miniatura|Pintura de Charles Gabriel Lemonnier que representa la lectura de una tragedia de Voltaire, por entonces en el exilio, El huérfano de la China (1755), en el salón literario de madame Geoffrin en la calle Saint-Honoré de París. Los personajes más notables reunidos en torno al busto de Voltaire son Rousseau, Montesquieu, Diderot, D'Alembert, Buffon, Quesnay, Du Plessis y Condillac. Además, figuran Gresset, Marivaux, Marmontel, Vien, La Condamine, Raynal, Rameau, mademoiselle Clairon, Hènault, Choiseul, Bouchardon, Soufflot, Saint-Lambert, el conde de Caylus, Felice, el barón de Aulne, Malesherbes, Maupertuis, Mairan, D'Aguesseau, Clairaut, la condesa de Houdetot, Vernet, Fontenelle, el duque de Nivernais, Crébillon, Duclos, Helvètius, Vanloo, Lekain, Lespinasse, Boccage, Réaumur, Graffigny, Jussieu y Daubenton.
La Ilustración fue un movimiento cultural e intelectual europeo que tuvo lugar desde mediados del hasta principios del , especialmente en el Reino de Gran Bretaña, Reino de Francia, Sacro Imperio Romano Germánico, Reino de Nápoles, Ducado de Milán y el Imperio español. Inspiró profundos cambios culturales y sociales; la Revolución francesa y el racionalismo ilustrado fueron algunos de sus efectos más drásticos. El es conocido, por estos motivos, como el Siglo de las Luces y del asentamiento de la fe en el progreso. Las ideas desarrolladas durante esta época estuvieron enfocadas en conceptos como la búsqueda de la felicidad, la soberanía de la razón, y la evidencia de los sentidos como fuentes primarias del aprendizaje. Entre las ideas que tuvieron su origen o mayor auge durante la Ilustración se incluyen ideales políticos como la ley natural, la libertad, la igualdad, el progreso, la tolerancia, la fraternidad, el gobierno constitucional y la separación Iglesia-Estado.Existió también una Ilustración española e hispanoamericana, la de la Escuela Universalista Española del , aunque más científica y humanística que política.Cf. P. Aullón de Haro, La Escuela Universalista Española del , Madrid, Sequitur, 2016; A. García Martín, La Ilustración Hispánica, Madrid, AECID, 2018.
La Ilustración fue precedida y se solapa con la Revolución científica y la obra de Johannes Kepler, Galileo Galilei, Francis Bacon, Pierre Gassendi e Isaac Newton, entre otros, así como con la filosofía racionalista de Descartes, Hobbes, Spinoza, Leibniz y John Locke. Algunos sitúan el inicio de la Ilustración en la publicación del Discurso del método de René Descartes en 1637, con su método de dudar sistemáticamente de todo a menos que haya una razón bien fundada para aceptarlo, y que incluye su famosa sentencia, Cogito, ergo sum («Pienso, luego existo»). Otros citan la publicación de los Principia Mathematica (1687) de Isaac Newton como la culminación de la Revolución científica y el comienzo de la Ilustración. Los historiadores europeos, especialmente los franceses, tradicionalmente databan su comienzo con la muerte de Luis XIV de Francia en 1715 y su final con el estallido de la Revolución francesa en 1789. En la actualidad, muchos historiadores sitúan el final de la Ilustración a principios del , siendo el año más tardío propuesto el de la muerte de Immanuel Kant en 1804.
Los pensadores de la Ilustración sostenían que el conocimiento humano podía combatir la ignorancia, la superstición y la tiranía para construir un mundo mejor. La Ilustración tuvo una gran influencia en aspectos científicos, económicos, políticos y sociales de la época. Este tipo de pensamiento se expandió en la población y se expandió por los hombres de letras, pensadores y escritores que creaban nuevas formas de entender la realidad y la vida actual. Se expandió también a través de nuevos medios de publicación y difusión, así como en libros, periódicos, reuniones, o en cafés en las grandes ciudades continentales y británicas, en las que participaban intelectuales y políticos a fin de discutir y debatir acerca de la ciencia, política, economía, sociología, leyes, filosofía y literatura. La Ilustración fue marcada por su enfoque en el método científico y en el reduccionismo, el dividir problemas y sistemas en sus componentes al momento de encontrar una solución y/o entender mejor cómo funciona el sistema o problema.
Los filósofos y científicos de la época difundieron ampliamente sus ideas a través de reuniones en academias científicas, logias masónicas, salones literarios, cafés y en libros impresos, revistas y panfletos. En Francia, financiados en su mayor parte por la Ferme générale (como fue el caso de Helvétius) o por la especulación (como el comercio triangular y el relacionado comercio de esclavos), estos intelectuales, que se reunían en salones (como el del barón de Holbach), en logias (como la de Neuf Sœurs) y en torno al proyecto de traducir la Cyclopaedia de Ephraim Chambers, lo que les llevó a ser llamados los Enciclopedistas, publicaron un gran número de ensayos, gacetas, panfletos, novelas y obras de teatro. Mantuvieron correspondencia con las cortes europeas para formar la República de las letras. Las ideas de la Ilustración socavaban la autoridad de la monarquía y del clero y allanaron el camino para las revoluciones políticas de los siglos y . Diversos movimientos del , como el liberalismo, el socialismo y el neoclasicismo, remontan su herencia intelectual a la Ilustración.Eugen Weber, Movements, Currents, Trends: Aspects of European Thought in the Nineteenth and Twentieth Centuries (1992).
