El municipio de Miguel Auza es uno de los 58 municipios del estado de Zacatecas, México. Su cabecera municipal es Miguel Auza. Limita al este con Juan Aldama, al sur con Río Grande y al oeste con Sombrerete, mientras que al norte colinda con el estado de Durango, en particular con los municipios de Cuencamé y Santa Clara. Su extensión territorial es de 1105 km², lo que representa el 1,46 % de la superficie estatal.
Toponimia La población fue conocida históricamente como San Miguel del Mezquital. El 9 de enero de 1935, mediante el Decreto núm. 178, el municipio cambió oficialmente su nombre por el de Miguel Auza, en honor al general zacatecano Miguel Auza Arrenechea (1822-1892), originario de Sombrerete, quien participó en la Guerra de Reforma y en la lucha contra la Segunda intervención francesa en México.
Historia Época prehispánica Antes de la llegada de los españoles, la región estuvo habitada por zacatecos, pueblo de filiación chichimeca que ocupaba parte del actual territorio de Zacatecas y áreas vecinas de Durango.
En el actual territorio de Miguel Auza se han identificado asentamientos zacatecos en La Boquilla, La Mesa y El Picacho.
Conquista y fundación
En septiembre de 1554, Francisco de Ibarra emprendió una expedición hacia el norte desde las minas de Zacatecas. La comitiva estaba formada por alrededor de treinta soldados, intérpretes indígenas, personas de origen africano, animales de carga y provisiones. Después de pasar por Fresnillo llegó a Saín y, unas leguas más adelante, encontró otro asentamiento indígena, probablemente zacateco, que recibió el nombre de «El Bautismo» después de que el religioso Juan García bautizara allí a cerca de doscientos indígenas.Una reconstrucción moderna del itinerario identifica este lugar con San Juan del Mezquital, actual Juan Aldama.
Más adelante el 29 de septiembre la expedición llegó a otro poblado zacateco que la probanza de Ibarra menciona como «que se dice de presente Sant Miguel». Alrededor de cuatrocientos indígenas armados salieron al encuentro de los expedicionarios, aunque la intervención de los intérpretes y del cacique del poblado de Saín evitó un enfrentamiento. Vallebueno Garcinava, Punzo Díaz y Durazo Álvarez identifican este asentamiento con San Miguel del Mezquital. Desde allí, los caciques Francisco y Miguel condujeron a Juan de Tolosa hacia las minas de San Martín.
Época virreinal En 1561, durante un nuevo ciclo de hostilidades de la Guerra Chichimeca, el capitán Pedro de Ahumada Sámano emprendió una campaña contra diversos grupos zacatecos y guachichiles. En una relación dirigida al virrey Luis de Velasco, fechada el 20 de marzo de 1562, documentó nuevamente el poblado de San Miguel, situado a nueve leguas de las minas de San Martín y habitado por indígenas zacatecos. Ahumada calculó que contaba con unos trescientos hombres de guerra y señaló que sus habitantes habían sido tradicionalmente amigos de los españoles. Durante el levantamiento permanecieron inicialmente neutrales y, después de la derrota de los grupos concentrados en el Malpaís, Amanquex y el Peñol Blanco, más de trescientos hombres de San Miguel se incorporaron a las fuerzas de Ahumada en busca de los grupos del Mezquital. La probanza de Ahumada señala además que, después de la campaña, hizo poblar a indígenas de Saín y San Miguel en las minas de San Martín, donde servían a los pobladores españoles, trabajaban y se alquilaban «de su voluntad».
En 1571, el presbítero Miguel de la Goya, encargado del beneficio parroquial de Nieves, servía también como doctrinero en San Miguel del Mezquital.
Rodrigo del Río de Losa se había incorporado años antes a las expediciones de Francisco de Ibarra en la frontera septentrional. Según la crónica de Baltasar de Obregón, llegó desde la ciudad de México junto con Antonio Sotelo de Betanzos, Salvador Ponce y Hernando Ramón, y participó como soldado en las campañas de Ibarra. En 1585, Rodrigo del Río de Losa solicitó al Tercer Concilio Provincial Mexicano un sacerdote pagado con los diezmos para atender su estancia de Santiago y la de Pedro de Minjares, situadas lejos de las iglesias de Llerena y de las minas de Nieves.
Durante las décadas siguientes, San Miguel permaneció dentro del espacio afectado por la Guerra Chichimeca. A finales del , la política española en la frontera fue desplazándose de las campañas militares hacia estrategias de negociación, pacificación y poblamiento. En este proceso tuvo una participación destacada Miguel Caldera, capitán mestizo que intervino en la pacificación de los grupos chichimecas mediante acuerdos de paz, el establecimiento de poblaciones y el aseguramiento de los caminos y centros mineros del norte novohispano.
A comienzos del , la documentación permite identificar también algunas de las propiedades rurales existentes en la región. En su testamento, otorgado en 1604, Rodrigo del Rio de Losa, antiguo gobernador y capitán general de la Nueva Vizcaya, declaró entre sus bienes «la estancia y hacienda de San Miguel», con caballerías de tierra, sacas de agua, casas y corrales, que había adquirido a Juan Navarro.
