Ricardo Gómez Campuzano (Bogotá, 25 de septiembre de 1891-Bogotá, 12 de octubre de 1981) fue un pintor, dibujante, retratista y educador colombiano que desarrolló su trabajo dentro de los géneros del paisajismo y el impresionismo.
Fue discípulo de los pintores Ricardo Borrero Álvarez, Ricardo Acevedo Bernal y Roberto Páramo, siendo uno de los refentes más importantes del impresionismo colombiano en el , que llegó a ese país a partir de la vanguardia cultural impulsada por el gobierno liberal, tras 50 años de gobierno conservador en Colombia.
A pesar de su pertenencia a los círculos artistocráticos de la capital colombiana, y sus profundas creencias católicas, Gómez se educó en España, donde se dejó influir por los impresionistas europeos incluyendo Sorolla y Dalí, desarrollando su obra entre la vanguardia impresionista, y el costumbrismo y paisajismo tradicionalista.
Gómez también fue educador artísitico, siendo sus alumnos destacados y compañeros de arte Domingo Moreno Otero, Eugenio Zerda, Miguel Díaz Vargas, Pedro A Quijano, Coroliano Leudo, Eugenio Peña y Marieta Botero.
Biografía
Inicios Inició su formación escolar en el colegio de La Presentación. Allí la hermana Inelda lo orientó en sus primeros pasos por el campo de la pintura. Continuó sus estudios en el colegio, de donde fue expulsado debido a su inquietud. Sus padres lo internaron luego en el Seminario Conciliar de Bogotá. Los superiores no lo vieron muy contento; escasamente rendía con sus obligaciones escolares.
Sus profesores indagaron para ver qué le estaba ocurriendo al joven seminarista. Encontraron en sus cuadernos y libros de oraciones gran cantidad de bocetos y dibujos. El padre superior dedujo que Ricardo carecía de vocación religiosa y que no era ese el sitio preciso para educarlo, razón por la cual fue devuelto a su casa paterna.
Doña María de Jesús, consciente del amor de Ricardo por la pintura, le instaló un estudio poniéndolo bajo la tutela del pintor Ricardo Borrero Álvarez, quien fuera un eminente paisajista de la época. Salían los dos al campo con su cajita de pintura, para tomar los apuntes en pequeñas tablas de madera o cartón y plasmar en ellas los breves momentos de luz que captaban en la Sabana de Bogotá: puestas de sol, montañas nubladas, ganados pastando, patios jardines, sauces, eucaliptos e inundaciones en la Sabana que fueron tan características en la región hasta hace unas pocas décadas.
En 1910, el pintor Andrés de Santamaría preparó una exposición de pintura para celebrar el primer centenario de la Independencia Nacional. Convocó a todos los pintores colombianos unos ya consagrados en el arte y los otros apenas comenzando. Ricardo Gómez Campuzano participó con dos obras; La niña y el caballo y Sendero de Fusagasugá. Obtuvo entonces una mención de honor. En este mismo año, ingresó a la Escuela de Bellas Artes de Bogotá, estando entonces como director el Maestro Andrés de Santamaría. Fueron sus profesores, el director de la Escuela, Ricardo Acevedo Bernal, Ricardo Moros, Ricardo Borrero Álvarez, Roberto Páramo y Francisco Antonio Cano.
Entre sus condiscípulos estaban los pintores de renombre Domingo Moreno Otero, Eugenio Zerda, Miguel Díaz Vargas, Pedro A Quijano, Coroliano Leudo, Eugenio Peña y Marieta Botero. Conservó el primer premio de pintura de la Escuela, en 1911 y 1912. Luego de terminar sus estudios, el Congreso Nacional le otorgó una beca para perfeccionar sus estudios en Europa. En 1914, realizó una exposición con el maestro Pedro Quijano en el Pabellón de Bellas Artes en el parque de La Independencia.
El 8 de septiembre de 1916 viajó a España para continuar sus estudios. Para entonces, contaba con 24 años. Llegó a Barcelona, luego se dirigió a Madrid en donde copió a los grandes maestros en el Museo del Prado. Regresó a Colombia un año después, impresionado con la pintura de los grandes Maestros y en especial con la de Joaquín Sorolla, gran pintor español impresionista y costumbrista, quien le dictó algunas clases de paisaje y colorido.
