Quinto Mucio Escévola el Augur (; fallecido ) fue un eminente estadista y jurista de la República romana que alcanzó el consulado en el año Miembro del prestigioso linaje plebeyo de los Mucios, su trayectoria vital y política estuvo marcada por su temprana vinculación al «círculo de Escipión» y por una probable sintonía con las aspiraciones reformistas de los hermanos Graco. Hacia el año , asumió el gobierno de la provincia de Asia, una experiencia que, sumada a su posterior gestión consular, lo consolidó como una de las figuras de mayor autoridad y ascendencia en el seno del Senado romano. Reconocido unánimemente como el máximo exponente del derecho civil de su tiempo, Escévola desempeñó un papel trascendental en la sistematización de la jurisprudencia romana bajo presupuestos filosóficos. Su magisterio resultó decisivo para la formación de la siguiente generación de líderes, al contar entre sus discípulos a figuras de la talla de Lucio Licinio Craso y Marco Tulio Cicerón. Este último, en señal de gratitud y admiración, lo inmortalizó como uno de los interlocutores principales en varios de sus diálogos filosóficos y retóricos, lo que aseguró así la pervivencia de su legado intelectual para la posteridad.
Biografía Orígenes thumb|right|300px|Cayo Mucio Escévola en presencia de Lars Porsena, óleo sobre lienzo. Obra de Matthias Stom, principios de la década de 1640, Galería de Arte de Nueva Gales del Sur. Quinto Mucio pertenecía a la gens plebeya de los Mucios, una estirpe que alcanzó relevancia política apenas medio siglo antes de su nacimiento. El vínculo de esta familia con el legendario Cayo Mucio Cordo, quien, según la tradición, calcinó su mano derecha ante Lars Porsena y recibió por ello el sobrenombre de «el Zurdo» (), se circunscribe, con toda probabilidad, al ámbito de la mitología familiar. De hecho, el cognomen de los Mucios pudo tener una acepción distinta, pues el término scaevola designaba asimismo a un amuleto fálico de carácter profiláctico. La primera mención historiográfica de los Escévolas se remonta al año , cuando un antepasado homónimo, Quinto Mucio Escévola, ejerció la pretura. Dos de sus vástagos accedieron al consulado, Publio en y Quinto al año siguiente, siendo este último el progenitor de Escévola el Augur. Por su parte, los primos mayores de Quinto, Publio Mucio Escévola y Publio Licinio Craso Muciano, desempeñaron la máxima magistratura en los años 133 y , respectivamente.
Los integrantes de esta familia declinaron tradicionalmente la gloria militar para consagrarse a la jurisprudencia y al ámbito de lo sagrado; así, ambos primos de Quinto ostentaron la dignidad de pontífice máximo y legaron tratados jurídicos de referencia, tradición de excelencia intelectual que Escévola el Augur continuó con idéntico rigor.
Primeros años El filólogo clásico Friedrich Münzer postula que Quinto Mucio nació, presumiblemente, poco después del consulado de su padre en una fecha posterior al Sin embargo, esta cronología entra en conflicto con los testimonios de Cicerón, quien, mientras que en su tratado Sobre la amistad lo describe como un «joven en edad cuestoria» —en torno a los treinta años— hacia , en el diálogo Sobre el orador alude al «joven Escévola» en relación con los sucesos de Ante tal disparidad, Münzer atribuye estas menciones a una mera imprecisión cronológica del orador de Arpino.
En su juventud, Quinto Mucio figuró entre los integrantes más noveles del «círculo escipiónico», facción cuyos miembros convergían en sus vínculos de parentesco, su profunda filia por la cultura helena y la promoción de reformas de cariz moderado. En el año , con ocasión de la visita a Roma de Carnéades, fundador de la «Nueva Academia», Escévola asistió a sus lecciones al igual que otros muchos jóvenes de la aristocracia romana. No obstante, en sintonía con la idiosincrasia de su círculo, declinó la filosofía académica en favor del estoicismo; una adscripción que el propio Cicerón ratifica al citar sus palabras: «mis estoicos».
Hacia el año , Quinto Mucio contrajo matrimonio con la primogénita de Cayo Lelio el Sabio, el colaborador más estrecho de Escipión Emiliano, enlace que lo emparentó como concuñado de Cayo Fannio, destacado político y hombre de letras de la época. Con anterioridad a , Escévola ya había sido admitido en el prestigioso colegio de los augures, una designación en la que la mediación de su suegro resultó determinante. El proceso de elección no estuvo exento de controversia, pues el otro aspirante a la vacante era el propio Cayo Fannio. Lelio, sin embargo, decantó su apoyo en favor de Escévola y arguyó en su defensa una célebre justificación, porque su preferencia no respondía a una predilección por su yerno menor, sino al respeto debido a la primogenitura de su hija mayor, esposa de Quinto Mucio.
Carrera política Quinto Mucio recorrió las etapas del cursus honorum a una edad sensiblemente más avanzada de lo que dictaba la costumbre para un hombre de su ascendencia. Según la tesis de Friedrich Münzer, esta demora obedeció a la sintonía de Escévola con el programa de los hermanos Graco, una corriente de simpatía tradicional en el seno de su familia. Los registros históricos confirman que uno de los aliados más estrechos de Tiberio Graco, Cayo Blosio de Cumas, se hallaba vinculado a los Escévolas por vínculos de hospitalidad (hospitium). Cicerón relata, asimismo, una mordaz imprecación de Quinto Mucio dirigida a Lucio Septumuleyo, individuo que obtuvo de las autoridades una recompensa por la cabeza de Cayo Graco-, entregada a cambio de su peso equivalente en oro. Cuando Septumuleyo solicitó a Escévola el cargo de prefecto en la provincia de Asia, este le increpó:
En el año , Escévola desempeñó el tribunado de la plebe y, en , ejerció la edilidad. Durante el periodo subsiguiente, a más tardar en , alcanzó la pretura y asumió el gobierno de la provincia de Asia, territorio que una década antes había estado bajo la administración de su primo, Craso Muciano. En el transcurso de su viaje hacia la sede provincial, Quinto Mucio recaló en Atenas y Rodas, ciudades donde mantuvo un encuentro con el ilustre retórico Apolonio de Alabanda.
Tras su retorno a la Urbe en , Escévola fue encausado de inmediato bajo la acusación de extorsión (repetundae). La denuncia fue promovida por Tito Albucio, un caballero con quien mantenía profundas desavenencias personales. Albucio, cuya formación helenística lo hacía parecer «casi un griego perfecto», había sido blanco de las mofas de Quinto Mucio durante su estancia en Atenas; en aquella ocasión, el pretor lo saludó con una afectación marcadamente griega para ridiculizar su pedantería. El testimonio primordial de este incidente se halla en la obra de Cayo Lucilio, quien recreó el suceso en boca del propio Escévola. No obstante, la versión del poeta, teñida de un matiz humorístico y satírico encaminado a caricaturizar a ambos contendientes, introduce una distorsión que obliga a la historiografía a interpretar el relato con cautela:
Según la tesis de Münzer, la adscripción a escuelas filosóficas antagónicas desempeñó un papel determinante en el encono del conflicto, ya que, mientras Albucio se presentaba como un «epicureo consumado», Escévola personificaba el rigorismo del estoicismo. Durante el proceso, el propio acusado asumió su defensa y obtuvo una absolución inapelable, a pesar de que la acusación intentó incriminarlo utilizando como prueba los libros de cuentas de Albio, allegado de Escévola. Este litigio es evocado en la Apología de Apuleyo, si bien el autor incurre en una confusión terminológica al describir a un «joven brillantemente educado», G. Mucio, «acusando por la gloria» a A. Albucio. La historiografía sitúa estos acontecimientos entre el año y la primera mitad de
El prestigio emanado de su exitosa autodefensa impulsó la candidatura de Quinto Mucio, quien logró imponerse en las elecciones consulares del año Ejerció la máxima magistratura junto a Lucio Cecilio Metelo Diademato, exponente de una de las estirpes aristocráticas más preponderantes de la República. Las fuentes clásicas apenas consignan hitos de relevancia durante su mandato, salvo por el triunfo celebrado por el primo de Metelo sobre los dálmatas, circunstancia que refuerza la imagen de un consulado orientado hacia la estabilidad administrativa y jurídica.
