mini|La Atlántida que Platón describe en Critias y en Timeo. Situs Insulae Atlantidis, a mari olim absorpte ex mente Aegyptiorum et Platonis descriptio, mapa de Athanasius Kircher (c. 1669). Critias (Κριτίας) o La Atlántida (Ἀτλαντικός) es uno de los últimos diálogos de Platón. Parece ser una continuación de La República y el Timeo, es de carácter inconcluso y su contenido describe la guerra entre la Atenas prehelénica y la Atlántida, hipotético imperio occidental e isla misteriosa descrita por el sofista Critias. Este sostiene que la Atlántida existió en una época muy remota, y la sitúa «más allá de las columnas de Heracles». Dicha isla mitológica fue tragada por el mar y se perdió para siempre.
Contenido El contenido del diálogo inconcluso remite a la geografía y organización política de las fuerzas enfrentadas, siendo evidente en el caso de Atenas, no así la Atlántida, objeto de múltiples hipótesis a lo largo de la historia. En un intento de aprehender su oculta verificabilidad y eterno hermetismo se han dilucidado planteamientos que van desde la consideración aproximada a la literalidad de Platón hasta la ubicación más variada, llegándose inclusive a considerar la existencia de múltiples Atlántidas. Sin excluir por ello la crítica fundamentada en juzgar la obra recopilada por Solón un producto del simbolismo, la mitología, o la proyección histórica del mundo de las ideas de su autor.
Desde este último posicionamiento es interesante entrever, tal y como hace explícito J. O. Thompson, la interpretación que realiza Platón de la constitución ateniense atribuyéndosela a la Atenas prehelénica. Del mismo modo procedería con las correspondientes lacedemonia o persa, fuente desde la que nos describiría la Atlántida.
Autenticidad Debido a la estrecha unión del Critias con el Timeo, su autenticidad no se ha puesto en duda, considerándose cronológicamente posterior, y sugiriendo como teoría explicativa de su abrupta interrupción el inicio de su siguiente diálogo, Leyes, o bien a su carácter intencional.
El Critias como exposición platónica de la historia A la similitud del orden político expresado en el Timeo y el Critias con La República, es resaltable justamente por todo lo contrario el contraste existente entre el presente diálogo y otro de los diálogos de Platón, El Político.
Siguiendo inicialmente a H. Herter y K. Gaiser respecto de la relación existente entre la Atenas prehelénica y El Político, se pueden establecer las siguientes diferencias: En el Político se habla de una Atenas ubicada mitológicamente en la época de Crono, donde el género humano convive bajo la guía directa de los dioses. El final de dicha pincelada histórica culmina con un cataclismo de carácter universal que modifica la naturaleza del Cosmos. En el Critias también se alude a una Atenas primigenia, sin embargo Platón la sitúa a posteriori, es decir, en el periodo de Zeus, o época históricamente consecutiva al derrocamiento de Crono por Zeus, su hijo. El género humano ya no se encuentra tutelado por la cohorte divina sino bajo la guía del Estado ateniense, que construye el gobierno de los filósofos. El final tampoco será de carácter universal dado que tras el cataclismo se menciona la continuidad histórica de Egipto en el Timeo.
En conclusión, comparando los datos establecidos y teniendo en cuenta los planteamientos filosófico-históricos de Platón, se deduce que:
mini|Zeus. Esta decadencia solamente es interrumpida por el Demiurgo, justo en el momento en que el Universo se disuelve en la polaridad opuesta a la Unidad, es decir, en la Diferencia.
