thumb|300px|Localización del santuario de Artemisa Ortia. El santuario de Artemisa Ortia es uno de los centros religiosos más importantes de la ciudad griega de Esparta. Entre otras cosas, incluía el templo y el altar de Artemisa de Ortia y, más tarde, también las gradas del teatro romano.
El santuario miniaturadeimagen|Imagen del jardín de Artemisa Ortia.
miniaturadeimagen|izquierda|Mapa de la antigua Esparta. El santuario de Ortia corresponde al número 2.
El culto de Ortia era común en las cuatro poblaciones constitutivas de la Esparta original: Limnas («pantanos»), Pitana, Cinosura y Mesoa. Está probablemente precedido, cronológicamente hablando, por el culto de la divinidad poliada de Esparta: Atene, griego Πολιοῦχος, Polioũkhos («protectora de la ciudad») o griego Χαλκίοικος, Khalkíoikos («de la casa de bronce»).
El santuario estaba situado entre Limnas y la orilla occidental del río Eurotas, en una depresión natural. Los vestigios más antiguos, fragmentos de cerámica del periodo geométrico, testimonian su existencia desde el En el origen, el culto era celebrado sobre un altar rectangular hecho de terrones de tierra. A principios del , el témenos estaba dotado de un pavimento de piedras sacadas del río y rodeado de un muro de forma trapezoidal. Un altar de piedra y de madera se construyó a continuación, así como un templo. Las guerras emprendidas por Esparta permitieron financiar los trabajos.
Un segundo templo fue construido hacia 570 a. C., bajo el reinado conjunto de León y de Agasicles (hacia 575–560 a. C.), cuyos éxitos militares suministraron los fondos para los trabajos. Primero, el terreno fue realzado, sin duda, tras un desbordamiento del Eurotas. Posteriormente, se elevó por encima del nivel del agua utilizando arena que formó una capa protectora, aislando así los objetos que se encontraban debajo. Se cree que el santuario original se construyó alrededor del año 700 a. C. Sobre el lecho de arena del río fue levantado un altar y un templo de piedra caliza, orientados como los edificios precedentes. El muro del recinto fue alargado y adquirió forma rectangular. El segundo templo fue totalmente rehecho en el , a excepción del altar, el cual fue reemplazado por los romanos que construyeron en el un anfiteatro para acoger a los visitantes de la diamastigosis.
Arquitectura El templo dedicado a Artemisa Ortia, construido en el a. C., presentaba un estilo sencillo y primitivo. Medía unos 12,5 m de largo y unos 4,5 m de ancho. El nuevo templo, construido alrededor del año 570 a. C., era de estilo dórico. Estaba construido en piedra caliza y tenía una longitud de unos 16,8 m y una anchura de unos 7,5 m. El templo contaba con un pronaos, delante del cual, en el lado este, había dos columnas (dístilo in antis), y un [naos]]. Su frontón estaba decorado, entre otras cosas, con leones. Los restos que se conservan actualmente pertenecen, en su mayor parte, a un templo posterior. El recinto del templo (témenos) estaba rodeado por un períbolo y pavimentado con piedra. El altar se encontraba en el lado este del templo. Originalmente era un altar de tierra, que más tarde se recubrió con piedra. La grada del teatro, de forma semicircular y construida en la época romana, se encuentra justo al sur del templo. Tiene un diámetro de unos 54 m y se abre hacia el altar. Cerca del santuario se encontraba también el santuario de Ilitía.Pausanias, Descripción de Grecia III.16.7–11.
El culto
Elementos primitivos del culto
thumb|200px|Representación de la diosa en un exvoto de marfil, Museo Arqueológico Nacional de Atenas. En el origen, el culto de Ortia fue el de una religión preantropomórfica y preolímpica.. Las inscripciones mencionan simplemente «Ortia» (u otras variantes como Ortria) o como el poeta lírico Alcman (Partenias, I, v. 61), que la llama Aotis («la de la aurora», v. 87). Era culto local n las regiones de Laconia y Mesenia, relacionado con la naturaleza salvaje, la fertilidad y el crecimiento de la vegetación. Más tarde se fusionó con la Artemisa de toda Grecia.
El culto se dirige a un xoanon (efigie grosera de madera) considerada maléfica. Pausanias (III, 16, 9-11) cuenta que era originario de Táurica y fue robado por Orestes e Ifigenia. Volvía locos a los que lo encontraban, y hacía matarse a los espartanos que ofrecían sacrificios a Artemisa. Sólo la intervención de un oráculo permitió «domesticar» la estatua. Sangre humana fue derramada sobre el altar, que acogía sacrificios humanos por sorteo. El legislador Licurgo los remplazó por la flagelación ritual de los efebos, la diamastigosis. Según Plutarco (Vidas paralelas, Arístides, 17, 10), hay que ver más bien la conmemoración de un episodio de las guerras médicas.
Artemisa fue venerada allí bajo la epíclesis de griego Λυγοδέσμα, Lygodésma, literalmente «en el lazo de mimbre», lo que sugiere una estatua «incómoda», típica de los cultos griegos primitivos. Para Pausanias (ibid.), sin embargo, el nombre se explica porque se habría encontrado el xoanon en un matorral de mimbre, que mantuvo a la estatuilla orthia, es decir «derecha». Su culto comprendía, además de la flagelación, danzas individuales de jóvenes y danzas de coros de chicas. Para los chicos, el premio del concurso era una hoz, lo que hace suponer que se trataba de un rito agrario.
Ofrendas votivas miniaturadeimagen|200px|Prótomos de marfil de la diosa, ofrendas del santuario, Museo Arqueológico Nacional de Atenas.