A su arribo a Bogotá, siguió trabajando intensamente. Pintó múltiples retratos de gran envergadura como el de su padre Roberto Gómez Saíz, La vieja, La niña española, El mendigo, Paz Flórez, muchos paisajes y bodegones. En noviembre de 1921, inauguró una exposición con veinte cuadros en el Círculo de Bellas artes en el Pabellón Central del Bosque, anexo al parque de la Independencia en una sala especial donde presentó el retrato de Paz Flórez, poetisa, sobrina de Julio Flórez y gran amiga del Maestro.
Obtuvo una beca para estudiar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, otorgada por Su Majestad Don Alfonso XIII de España. Viajó el 10 de septiembre de 1921. A su llegada se matriculó como estudiante de tiempo completo en San Fernando. Fueron sus maestros don Manuel Benedito, Julio Romero de Torres (ropaje), Cecilio Pla, Manuel Méndez y Domínguez, Moreno Carbonero y Simont. Como condiscípulos tuvo a sus compatriotas Roberto Pizano y Domingo Moreno Otero. De nacionalidad española fueron sus compañeros Eugenio Hermoso, Eduardo Chicharro, Gisbert, Ruiz de Luna y Salvador Dalí, a quien todos llamaban “El hombre anuncio”
Pintó muchas copias de los grandes maestros, como La maja desnuda y Doña Tadea de Arias, de Goya, El niño, de Murillo, La fragua de Vulcano (destruido), Judith y Holofernes y muchos más. A partir del mes de julio de 1922, el gobierno colombiano le otorgó un desempeño en la Cancillería del Consulado General de Madrid hasta su regreso a Colombia. El 10 de junio de 1926 coronó sus estudios obteniendo su título profesional de la Escuela Especial de Pintura Escultura y Grabado.
Su trabajo final, titulado La maja (1927), es un compendio de todo lo aprendido en la Academia. La obra está trabajada en un ámbito cerrado de interior en el cual se encuentra al lado izquierdo, un bodegón en penumbra; la textura del cortinaje aterciopelado al respaldo de la modelo, la del mantón de manila sobre el cual descansa la maja, la de los almohadones de raso donde apoya su cabeza, son un resumen de lo estudiado en el curso de ropaje.
Pasamos ahora a la parte de figura humana donde podemos observar el tratamiento cuidadoso de la anatomía, de las proporciones, de las distintas texturas de la piel, del pelo, de las uñas y los ojos. Se observa la maestría en el manejo de la luz sobre todos los elementos, en un estudio cerrado. En síntesis, la obra es una muestra de la academia en todo su esplendor, donde el Maestro rinde homenaje a Goya, Velázquez y Manet dejando vislumbrar la influencia que han ejercido sobre él estos tres grandes pintores. Dichas influencias le acompañarán en obras posteriores principalmente en muchos de sus retratos y temas costumbristas en interiores a las que él agregará sus propias innovaciones.
En 1927, a su regreso a Colombia, exhibió su trabajo en la Academia de la Lengua. Abrió su taller en el segundo piso del teatro Faenza. Allí pintó a muchas jóvenes bogotanas como a Doña Inés Delgado Padilla, quien luego fuera su esposa, Emilia Nieto, María Delgado, Carmen Camacho y muchas otras. No solo trabajaba retratos sino también interiores bodegones y paisajes. Estos últimos los desarrollaba de sus pequeños apuntes tomados de diferentes sitios de las zonas rurales y urbanas. Pintó también, por comisión de la Academia Colombiana de Historia, un retrato del fundador de Bogotá, don Gonzalo Jiménez de Quesada.
El 10 de febrero de 1928 fue nombrado profesor de estudios preparatorios de colorido en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Bogotá. Ese mismo año, el 8 de septiembre de 1928, contrajo matrimonio con doña Inés Delgado Padilla, hija de don Samuel Jorge Delgado oriundo de Pasto Nariño, político y empresario de gran prestigio, fundador de la empresa harinera Molino Dagua S.A. en Dagua , municipio del Valle del Cauca; y de doña Isabel Padilla de Delgado, nacida en Vélez, Santander. Doña Inés, bogotána, estudió pintura en Bruselas y fue discípula estrella del maestro Marcel Hess.
