thumb| El juglar Crispín d'Olot pregonando el Carnaval de La Bañeza (2010).|alt= Un juglarcuyo femenino es juglaresa. —antiguamente también joglar— era un artista ambulante en la Edad Media. A cambio de dinero o comida, ofrecía su espectáculo callejero en las plazas públicas, y en ocasiones era contratado para participar como atracción y entretenimiento en las fiestas y los banquetes de reyes y nobles.

Etimología De las tres acepciones que el DRAE consigna de «juglar», la principal (recogida también en el diccionario de teatro de Gómez García) insiste en su condición de artista de atracciones: «En la Edad Media, persona que ante el pueblo o los nobles y los reyes recitaba, cantaba o bailaba o hacía juegos, yendo de unos lugares a otros». También señalan los académicos la sinonimia entre «juglar» y «pícaro», además de la antigua relación con «trovador» o «poeta».

Por su parte, el semiólogo francés Patrice Pavis acoge el sentido de equivalencia que se les da a «juglar» y «malabarista» en muchos países europeos: bateleur, en francés; juggler, en inglés, y gaukler, en alemán. De ahí que «juglar» sea, en el medio histórico-medieval, un término genérico en el que se incluyen farsantes, charlatanes, saltimbanquis, feriantes, acróbatas e, incluso, barberos, dentistas y amaestradores de animales.

«Joglar» y «juglar» derivan de la palabra latina iocularis que se puede traducir como gracioso, divertido o entretenido. A su vez, iocularis procede del vocablo iocus, de la que deriva la palabra «juego»; una de las acepciones de «juegos» en el DRAE es: «fiestas y espectáculos públicos que se celebraban antiguamente».

Según Jacques Le Goff, se calificaba como joculator a todos aquellos que se consideraban peligrosos o convenía separar de la sociedad. Un joculator era, pues, un indeseable, un rebelde...

Ramón Menéndez Pidal concluye que el término joglaría significaba, en un principio, diversión o espectáculo que proporciona el juglar, evolucionando posteriormente su significado al de burla o chanza.

Fray Liciniano Sáez sostiene que la voz joglar no solo corresponde a truhan bufón, cantor de coplas por las calles y comediantes, sino que también comprende a los poetas, a los que cantaban en las iglesias y palacios de grandes señores, a los compositores de danzas, juegos y toda especie de diversiones y alegrías, a los tañedores de instrumentos; en definitiva, a todos los que causaban alegría.

Orígenes y evolución de la juglaría El vocablo «juglar» engloba, durante buena parte de la Edad Media, a todos los profesionales de las artes escénicas, independientemente de su calidad artística, remuneración y público al que entretenía. Así mismo, era habitual que los juglares dominasen más de una disciplina artística y las combinasen en sus espectáculos. Así lo atestiguan textos de la época, es el caso del cantar de gesta Daurel et Beton, en el que el juglar Daurel tañe arpa y vihuela, canta cantares de gesta y lais, sabe trovar y ejerce de saltimbanqui.

Estudiosos como Edmond Faral sostienen la teoría de los juglares como artistas indiferenciados y multidisciplinares desde sus orígenes, frente a las teorías que admiten la existencia de una élite juglaresca, descendiente de bardos o cantores germanos, de origen distinto al de los otros juglares. Al margen del origen, sí surgieron distintos estatus juglarescos en función de sus habilidades artísticas, el grado de refinamiento de sus espectáculos y el público al que deleitaban. Poco tenían en común el nivel de vida y el repertorio de un juglar tabernario con el de un juglar al servicio de un rey.

