El trastorno de depresión mayor o trastorno depresivo mayor (TDM, o MDD, por sus siglas en inglés) (también conocido como depresión clínica, depresión mayor, depresión unipolar o trastorno unipolar depresivo o como depresión recurrente, en el caso de presentarse episodios repetidos) es un trastorno mental que se caracteriza por al menos dos semanas de un estado de ánimo bajo invasivo y persistente, acompañado de una baja autoestima y una pérdida de interés o de placer (anhedonia) en actividades que normalmente se considerarían placenteras. Este tipo de trastorno depresivo fue introducido como categoría diagnóstica a mediados de la década de 1970, y luego adoptado por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría bajo la categoría de trastornos del estado de ánimo en la versión de 1980 del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM III), momento a partir del cual el término se ha usado ampliamente. En la versión más reciente del manual (DSM-5-TR, 2022), se le clasifica dentro de la categoría de Trastornos depresivos, junto con el trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo, el trastorno depresivo persistente (o distimia), el trastorno disfórico premenstrual, el trastorno depresivo inducido por sustancia/medicamento, el trastorno depresivo debido a otra afección médica y otros trastornos depresivos no especificados.
El término «depresión» es utilizado de muchas formas diferentes. Es comúnmente utilizado para referirse a este síndrome, pero puede referirse tanto a otros diversos estados de ánimo o a un estado de ánimo en específico cuando la palabra es utilizada de forma coloquial. El trastorno depresivo mayor es una condición que puede afectar de manera adversa a quien lo padece en el ámbito familiar, laboral y académico; así como a sus hábitos de sueño, alimentación y salud en general. En los Estados Unidos, cerca del 3.4% de las personas con depresión mayor han llegado a suicidarse y cerca del 60% de las personas que se suicidaron sufrían de depresión o de algún otro trastorno del ánimo.
El diagnóstico del trastorno depresivo mayor se basa en las experiencias del paciente, en el comportamiento reportado por amigos o familiares y una evaluación del estado mental. No existe una prueba de laboratorio que diagnostique el TDM; sin embargo, los médicos generalmente solicitan pruebas que revelen condiciones físicas que puedan provocar síntomas similares. Comúnmente, las personas que padecen de este trastorno comienzan a mostrar síntomas entre los 20 y 30 años, con mayor presencia entre los 30 y los 40 años.
Las personas son tratadas con antidepresivos y, en muchos casos, reciben asistencia, particularmente terapia cognitiva conductual.Driessen, Ellen; Hollon, Steven D. (2010). "Cognitive Behavioral Therapy for Mood Disorders: Efficacy, Moderators and Mediators". Psychiatric Clinics of North America 33 (3): 537–55. El tratamiento por medio de medicamentos parece ser efectivo; sin embargo, en ocasiones el efecto se ve reflejado únicamente en pacientes que padecen de depresión severa. La hospitalización llega a ser necesaria en casos asociados con auto negligencia o cuando hay cierto riesgo de daño a sí mismo o a otras personas. La terapia electroconvulsiva podría ser otra alternativa para tratar el trastorno depresivo mayor, así como la estimulación magnética transcraneal. El desarrollo del trastorno varía ampliamente, desde un episodio de semanas hasta un síndrome crónico. Los individuos deprimidos tienen una menor esperanza de vida que aquellos sin depresión; esto se relaciona de gran manera con la susceptibilidad a padecer enfermedades médicas. No está claro si la medicación afecta al riesgo de suicidio. Todo tipo de pacientes, tanto actuales como aquellos que padecieron la enfermedad en algún punto, pueden resultar estigmatizados.
El entendimiento de la naturaleza y las causas de la depresión ha evolucionado a lo largo de los siglos, aunque este es incompleto y ha dejado muchos aspectos de la depresión como objeto de discusión y de investigación. Entre las causas propuestas se incluyen factores psicológicos, psicosociales, hereditarios, evolutivos y biológicos. El abuso de sustancias a largo plazo puede causar o empeorar síntomas depresivos. Los tratamientos psicológicos están basados en teorías de personalidad, comunicación interpersonal y aprendizaje. La mayoría de las teorías biológicas se centran en los químicos monoaminos como son la serotonina, noradrenalina y dopamina, que se encuentran de forma natural en el cerebro y ayudan a la comunicación entre células nerviosas. Este conjunto de síntomas (síndrome) fue nombrado, descrito y clasificado como uno de los trastornos del estado de ánimo en la edición de 1980 del manual de diagnósticos de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría. Hoy en día es clasificado como un trastorno depresivo dentro de la clasificación del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales en su quinta edición revisada (DSM-5-TR, por sus siglas en inglés).
Síntomas y signos La depresión mayor puede afectar significativamente a la familia y las relaciones personales del paciente, así como su vida laboral o escolar, su alimentación, patrones de sueño y la salud en general. Su impacto en el bienestar ha sido comparado con condiciones médicas crónicas como la diabetes.