Las doctrinas centrales de la Ilustración eran la libertad individual, el gobierno representativo, el imperio de la ley y la libertad de culto, en contraste con la monarquía absoluta o los Estados unipartidistas y la persecución religiosa de confesiones distintas de las establecidas formalmente y a menudo controladas directamente por el Estado. En cambio, otras corrientes intelectuales incluían argumentos a favor del anticristianismo, el deísmo e incluso el ateísmo, acompañados de demandas a favor de estados laicos, prohibiciones de la educación religiosa, supresión de monasterios, supresión de los jesuitas y la expulsión de órdenes religiosas. La crítica contemporánea, en particular de tales conceptos antirreligiosos, ha sido bautizada desde entonces por Isaiah Berlin como la Contrailustración.
El debate sobre la Ilustración como proceso de pensamiento ha continuado hasta nuestros días. Críticas al énfasis en el racionalismo de la Ilustración surgieron en torno a 1750 entre los propios filósofos de la Ilustración y luego en movimientos artísticos como el Romanticismo, pero también en el contexto del escepticismo y el conservadurismo político surgidos a principios del . Desde 1945, la Ilustración europea también se ha interpretado como un proyecto incompleto y ambivalente a la vista de sus consecuencias tardías, por ejemplo en la Escuela de Fráncfort. Más recientemente, la Ilustración también se ha visto como un proceso incompleto de emancipación social que debe continuar en el , por ejemplo, por parte de la Fundación Giordano Bruno en Alemania. Los supuestos de la Ilustración están en el centro de las críticas de teóricos posmodernos, mientras que la mayoría de académicos en las humanidades y en las ciencias sociales siguen considerándose enraizados en la modernidad y se refieren positivamente a las ideas de la Ilustración. Sitúan la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas de diciembre de 1948 en la tradición de la Ilustración.
Definición del término
La Ilustración (Lumières, en francés; Enlightenment, en inglés; Illuminismo, en italiano; Aufklärung, en alemán),U. Im Hof, La Europa de la Ilustración, Barcelona, Crítica, 1993, cap I. en frase de uno de sus más importantes representantes, D'Alembert, «lo discutió, analizó y agitó todo, desde las ciencias profanas a los fundamentos de la revelación, desde la metafísica a las materias del gusto, desde la música hasta la moral, desde las disputas escolásticas de los teólogos hasta los objetos del comercio, desde los derechos de los príncipes a los de los pueblos, desde la ley natural hasta las leyes arbitrarias de las naciones, en una palabra, desde las cuestiones que más nos atañen a las que nos interesan más débilmente». Esto mismo nos indica que, más que el contenido mismo de sus doctrinas, lo original del movimiento fue la forma de pensamiento y valoración.
Según las interpretaciones marxistas, entre cuyas opciones se encuentra la de Lucien Goldmann, la Ilustración puede ser definida como «una etapa histórica de la evolución global del pensamiento burgués». Como tal, insertaría su filiación doctrinal en el Renacimiento y, especialmente, en las corrientes racionalistas y empiristas del (de Descartes, a Locke, pasando por Bacon, Bayle, Galileo, Grocio, Hobbes, Leibniz, Newton, Spinoza, o los libertinos), y basa su posibilidad sociológica de desarrollo en las revoluciones políticas neerlandesa e inglesa, en el empuje de la burguesía y en las transformaciones económicas en gestación, apoyadas en una coyuntura en alza, que desembocarán en la Revolución francesa.
Contexto histórico
Introducción Los filósofos de la antigua Grecia fueron los primeros en explorar los poderes y usos de la razón. Los romanos adoptaron y preservaron gran parte de la cultura griega, incluidas en particular las ideas de un orden natural racional y la ley natural. Sin embargo, en medio de la agitación del Imperio romano, surgió una nueva preocupación por la salvación personal, y se allanó el camino para el triunfo de la religión cristiana. Los pensadores cristianos gradualmente encontraron usos para su herencia grecorromana. El sistema de pensamiento conocido como escolasticismo, que culminó en la obra de Tomás de Aquino, resucitó la razón como una herramienta de comprensión. En la obra de Tomás de Aquino, Aristóteles brindaba el método para obtener esa verdad que era determinable solo por la razón, y en tanto que la revelación cristiana contenía una verdad superior, Tomás ubicaba a la ley natural que era evidente para la razón como subordinada a la ley eterna y la ley divina, pero sin entrar en conflicto con ellas.
El edificio intelectual y político del catolicismo romano, aparentemente inexpugnable en la Edad Media, cambió tras humanismo y el Renacimiento. El humanismo dio paso a la ciencia experimental de Francis Bacon, Nicolás Copérnico y Galileo así como a las investigaciones matemáticas de René Descartes, Gottfried Leibniz e Isaac Newton. El Renacimiento redescubrió gran parte de la cultura clásica y revivió la noción de que los seres humanos eran seres creativos, mientras que la Reforma rechazó la autoridad magisterial de la Iglesia católica. Para Martín Lutero, como para Bacon o Descartes, el camino hacia la verdad estaba en la aplicación de la razón humana: contra el teocentrismo medieval, desde el antropocentrismo renacentista de la Reforma cada hombre tenía derecho a ser su propio sacerdote y tener una relación personal o cristocéntrica con Dios, y para ello debían poder leer las Escrituras en su lengua propia, por lo que la instrucción se generalizó al menos en el norte de Europa: de ello dependía nada menos que la salvación. Tanto el Renacimiento como la Reforma protestante fueron menos movimientos en pro de la libertad intelectual que cambios de autoridad, pero, en tanto apelaban a autoridades diferentes, contribuyeron a la ruptura de la uniforme comunidad de pensamiento. La autoridad recibida, ya fuera la de Ptolomeo en las ciencias o la de la Iglesia en asuntos espirituales, debía estar sujeta al examen de mentes libres.