se enteró de que la artillería y el bagaje federal habían salido al oeste y se desconocía el paradero de Bustos.
Negociaciones thumb|izquierda|Litografía del brigadier Juan Bautista Bustos, realizada por el suizo César Hipólito Bacle para el libro Almanaque Federal, 1836. El 13 de abril, la vanguardia unitaria atravesó Córdoba y acampó al oeste de la ciudad mientras Paz dormitaba en la casa de su hermano. Luego se reunió con algunos vecinos y envió una comisión formada por Gaspar del Corro, Narciso Moyano y José Roque Savid a negociar con Bustos. Paz afirmaba que no deseaba el poder, pero le recordaba al gobernador que ya había cumplido sus dos períodos de gobierno que le permitía la legislación provincial, por lo que Paz deseaba postularse a unas elecciones y aceptaría el resultado.
Los comisionados buscaron al gobernador hasta encontrarlo en la hacienda de la familia Fragueiro, al pie de una de las sierras de Córdoba, 6 a 9 leguas al oeste de la ciudad. Bustos se había retirado ahí, a los pies meridionales de la pequeña sierra de la Punilla, por donde no había caminos para mover el importante parque militar que tenía. Al parecer, esperaba que Paz no avanzara sobre él y se quedara en la ciudad, mientras él podía esperar a Quiroga. Sin duda, aguardaba mientras llegaban sus aliados riojanos, mendocinos y puntanos.
Al día siguiente, los comisionados volvieron con la respuesta de Bustos, que se resumían en proponer una elección de representantes de la provincia para elegir a quién sería gobernador, exigiendo que las fuerzas de ambos bandos abandonasen Córdoba para garantizar la libre elección. También que ni Bustos, ni Paz ni sus lugartenientes no podían postularse y que ningún ejército aumentaría sus fuerzas durante la tregua. Paz aceptó y envió a Moyano y Savid a entregar su respuesta el día 15. En tanto, en Córdoba los habitantes se estaban dividiendo entre aquellos que ya daban por vencido a Bustos y los que creían que se había unido a Quiroga y juntos destruirían a Paz. Al día siguiente, los negociadores volvieron advirtiendo que Bustos había agregado nuevas exigencias al posible acuerdo.
Ante esto, el brigadier unitario resolvió moverse con su ejército a la estancia San Roque en la madrugada del 17 de abril. Le acompañaban el comisionado Savid y un vecino, José Isasa, que se ofreció a negociar. Así, se acordó una reunión personal entre Paz y Bustos. Con sus ejércitos a una legua de distancia y acompañados cada uno de un ayudante y un soldado y enviaron rehenes al campamento contrario para evitar traiciones. Conversaron un largo rato, pero apareció en un bosque cercano una partida federal. Ante el reclamo de Paz por romper el acuerdo, Bustos ordenó su retirada y se disculpó. Al llegar el atardecer, el jefe unitario decidió dar por finalizada la negociación sin éxito. También le avisó al gobernador que acamparía en las orillas del río Primero, lo que molestó al líder federal, pues ambas fuerzas quedaron a pocas cuadras de distancia. Los soldados de ambos bandos iban a recolectar agua y hablaban, por lo que Paz acusa que varios federales intentaron animar a sus hombres a desertar.