Las tumbas de Atuan () es una novela del género fantástico de la escritora estadounidense Ursula K. Le Guin, publicada por Atheneum Books en 1971. Es el segundo libro de la saga iniciada con Un mago de Terramar (1968). Ganó la medalla Newbery en 1972.
Situada en el mundo ficcional de Terramar, Las tumbas de Atuan cuenta la historia de Tenar, una joven del Imperio kargo, que desde niña fue la sacerdotisa de los Sin Nombre, en el lugar que da título a la novela. Su vida en las Tumbas es solitaria, y además el hecho de ser la sacerdotisa de mayor rango la aísla de las demás mujeres. Su mundo se ve alterado con la llegada de Ged, el protagonista de Un mago de Terramar, quien quiere robar la mitad de un talismán enterrado en el tesoro de las Tumbas. Tenar lo encierra en el laberinto debajo de este sitio, pero se rebela contra las enseñanzas que recibió y lo mantiene con vida. Por él se entera cosas del mundo exterior y comienza a cuestionar su fe en los Sin Nombre y su rol social.
Al igual que su antecesora, esta obra es un bildungsroman o novela de aprendizaje, que explora el crecimiento e identidad de Tenar. Así como Un mago de Terramar muestra la maduración de un muchacho con poderes extraordinarios, Las tumbas de Atuan es el relato del momento en que una sacerdotisa, Arha, debe convertirse en mujer, tomando sus propias decisiones, y abandonando aquello que no ha elegido, y ciertamente no quiere para sí. Su proceso de maduración está ligado a los cuestionamientos sobre su fe en los Sin Nombre. Las tumbas de Atuan también trata los temas del género y el poder, en el ambiente de un culto de sacerdotisas al servicio de una sociedad patriarcal, a la vez que presenta una mirada antropológica de la cultura karga. Tenar, quien sería la protagonista de la cuarta novela de la saga, Tehanu (1990), está considerada un personaje más revolucionario que Ged o Arren, quien protagoniza La costa más lejana (1972), la tercera obra de Terramar. Mientras que los dos hombres toman roles aceptados para su sociedad, Tenar se rebela contra los límites del lugar que ocupa. Las tumbas de Atuan comparte los elementos épicos del viaje heroico con otras novelas de Terramar, pero subvierte algunos tópicos del género fantástico de ese entonces, ya que presenta una protagonista mujer, y un personaje de piel oscura.
Las tumbas de Atuan fue bien recibida cuando se publicó y la crítica hizo comentarios positivos acerca del personaje de Tenar, del estilo de Le Guin y de su retrato «sensible» de las diferencias culturales entre el pueblo kargo y el resto de Terramar. La historia recibió elogios por su exploración de temas religiosos y preguntas éticas. El tratamiento del género recibió opiniones negativas de varios académicos, que afirmaron que había creado una protagonista mujer, pero dentro de un marco dominado por los varones. Sin embargo, los especialistas y los comentaristas la consideraron «bellamente escrita» y también una «exploración significativa de la feminidad».
Contexto thumb|right|Ursula K. Le Guin decidió escribir una secuela de Un mago de Terramar para cerrar los cabos sueltos que tenía la novela. Los primeros bocetos para la ambientación de Terramar se encuentran en dos cuentos de Le Guin, «El poder de los nombres» («The Rule of Names», 1964) y «La palabra que desliga» («The Word of Unbinding», 1964), publicadas en la revista Fantastic y luego presentes en la compilación Las doce moradas del viento (1975). Este universo narrativo también fue la ambientación de un cuento que Le Guin escribió en 1965 o en 1966, que nunca publicó. En 1967, Herman Schein (editor de Parnassus y marido de Ruth Robbins, ilustradora de Un mago de Terramar) le pidió a Le Guin que intentara escribir un libro para «niños más mayores», lo que le dio completa libertad para el tratamiento de los temas fantásticos. La escritora no tenía experiencia previa con el género de la literatura para jóvenes, que estaba de moda a fines de la década de 1960. A partir de sus cuentos, comenzó a trabajar en Un mago de Terramar. Afirmó que su libro fue en parte una respuesta a la imagen estereotipada de los magos ancianos y sabios, y un intento de responderse cómo llegaron a ser así. Más tarde, también mencionó que eligió el género fantástico como medio y el tema de la historia de aprendizaje para dirigirse a un público adolescente.
