La expedición militar al Paraguay, que estaba al mando de Manuel Belgrano, fue una fuerza militar que la Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata envió a la Intendencia del Paraguay con el fin de someterla a su autoridad. Esta campaña duró desde el 22 de septiembre de 1810 hasta el 21 de marzo de 1811. Resultó un fracaso militar; sin embargo, fue uno de los antecedentes para que solo tres meses después se realizase la convocatoria del congreso del 17 de junio de 1811, que finalmente determinó la destitución del gobernador realista Bernardo de Velasco «subrogándose en su lugar una junta de gobierno», primer paso para la Independencia del Paraguay.

Antecedentes

El 17 de mayo de 1810 se anunció oficialmente en Buenos Aires que la resistencia en España contra Napoleón Bonaparte solo subsistía en la bahía de Cádiz, y que la Junta Suprema Central, residente hasta entonces en Sevilla, había sido suprimida.

Como medida de seguridad, las tropas fueron acuarteladas y los oficiales de las mismas pidieron al virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros su renuncia, por haber caducado la autoridad de la que dependía y solicitaron al cabildo su intervención. El 21 de mayo se reunió en la plaza «una breve muchedumbre [...] reclutada entre el bajo pueblo por tres eficaces agitadores» que presionaron a las autoridades. El virrey convocó a una junta general de vecinos o cabildo abierto para el 22 de mayo de 1810. Entre los argumentos intercambiados en esta querella de abogados, en la que utilizaron textos normativos de antigua data para solucionar la vacante del poder soberano, el fiscal de la Real Audiencia Manuel Genaro Villota sostuvo que —si bien era cierto que la soberanía podía ser reasumida por el pueblo como consecuencia de la caducidad de toda autoridad en España— no era menos cierto que no solo el pueblo de Buenos Aires, sino todos y cada uno de los pueblos del virreinato debían ser previamente escuchados antes de erigir un gobierno legítimo que reemplazara al existente. Estas consideraciones no fueron tenidas en cuenta, y el 25 de mayo una Junta Provisional sustituyó a la Junta del 24 de mayo presidida por el exvirrey Cisneros.

El 27 y 29 de mayo, la nueva Junta y el Cabildo de Buenos Aires dirigieron comunicaciones a "los pueblos", es decir, las ciudades y villas del virreinato, en las que expusieron los motivos de la deposición del virrey y solicitaron el reconocimiento de su autoridad provisional y el envío de diputados para integrar posteriormente un gobierno con representación de todas las provincias. La Junta sabía que las provincias más ricas no iban a reconocer su supremacía sobre ellas, es decir, aceptar que se mantuviera el estatus de colonias de segundo grado en «beneficio del bloque comercial porteño». Por esa razón «Por si acaso, un ejército partiría para asegurar la "libertad de los pueblos" en la selección de tales diputados. De esta forma quedaba planteada la guerra. ¿Qué tipo de guerra? Una guerra civil entre quienes apoyaban a la Junta revolucionaria de Buenos Aires y quienes sostienen al revolucionario Consejo de Regencia de Cádiz».

Misión de Espínola y Peña La Junta designó a José Espínola y Peña para que llevara las notas mencionadas a Asunción. Llevaba además su nombramiento secreto como comandante general de armas del Paraguay, a efectivizarse luego de la destitución del gobernador Bernardo de Velasco. A juicio de Pedro Alcántara de Somellera, asesor letrado del gobernador, «no había un viviente más odiado por los paraguayos». Espínola había sido destituido dos veces por Velasco, y meses antes el Cabildo de Asunción había pedido al virrey Cisneros que no volviera a darle cargos en la provincia.

Espínola llegó a Asunción el 21 de junio. Velasco se sintió molesto por la elección del emisario, con la cual la Junta manifestaba su poder como heredera del tradicional estilo autoritario virreinal. La primera prueba de esto ocurrió en Villa del Pilar, donde Espínola, pasando por sobre la autoridad del gobernador, reunió al Cabildo, pidió el sometimiento a la Junta e intentó reclutar hombres. Cuando Velasco se enteró del nombramiento secreto que traía, quiso sacarlo de Asunción rumbo a la Villa Real de la Concepción. Pero, sospechando que lo querían confinar, Espínola logró escapar hacia Buenos Aires. Allí manifestó que la mayoría de los paraguayos estaban a favor de la Junta de Buenos Aires y que bastaría una pequeña fuerza de 200 hombres para remover a las autoridades y opositores provinciales. Años después, Belgrano comentó en sus Memorias que el gobierno creyó lo que decía Espínola porque era «fácil persuadirse de lo que halaga».

Oficios a la Junta de Buenos Aires El 17 de julio, Velasco y el Cabildo de Asunción respondieron el oficio de la Junta que había traído Espínola. Manifestaron que, dada la «gravedad del asunto», se había acordado celebrar «un Consejo general» el 24 de julio, de cuyo resultado se daría «oportuno aviso» a la Junta. En ese oficio el gobierno manifestó su "disgusto" por la venida de Espínola, a quien se calificó como «conductor de los pliegos», es decir, un mensajero sin representación alguna. Se hizo referencia a su «vergonzosa fuga», sin motivo alguno, lo que lo descalificó aún más. Como un anticipo de la posición política de la provincia del Paraguay, el oficio resaltó, en primer lugar, el «sosiego inalterable» que reinaba ahora en la provincia, en referencia a las inquietudes que había provocado en la población el intento de Espínola de reclutar hombres para llevarlos a Buenos Aires. En segundo lugar, la "acendrada" fidelidad de la provincia a Fernando VII y, finalmente, su «respetuosa sumisión a las autoridades legítimas». Esta condición de "legitimidad" era el punto más débil de la Junta de Buenos Aires, hecho que ya había anticipado el fiscal Villota en el Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810. De hecho, el gobernador Velasco había sido nombrado directamente por el rey Carlos IV, mientras que la Junta fue nombrada por el cabildo de Buenos Aires, que solo había asumido el "ejercicio" de la soberanía pero no "en propiedad" según la expresión legal de la época.