Una persona con un episodio depresivo mayor usualmente exhibe un estado de ánimo muy bajo, el cual se refleja en todos los aspectos de la vida, y una incapacidad de experimentar placer en actividades que eran disfrutadas anteriormente. Las personas con depresión pueden estar preocupadas o deliberar sobre pensamientos y sentimientos de inutilidad, culpa inapropiada, lamento, impotencia, desesperanza y odio a sí mismo. En casos severos, las personas deprimidas pueden tener síntomas de psicosis. Estos síntomas incluyen delirios o, menos comúnmente, alucinaciones, usualmente no placenteras. Otros síntomas de depresión incluyen concentración y memoria ineficiente (especialmente en aquellos con características melancólicas o psicóticas), retirarse de situaciones y actividades sociales, reducción del apetito sexual, y pensamiento de muerte o suicidio. El insomnio es común entre los deprimidos. En el patrón típico, una persona se despierta muy temprano y no puede volver a dormir. El insomnio afecta al menos al 80% de las personas deprimidas. El afectado también puede presentar hipersomnia o dormir en exceso. Algunos antidepresivos pueden también causar insomnio dado su efecto estimulante.
Una persona deprimida puede presentar múltiples síntomas físicos como fatiga, dolor de cabeza o problemas digestivos. Las quejas de dolor físico son los problemas más comunes en países en desarrollo, de acuerdo a los criterios de depresión de la Organización Mundial de la Salud. El apetito muchas veces disminuye, resultando en la pérdida de peso, aunque el aumento tanto de apetito como de peso ocurren ocasionalmente. Familia y amigos pueden llegar a notar que el comportamiento de la persona es agitado o letárgico. Las personas de la tercera edad deprimidas pueden presentar síntomas cognitivos de inicio reciente como olvido y, más notablemente, la desaceleración de movimiento. La mayoría de las veces, la depresión coexiste con trastornos físicos comunes entre los ancianos como infarto y otras enfermedades cardiovasculares, enfermedad de Parkinson y enfermedad pulmonar obstructiva crónica.
Cuando se moviliza personal militar a operaciones en el extranjero, estos enfrentan mayores riesgos físicos y traumas adversos para su salud mental. Específicamente, los individuos desplegados pueden sufrir de trastorno de estrés postraumático (TEPT), trastorno depresivo mayor, trastornos mentales comunes (trastornos depresivos, de ansiedad y somatización) y trastornos relacionados con sustancias. Una revisión sistemática de 40 estudios, llevados a cabo entre 1993 y 2017 en Estados Unidos, Reino Unido y Australia, evaluó los efectos del despliegue sobre la salud mental. Los resultados indican que el despliegue de operaciones tiene un efecto negativo sobre la salud mental del personal militar movilizado. Específicamente, en las evaluaciones realizadas después de 24 meses de la exposición, los efectos adversos son consistentes en todos los aspectos de la salud mental.
Los niños deprimidos pueden llegar a presentar usualmente un humor irritable en vez de deprimido, y muestran una diversidad de síntomas dependiendo de la edad y la situación. La mayoría pierde el interés en la escuela y muestran una disminución en su desempeño académico. Pueden ser descritos como dependientes, exigentes o inseguros. El diagnóstico puede posponerse o perderse cuando los síntomas son interpretados como mal humor. La depresión puede coexistir con trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), complicando el diagnóstico para el tratamiento de ambos.
Comorbilidad La depresión mayor puede aparecer junto con otros problemas psiquiátricos. Entre 1990 y 1992, la Encuesta Nacional de Comorbilidad de los Estados Unidos reportó que el 51% de aquellos pacientes con depresión mayor sufren también de una vida con ansiedad. Los síntomas de ansiedad pueden tener un fuerte impacto en el transcurso del trastorno, con una recuperación temprana, un incremento en el riesgo de una recaída, mayor incapacidad y un aumento en los intentos de suicidio. El neuroendocrinólogo americano Robert Sapolsky argumenta que la relación entre el estrés, la ansiedad y la depresión puede ser medida y demostrada biológicamente. Hay altos índices de abuso de alcohol y abuso de drogas y dependencia particular, y cerca de la tercera parte de los individuos diagnosticados con TDAH desarrollan depresión comórbida. El Trastorno por estrés postraumático y la depresión ocurren ocasionalmente.
La depresión y el dolor usualmente ocurren al mismo tiempo. Uno o más síntomas de dolor están presentes en el 65% de los pacientes deprimidos, y entre el 75% y el 85% de los pacientes con dolor sufrirán también de depresión, dependiendo de los alrededores; hay una menor prevalencia en la práctica general, y una mayor prevalencia en clínicas especializadas. El diagnóstico de depresión es comúnmente retrasado o malinterpretado, y el desenlace empeora. El desenlace también puede empeorar si la depresión es notada pero completamente malentendida.
La depresión también está asociada con un incremento entre 1.5 y 2 veces el riesgo de enfermedades cardiovasculares, independientemente de otros factores de riesgo conocidos, y está ligado directa o indirectamente a otros factores de riesgo como fumar u obesidad. Las personas con depresión mayor tienden a no seguir instrucciones médicas para su tratamiento y para prevenir trastornos cardiovasculares, los cuales pueden incrementar su riesgo de complicaciones médicas. Además, los cardiólogos pueden no reconocer una depresión que se esconde detrás del problema cardiovascular, complicando así el padecimiento.
Causas
El modelo biopsicosocial propone que los factores biológicos, psicosociales, y sociales juegan un papel a la hora de causar depresión. El modelo de diátesis-estrés específica que la depresión resulta cuando es activada una vulnerabilidad, o diátesis, preexistente, debido a circunstancias estresantes de la vida diaria. La vulnerabilidad preexistente puede ser genética, implicando una interacción entre lo innato y lo adquirido, o esquemática, resultado de las diferentes formas de ver el mundo aprendidas en la infancia. La depresión puede ser causada directamente por daño en el cerebelo, como se ha visto en el síndrome afectivo cognitivo cerebeloso.