Los juglares se fueron especializando con el paso de los siglos, surgiendo diversos tipos y categorías con nombres propios específicos. Así hubo tipos de juglares bien vistos y valorados por sus artes (es el caso de los juglares épicos o los líricos), en cambio otros fueron desdeñados y reprobados por los moralistas (por ejemplo: los goliardos o los cazurros). El mismo Alfonso X el Sabio, en la Séptima Partida, trató de infames "a los que son juglares e los remedadores e los facedores de los zaharrones que públicamente andan por el pueblo o cantan o facen juegos por precio, esto es, porque se envilecen ante otros por aquel precio que les dan. Más los que tañeren estrumentos o cantasen por facer solaz a sí mesmos, o por facer placer a sus amigos o dar solaz a los reyes o a los otros señores, non serían por ende enfamados (infames)". Asimismo, por la Ley 3º, título XIV, Partida 4º, se prohibía a las "personas ilustres que tuvieran por barraganas a juglaresas ni sus hijas".

Los primeros juglares aparecieron en torno al divirtiendo, tanto a clases altas en sus palacios como a las bajas en las plazas y pueblos. Ramón Menéndez Pidal razona que en los textos se referían a ellos con figuras procedentes del teatro romano como mimos, histriones y timélicos, sin quedar claro si sus espectáculos eran iguales a los de la época romana u otros distintos más parecidos a los espectáculos juglarescos de la Plena Edad Media. Los juglares continuaron las artes escénicas de sus predecesores durante la Alta Edad Media, con la gran diferencia de que componen y actúan en las nuevas lenguas romances locales que van sustituyendo al latín.

Poco a poco las distintas élites artísticas, que actuaban en cortes o estaban al servicio de la nobleza, fueron adoptando otras denominaciones para diferenciarse de artistas de inferior calidad o categoría que actuaban para público más humilde. Así, por ejemplo, a partir del comenzó a llamarse ministriles a los músicos cortesanos y juglares al resto de músicos, creando así dos tipos de músicos en función del público para el que actuaban.

Por otra parte, los juglares van abandonando mayoritariamente su faceta creativa, tanto en el ámbito musical como en el literario, para ponerse al servicio de las composiciones de clérigos y trovadores, pasando de ser compositores de sus propias obras a convertirse en meros intérpretes y difundidores de obras ajenas al mester de juglaría.  

Según avanza la Baja Edad Media, el prestigio de la figura del juglar va disminuyendo hasta quedar relegado solo para ser llamados así a los truhanes y mendigos que se ganaban la vida más por medio de la picaresca que por sus habilidades artísticas. Este punto de vista sobre la juglaría fue compartido por muchos intelectuales. Por ejemplo, Marcelino Menéndez Pelayo la definió así:

La juglaría desapareció progresivamente prolongando su decadencia hasta finales del XV o las primeras décadas del , exceptuando al ciego juglar, que pervivió hasta bien entrado el recitando romances y otros cantares o coplas acompañados con zanfona o rabel.

Tipos de juglares miniaturadeimagen|Vihuela de arco y vihuela de péñola El juglar podía incluir en sus espectáculos desde música y literatura hasta acrobacias, juegos o simple charlatanería. Según la actividad en la que se centraran, podía distinguirse varios tipos de juglares: TIPO DE JUGLAR DESCRIPCIÓN Juglares líricos Recitaban las obras líricas de los trovadores Juglares épicos Interpretaban cantares de gesta y otras composiciones narrativas Remedadores ImitabanGoliardos Eran clérigos vagabundos o estudiantes de vida pícara (origen de la tuna) Zaharrones Utilizaban disfraces y gestos grotescos en sus espectáculos Trasechadores Eran prestidigitadores Menestriles Eran juglares-músicos que en lugar de andar errantes quedaban al servicio exclusivo de un señor Cazurros Recitaban de forma disparatada, sin seguir ninguna regla Juglaresas y soldaderas Eran mujeres de vida errante que se dedicaban al baile y al canto Otra posible clasificación sería la división en juglares de voz, que combinaban música y voz en sus actuaciones, y juglares de instrumentos, que prescindían de la voz. Entre estos últimos, y según el instrumento utilizado, se podían encontrar violeros, cedreros, cítolas, tromperos y tamborreros, entre otros.

