La Campaña de Valencia (o Rebelión de Valencia) fue una campaña militar emprendida por los patriotas contra la ciudad de Valencia durante el año 1811 con el objetivo de recuperar las provincias del occidente del país y hacer que éstas se sometieran al gobierno de la Junta Suprema. La ciudad se había alzado en armas a favor del rey Fernando VII de España y el gobierno de la Primera República de Venezuela envió al brigadier Francisco Rodríguez del Toro y luego al général de division Francisco de Miranda a someterla.
Antecedentes El 5 de julio de 1811, se proclamó la Declaración de Independencia en Caracas. En respuesta, muchos colonos procedentes de las islas Canarias empezaron a conspirar contra el nuevo régimen de la Primera República de Venezuela. Antes del amanecer del 11 de julio, en la sabana de El Teque, cerca de Caracas, se reunieron al grito de: «¡Vivan el Rey y la Virgen del Rosario, mueran los traidores!», 60 canarios armados con trabucos y corazas de lata a las órdenes del rico comerciante canario José María Sánchez, el padre dominico Juan José García y el doctor Antonio Gómez. En una reñida refriega fueron vencidos por los vecinos del pueblo y la milicia local, unos 150 combatientes. Para las 16:00 horas fueron rodeados y arrestados, resultando fusilados 16 de sus cabecillas el 15 de julio, exponiéndose sus cabezas en picas en diversos puntos de Caracas.
Ese mismo día, la población civil de Valencia se levantó a las órdenes del venezolano Juan Antonio Baquero y el fraile Pedro Hernández, desconociendo la Declaración. Es posible que hubiesen conspirando en conjunto con los alzados en Los Teques. Rápidamente tomaron los cuarteles, enarbolaron el estandarte de la Corona de Castilla, se hicieron vítores a Fernando VII de España y la religión católica y mueras al nuevo régimen. Se sumaron al movimiento mulatos, criollos y españoles, incluyendo muchos canarios y vizcaínos, como Jacinto Iztueta y el militar Melchor Somarriba. Uno de los factores que contribuyó al movimiento fue el deseo de muchos valencianos de formar una provincia separada de Caracas, lo que veían imposible de seguir dominando el poder revolucionario. El cronista oficial de Valencia, Guillermo Mujica Sevilla, dice que todo se debió a que se consideraba «que ir contra el rey de España era ir contra el mandato divino» pues «el Rey gobernaba por derecho divino». Además, «y quizás al acostumbramiento al mando de España y su Rey, y quizás también por ignorancia, sobre la significación del proceso independentista».
De inmediato, organizaron grupos armados que tomaron toda la ciudad, matando o arrestando a sus independentistas locales. Valencia era una de las ciudades más importantes de Venezuela, con más de habitantes a orillas del lago homónimo, controlaba el acceso a los valles de Aragua que comunicaban los Llanos del Orinoco y la costa caribeña. Sin embargo, la urbe no contaba con el apoyo de los pueblos de sus alrededores y las autoridades patriotas rápidamente dispusieron de defensas en las localidades, garantizando el aislamiento de la rebelión dentro de la ciudad. Por ejemplo, los vecinos de San Carlos se movilizaron al mando del capitán Ignacio Zarraga y cortaron las comunicaciones de Valencia con Coro, algo vital para los realistas.
El periodista monárquico José Domingo Díaz dice que los españoles de Puerto Cabello se mantuvieron en calma ante la rebelión, pero el capitán H. J. Fraser del navío británico Avon declaró: «Los españoles europeos de Puerto Cabello han sido aprisionados y sus propiedades confiscadas: todos los buques han sido secuestrados allí y en La Guaira».
