La Real Colegiata Basílica de San Isidoro o, simplemente, San Isidoro de León es un templo cristiano ubicado en la ciudad de León, en España. Es uno de los conjuntos arquitectónicos de estilo románico más destacados de España, por su historia, arquitectura, escultura, y por los objetos suntuarios románicos que se han podido conservar. Presenta la particularidad de tener un Panteón Real ubicado a los pies de la iglesia, con pintura mural románica y capiteles originales, todo lo cual hace que sea pieza única del mundo románico de la época. El conjunto fue construido y engrandecido durante los siglos y .
En su origen fue un monasterio dedicado a San Pelayo, aunque se supone que anteriormente se asentaba en sus cimientos un templo romano. Con el traslado de los restos de san Isidoro, obispo de Sevilla, Doctor de las Españas a León, se cambió la titularidad del templo.
El edificio de la iglesia conserva algunos vestigios románicos de la primera construcción de Fernando I y Sancha. El Panteón y las dos puertas de su fachada sur, llamadas Puerta del Cordero y Puerta del Perdón, más la Puerta Norte o Capitular, son las primeras manifestaciones del arte románico en los territorios leoneses. Con el transcurso del tiempo se hicieron modificaciones y añadidos góticos, renacentistas y barrocos.
Es Monumento Histórico Artístico desde el 9 de febrero de 1910.Ficha en la página web del Ministerio de culturaTodos estos datos se pueden constatar en la bibliografía presentada, fácil de manejar al ser capítulos dentro de una obra general.
Contexto histórico-artístico miniatura|Recaredo y obispos. Concilio III de Toledo, año 589. Códice Vigilano, fol. 145, Biblioteca de El Escorial A comienzos del , en el Reino de León se seguían conservando los edificios con tradición y cultura hispanas, sin modificar, mientras que en el Condado de Barcelona y algunas partes de Europa había entrado ya con fuerza el arte románico, acompañado del nuevo rito romano conjuntamente con el canto gregoriano, impulsados desde Roma. En las regiones leonesas la Iglesia católica practicaba, sin embargo, la liturgia hispánica que se había gestado y definido en los Concilios de Toledo. Lo mismo sucedía en los monasterios, cuyos monjes seguían las reglas de los padres de la Iglesia hispanogoda, aun cuando todos ellos, clérigos y monjes, reconocían la autoridad del papa en Roma y se sentían tan cristianos como el resto de Europa. También los monasterios iban a cambiar pues lo que se pretendía era seguir en todos ellos la Regla de San Benito.
El hecho de que el Reino de León estuviera inmerso en las luchas de la Reconquista, condicionaba un tanto la forma de pensar y de actuar, y esto se extendía de manera práctica al arte de la construcción y de la ornamentación, que se mantuvo fiel al pasado y al recuerdo de sus antepasados próximos: los visigodos.
Historia y evolución del edificio La iglesia y monasterio de lo que hoy se conoce como basílica de San Isidoro tuvo sus orígenes hacia el año 956, un solar aledaño a la muralla romana de la Legio VII Gemina, por la parte del noroeste. Toda la parte occidental del edificio está adosada y superpuesta a ella. Se conservan en buen estado por este ángulo del noroeste bastantes metros de dicha fortaleza. También se han podido detectar bajo los edificios de la Colegiata, y tras las obras de restauración, importantes vestigios romanos: gruesos muros de ladrillo, alcantarillas, cerámica, tégulas, atarjeas de letrinas (conducto por donde las aguas de la casa van al sumidero), con el sello de la Legio VII.
Del periodo visigodo no queda ni un resto y del periodo árabe, tampoco, ni de los primeros tiempos de la Reconquista. Las primeras referencias en crónicas y documentos aparecen a mediados del , dando noticia de las iglesias de San Juan y San Pelayo, que por estas fechas empiezan a desarrollarse.