Con lo que Platón nos está queriendo decir que existen dos ciclos históricos diferentes: Uno sería realmente ahistórico, pues reflejaría el mundo de las Ideas al plantear la convivencia divina y humana, siendo esta última lo más cercana posible a la unicidad ideal y, por tanto, a la ausencia real de la necesidad del devenir. Hablaría entonces de la época de Crono en el Político. El segundo ciclo sería justamente lo contrario. La ruptura del mundo prístino de las Ideas y la aparición de la historia tal y como la conocemos, en un progresivo alejamiento del orden y en un abandono de toda organización social en que los bienes eran propiedad común y se hacía innecesaria cualquier forma de Estado (Leyes). De ahí el origen consecuente de un gobierno, cuya presencia no era requerible cuando los dioses tutelaban a los hombres. El Critias y el periodo de Zeus se situarían al inicio de este segundo ciclo.
Por lo tanto, en la elaboración del Critias concurren dos elementos de fondo que fundamentan su historia: El uso de algunos elementos de la mitología griega. Introducción de las bases histórico-político-filosóficas de la teoría de Platón.
Manuscritos La tradición manuscrita, es decir, las fuentes primarias desde las que nos podemos remontar a los textos originales, remite al Parisinus Graecus 1807 [A] como manuscrito principal del Critias.
Sin embargo, el Vindobonensis 55 [F] contiene lecciones interesantes, mientras que el Vaticanus 228 y el Venetus 184 son tan solo variantes de relevancia.
Personajes Además de Sócrates intervienen Timeo, Critias y Hermócrates. mini|Solón. Timeo: la única información auténtica de la que se dispone la proporciona el diálogo inmediatamente anterior, el Timeo, que como sabemos constituye un binomio literario con el presente Critias. En él se alude a un destacado ciudadano de Locri que aúna dominio en política y filosofía, destacando sobre todo en astronomía y cosmología.Timeo, 20a, 27a Se deduce de su origen italiano una afiliación filosófica con el oeste.
Critias: las referencias a su edad muestran que realmente se trataba del abuelo de Platón. Como sabemos por el Timeo, Platón es la única autoridad sobre el relato del imperio Atlántida. Este se origina en los sacerdotes egipcios de los cuales lo aprenderá Solón, quien a su vez lo narra a su contemporáneo Critias, el cual, con noventa años, lo repetirá en presencia de su nieto, el narrador del Timeo-Critias, contando por entonces alrededor de diez años.
Hermócrates: es identificable con el general siracusano, elogiado por Tucídides, quien anticipó y derrotó la invasión ateniense contra Sicilia. Fue suegro de Dionisio II.
Estructura y desarrollo Se constatan cuatro partes bien definidas: I. Introducción (106a-109a) Dificultades del objeto de exposición (106a-108a) Tras finalizar Timeo su discurso previo, y tras invocar al Dios «que acaba de nacer en nuestro relato», cede a Critias el turno de su exposición, no sin antes aludir a la ciencia como instrumento de toda correcta disertación. Sin embargo, Critias solicita a Sócrates mayor benevolencia pues el paso de lo divino a lo humano, así como su dificultad intrínseca, entrañan un incremento en el juicio del auditorio, al estar más familiarizado.
Invocación de Critias a Mnemósine (108a-d) La concesión socrática irá acompañada de la toma de conciencia respecto de la alta consideración otorgada previamente a Timeo. Critias invoca entonces a diversos dioses, entre ellos Apolo, las Musas y, especialmente, a la madre de todas ellas, Mnemósine, diosa del recuerdo y la memoria. Resumen introductorio (108e-109a) Tras recordar que el tiempo transcurrido desde que estalló la guerra entre la Atenas primigenia y el imperio Atlántida fue de 9000 años, Critias anuncia su descripción de los órdenes políticos imperantes entonces en ambas fuerzas enfrentadas, comenzando por Ática. II. Descripción del orden político de Atenas (109b-112b) Atribución de Ática a Atenea y Hefesto (109b-110c) thumb|150px|Atenea. En una ocasión, los dioses distribuyeron por medio de la suerte de la justicia todas las regiones de la tierra, ante la disyuntiva previa de saber lo que le convenía a cada uno pero no querer recurrir a la apropiación a través de la disputa. Tras la adjudicación y la correspondiente ocupación «nos criaban como sus rebaños y animales», actuando «sobre el alma por medio de la convicción como si fuera un timón, según su propia intención, y así conducían y gobernaban todo ser mortal».
