El Giro de la Galerna (en francés Virée de Galerne) fue una campaña militar de la Guerra de Vendée (en español «Vandea») durante la Revolución francesa que se desarrolló en el Maine, en Bretaña y en Normandía. Su nombre procede de gwalarn (en español «galerna»), palabra bretona que designa este viento del noroeste.
Se trata del periplo del ejército vendeano que, tras cruzar el río Loira tras su derrota en Cholet (17 de octubre de 1793), se dirige a Granville esperando recibir refuerzos desde Inglaterra.
Al no poder tomar Granville (14 de noviembre), se replegará hacia Savenay (23 de diciembre) donde fue totalmente aniquilada por las tropas del general Jean-Baptiste Kléber (1753-1800). Aquella batalla significó la destrucción del Ejército Real y Católico, condenando a los rebeldes a la derrota en lo que se denominará la «Primera Guerra de Vendée» (3 de marzo de 1793 al 5 de marzo de 1795).
Antecedentes Derrota de Cholet
Tras un período de tensiones comenzado en 1789, en 1793 se produjo un alzamiento masivo en marzo de 1793 que abarcó toda la región de la Vandea, aunque desde hacía dos años se venían formando pequeños grupos armados de opositores monárquicos al nuevo régimen.
Durante el mes de octubre de 1793, y siguiendo el plan de Kléber, los ejércitos republicanos del Oeste y Maguncia lanzaron una ofensiva coordinada para acorralar a los vendéens («vandeanos»). Estos últimos, rodeados, libraron una batalla desesperada en Cholet el día 17, siendo completamente derrotados y viéndose forzados a escapar al norte de Beaupréau, siguiendo la única ruta libre hacia Saint-Florent-le-Vieil pero quedando atrapados contra el río Loira.
El cruce del río fue posible porque durante la batalla el general y príncipe Antoine-Philippe de La Trémoïlle d'Talmont (1765-1794) lo había cruzado con 4000 soldados y tomado Varades para mantener abiertas las comunicaciones con Bretaña y Maine. Obligados a abandonar su «efímero reino», sin recibir órdenes y guiados por el pánico, los vandeanos cruzaron en todos los botes disponibles entre el 17 y el 18 de octubre. El día 19, cuando la vanguardia republicana llegó a Saint-Florent, encontró la ciudad desierta.
thumb|200px|left|Jean-Baptiste Kléber, Jean-Urbain Guérin, 1798. Los rebeldes católicos habían perdido a muchos de sus mejores generales. El marqués Louis-Marie de Salgues d'Lescure (1766-1793) había resultado gravemente herido en La Tremblaye (15 de octubre). El también marqués Charles-Melchior Arthus d'Bonchamps (1760-1793) murió el 18 de octubre por sus heridas tras prevenir la masacre de 4000 o 5000 prisioneros republicanos en Saint-Florent, los que serían liberados poco después. Maurice Joseph Louis Gigost d'Elbée (1752-1794) también estaba gravemente herido y no puede seguir al ejército; este queda bajo el mando temporal de François Charette Athanase de La Contrie (1763-1796).
Los soldados republicanos juraron no volver a tomar las armas contra los rebeldes, pero poco después de unirse al grueso del ejército sus comandantes los obligaron a volver al combate y les prohibieron mencionar tal acto de misericordia, inventando la falsa versión de que sus propios compañeros los libraron de los monárquicos.“Le Pardon de Bonchamps (David d'Angers)”. Historie Pour Tours. Publicado el 12 de abril de 2012. Consultado el 21 de enero de 2015 (en francés).
Por estas razones, en Varades los vandeanos decidieron unánimemente ponerse bajo el mando de Lescure, quien rechazo el ofrecimiento por su mal estado. Finalmente los oficiales eligieron al joven conde Henri du Vergier d'La Rochejaquelein (1772-1794). La Rochejaquelein inicialmente fue reticente a aceptar el mando pero al final se mostró de acuerdo.