Últimos años Tras la culminación de su consulado, las menciones a Escévola en las fuentes son esporádicas. No obstante, su influencia en el seno del Senado permaneció intacta, sustentada en un prestigio que convertía su opinión en un factor frecuentemente decisivo para el devenir de la República. Una prueba fehaciente de su autoridad moral se halla en la conducta de su yerno, el ilustre Lucio Licinio Craso, quien durante su campaña electoral confesaba sentirse abrumado al realizar el tradicional periplo por el Foro; Craso evitaba solicitar el voto de los electores en presencia de su suegro, pues, en palabras de las fuentes, «respetaba más la dignidad de Escévola que su propia toga cándida». En el año , ante el recrudecimiento del conflicto entre el Senado y el tribuno de la plebe Lucio Apuleyo Saturnino, el consular, ya anciano y de salud quebradiza, compareció en el Comitium apoyado en su lanza para sumarse a la defensa del orden establecido. En aquel episodio de extrema tensión, Escévola se integró en el frente contra los «sediciosos», en un gesto donde, según los cronistas, «hizo ostentación tanto de la inquebrantable fuerza de su espíritu como de la manifiesta debilidad de su cuerpo».
En la lucha política de la década de los , el destino de Escévola estuvo estrechamente ligado al de su yerno, Lucio Licinio Craso, considerado el mejor orador de su época, hombre de carácter independiente y poseedor de una reputación intachable. Según el investigador Ernst Badian, Craso fue aliado de la «facción» de los Metelos durante un tiempo, pero en el año 94 o , su hija —y nieta de Escévola— contrajo matrimonio con el hijo de Cayo Mario. Debido, entre otras razones, a este vínculo de parentesco, en el año Quinto Mucio se opuso frontalmente cuando Lucio Cornelio Sila, tras haber tomado Roma, propuso al Senado declarar a Mario «enemigo público» (hostis). Escévola declaró con firmeza que jamás reconocería como enemigo al hombre que había salvado a Roma y a toda Italia, aunque nadie secundó su postura. Plutarco relata, además, que Mario el Joven, tras ser proscrito, obtuvo suministros precisamente en las fincas de Quinto Mucio antes de partir hacia África.
Este episodio, recogido en los Hechos y dichos memorables de Valerio Máximo, constituye, junto con el tratado Sobre la amistad de Cicerón, la última mención cronológica sobre Quinto Mucio. Por ello, se supone que Escévola falleció en el año o poco después. De este modo, y a pesar de su salud precaria, alcanzó una longevidad superior a los ochenta años.
Actividad intelectual thumb|upright=0.8|right|Busto de Cicerón. Durante su juventud, Quinto Mucio profundizó en el estudio de la filosofía bajo la tutela de Panecio de Rodas, en compañía de su concuñado Fannio; sin embargo, su verdadera vocación cristalizó en la jurisprudencia. A Escévola se le atribuye el mérito intelectual de haber «trasplantado las categorías filosóficas al terreno jurídico», una innovación que permitió dotar al derecho de una estructura más sistemática y racional. En el contexto de su época, destacaba de forma excepcional por «su conocimiento del derecho civil y su sabiduría en toda clase de materias». Pese a que su presencia en los tribunales era infrecuente, consagraba gran parte de su tiempo a ofrecer asesoramiento legal gratuito a cualquier ciudadano que requiriera su asistencia.