Los cuentos, publicados en 1964, presentaron el mundo de Terramar y sus conceptos más importantes, como el tratamiento de la magia que hace Le Guin. «El poder de los nombres» también mostró por primera vez a Yevaud, un dragón que tiene una breve aparición en Un mago de Terramar. La representación de Terramar recibió influencias de las leyendas nativas americanas y de la mitología nórdica. Su conocimiento sobre mitos y leyendas, al igual que su interés por la antropología, le permitieron crear «culturas enteras» para las islas de Terramar, según la académica Donna White. La influencia de la cultura nórdica en particular se puede apreciar en los kargos, que son rubios y de ojos celestes, y que adoran dos dioses que son hermanos. La influencia de la filosofía taoísta se ve en la idea del equilibrio cósmico en el universo de Terramar.
Originalmente, Le Guin había pretendido que Un mago de Terramar fuera una novela independiente, pero escribió La tumbas de Atuan luego de considerar los cabos sueltos que habían quedado en la primera obra, y más tarde creó el tercer libro, La costa más lejana, luego de haberlo pensado más. Los académicos afirman que el movimiento por los derechos civiles y la oposición a la guerra de Vietnam, que estaba cobrando importancia en ese momento, afectaron sutilmente la estructura del libro. Si bien no es una novela «centralmente feminista», la decisión de incluir una protagonista femenina fue considerada un gesto de apoyo hacia el movimiento por los derechos de la mujer; además, las inquietudes de Tenar sobre su fe también se han comparado con las de aquellos individuos que comenzaron a protestar contra la discriminación y la guerra.
Ambientación
Terramar es un archipiélago, un conjunto de islas a las cuales el dios o héroe Segoy levantó desde el océano. El mundo está habitado por dragones y humanos, y muchos de ellos son hechiceros o magos. Le Guin estaba muy interesada en el taoísmo; a causa de ello, su mundo posee un equilibrio muy delicado, que la mayoría de sus habitantes conoce, pero que suele romperse en la trilogía original de la saga. En las sociedades de Terramar, la magia es una fuerza que puede usarse tanto para el bien como para el mal. Las culturas de Terramar son preindustriales y conviven en el archipiélago. La mayoría de los personajes son del pueblo hárdico, que tiene piel oscura y que habita la mayoría de las islas. Algunas al este son habitadas por los kargos, que tienen la piel blanca y que ven a los hárdicos como brujos malvados. Los kargos, por otra parte, son percibidos por los hárdicos como bárbaros. En las regiones más al oeste del archipiélago viven los dragones. Este universo no permaneció idéntico en las obras de la autora, sino que fue sufriendo modificaciones y ajustes.
Los kargos poseen una cultura y una geografía diferentes. Por ejemplo, ellos no tienen escritura, ya que la consideran una práctica maligna. Los académicos han descrito a este pueblo como una analogía con los Estados Unidos: entre las similitudes, se cuentan una religión organizada y un sistema de clases. Esta sociedad no cree en el equilibrio, a diferencia del resto del archipiélago, y tampoco en la magia. El Imperio kargo es una teocracia; su monarca, el Dios-Rey, afirma representar el poder de los Sin Nombre, descritos como «los poderes de la oscuridad, de la ruina, de la locura». También es descrita como una cultura militarizada y patriarcal. La autora mencionó que, aunque el Dios-Rey se apoya en los Sin Nombre y su sacerdotisa única para conservar su autoridad, en realidad no cree en ellos.