El rey Sancho I de León (Sancho el Craso) quiso que se edificara esta iglesia. A lo largo de los siglos y hasta llegar al fue transformándose física y espiritualmente sufriendo épocas de gran esplendor y épocas de auténtica decadencia. He aquí las distintas fases por las que pasó; son fases con mucha carga histórica en las que se hizo notar en gran medida la influencia de los sucesivos reyes y su entorno familiar.
La iglesia de Sancho I el Craso miniatura|Pelayo. Su biografía dice que murió martirizado defendiendo su virginidad Reinando Sancho I (llamado el Craso, hijo de Ramiro II) aparecen en el año 956 las primeras noticias documentadas sobre este edificio. La intención de este rey fue construir un templo para albergar las reliquias de Pelayo, el niño martirizado en Córdoba en el año 925, cuya fama se extendió pronto por toda la cristiandad europea. Hizo las gestiones oportunas con la corte cordobesa (de la que había sido huésped) para el traslado del cuerpo, pero no vio realizado su empeño porque fue asesinado antes.
Su hermana Elvira Ramírez (monja y regente de su sobrino Ramiro III) junto con Teresa Ansúrez, la reina madre, viuda de Sancho I, consiguieron realizar el proyecto, así que los restos de Pelayo fueron trasladados desde Córdoba a León. Pelayo fue un niño cristiano, prisionero en Córdoba en tiempos de Abderramán III. Su biografía dice que murió martirizado defendiendo su virginidad. Su fama y admiración se extendió pronto por el mundo cristiano de Europa. En Turingia la monja alemana benedictina Hrotsvita le dedicó un poema:
Elvira Ramírez era monja en San Salvador de Palat del Rey, un monasterio fundado por su padre el rey Ramiro II, construido junto a su palacio, exclusivo para mujeres de la realeza. Elvira y su comunidad se mudaron al nuevo templo de San Pelayo, aquel que se acababa de construir para recibir las reliquias del mártir. Fue levantado este templo junto a otro pequeño y muy antiguo (conocido como el antiquísimo) que estaba dedicado a san Juan Bautista. Elvira y la comunidad trasladada sirvieron tanto en un templo como en el otro.
La vida de esta comunidad monástica duró tan solo veinte años en este lugar. En el reinado de Bermudo II el Gotoso (982-999), León sufrió el ataque y devastación de Almanzor (en el 988), quedando arrasadas las dos pequeñas iglesias, San Juan Bautista y San Pelayo. Por entonces la primera abadesa Elvira ya había muerto, sucediéndola Teresa Ansúrez, la reina viuda que, al tener noticia de las inminentes aceifas de Almanzor, se ocupó (junto con la comunidad) de llevarse el cuerpo de Pelayo a la ciudad de Oviedo para preservar las reliquias.
Infantado de San Pelayo
El Infantado fue una célebre institución medieval de mediados del , establecida a favor de las infantas solteras que vivían como religiosas en los monasterios; dichas infantas llegaron a regir gran cantidad de cenobios, aportando como dote poblados y propiedades varias.
Estas infantas solteras leonesas ostentaron el título de Dominas o Abadesas. El Infantado de León tuvo su comienzo en el monasterio de Palat del Rey, creado por el rey Ramiro II para su hija Elvira. Al trasladarse la comunidad de Palat del Rey al monasterio de San Pelayo (todavía no se llamaba San Isidoro), la institución tomó el nombre de Infantado de San Pelayo. Una comunidad de canónigos atendía a las monjas en calidad de capellanes, siempre bajo la autoridad de la abadesa o domina.
También a mediados del se instituyó en Covarrubias el Infantado (o Infantazgo) de Covarrubias, para las infantas de la realeza y para las hijas de los condes de Castilla que ostentaban igualmente el título de Infantas., Francisco Javier (párroco abad de Covarrubias) Covarrubias, cuna de Castilla. Edita el autor, 1983. Depósito legal: VI. 129-1983
La iglesia de Alfonso V el Noble
Alfonso V (el de los Buenos Fueros), rey leonés desde 999 a 1028, tras el paso devastador de Almanzor por la ciudad de León mandó reconstruir muchos edificios, entre ellos el monasterio de San Pelayo y la iglesia de San Juan Bautista.
