La Coalición del Norte fue una alianza entre las provincias del norte de la Confederación Argentina, establecida a principios del año 1840 para oponerse a Juan Manuel de Rosas, gobernador de la provincia de Buenos Aires y encargado de las relaciones exteriores de la Confederación. Sus fuerzas militares participaron en la guerra civil hasta su derrota ocurrida en septiembre de 1841. La Coalición llegó a controlar seis provincias simultáneamente, y pretendió aliarse con la aislada provincia de Corrientes, cuyo gobernador también era enemigo de Rosas.

Antecedentes

La Argentina llevaba ya más de dos décadas sin un gobierno centralizado y sin una Constitución, si se exceptúa el corto período de la presidencia de Bernardino Rivadavia, que no fue reconocida en todo el país. El gobernador porteño, Juan Manuel de Rosas, había sido legítimamente electo en su provincia y las demás le habían delegado el manejo de las relaciones exteriores y la paz y guerra.Miguel Ángel Centeno (2002). Blood and Debt: War and the Nation-State in Latin America. Filadelfia: University of Pennsylvania Press, pp. 228. ISBN 0-271-02165-9. Se calcula que Rosas tenía bajo su mando personal una fuerza de entre dieciséis y veinte mil soldados y milicianos bonaerenses durante la década de 1840.

Rosas había logrado poner a varios de sus aliados de gobernadores en diversas provincias, como la de Córdoba, donde gobernaba Manuel López, alias «Quebracho», y San Juan, donde lo hacía era Nazario Benavídez. En su propia provincia, Rosas gobernaba con la «suma del poder público», es decir, con absoluta discrecionalidad y sin obligación de dar cuenta de sus actos a nadie.

Durante la década de 1830, después de la derrota de la Liga Unitaria del Interior, el partido federal dominó todas las provincias argentinas bajo la dirección de tres caudillos: Rosas en Buenos Aires, Facundo Quiroga de La Rioja, y Estanislao López, de Santa Fe.

La muerte de Quiroga en 1835 dejó el control del norte al gobernador de la provincia de Tucumán, Alejandro Heredia, quien tras la declaración de guerra por parte de Rosas al presidente de la Confederación Peruano-Boliviana, Andrés de Santa Cruz, del 19 de mayo de 1837, fue puesto a cargo de las operaciones como comandante del Ejército del Norte. Heredia reemplazó a los gobernadores de Salta, Jujuy y Catamarca por jefes militares adictos. Su política fue particularmente permisiva para con los unitarios, y bajo su mando no hubo más problemas que la guerra entre Salta y Jujuy, la guerra contra la Confederación Perú-Boliviana y los conflictos que el propio Heredia fomentaba para imponer su autoridad en las provincias vecinas.

A fines de 1838, Heredia fue asesinado por un oficial descontento, apoyado por algunos personajes del Partido Unitario (o al menos liberal) que estaban en Tucumán bajo su protección. Entre ellos tuvo un papel destacado el joven Marco Avellaneda, hijo de un exgobernador de Catamarca. Después de la muerte de Heredia, el poder en Tucumán pasó paulatinamente a un grupo liberal, y lo mismo sucedió en las provincias que el tucumano había controlado.

En todo el país había grupos de opositores que pretendían forzar un cambio de política, entre los cuales el más destacado era la Asociación de Mayo, dirigida en Buenos Aires por Esteban Echeverría. Pero la persecución de Rosas a sus opositores los obligó a conspirar en su contra o exiliarse, generalmente en Montevideo. En las provincias del interior, en especial las del noroeste del país, la persecución no era tan acentuada, y esos grupos estaban muy cerca del poder, cuando no formando parte de los gobiernos provinciales.

Primeras campañas contra Rosas

Los primeros problemas vinieron de afuera, cuando el general oriental Fructuoso Rivera derrocó al presidente del Estado Oriental del Uruguay, Manuel Oribe con ayuda de la flota francesa.