Congreso de Asunción del 24 de julio de 1810

El 24 de julio de 1810, luego de casi 100 años, los representantes del “pueblo” de la ciudad de Asunción (funcionarios, eclesiásticos, militares, comerciantes, vecinos) y los delegados de las villas de la provincia del Paraguay se reunieron en Asunción en un congreso o cabildo abierto para tratar el «asunto tan nuevo y tan interesante» que proponía la circular de la «Junta provisional gubernativa de la capital de Buenos Aires» [sic]. Con esta convocatoria se inició en el Paraguay un proceso de transformación política en la que el pueblo, depositario ahora de la soberanía del monarca, será convocado a sucesivos congresos para elegir representantes, juntas gubernativas, etc.

Basándose en el principio del consentimiento, como parte esencial del derecho natural o de gentes, y en el de la retroversión de la soberanía a los pueblos, la asamblea –compuesta por 214 personas– en un acto de triple soberanía, determinó: "Reconocer" al Consejo de Regencia por haberse constatado su legitima instalación. Suspender todo reconocimiento de superioridad de la junta de Buenos Aires hasta que el Rey, que por ahora no estaba en condiciones de hacerlo, «resuelva lo que es de su soberano agrado». Mantener, mientras tanto, buenas relaciones con Buenos Aires.

En esta oportunidad, el congreso expresó su oposición a la circular del 27 de mayo de la junta de Buenos Aires que avanzaba "dubitativamente" hacia el desconocimiento de los «derechos de los pueblos». Lo hizo «cubriéndose, retóricamente, con las banderas del rey». Según Bouvet, lo acordado en esta asamblea trajo como consecuencia la invasión de Belgrano.

Medidas contra la provincia del Paraguay

Habiendo fracasado la misión de Espínola, la Junta decidió «poner en orden» al Paraguay. A tal efecto tomó una serie de medidas, no siempre coherentes entre sí.

Bloqueo

El 2 de agosto ordenó al español Pedro Fondevilla, comandante militar de Corrientes que bajara a Buenos Aires y envió en su lugar a Elías Galván del regimiento Estrella para que se haga cargo de las milicias. Llevaba la orden de bloquear el tránsito del río frente a Corrientes. El 3 y 11 de agosto, antes de conocer la política de rechazo que iba a adoptar el Paraguay, la junta de Buenos Aires ordenó el bloqueo comercial y de bienes, detención de barcos, personas y correspondencia desde o hacia el Paraguay, a realizarse en los puertos de Santa Fe, La Bajada y Corrientes. El 13 de agosto, la Junta ordenó a Rocamora el bloqueo del río Uruguay, cortando así toda comunicación entre Asunción y Montevideo. A principios de septiembre de 1810, Galván informó la cantidad de buques detenidos y pidió instrucciones sobre qué hacer con aquellos que tenían guías de tránsito con fecha anterior a la orden del bloqueo. Uno de los pasajeros detenidos fue fray Fernando Caballero, profesor de la Universidad de Córdoba con importantes parientes en Asunción. El 7 de septiembre de 1810, Caballero dirigió un oficio a Cornelio Saavedra protestando por la detención de pasajeros y tripulantes y las penurias que sufrían en un puerto tan pobre como el de Corrientes y solicitó se autorizara su liberación hacia Asunción. El 4 de octubre la Junta negó tales permisos. Este hecho novedoso sería el comienzo de un proceso de "larga duración": el aislamiento del Paraguay por décadas.

Ultimátum

Cuando la Junta comprobó que las medidas en la "versión suave" de su supremacía capitalina no lograba resultados, cambió el discurso y sus actos. El 13 de agosto de 1810 manifestó abiertamente que la ruptura del vínculo de dependencia de los "pueblos subalternos" de la capital era de «suma importancia en el orden político y el crimen de sus autores» aumentaría «la entidad de la violencia de las leyes, por los gravísimos males a que queda expuesta la sociedad». Seis días después, el 19 de agosto, la junta de Buenos Aires respondió la nota del 27 de julio en la que el congreso paraguayo no reconocía la superioridad de Buenos Aires y comunicaba su adhesión al Consejo de Regencia. Esa respuesta fue dirigida a Velasco, al Cabildo y al obispo de Asunción sin tener en cuenta que la decisión provenía de un congreso. La misma decía: «La Junta requiere a Vuestra Señoría, por última vez, que se una a la Capital, que deje obrar al pueblo libremente, que reconozca la dependencia [...]. Si Vuestra Merced persiste en su pertinacia será responsable ante Dios y el Rey de los males que se preparan». Los "males" se referían a medidas adicionales a las que ya se habían tomado a esa fecha, a saber:

Medidas económicas

El 19 de septiembre prohibió la aceptación de libranzas o giros provenientes del Paraguay sobre la Dirección General de Tabacos de Buenos Aires.

Organización de grupos opositores

Fueron enviados diversos agentes para convencer a posibles opositores a Velasco y sus acólitos: