La literatura mexicana es una de las más prolíficas e influyentes de la lengua española junto con la española, chilena y argentina. La literatura de México remonta a la época precolombina y ha pasado por distintas etapas hasta la actualidad. Entre las figuras más importantes, notorias y reconocidas de este país se hallan José Joaquín Fernández de Lizardi, Sor Juana Inés de la Cruz, Juan Rulfo, Octavio Paz, Alfonso Reyes, Juan Rulfo, Elena Garro, Rosario Castellanos, José Gorostiza, Cristina Rivera Garza, Valeria Luiselli, Guadalupe Nettel, Elman Trevizo, Juan Villoro, Jaime Sabines, Carlos Fuentes, Verónica Murguía, Alberto Chimal, Fernanda Melchor, Amado Nervo, Juan José Arreola, Federico Gamboa, José Emilio Pacheco, Fernando del Paso y Ramón López Velarde.

Los pueblos de Mesoamérica desarrollaron sistemas de escritura, aunque éstos no fueron empleados explícitamente para conservar su literatura, desde el punto de vista eurocéntrico. En México Antiguo existieron los llamados códices mesoamericanos, libros de papel de corteza, fibras vegetales o piel de animal donde las culturas de la región plasmaron su historia, sus mitos y su religión.

Algunos especialistas como Ángel María Garibay K. y Miguel León-Portilla han traducido los relatos orales y obras de los frailes del que se encontraban desperdigadas en varios textos y las han reunido o reseñado. Gracias a su trabajo de investigación y rescate podemos conocer a grandes poetas como Nezahualcóyotl, Nezahualpilli, o la poetiza Macuilxochitzin. Otra manifestación importante fueron los Tlahtolli en sus dos formas: los huehuehtlahtolli y el thltoloca, por hablar solo de la cultura nahuatl.

Otras culturas, como la maya, también escribieron importantes libros. Es el caso del Chilam Balam en donde se registró la sabiduría del pueblo cakchiques. Varios libros conforman esta obra y a cada uno de ellos, se les asignó el nombre del lugar en el que fueron encontrados: Tizimín, Maní, Chumayel, Kaua, Ixil, Tusik, Tekax y uno más que lleva al apellido del copista Nah.

Con la llegada de los españoles se produjo un proceso de mestizaje que luego dio paso a una época de criollización de la literatura producida en la Nueva España. El mestizaje de la literatura novohispana es evidente en la incorporación de numerosos términos de uso corriente en el habla local del Virreinato y en algunos de los temas que se tocaron en las obras del periodo. Durante la época virreinal, la Nueva España albergó a escritores barrocos como Bernardo de Balbuena, Carlos de Sigüenza y Góngora, Juan Ruiz de Alarcón, Francisco de Castro, Luis de Sandoval y Zapata y Sor Juana Inés de la Cruz, llamada "La décima musa". Muy destacados todos, dieron la lucha inicial por la emancipación de la literatura nacional de la literatura de la península: Diego José Abad, Francisco Javier Alegre y fray Servando Teresa de Mier.

Hacia el final del régimen virreinal, en la Nueva España surgieron figuras como José Joaquín Fernández de Lizardi, cuya obra El Periquillo Sarniento se considera el emblema de la picaresca mexicana y la primera "novela moderna" escrita en el continente americano. Hacia la segunda mitad de ese siglo, surgieron obras como Los mexicanos pintados por sí mismos, libro costumbrista que da una idea aproximada de cómo veían los intelectuales de la época al resto de sus coterráneos. Hacia el final del siglo, durante el Porfiriato, los escritores mexicanos se inclinaron hacia las tendencias dominantes de la época. Para celebrar el centenario de la Independencia de México, se preparó la llamada Antología del Centenario, que pretendía recopilar autores de los primeros cien años de México, pero quedó trunca y se publicó solo el primer tomo en dos volúmenes que, sin embargo, recogen la poesía. Los grandes poetas de la época son fray Manuel de Navarrete, Fernando Calderón e Ignacio Rodríguez Galván. Destacan una pléyade de poetas modernistas, que incluye a Amado Nervo y a Manuel Gutiérrez Nájera. De la misma época, la Antología del Centenario incluyó a Luis G. Urbina. De reconocido prestigio, Efrén Rebolledo, José Juan Tablada, Enrique González Martínez y Ramón López Velarde.

La irrupción de la Revolución mexicana favoreció el desarrollo del género periodístico. Una vez concluido el conflicto civil, la Revolución se convirtió en un tema recurrente en novelas, cuentos y obras teatrales en las plumas de Mariano Azuela o Rodolfo Usigli. Esta tendencia sería antecedente del florecimiento de una literatura nacionalista, que tomó cuerpo en la obra de escritores como Rosario Castellanos o Juan Rulfo. También apareció en escena una literatura de corte indigenista, que pretendía retratar el pensamiento y la vida de los pueblos indígenas de México, aunque irónicamente, ninguno de los autores fuera indígena. Entre ellos, hay que señalar a Miguel Ángel Menéndez Reyes, a Ricardo Pozas y a Francisco Rojas González. De modo alterno a estas corrientes dominantes, se desarrollaron en el país otros movimientos, menos conocidos por estar fuera del foco principal. Entre ellos, hay que señalar a los estridentistas de la década de 1920, como Arqueles Vela y Manuel Maples Arce.

Otro movimiento de gran relevancia para la historia literaria del país lo constituyó el grupo de Los Contemporáneos, quienes aparecieron durante la década de 1930, el cual conformaron el periodista Salvador Novo y los poetas Xavier Villaurrutia y José Gorostiza. Ya hacia la segunda mitad del , la literatura mexicana se había diversificado en temáticas, estilos y géneros. Surgieron nuevos grupos, como La onda en los años 1960, que apostaba por una literatura urbana, satírica y contestataria; entre los autores destacados, están Parménides García Saldaña y José Agustín, así como, el grupo de "La Mafia", conformada por Carlos Fuentes, Salvador Elizondo, José Emilio Pacheco, Carlos Monsiváis, Inés Arredondo, Fernando Benítez y otros. Los infrarrealistas de los años 1970, que pretendía "volarle la tapa de los sesos a la cultura oficial". En 1990, Octavio Paz se convirtió en el único mexicano hasta la fecha que ha ganado el Premio Nobel de literatura.

Literatura de los pueblos precolombinos de México

¿Zan yuhqui nonyaz in compolihui xóchitl ah?¿Antle notleyp yez in quenmanian? ¿Antle nitauhca yez in tlaltipac?¡Ma nel xóchitl, ma nel cuícatl! ¿Quen conchihuas noyolo, yehuaya?¡On nen toquizaco in tlaltipac!

¿Sólo he de irme semejante a las flores que fueron pereciendo?¿Nada mi gloria será alguna vez? ¿Nada mi fama será en la tierra?¡Siquiera flores, siquiera cantos! Ay, ¿qué hará mi corazón?¡En vano venimos a pasar sobre la tierra! Tr. Ángel María Garibay K.La versión en náhuatl y la traducción aparecen en Bernal, 1996. León-Portilla (1992: 171), señala que este poema aparece en el Manuscrito de la Biblioteca Nacional de México entre los poemas de Huexotzinco (actualmente en el estado de Puebla).

A pesar de que los pueblos de Mesoamérica desarrollaron sistemas de escritura, no emplearon un sistema de escritura fonética para su literatura, sino formas predominantemente pictográficas y logosilábicas.

Los códices mesoamericanos (amoxtli o teoamoxtli en nahuatl, conocidos por los mixtecos como naandeye o tonindeye, que significa "historia de los linajes", o ñee ñuhu, que significa “la piel sagrada” o “la piel de dios" en la misma lengua) son una de las expresiones artístico-literarias más estudiadas. Para algunos estudiosos, los códices del Grupo Borgia se encuentran entre las mejores expresiones literario-pictóricas de estos pueblos. Estudios divergentes sostienen que la sección central del Códice Borgia narra una versión de la creación del universo, aunque es aceptada la hipótesis de que se trata una serie de rituales cuyo objetivo no está totalmente esclarecido. Los códices mixtecos Becker 1, Nutall y Colombino narran la vida del héroe-gobernante 8-Venado y las hazañas que éste realizó para la unificación de la mixteca. El Códice Boturini o "Tira de la peregrinación" relata capítulos de la migración de los mexicas del norte de México hasta su establecimiento en el Lago de Texcoco, aunque se ha señalado que este documento es una copia de un documento más antiguo sin identificar, realizada en los albores de la Conquista . Actualmente se conservan alrededor de 20 códices catalogados como prehispánicos.