Juglares y trovadores De modo muy esquemático, suele asociarse al trovador con el autor (creador), y al juglar con el actor (intérprete). Ambos se sintetizarían en la cultura musical del con la imagen del cantautor. miniaturadeimagen|Bernart de Ventadorn, trovador medieval occitano Así pues, detrás del juglar —o en su origen— ha de situarse la personalidad del trovador occitano y catalán, o el «minnesänger» alemán.Alfonso X, según recuerdan en sus monografías de la historia del teatro Lasso de la Vega y Díaz de Escovar, diferenciaba, bajo la denominación común de juglares: "los que andan por calles y plazas, tañendo y cantando por una vil ganancia, gente procaz y desenvuelta, deben llamarse bufones; los que ejercen una profesión semejante en las cortes, con decoro y gracia, sirviendo al solaz de personas esclarecidas, apellidarse juglares; y los que supieren componer danzas, coplas, arias, juegos partidos, etc., alcanzar el nombre de trovadores." Para Alfonso X la diferencia está clara. La conclusión más definidora de la diferencia entre juglar y trovador, parece evidente: el primero necesita un público y pertenece al ámbito teatral del espectáculo, el segundo (el trovador en su concepto de origen) no necesita público y se encuadra en el ámbito literario.Patrice Pavis, "Diccionario del teatro", p. 267

Medievalistas como Ramón Menéndez Pidal, defienden que los juglares son los primeros poetas en lengua romance y los trovadores aparecen posteriormente por imitación del juglar. En el , los nobles comienzan a cultivar la poesía lírica en lengua vulgar, surgiendo así los trovadores como poetas refinados para las clases más cultas.

La diferenciación entre juglar y trovador era difusa, pues trovar aludía al acto de la invención o creación artística, cosa que también hacían algunos juglares. Así mismo, ni todos los trovadores eran de origen noble, ni todos los juglares eran más pobres o menos distinguidos. Incluso se dieron casos de trovadores que interpretaban sus propias piezas y cobraban por ello, algo propio de los juglares.

Generalmente, el trovador solía ser más instruido y de mayor posición económica que el juglar; incluso podían tener juglares a su servicio que interpretaban su obra o servían de acompañamiento musical. Por ejemplo, los trovadores occitanos solían mencionar el nombre del juglar al que encomendaban interpretar una composición ante el destinatario de la misma.

Progresivamente los juglares líricos dejaron de componer para pasar a ser meros intérpretes que solicitaban repertorio a trovadores, dando lugar al concepto de la juglaría como simple propagadora de la lírica trovadoresca.  

Juglares y clérigos miniaturadeimagen|320x320px|Segunda estrofa del Libro de Alexandre, primer tercio del , |alt=

Cabe destacar que con los clérigos nace la literatura escrita en lenguas romances en torno al , pero la literatura oral ya contaba con siglos de existencia gracias a la juglaría. Los juglares se basaban en la oralidad, no en la escritura, por tanto, una parte de su obra se perdió cuando cayó en el olvido y otra parte se conservó gracias a copias manuscritas por clérigos o las prosificaciones de cantares y romances en las distintas crónicas.

A pesar de que clérigos y juglares parecen totalmente contrapuestos, existieron clérigos ajuglarados, tipos de juglares que provenían de la clerecía (los goliardos o los sopistas) y juglares devotos que cantaban las vidas de los santos.

Se conocen casos de clérigos que pasaron a ser juglares (Peire Rogier) y viceversa (el juglar del Martín Vaasquez). Esto se debe a que no todos los juglares eran analfabetos y a que los escolares tenían formación musical, como así lo indica el autor del libro de Alexandre <<todos los estrumentos que usan los joglares, otros de maor preçio que usan escolares>>    miniaturadeimagen|f. 3r.º del manuscrito del Libro de buen amor de la Biblioteca Nacional