Argumento El libro cuenta la historia de una niña llamada Tenar, originaria de la isla karga de Atuan. Como nació el mismo día que la sacerdotisa única de las Tumbas de Atuan murió, se considera que es su reencarnación. Por eso, dos sacerdotisas, Thar y Kossil, la apartan de su familia cuando tiene cinco años y se la llevan a las Tumbas. Allí, en una ceremonia, le quitan su nombre y a partir de ese momento, la llaman Arha, que significa «la devorada», y la consagran al servicio de los Sin Nombre a los seis años, con un sacrificio simbólico. A partir de allí, se muda a una pequeña cabaña y recibe a un sirviente eunuco, Manan, con quien tiene una relación de afecto.
La infancia y la juventud de Tenar son solitarias; sus únicos amigos son Manan y Penta, una sacerdotisa de su edad. Thar y Kossil le enseñan sus deberes. Thar le habla sobre las catacumbas y el laberinto debajo de las Tumbas, además de enseñarle cómo guiarse en ellas. También le menciona el tesoro escondido dentro del laberinto, que algunos magos del archipiélago intentaron robar. Cuando Arha le pregunta acerca de ellos, la sacerdotisa le responde que son hechiceros ladrones que pueden hacer magia. A los catorce, Arha asume todas las responsabilidades propias de su cargo como la sacerdotisa de mayor posición en las Tumbas. En un pasaje del libro, debe ordenar la muerte de unos prisioneros enviados a las Tumbas por orden del Dios-Rey de las islas kargas; los hace morir de hambre, un acto que la persigue por un largo tiempo. Una vez que Thar fallece a causa de su edad, Arha se siente más sola; aunque dura, ella había sido justa con la niña. Kossil desprecia a Arha y considera que los Sin Nombre son una amenaza para su poder.
La rutina de Arha se ve interrumpida por su descubrimiento del mago Ged, el protagonista de Un mago de Terramar, en las catacumbas. Ella lo encierra en el laberinto cerrando una de las puertas, y por una mirilla espía sus intentos sin éxito de abrirla con un hechizo. Atrapado, Ged acaba inconsciente por el agotamiento y Arha lo encadena mientras decide qué hacer con él. Luego de interrogarlo, descubre que vino a las Tumbas buscando la mitad del anillo de Erreth-Akbé, perdido hace mucho tiempo, un talismán mágico quebrado, necesario para la paz en Terramar. La otra mitad del amuleto había llegado a sus manos por pura casualidad, y un dragón le reveló lo que era. Arha se siente atraída por él cuando le cuenta sobre el mundo, y por eso lo deja prisionero en las tumbas y le lleva agua y comida. Sin embargo, Kossil descubre la existencia de Ged, lo que obliga a Arha a prometer que el hechicero será sacrificado a los Sin Nombres. De todos modos, ella se da cuenta de que no puede hacerlo, así que le pide a Manan que cave una falsa tumba en las catacumbas, mientras ella lleva a Ged a esconderse en los tesoros de las Tumbas.
Arha y Kosill tienen una pelea pública, en la que esta última afirma que ya nadie cree en los Sin Nombre. A modo de respuesta, la niña la maldice en nombre de sus dioses. Cuando toma consciencia de que Kossil ahora querrá asesinarla, se dirige al laberinto y la ve cavando en la falsa tumba. Para evadirla, va a la sala del tesoro y le cuenta todo a Ged, que había encontrado la otra mitad del amuleto de Erreth-Akbé. Le dice a Arha que tiene que decidir si matarlo o escapar con él y que los Sin Nombre demandan su servicio, pero que no le dan nada ni crean nada a cambio. Le dice su verdadero nombre, Ged, como respuesta a la confianza que ella le demostró. Escapan juntos, aunque Manan, que había ido a buscar a Arha, se cae en un pozo en el laberinto y muere intentando atacar al mago. Las tumbas se desmoronan y el hechicero las sostiene hasta que logran escapar. Arha comienza a hacerse llamar Tenar, y ambos se dirigen a la costa, donde el mago tiene su barca, Miralejos, escondida. Mientras esperan la marea, ella siente deseos de matar a Ged por arruinar su vida, pero se da cuenta al mirarlo que ya no tiene ira en su interior. Los dos se dirigen a Havnor, donde los espera un recibimiento triunfal.