Entre las culturas de México antiguo existen numerosas piezas de cerámica, tallados en piedra, estelas y monolitos que forman parte de relatos históricos, mítico-genealógicos, cosmogónicos o legendarios, entre las que destacan piezas de los olmecas, los toltecas, los mayas, los pueblos nahuas y los mixtecos. La escritura en piedra más antigua es atribuida a los olmecas; el bloque de cascajal contiene glifos de una antigüedad de alrededor de 3000 años.

La mayor parte de los mitos y obras literarias de los pueblos de Mesoamérica se transmitieron por tradición oral. Se sabe, por ejemplo, que entre las actividades que tenían que dominar los novicios de sacerdotes entre los mexicas se encontraba la memorización de obras líricas o de la mitología de su pueblo. Algunas de estas producciones fueron fijadas para siempre por medio del alfabeto latino que los misioneros de Indias emplearon en el para transcribir la información que recibían de los indígenas. Especialistas modernos como Ángel María Garibay K. y Miguel León-Portilla, han traducido estas obras que se encontraban desperdigadas en varios textos y las han reunido o reseñado en obras como Visión de los vencidos, Poesía indígena de la Altiplanicie o Historia de la literatura náhuatl.

La obra de los misioneros en el centro de México permitió conservar más fielmente la tradición oral de los pueblos de habla náhuatl, en comparación con los habitantes de otras zonas de Mesoamérica. En ese sentido resulta especial el conjunto de obras líricas atribuidas a Acolmiztli Nezahualcóyotl (1402–1472), tlatoani de Tetzcuco, que pasó a la posteridad con el título de "Rey Poeta". Sus obras, junto con las de otros nobles de los pueblos nahuatlacas del Eje Neovolcánico como Ayocuan (de Chalco-Atenco) y Tecayehuatzin (de Huexotzinco), constituyen la muestra más amplia de obras líricas y filosóficas precolombinas recuperadas. De menores dimensiones es el acervo literario recuperado entre otros pueblos del Posclásico, como los purépechas, los zapotecos y los mixtecos.

El caso de los mixtecos es especial, puesto que se conservan códices que han permitido hacer una aproximación a la historia de ese pueblo bajo la impronta de Ocho Venado, yya (Señor) de Tilantongo y Tututepec. Por otra parte, en el Área Maya, se conservaron fragmentos de los llamados Libros de Chilam Balam. Bien conocida es, por otra parte, la literatura precolombina de los quichés, pueblo mayance que sin embargo no habitó en el actual territorio mexicano, sino en lo que hoy es Guatemala. En idioma quiché se escribió el Popol Vuh o Libro del Consejo, que incorpora dos mitos cosmogónicos mayas: la creación del mundo y el descenso de Hunahpú e Ixbalanqué a Xibalbá, el inframundo de los mayas.

Fuera de Mesoamérica, Arturo Warman adelanta como hipótesis que las coplas interpretadas por los músicos yaquis y mayos durante la ejecución de la Danza del Venado tendrían su origen en la época precolombina, y habrían llegado hasta nuestros días con pocos cambios.

Entre los pueblos prehispánicos floreció: La literatura cosmogónica, ritual, heroica y mitológica de los códices. La poesía épica, que relataba la vida de personajes famosos (por ejemplo lo referente a héroes-caciques como Quetzalcóatl u 8-Venado), la fundación de ciudades y peregrinaciones de tribus. La poesía lírica de tipo religioso, bélico o filosófico. La poesía dramática, que mezclaba elementos musicales y dancísticos, como la fiesta a Tezcatlipoca. La prosa histórica y genealogía didáctica como los Huehuetlatolli o los proverbios.

Popol Vuh () Rabinal Achí Nezahualcóyotl (1402-1472) «El Rey Poeta» .

El Virreinato y sus escritores