Fuerzas enfrentadas El capitán Fraser afirmaba: «La ciudad de Valencia se ha declarado contra esta medida [la independencia] y se dice que 4.000 hombres, al mando del general Miranda, marchan de Caracas a someterla». Robert Semple, viajero y comerciante inglés, visitó Venezuela entre 1810 y 1811, dice que en los combates del 24 de julio los caraqueños eran unos 2600 hombres, mientras que los valencianos podían estimarse en 700 como mucho. Posteriormente, Miranda siguió refuerzos frente a un enemigo que se debilitaba, el 8 de agosto quedaban 500 defensores frente a 5000 atacantes. El historiador Rafael Pardo Rueda eleva los defensores a 900 en el penúltimo día de batalla. El historiador militar, coronel Tomás Pérez Tenreiro, afirmaba: «Pero los alzados pasaban de 2.000, cuya fuerza estaba disminuida por las desventajas de su situación, ya que se encontraban encajados dentro de territorio cuyas poblaciones o eran francamente adversas o no les prestaron ninguna ayuda». El presbítero Pedro Gamboa afirmaba «pues con solos quatrocientos hombres de guarnicion se oponian á quatro mil que la rodeaban [sic]». Bonalde afirma que los republicanos movilizaron un gran ejército: «tomada Valencia el 13 de agosto del mismo año, por 6 ú 8.000 hombres, y los mejores caudillos de Caracas».
Campaña Ofensiva del marqués El 13 de julio, el presidente Cristóbal Mendoza informó al Congreso de lo sucedido en Valencia y llamó a reunir todos los recursos para sofocar la rebelión. Se nombró como comandante de la expedición al brigadier Francisco Rodríguez del Toro, el marqués del Toro, con su hermano menor el también brigadier Fernando Rodríguez del Toro, como segundo al mando. Al mismo tiempo, se organizó un cuerpo de milicias en Aragua con el coronel Simón Bolívar a la cabeza para vigilar a los rebeldes. El ejército salió de Caracas el 15 de julio y llegó a Maracay el día 18. El marqués marchó por los valles de Aragua y luego alrededor del lago de Valencia. Al intentar atravesar el desfiladero de La Cabrera, entre Maracay y Guacara, con 700 soldados es emboscado por el vasco Jacinto Iztueta, 200 soldados realistas apostados en las alturas y el fuego de los cañones de las embarcaciones en el lago. El marqués es vencido y sus tropas huyen. Mantiene una posición defensiva en La Cabrera, por lo que cae en desgracia. Este fue el primer combate de Bolívar.
El «general de los nobles» fue desplazado, pues se requería a alguien con más experiencia. La Junta Patriótica decide nombrar Comandante del Ejército a Francisco de Miranda, quien exige que Bolívar no sea parte de la expedición. Al parecer, no se fiaba de él, pues era pariente del desplazado marqués, y porque Bolívar deseaba expulsar a los europeos afincados en el país hasta que España reconociese la independencia, mientras que Miranda quería una política más conciliadora. Sin embargo, el reemplazó del marqués por Miranda, venido de la revolución francesa, sólo exacerbó el sentimiento religioso de los monárquicos y les animó a resistir, en especial a los corianos.
Intentos de auxilio El gobernador de Coro, coronel José Ceballos, envía soldados en apoyo a los realistas valencianos, pero fue un contingente pequeño porque sus fuerzas eran muy escasas. El capitán Eusebio Antoñanzas manda un destacamento mixto de infantería y caballería hacia San Felipe para distraer aparte de las fuerzas independentistas. Marchó por San Luis desde Coro con 600 infantes, 200 jinetes y alguna artillería ligera. Siguen por Carora y Barquisimeto. La dura marcha le hizo perder a muchos de sus hombres y se encontró que el marqués lo esperaba en Maracay al acercarse a Valencia. Los realistas llegaron a ocupar Ocumare de la Costa y enviaron a sus vanguardias a Mariara y La Cabrera y recibieron refuerzos y órdenes del capitán general de Venezuela, brigadier Fernando Miyares. Ceballos atacó Puerto Cabello, pero el mal clima les impidió atacarla por mar, lo que era necesario para la victoria; en ese espacio de tiempo cayó Valencia.