La presencia de exvotos atestigua la popularidad del culto: máscaras de arcilla representaban a ancianos u hoplitas, así como figurillas de plomo de terracota, mostrando a hombres y mujeres tocando la flauta, la lira o los címbalos, o incluso montando a caballo.
Las ofrendas votivas solían ser pequeñas, pero se presentaban en gran abundancia. Durante el período Arcaico, estas ofrendas se presentaban en diversas formas y variaciones, lo que sugiere que no se elegían específicamente por su relación con la deidad venerada. En cambio, se creía que la selección se basaba en un criterio más personal, más que en la representación de la deidad. La generosidad era más importante que el objeto en sí y su posible conexión con la deidad. Las figurillas más populares descubiertas en el Santuario representaban guerreros, figuras femeninas, deidades olímpicas, músicos y bailarines. En cuanto a la representación de animales, era común encontrar ciervos como ofrendas, reconocidos como un sustituto de las ofrendas votivas directamente relacionadas con la caza.
En relación con esto, las ofrendas en el templo solían incluir animales; en Esparta, el oso era considerado un símbolo significativo. Se sugirió que Artemisa Ortia y el oso estaban vinculados de maneras relacionadas con la maternidad y el nacimiento de los hijos.
Los vasos de tamaño reducido, otro tipo de ofrenda votiva, aparecieron por primera vez en el santuario a principios de la época arcaica. También se encontraron ofrendas de terracota en el santuario, generalmente elaboradas artesanalmente o moldeadas en diversas formas y tamaños. Uno de los objetos votivos de terracota más singulares descubiertos en el santuario fueron máscaras que, al parecer, imitaban la apariencia humana. Se creía que estas máscaras se ajustaban perfectamente a la estructura facial humana; sin embargo, algunas de las encontradas parecían ser de menor tamaño. Entre los hallazgos se encuentran figurillas de bronce, principalmente de animales, y otros objetos de bronce; más de 100000 figurillas de plomo; así como una serie de fragmentos de cerámica de gran importancia para la datación. Los hallazgos más antiguos, en particular, indican que el arte espartano se encontraba en aquella época al mismo nivel que el de otras ciudades griegas. Muchos de los hallazgos se encuentran en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas.
Artemisa alada miniaturadeimagen|150px|Figura de plomo de una diosa alada, posiblemente Artemisa Ortia, Museo Metropolitano de Arte.
La arcaica Artemisa alada, representada en numerosos exvotos desde el hasta finales del a. C., perduró como Artemisa Ortia. Las figuras de la diosa Artemisa, con aspecto de muñeca, se exhiben sistemáticamente con alas en lugar de con un animal en las manos o a su lado. Se observan muchas diferencias entre las distintas figurillas, siendo la más importante el diseño de las alas y el "polo"; sin embargo, ninguno de estos elementos tiene relevancia. El cuerpo de la figurilla fue perdiendo detalle con el tiempo, especialmente en la estructura de las alas, seguido de la desaparición de la cabeza, los pies alargados y un nuevo marco triangular. Algunas de las figuras creadas alrededor del año 600 a. C. presentaban mensajes dedicados a Artemisa Ortia inscritos en la pieza ofrecida.
La diamastigosis
thumb|200px|Exvotos del santuario, prótomes de animales, Museo Arqueológico Nacional de Atenas.
El culto de Ortia daba lugar a la griego διαμαστίγωσις, diamastigosis (de διαμαστιγῶ, diamastigô, «azotar duramente»), la flagelación de los efebos, descrita por Plutarco, Jenofonte y Platón. Unos quesos eran apilados sobre el altar y protegidos por adultos armados de látigos. Los jóvenes debían apropiarse de ellos, desafiando los latigazos. Al menos, en la época romana, la sacerdotisa podía controlar la fuerza de los golpes: según Pausanias (III, 16, 10–11), esta llevaba a lo largo del ritual el xoanon de Ortia. Cuando uno de los porta-látigos detenía sus golpes, para no desfigurar a un guapo joven o en consideración a su familia, el xoanon se consideraba su función entorpecida. La sacerdotisa podía reprender a los azotadores y decir que la imagen de la diosa empezaba a parecer pesada y que esto exigía más sangre, con lo que se intensificaba el azote. Se creía que la flagelación endurecía a los niños y los convertía en mejores soldados espartanos. A quienes superaban la prueba se les denominaba bōmonikēs («vencedores del altar»). A quienes no superaban la prueba se les podía azotar hasta dejarlos al borde de la muerte o incluso hasta matarlos. Es posible que los azotes se realizaran por equipos.
En la época romana, según Marco Tulio Cicerón (Tusculanas, II, 34), el ritual se había transformado en un espectáculo sangriento, llegando a veces hasta la muerte de un joven, bajo la mirada de los espectadores llegados de todo el Imperio. En algún momento después del año 225 a C. se construyó en la zona una grada de teatro desde la que se podía seguir la ceremonia. Esto demuestra que se reunía allí una gran cantidad de gente para presenciar los acontecimientos. Libanio indica que aún en el , el espectáculo atraía curiosos.
Jean-Pierre Vernant interpretó este culto en el marco de los ritos de paso relacionados con la educación de los jóvenes, presididos por Artemisa. Según él, el látigo actúa «como un obstáculo que hay que superar, una dolorosa prueba de infamia que hay que aceptar afrontar para obtener, junto con el botín robado, la recompensa de una fama duradera». Vernant precisa que «si bien el látigo amenaza a todos por igual, afecta sobre todo a los débiles y los lentos: los malos ladrones». No obstante, la flagelación también es presentada por los testigos como una prueba de resistencia.
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