Al iniciar su vida matrimonial, Gómez Campuzano le insistió a su esposa el seguir trabajando simultáneamente con él en el campo de la pintura. Esto no duró mucho tiempo, pues ella decidió hacerse cargo de todo lo que pudiera distraer al maestro de su trabajo. Le servía de modelo; le acompañaba al campo a tomar sus apuntes; le daba opiniones sobre su trabajo pues era una crítica estricta y certera; se encargó de todo lo referente a la casa, a la consecución de los materiales para su pintura y la organización de sus exposiciones. En ningún momento esto significó que él se desentendiera de sus obligaciones como jefe del hogar y como padre de sus siete hijos: Inés, Isabel, Beatriz, Ricardo, Ma. Cecilia, Margarita y Lucía. Una especie de acuerdo se fue formando entre ellos a medida que transcurrieron sus vidas, complementándose mutuamente. Gracias a ese modus vivendi, él pudo realizar ese trabajo extenso en la forma en que lo veremos a medida que transcurran estas páginas. “Detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer”.
Su carrera
Estudió en la Escuela de Bellas Artes de Bogotá, con Ricardo Acevedo Bernal. En 1929 fue nombrado director de la Escuela de Bellas Artes de Bogotá, para reemplazar al maestro Roberto Pizano a raíz de su fallecimiento. Bajo su dirección se iniciaron las exposiciones permanentes en la Escuela y por primera vez se dieron clases. En 1942 expuso en Nueva York y California.
Se desempeñó como director, profesor de paisaje y colorido y director del Museo de Reproducciones de la Escuela de Bellas Artes. Luego de dos años de prestar sus servicios a esa entidad, se retiró para dedicarse de lleno a su pintura. Viajó por todo el país, recogiendo temas rurales y urbanos de todas las condiciones climáticas, retrató el pueblo colombiano abarcando todos los niveles sociales, pintó escenas costumbristas y recogió paisajes de industrias en desarrollo como La Colombiana de Tabaco en El Espinal, Molino Dagua en el Valle del Cauca y Cementos Samper en la Sabana de Bogotá. Realizó múltiples exposiciones en diferentes sitios: Los Ángeles (California); Sevilla (España), donde obtuvo Medalla de Oro; Palmira, Bogotá, Nueva York, Barranquilla, Cartagena, Manizales, Medellín, Pereira y su Casa Museo.
Se desplazó con toda su familia al Canadá en el año de 1948. Durante su estadía trabajó en todos los géneros: paisaje, retrato, bodegón y algo de costumbrismo canadiense. Interpretó las cuatro estaciones en todas las horas del día, pintó retratos de personajes importantes de la política, de la industria y de la sociedad del Canadá en general. Realizó varias exposiciones en Ottawa, Montreal y Toronto. Tuvo una exposición permanentemente de su obra en la galería de arte de los almacenes Eatons, la cual se clausuró cuando sus hijos terminaron sus estudios en el Canadá.
Regresó a Colombia en el año 1951. Pasó primero a Cali y Palmira, donde pintó infinidad de apuntes del Río Cauca, de la Hacienda Galicia y de todas las poblaciones vecinas a Cali. Finalmente se dirigió a Bogotá. En su estudio, trabajó intensamente todos los temas traídos del Canadá y del Valle del Cauca, sin dejar a un lado sus salidas al campo para tomar apuntes del sector Cundiboyacense, Santander, Mariquita, Santafé de Antioquia y La Ceja.
En 1964 viajó de nuevo a España, presentó una exposición en el Salón Goya del Círculo de Bellas Artes de Madrid, donde recibió una calurosa acogida por la calidad de su trabajo y por ser el regreso de un alumno de la Escuela de San Fernando después de 35 años de ausencia. Permaneció en España durante un año; visitó pueblitos en distintas provincias de donde tomó millares de apuntes para desarrollarlos luego. Regresó a Colombia en 1965.