La mayoría de las fuerzas realistas se concentraba en Maracaibo. El gobernador republicano de Barcelona, general José Antonio María Freites de Guevara, informaba en un artículo de prensa del 10 de abril de 1811 que en Maracaibo «eran dos mil milicianos y mil veteranos». Díaz se lamentaba de la incapacidad del gobierno de Miyares de poder ayudar a los monárquicos alzados: «Los valientes valencianos se vieron en la lucha abandonados á sí mismos: los de Puerto-Cabello se quedaron pasivos espectadores del acontecimiento; y 2000 hombres que mandaba el gobierno de Maracaybo, estaban muy distantes para llegar oportunamente á su socorro». Gamboa dice que el principal problema de Miyares era la falta de dinero para una expedición.
Irónicamente, meses antes, los jefes monárquicos en Guayana proponían grandes planes para una contraofensiva con recursos militares que carecían. Por ejemplo, el marqués de La Romana e ingeniero real José Mariano Aloy exponía al rey su plan de introducir 1000 soldados por el Orinoco para someter Barinas y atacar desde el interior las provincias de Barcelona y Cumaná, mientras otros 1500 atacarían frontalmente las ciudades de Barcelona y Cumaná, y 1500 más serían enviados a Coro para reforzar a Ceballos y atacar los Valles de Aragua en dirección a Puerto Cabello y Caracas.
Respecto de los realistas en Coro, Freites de Guevara sostenía que eran «750 plazas del grupo paramilitar, 200 hombres del ejército regular de España y 50 artilleros peninsulares», y agrega «los Corianos divulgaban con tales medios, formidables expediciones contra estas Provincias, combinadas por mar y tierra». En cambio, el ayudante primero de milicias de Coro, Manuel Bonalde, habla de los hombres reunidos en «ambas provincias» (Coro y Maracaibo) ese año: «escasamente llegaban a 1.000 hombres armados». Según Gamboa, «en Coro habia armados unos mil quatrocientos hombres de buenas tropas». Graziano Gasparini sostiene «Unos mil indios guarnecían la plaza [Coro], entre ellos, las milicias caquetías paraguaneras, destacándose en la defensa de la antigua urbe el capitán caquetío de Moruy Martín López». En cambio, el historiador venezolano Julio Febres-Cordero consideró que toda estimación es difícil de respaldar.
Marítimamente las fuerzas monárquicas también estaban en pésimas condiciones, según Guevara dos goletas realizaban actividades corsarias a sotavento de Caracas y dos navíos de línea de tres puentes que estaban careándose en La Habana. Económicamente, los realistas del mar Caribe estaban arruinados, la revolución en Nueva España había cortado el comercio de las islas Antillas con Veracruz, y Costabarría apenas pudo enviar pesos con su flotilla a Coro, de las que nueve décimas partes siguieron a Maracaibo. También informaba que desde Puerto Rico, en febrero de ese año, el «Funcionario Regio» Antonio Ignacio Cortabarría acordó con el gobernador, Salvador Meléndez Bruna, enviar 1000 hombres contra Cumaná, donde esperaban el apoyo de la población. La flotilla estaba las órdenes de Lorenzo Fernández de la Hoz y se formaba de 7 barcos, incluyendo la fragata Cornelia de 44 cañones, una corbeta, dos goletas, un bergantín y dos buques menores, apareciendo en la costa oriental venezolana el 3 de julio. Sin embargo, la junta de Cumaná formó una dictadura al mando del coronel Vicente de Sucre, quien organizó más de 2000 milicianos para la defensa. La flotilla esperó en vano un alzamiento monárquico, pero terminó por irse a Maracaibo el 24 de julio, continuando después a Puerto Rico. Dejaron en la ciudad 400 fusiles y algunos cañones de calibre que quedaron desmontados en la plaza por falta de cureñas y montajes. En Maracaibo los realistas quedaron con 3 bergantines de guerra, dos goletas, la corbeta Príncipe y 18 a 20 oficiales de todas graduaciones, lo que para Gamboa hace aún más extraño que Mirayes no intentara ayudar a los valencianos.
Los valencianos esperaron la ayuda y por eso resistieron un mes, aún cuando se quedaban sin municiones o víveres.
Ofensiva de Miranda