La bandera de Cataluña, también conocida como señera (en catalán, senyera), fue adoptada como bandera oficial de la comunidad autónoma de Cataluña en el Estatuto de Autonomía de 1979 en su artículo 4.Estatuto de Autonomía de Cataluña de 1979 en Wikisource Se define y regula actualmente según el artículo 8.2 del Estatuto de 2006:Estatuto de Autonomía de Cataluña de 2006 en Wikisource

Fue utilizado como emblema por los reyes de la Corona de Aragón. Actualmente hay consenso entre diversos especialistas heráldicos a la hora de determinar que la señal heráldica apareció como emblema personal de Ramón Berenguer IV (1114-1162) conde de Barcelona y príncipe de Aragón [+RAIMVN]DVS BERENGARIIS COMES B[ARCHINONENSIS][+ET PRINCEPS REGNI] ARAGONENSIS.

Antiguamente usada únicamente por el rey, como expresión de su soberanía. Su uso se difundió progresivamente en otros ámbitos al integrarse en las armas de diferentes linajes nobiliarios por transmisión, así como en órdenes religiosas y escudos de villas y ciudades, mediante concesión real.

thumb|Ramón Berenguer IV de Barcelona y su esposa, Petronila de Aragón. Extraído de: Lucio Marineo Siculo, Pandit Aragoniae veterum primordia rerum, Zaragoza, Jorge Coci, 1509

thumb|Escudos de los Estados que formaban parte de la Corona de Aragón|251x251px

Un documento del , la Crónica de San Juan de la Peña afirma que el rey de Aragón «mudó las armas e senynnales e prendió bastones», lo que significa que cambió el símbolo anterior (presumiblemente, la cruz de Alcoraz o el emblema de la Casa de Lara).

240px|thumb|Crónica de San Juan de la Peña| http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/bne/12937401998072638532624/index.htm

A partir de los Reyes Católicos su uso quedó asociado a las armas de los reyes de España y consecuentemente, integrado más tarde en el escudo nacional de España. Con evidencias constatables a partir de fines del , su atribución fue reivindicada por las varias entidades territoriales ibéricas que conformaban la Corona de Aragón, acentuándose las controversias en este campo en el y . Tras la constitución del estado autonómico tras la transición española, el símbolo fue adoptado oficialmente por las comunidades de Cataluña (1979), como emblema de la Generalidad, Aragón (1982), Islas Baleares (1983), Comunidad Valenciana (1984) y es usado también de manera oficiosa territorialmente. thumb|300px|right|El Señal Real en el Libro del conocimiento (h. 1385), que muestra un escudo de oro palado de gules referido en el texto: «Partí [...] e fui al reinado de Aragón, un reino muy viciosso e abondado. E fallé en él cinco cibdades grandes. A la mayor, do coronan los reyes, dizen Çaragoça. A la otra Valenzia, a la otra Tarragona et a la otra Barçalona e a la otra Tortosa. [...] E el rey dénde ha por señales nueve bastones amarillos e bermejos atales»

miniatura|Anverso del sello de Ramón Berenguer IV (septiembre, 1150)

Para diversos especialistas, las evidencias más antiguas conservadas de este símbolo se encuentran en los siete sellos de Ramón Berenguer IV (1113? -1162), conde de Barcelona y Prínceps de Aragón, llevando sobre su escudo los cuatro palos. Estudiados por Tomás Muñoz y Rivero en 1856,«Los sellos de Ramón Berenguer IV», en El arte de España, IV, 1866, pags. 169 y ss. Citado por Menéndez Pidal, El escudo de España, Madrid, Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía, 2004. que datan al menos del año 1150, año de la impronta más antigua de ellos y contemporánea al surgimiento de algunos de los emblemas heráldicos más antiguos conocidos.

Actualmente hay consenso entre diversos especialistas heráldicos -el aragonés Faustino Menéndez Pidal de Navascués, el aragonès Alberto Montaner Frutos, y el catalán Armand de Fluvià- a la hora de determinar que la señal heráldica nació y apareció como emblema personal de Ramón Berenguer IV (1114-1162).

En cualquier caso, el rey Pedro el Ceremonioso considerará el Señal Real como asociado al linaje condal.FLUVIÀ I ESCORSA, Armand de, Els quatre pals: L'escut dels comtes de Barcelona, Barcelona, Rafael Dalmau (Episodis de la Història, 300), pág. 131.

En latín en el original.

Existe documentación que prueba fehacientemente que la misma fue usada, también, en tiempos de Alfonso II, rey de Aragón y conde de Barcelona, siendo universalmente conocida como «vexillum nostrum» o «signum regium», dada la preeminencia del título de Rey como reconoce el propio Pedro IV el Ceremonioso:

Con el paso del tiempo, el emblema de los reyes de la Corona de Aragón pasó a identificarse con los territorios que gobernaban. Su identificación con el condado de Barcelona y, por extensión, con el Principado de Cataluña, parece originarse también en tiempos de Pedro el Ceremonioso y se prolonga en los siglos posteriores, aunque sigue siendo utilizado también por otros territorios de la Corona. Ya a mediados del , el historiador valenciano Pere Antoni Beuter narra la leyenda de Wifredo el Velloso y los dedos de sangre en su Crónica General de España. Posteriormente, en un poema de 1644, Francesc Fontanella aludía a las «barras» en uno de sus poemas:Citado en Pere Anguera, Les Quatre Barres: de bandera històrica a senyera nacional, Rafael Dalmau, Editor, Romañá, 2010, págs. 17-18. ISBN 978-84-232-0737-4.