Hefesto y Atenea recibieron ambos la región de Ática, apropiada a la virtud e inteligencia por naturaleza, implantando el orden constitucional en el alma de hombres buenos (lo cual ratificaría que nos hallamos ante el germen de una nueva sociedad tutelada a sí misma, sin la intervención directa de los dioses).
La tradición de dicha humanidad primigenia se ha perdido debido a la destrucción paulatina de sus herederos y al tiempo transcurrido, conservándose sus nombres sin sus hechos correlativos, tal y como fueron nombrados por los sacerdotes a Solón: Cécrope, Erecteo, Erictonio, Erisictón.
Descripción geográfica (110c-111d) Esta región la habitaban ciudadanos que se dedicaban a la agricultura y a la artesanía, y separados de ellos, según el deseo de los hombres divinos, estaban los guerreros, que vivían organizados socialmente de tal modo que los bienes eran propiedad común y se hacía innecesaria cualquier forma de Estado.
Sus fronteras geográficas alcanzaban el Istmo y, en el resto de tierra firme, hasta las cumbres del Citerón y el Parnés, bajando el límite con la Oropía a la derecha y bordeando a la izquierda el Asopo desde el mar.
Destacaba además por la gran calidad de la tierra así como por la consecuente cantidad en su producción agrícola y ganadera. Entonces, cuando aún la tierra no se había erosionado a partir de las múltiples inundaciones acaecidas a lo largo de los 9000 años transcurridos (con lo que Critias presupone nuevas inundaciones añadidas tras el hundimiento de la Atenas primigenia, tal y como se relata en Timeo (25c-d), se podían vislumbrar montañas coronadas de extensos bosques y altos árboles de gran utilidad. También las llanuras resaltaban por la feracidad de su tierra, y debido precisamente a ella, el rico caudal de agua con el que Zeus proveía anualmente a toda la región quedaba almacenado, de tal modo que canalizándose desde las alturas a las diversas cavidades subterráneas servía de fuente a manantiales y ríos, tal y como atestiguan los lugares sagrados que han perdurado desde entonces.
La ciudad (111e-112e) En aquel entonces, la acrópolis (o sitio más alto y fortificado de las ciudades griegas) se caracterizaba por estar cubierta de tierra y en ser llana en su parte superior, a diferencia de su estado actual, totalmente erosionado y al descubierto debido a los dos diluvios acaecidos tras la destrucción de la Atenas primitiva (el de Deucalión y otro anterior).mini|left|Acrópolis.
Su tamaño «alcanzaba hasta el Erídano y el Iliso e incluía en su interior la colina Pnyx con la colina Licabeto como límite del lado opuesto del Pnix».Critias, 112a.
Campesinos y artesanos se ubicaban circundando la ladera exterior a fin de labrar la proximidad de los campos, mientras el estamento de los guerreros se hallaba en la parte norte de la acrópolis, alrededor del templo de Atenea y Hefesto.
Toda construcción de la república común se caracterizaba por la ausencia de oro y plata, dado lo innecesario de su uso al pretender la búsqueda de la virtud en el término medio que separa la prepotencia de la pusilanimidad. Las casas en las que habitaban hallaban el orden y la semejanza de estado entre sus inmediatos descendientes.
Al sur de la acrópolis, reservada para su ocupación estival, se hallaban jardines, gimnasios y lugares para la comida común.
Se caracterizaba también el lugar por una fuente que proporcionaba tanto abundancia como templanza independientemente de la estación en la que se recurriese a su uso, y de la que sólo permanecen pequeños manantiales.
Sus habitantes cuidaban de sus conciudadanos y el resto de los griegos les consideraban sus guías por atribución propia, limitando constantemente el número de hombres y mujeres adultos al de veinte mil.