Fue construida esta iglesia con materiales pobres (según dice el cronista obispo Lucas de Tuy, ex luto et latere es decir, de tapial y ladrillo), con planta tradicional, un testero tripartito, recto, y con dos cementerios para la gente de alto rango: uno a la cabecera para obispos y algunos reyes que yacían en León, sobre el que construyó un altar a Martín de Tours; otro a los pies (in occidentali parte), como un atrio sin cubrir, dedicado a enterramiento regio, donde puso los cuerpos de sus padres Bermudo II y Elvira García, y donde él mismo fue enterrado. Sobre su tumba hay un epitafio que dice que edificó la iglesia de San Juan de barro y ladrillos. Esta es la iglesia que se conoce como iglesia antigua y que debió ser de proporciones muy pequeñas.
Lucas de Tuy, llamado el Tudense,Cita mostrada por Antonio Viñayo en San Isidoro de León. Panteón de Reyes, p.7 y en Enciclopedia del Románico en Castilla y León, p.37 y 53; este autor la extrajo del Chronicon mundi de Lucas de Tuy. dice:
Se reorganizó de nuevo la comunidad de monjas y la comunidad de canónigos, todos bajo el mandato de la nueva abadesa Teresa Ansúrez. En 1028 viajó hasta Oviedo para vivir definitivamente en el monasterio de San Pelayo de esta ciudad asturiana y estar cerca de las reliquias del mártir. Allí murió y fue enterrada.
La iglesia románica de Fernando I y su esposa Sancha miniatura|Miniatura medieval que representa al rey Fernando I el Magno y a su esposa, la reina Sancha Alfónsez de León Sancha Alfónsez de León, hija de Alfonso V, fue abadesa del monasterio de San Pelayo desde muy joven. Junto con su esposo Fernando fueron reyes de León desde 1037. Sancha influyó notablemente en el rey Fernando para llevar a cabo una edificación en piedra de la iglesia de San Juan Bautista, convenciéndole además para que su enterramiento tuviera lugar en este templo y no en el Monasterio de Arlanza, ni en el Monasterio de Oña, dos posibilidades que el rey barajaba. El proyecto se llevó a cabo mandando derribar la humilde iglesia anterior de Alfonso V y construyendo en su lugar un templo con buena piedra labrada, según se hace saber en las crónicas. No fue un templo grande y abierto a los fieles sino una pequeña iglesia palatina para uso de sus mecenas Fernando y Sancha, que vivían en su palacio ubicado junto al monasterio dúplice (con una comunidad de monjas y otra de canónigos como ya se ha explicado)., Therese, Queen as King: Politics and Architectural Propaganda in Twelfth-Century Spain, Leiden, 2006.
Reconstruyeron también el espacio dedicado a Panteón de Reyes. Así consta en la lápida de consagración y así lo atestigua el cronista de la época conocido con el nombre de Silense que fue además clérigo de San Isidoro. En el cementerio de los pies de la iglesia (el actual Panteón de Reyes) fueron enterrados estos reyes fundadores: Fernando, Sancha y tres de sus hijos: Urraca, Elvira y García. Está también el cenotafio del último conde de Castilla, García Fernández. El epitafio de Fernando I muerto en 1065 dice así:
En el centro se representa la escena del Descendimiento, de gran realismo, acompañada por dos ángeles turiferarios (que portan incensarios) sobre el brazo horizontal de la cruz. miniatura|Torres del Río. Capitel con el tema del sepulcro vacío A la derecha se ven a las tres Marías ante el sepulcro vacío cobijado en un arco románico peraltado. Un ángel desarrolla grandes alas que resguardan todo el conjunto.
Estos temas expresados por el maestro Esteban fueron muy extendidos por los escultores del Camino de Santiago, que a su regreso lo llevaron a Francia en una cronología posterior.
Puerta norte o Capitular