Desde mediados del , y particularmente a partir de la eclosión del catalanismo como movimiento cultural y político con la Renaixença, las antiguas armas del rey de Aragón adquieren un simbolismo político de afirmación identitaria. Tras períodos alternativos de tolerancia y represión del uso de la bandera cuatribarrada, fue izada como «bandera de la Patria» en la Diputación de Barcelona el 27 de mayo de 1930Según palabras textuales de J. Maluquer, presidente de la Diputación. Véase Anguera, op.cit., pág. 199. y de nuevo el 14 de abril de 1931 al ser proclamada la República Catalana por Francesc Macià.

Son elementos comunes de la bandera y el escudo los palos de gules o barras de Aragón, elemento histórico común de las actuales cuatro comunidades autónomas que en su día estuvieron integradas en la Corona de Aragón, en cuya emblemática se encuentran todavía, y que en su representación se incorporaron al escudo de España.

Historia de la bandera Época medieval No se ha hallado ninguna referencia documental hasta el año 1150, en que aparece como escudo preheráldico en un sello de Ramón Berenguer IV, aunque la escasa nitidez del sello, y su monocromía, hacen dudosa la atribución, pues el escudo palado y blocado refleja los habituales refuerzos defensivos de los escudos de mediados del , por lo que este no sería un signo de linaje, sino el mero escudo de tablas almendrado que simbolizaba el poder real. El primer testimonio seguro son los sellos de la cancillería de Alfonso II, datados a partir de 1167.

No está demostrada la prueba de su vinculación a la casa condal barcelonesa en sendos sarcófagos de 1082 de Ramón Berenguer II y Ermesenda de Carcasona, donde aparecen pintados 15 palos de oro y gules, lo que ha llevado a pensar a algunos heraldistas (A. Fluvià, M. de Riquer) que este es el origen de las cuatro barras en tanto que emblema pre-heráldico;Véase M. de Riquer, Llegendes històriques catalanes, Quaderns Crema, 2000, págs. 14-18. pero no puede ser una prueba de la antigüedad del emblema asociado al linaje condal. Según Faustino Menéndez-PidalVéase Menéndez-Pidal, El escudo de España, Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía, 2004, págs. 101-2. y otros autores, se trataría de una decoración impostada con motivo de su traslado en 1385 al interior de la Catedral de Gerona por iniciativa de Pedro IV de Aragón, por lo tanto, la pintura aludida sería 300 años posterior, ya que en su emplazamiento original a la intemperie durante tres siglos es imposible que el sarcófago conservara la pintura del , como demuestra Alberto Montaner Frutos en El señal del rey de Aragón: historia y significado (1995). Menéndez-Pidal también arguye que es aún más difícil demostrar que se realizasen ornamentaciones emblemáticas en las tumbas del , y que en el sepulcro posterior de Ramón Berenguer III no se encuentra ninguna de estas ornamentaciones.Menéndez-Pidal, op. cit., pág. 102.

Otros historiadores (Guillermo Fatás y Guillermo Redondo) refuerzan el argumento de que el emblema de las barras de gules en campo de oro proviene de la temprana vinculación del Reino de Aragón con la Santa Sede. En todo caso, el linaje de los reyes de Aragón es el único linaje que podía ostentar las mentadas franjas de gules en campo dorado, puesto que Alfonso II lo hereda del derecho sucesorio que le concede un lugar como miembro de la Casa de Aragón, y lo heredan sus hijos como dignidad familiar y siempre vinculado al título principal de Rey de Aragón (en el derecho aragonés medieval conocido como "Matrimonio en Casa"), linaje al que, según algunos historiadores como Ubieto o Fatás, accede por el matrimonio con la heredera de la casa, Petronila de Aragón, al haberse cortado la posibilidad sucesoria por vía masculina. Esta teoría ha sido cuestionada recientemente por J. Serrano Daura, dada la ausencia de referencias a esta institución consuetudinaria del derecho aragonés antes del , y que las cláusulas que fueron establecidas por Ramiro II sobre la sucesión a la corona de Aragón no se ajustan a las peculiaridades de esta institución, por lo que no sería trasladable al .<ref name=Serrano>Serrano Daura, La donació de Ramir II d'Aragó a Ramon Berenguer IV de Barcelona de 1137 i la institució del "casamiento en casa", Estudis històrics i documents dels arxius de protocols, 15, Barcelona, 1997, págs. 7-14 (traducción al castellano: La donación de Ramiro II de Aragón a Ramón Berenguer IV de Barcelona, de 1137, y la institución del "casamiento en casa"], publicada en Higalguía, 270, Madrid, 1998, págs. 709-719).</ref>

thumb|left|250px|Bandera de Cataluña ondeando en San Cugat del Vallés

Otra teoría sobre el origen del señal de la Casa de Aragón lo relaciona con el viaje de Sancho Ramírez (1064-1094) a Roma en 1068 para consolidar el joven reino de Aragón ofreciéndose en vasallaje al papa, vasallaje documentado incluso en la cuantía del tributo de 600 marcos de oro al año. De ahí que se haya aducido que Alfonso II, conocedor de ese viaje, tomara como emblema del vínculo vasallático las conocidas franjas rojas y doradas, inspiradas en los colores propios de la Santa Sede, que eran bien conocidos y están bien documentados en las cintas de lemnisco de los sellos de la Santa Sede, y son visibles hoy todavía en la umbrella vaticana.

En la segunda mitad del , el señal de la Casa de Aragón era un mero distintivo familiar, y no territorial, de manera que no era posible la identificación con él de sus súbditos, que lo reconocerían solo como atributo de su rey o de la autoridad de él emanada. La confusión sobre su origen condal fue difundida durante la Renaixença en el de estos símbolos, utilizando historiografía del y apoyada en la creencia de que Pedro IV tenía conocimientos heráldicos rigurosos en el .