Esta misma flota estableció un bloqueo al puerto de Buenos Aires y al Río de la Plata, ocupando la isla Martín García. El gobernador Estanislao López envió a Buenos Aires a su ministro Domingo Cullen, que entró en tratativas con el comandante de la flota francesa. En medio de esas tratativas murió López, por lo que Cullen regresó a Santa Fe y se hizo elegir gobernador. Pero Rosas no reconoció al nuevo gobernador y este fue expulsado. En su lugar fue elegido Juan Pablo López, hermano del caudillo fallecido.José María Paz. Memorias postumas del brigadier general d. Jose M. Paz. Volúmenes III y IV. Impr. de la Revista, Bs. As., 1854. Juan Pablo López al momento de asumir el cargo de gobernador de Santa Fe tenía tres mil irregulares bajo su mando (Vol. IV, pp. 20).

Cullen se refugió en Santiago del Estero, donde organizó la primera campaña de oposición sistemática contra el gobierno de Rosas y sus aliados. Con su ayuda, los coroneles Santiago Oroño y José Manuel Salas insurreccionaron la zona de El Tío, actualmente el Departamento San Justo. El gobernador López los atacó y derrotó en la batalla de La Trinchera, a fines de febrero.

Por su parte, el exgobernador cordobés Pedro Nolasco Rodríguez se había trasladado a Catamarca, donde el gobernador Cubas le entregó quinientos milicianos para unirse a la revolución, que ambos ignoraban que ya había fracasado.

Rodríguez llegó a Córdoba, incorporó a los derrotados Oroño y Salas, y enfrentó a López en la batalla de Las Cañas, el 28 de marzo, en la que resultó derrotado y capturado. Oroño y Salas lograron escapar a Corrientes, pero Rodríguez fue fusilado.

Poco después, Rosas exigió a Ibarra la captura de Cullen, que fue enviado a Buenos Aires. Apenas entró en el territorio de la provincia, a fines de junio, fue fusilado por orden de Rosas. En ese momento, el gobernador correntino Genaro Berón de Astrada se levantó contra el poder de Rosas, pero fue vencido y muerto también.

También por esa época estalló en Buenos Aires la Revolución de los Libres del Sur, pero sus líderes fueron vencidos en la batalla de Chascomús, después de haber esperado en vano el apoyo del general unitario Juan Lavalle. Cuando este había preferido invadir Entre Ríos, primero con unos pocos hombres y luego, a principios de 1840, con la mayor parte del ejército de la provincia de Corrientes. Tras una larga campaña, invadió la provincia de Buenos Aires.Juan Bautista Alberdi. Obras completas de J. B. Alberdi. Volumen II. Imp. de "La Tribuna nacional", 1840. Las fuerzas de la Coalición del Norte se repartían en: tres mil soldados del "Ejército Libertador" de Lavalle apoyados por cinco mil hombres de Uruguay (colorados de Rivera), tres mil de Corrientes, otros tantos de Córdoba, mil de La Rioja, dos mil de Tucumán e igual número de Jujuy, Salta y Catamarca (pp. 144). Sin embargo, no todas las fuerzas de las provincias mencionadas participaron de las campañas de los unitarios, por ejemplo, La Rioja, Tucumán y Córdoba tenían dos, tres y cuatro mil hombres en armas respectivamente, pero parte de ellos se negó a participar o quedó a cargo de la seguridad de sus provincias (pp. 142-143).

Solá, Avellaneda y Cubas preparan el alzamiento

Los gobernadores del norte argentino se fueron pasando al partido liberal, con apoyo de exunitarios. Y los que se opusieron fueron directamente desplazados por estos. En general se los conoce como «unitarios», pero no todos lo eran. Como en todos los casos terminaron aliados a exunitarios notables, el título –si no verdadero– resultó una simplificación útil. Útil para los historiadores, pero sobre todo para Rosas, que explotó la ambigüedad del término con habilidad.

Manuel Solá (Salta), Marco Avellaneda (Tucumán) y José Cubas (gobernador catamarqueño), pasaron casi dos años intentando dirigir una sublevación general contra Rosas, y hasta apoyaron sublevaciones contra algunos gobernadores leales a Rosas. Pero, prudentemente, esperaron alguna ocasión propicia para pronunciarse contra él.