Durante la travesía un mensajero de Jersey y exmiembro de la «Asociación Bretona», Association bretonne, Louis Joseph Benigna La Haye-Saint-Hilaire (1766-1838), trajo un mensaje de los príncipes exiliados en Reino Unido. Este decía que los ingleses prometían ayudar con un ejército pero los vandeanos debían tomar un puerto. Otro mensaje, escrito por el papa Pío VI (1717-1799) en respuesta a una carta del abate Étienne-Alexandre Jean-Baptiste Marie Bernier (1762-1806), anunciaba que Gabriel Guyot de Folleville (1764-1794), miembro del Consejo de la Vandea y supuestamente obispo de Agra, era un impostor. Para evitar desmoralizar al ejército, el falso obispo fue obligado por los generales a irse discretamente.
thumb|220px|left|La déroute de Cholet, Jules Girardet, 1886. El 20 de octubre los vandeanos dejan Varades con rumbo a Laval. La columna tiene un largo de 18 kilómetros. Contaban con La Rochejaquelein como comandante en jefe, asesorado personalmente por Lescure y secundado por Jean-Nicolas Stoffiet (1753-1796); con el príncipe de Talmont a cargo de la caballería, secundado por Henri Forestier (1775-1806); Gaspard de Bernard de Marigny (1754-1794) encabezando la artillería; y el presidente del Consejo, el marqués Guy Joseph de Donnissan de Citran (1737-1794). También destacan Charles Augustin de Royrand (1731-1793), François de La Lyrot Patouillère (1732-1793), Jacques Nicolas Fleuriot de La Fleuriais (1738-1824), el marqués Charles Auguste Marie Joseph de Beaumont d'Autichamp (1770-1859), Dominique Piron Piron La Varenne (c.1755-1794), Louis Marie de La Roche-Saint-André (1751-1793) y Charles Henri Félicité Sapinaud de La Rairie (1760-1829).
Movimientos republicanos thumb|250px|Le Général Lescure blessé passe la Loire à Saint-Florent, Jules Girardet, 1882. Tras la exitosa operación en Cholet los republicanos cometen el error de no avanzar inmediatamente sobre Saint-Florente, creyendo la guerra ya ganada. Todo esto había sido gracias a que el 1 de octubre el Comité de Salvación Pública había ordenado organizar las fuerzas republicanas en una sola unidad, el Ejército del Oeste, bajo el mando de Jean Léchelle (1760-1793). Se acababan así las descoordinaciones y rivalidades entre los distintos jefes independientes. Léchelle pronto es declarado incompetente por varios representantes de misión y reemplazado informalmente por Kléber. Sus principales oficiales eran Armand-Michel de Bacharetie de Beaupuy (1755-1796), Nicolas Haxo (1749-1794), François-Séverin Marceau-Desgraviers (1769-1796), François-Joseph Westermann (1751-1794) y Chalbos Alexis François (1736-1803). Ellos eran supervisados por los representantes de misión Antoine Merlin de Thionville (1762-1833), Louis Turreau-Linières (1761-1794), Pierre Bourbotte (1763-1795), René-Pierre Choudieu (1761-1838), Pierre Louis Prieur de la Marne (1756-1827) y Jean-Baptiste Carrier (1756-1794).
Su ejército estaba encargado de perseguir a los vandeanos, sumando hombres. Al norte del Loira estaban las tropas del general Jean Antoine Rossignol (1759-1802), aunque bastante dispersas y como estaban encargadas de defender las costas de Bretaña y Maine, se concentraban en defender las ciudades costeras, dejando el interior de las provincias vulnerables viéndose sorprendidas por los ataques vandeanos. Pronto tuvieron que pedir refuerzos a las unidades de Normandía.