Rosas, por su parte, estaba enterado de la conspiración en su contra. Temiendo que se formara un ejército para combatirlo, y con la excusa de que necesitaba las armas que había enviado a Heredia para la guerra contra Santa Cruz, Rosas decidió quitárselas al gobierno tucumano. Insólitamente, eligió para esa misión al general Gregorio Aráoz de Lamadrid, un exunitario muy destacado. Rosas lo creyó sinceramente pasado al bando federal, y es posible que así fuera, solo que Lamadrid era un personaje particularmente inconsecuente. Apenas llegado con su escolta a Tucumán, se puso en contacto con los conspiradores.

La Coalición

El 7 de abril de 1840, la provincia de Tucumán se pronunció públicamente contra Rosas; lo desconocía en su carácter de gobernador de Buenos Aires y le retiraba la delegación de las relaciones exteriores. Se creó entonces la Coalición del Norte, constituida por los siguientes agentes diplomáticos, diputados: El fundamento de la guerra contra Rosas no era allanarse a Francia, sino tener una constitución, se nombra a Brizuela Director de la Liga confiándole los «asuntos generales» con facultades de hacer la guerra, firmar la paz, negociar empréstitos «dentro o fuera de la república», celebrar tratados (que ratificaría cada provincia). Brizuela tenía en La Rioja el Ejército más numeroso y mejor armado de la Coalición, y la oficialidad más destacada. Lamadrid se pasó a sus filas, y fue nombrado comandante del ejército provincial.

A lo largo del mes de abril, Avellaneda convenció a los demás gobiernos de imitar su pronunciamiento. Se unieron a ellos Salta, Jujuy, Catamarca y La Rioja. El único gobernador del norte que se negó de plano a unírseles fue Juan Felipe Ibarra, de Santiago del Estero.

Unos meses más tarde, el 24 de agosto, se realizó en Tucumán una reunión de representantes de las provincias, de la cual formaron parte Andrés Ocampo por La Rioja, Ignacio Moldes por Salta, Francisco Marcelino Augier por Catamarca y Salustiano Zavalía por Tucumán, elegido este último presidente de la reunión. En esa reunión se formalizó la Coalición del Norte.

El gobernador de La Rioja, Tomás Brizuela, tenía el ejército provincial mejor organizado y la oficialidad más destacada, y controlaba además los más importantes pasos de montaña a Chile, de donde se esperaban refuerzos. De modo que se consideró esencial su colaboración, y se lo convenció de unirse nombrándosele comandante del ejército de la Coalición, confiándole los "asuntos generales" con facultades de hacer la guerra, firmar la paz, negociar empréstitos "dentro o fuera de la República" y celebrar tratados, aunque estos últimos requerían su ratificación por parte de cada provincia.

Se mantuvieron intensas relaciones con el gobernador de Corrientes, Pedro Ferré, enemigo también de Rosas. Pero la relación directa era imposible, excepto a través del Chaco, camino impracticable para grandes ejércitos.

Si bien su objetivo confeso era obligar a reunir un congreso constituyente, con o sin Rosas, o incluso contra él (se descontaba que debería ser derribado), realmente no se dieron pasos útiles en esa dirección. De hecho, los tratados entre las provincias eran más explícitos, pero de consecuencias prácticas menos importantes de los que habían unido a la Liga del Interior diez años antes.

La política interna, administrativa, pronto tuvo que dejar paso a la guerra.

Campañas hacia el centro del país Explícita o tácitamente,Los diversos autores no se ponen de acuerdo sobre el grado de comunicación que tenían Corrientes y Uruguay con la Coalición. se acordó con el general Lavalle una táctica que podría haber sido efectiva. Ambos ejércitos debían converger sobre Santa Fe y desde allí atacar Buenos Aires. Para ello, Lavalle debía cruzar Entre Ríos, derrotando a su gobernador, Pascual Echagüe, y Lamadrid debía cruzar Córdoba, derrotando al gobernador Manuel López.