Fuerzas enfrentadas Republicanos Al inicio de la campaña el Ejército del Oeste, la unidad republicana encargada de perseguir a los vandeanos y formada de la fusión del Ejército de Maguncia, el Ejército de las costas de La Rochelle (o de la Vandea) y parte del Ejército de las costas de Brest, sumaba aproximadamente soldados según el Owen Connelly, de los que a provenían de la primera unidad. Sin embargo, parte de sus fuerzas no cruzaron el Loira y se quedaron en la Vandea. La marquesa de La Rochejacquelein afirmaba que después de la batalla de Laval los republicanos reunieron unos soldados.
Unos meses antes, el 15 de julio de 1793, el revolucionario Bertrand Barère de Vieuzac había estimado las fuerzas republicanas en el oeste francés en soldados del Ejército de las costas de La Rochelle, del Ejército de las costas de Brest y del Ejército de las costas de Cherburgo.
Basado en el estudio de numerosos documentos de la época, el militar francés Jean-Julien Savary calculaba que para el 14 de noviembre de 1793, poco antes del asalto a Granville, unos republicanos estaban operando contra los monárquicos: en Rennes el Ejército del Oeste más algunos refuerzos del Ejército de las costas de Brest ( plazas), la columna del general Auguste Joseph Tribout (4000) y el Ejército de las costas de Cherburgo en Coutances (6000).
Monárquicos thumb|300px|izquierda|Retrato de la marquesa de La Rochejaquelein, por Pierre-Narcisse Guérin, primer tercio del . El general Turreau afirmaba en sus Memorias, escritas originalmente entre 1794 y 1795, que la mayoría de los vandeanos siguieron sus costumbres y volvieron a sus hogares después de Cholet. También que sólo una parte del ejército cruzó el Loira, como mucho personas, de las que menos de eran combatientes y 4000 a 5000 mujeres y niños. Se basaba en un informe hecho por los comisionados republicanos de la Vandea en 1793. En el documento afirmaban sobre los realistas que cruzaron las aguas: «Nos enteramos de que hay entre 20 y 30.000; de 4 a 5.000 mujeres, niños y ancianos los siguen o más bien obstaculizan su progreso» (sic). En cambio, el general vandeano Bertrand Poirier de Beauvais, quien escribió sus propias Memorias en 1796-1797 en respuesta a Turreau, sostenía que la mayoría de los vandeanos cruzaron acompañados por sus esposas e hijos. En vanguardia iban los 6000 mejores combatientes monárquicos que eran seguidos por el grueso del ejército, unos hombres. Otro general republicano, Jean Baptiste Kléber, estimaba que unos monárquicos cruzaron el río, sin incluir sacerdotes y niños ni a 9000 ó mujeres. Esta hueste contaba con 32 cañones, varios de a 12 libras, y cajones de municiones en proporción.
Decía un comandante republicano de apellido Bourgeois, quien fue el primero en enfrentarse a los vandeanos después del cruce del río y cuyo testimonio fue recogido por Savary: «nos encontramos a tres leguas de Varades donde cuarenta mil soldados del ejército católico, perseguidos por el ejército de Maguncia, acababa de aterrizar». En un interrogatorio, un oficial monárquico apellidado Perreau afirmaba los vandeanos tenían a hombres y 45 cañones, pero les seguían «rezagados» en «un número muy considerable». La marquesa de La Rochejacquelein reconoce que jamás se hizo un censo de la hueste pero la estimación que más escuchó era de unos y que contaban con 30 cañones. Descontando unas mujeres e igual número de ancianos y niños, quedarían unos hombres adultos. Descartando a los numerosos heridos, los que carecían de experiencia militar o tenían muy poca y los que estaban agobiados cuidando de sus familias, solamente a eran verdaderos combatientes. Jaudonet de Laugrenière, estimaba que la hueste monárquica: «Su número no ascendía a menos de sesenta mil combatientes, entre ellos treinta mil armados, sin contar una innumerable y desordenada procesión de mujeres, niños, ancianos, sacerdotes, monjes, religioso. Tenían entre mil doscientos y mil quinientos caballos, seiscientos carruajes, veintidós carromatos llenos, treinta piezas de cañón y una gran cantidad de balas».