El mismo testamento registra entre sus propiedades la estancia de Santa Ana, situada a una legua de la Hacienda de Santiago y dedicada a la ganadería mayor, así como el puesto de Las Carboneras. Santa Ana contaba con casas, corrales, yeguada, trabajadores y demás instalaciones necesarias para la explotación ganadera; Rodrigo Río de Loza declaró que llevaba alrededor de cuarenta años poblada de ganados mayores.
A comienzos del , San Miguel se encontraba comprendido dentro de la alcaldía mayor de las minas de Sombrerete y villa de Llerena, jurisdicción perteneciente al reino de la Nueva Galicia. En su Descripción de la Nueva Galicia, concluida en 1621, Domingo Lázaro de Arregui incluyó expresamente a San Miguel entre los reales de minas de esta jurisdicción, junto con Los Reyes, Saín y Avino.
Tras la creación del obispado de Durango en 1620 se reorganizó la jurisdicción eclesiástica del norte novohispano. El 4 de febrero de 1622, Pedro de Otálora, presidente de la Real Audiencia de Guadalajara, estableció la línea divisoria entre los obispados de Guadalajara y Durango. La demarcación llegaba hasta las haciendas de Nieves, que quedaron comprendidas dentro del diezmatorio del nuevo obispado de Durango. La nueva delimitación fue de carácter eclesiástico y no alteró por sí misma la jurisdicción civil: el propio auto de 1622 describía las haciendas de Nieves como situadas dentro de la jurisdicción de la villa de Llerena y minas de Sombrerete, en el reino de la Nueva Galicia.
El 26 de junio de 1777 se levantó un padrón del Real de San Miguel del Mezquital, conservado entre las matrículas de familias pobladoras remitidas por el obispo de Durango al Consejo de Indias.
miniatura|derecha|Plano de los curatos del Reino de Nueva Galicia levantado por Domingo Anastasio Ponce en 1780. Se representan también las jurisdicciones vecinas de Nueva Vizcaya, Nuevo Reino de León, San Luis Potosí y Nueva España. Los límites eclesiásticos no coincidían necesariamente con las jurisdicciones civiles.
En 1780 por disposición de Eusebio Sánchez Pareja se crea un mapa de los curatos de la Nueva Galica, sus poblaciones y jurisdicciones, así como los territorios limítrofes de Nueva Vizcaya, el Nuevo Reino de León, San Luis Potosí y Nueva España.
Durante el adquirieron particular importancia las grandes propiedades rurales. Entre los principales propietarios de la región destacó Fernando de la Campa y Cos, primer conde de San Mateo de Valparaíso, quien reunió un extenso patrimonio territorial, minero y ganadero en el norte de la Nueva España.
A la muerte de Fernando de la Campa y Cos en 1742, su hija Ana María de la Campa y Cos Cevallos heredó parte de este patrimonio. Entre los bienes que había adquirido su padre de los herederos de su hermano, el general Antonio de la Campa Cos, se encontraba la hacienda de Nuestra Señora de los Remedios, también llamada Juan Pérez. La herencia comprendía asimismo la cuarta parte de la hacienda de Santa María de los Carboneros, localizada en la jurisdicción del Real y Minas de San Miguel.
La hacienda de Juan Pérez comprendía tierras relacionadas con Cuencamé, San Miguel del Mezquital y San Juan del Mezquital. En ella se desarrollaron actividades agrícolas y ganaderas aprovechando los pastizales y las aguas del río Aguanaval. Su producción aparece registrada en los diezmos del obispado de Durango durante la primera mitad del .
El 26 de junio de 1777 se levantó un padrón del Real de San Miguel del Mezquital dentro de las matrículas de población de la diócesis de Durango.
miniaturadeimagen|izquierda|300px|Mapa histórico del Distrito de Nieves en el siglo XIX.
En el marco de las Reformas borbónicas y de la creación de la Intendencia de Zacatecas en 1786, San Miguel del Mezquital quedó adscrito al partido de Nieves, cuya cabecera era Santa María de las Nieves. Esta reorganización integró a San Miguel en la estructura administrativa de la intendencia durante las últimas décadas del periodo virreinal.
En 1803, la jurisdicción de San Miguel del Mezquital registraba 3236 habitantes distribuidos entre la cabecera, haciendas y ranchos. Los padrones registran españoles, indígenas, mestizos, mulatos y habitantes cuya calidad no fue especificada. En Juan Pérez, Crucesitas, San Marcos y Estanzuela predominaba la población registrada como mulata.
La hacienda de Juan Pérez contaba entonces con 286 habitantes y constituía uno de los principales núcleos de población de la jurisdicción después de la cabecera.
Independencia y Durante la independencia de México, los sectores populares ligados a las haciendas y a los reales de minas constituyeron la base social de los movimientos armados regionales. En 1824, el Real de San Miguel del Mezquital juró como municipio libre, separándose del esquema de partidos borbónicos (Nieves) y consolidando su autonomía civil.
A lo largo del , el núcleo urbano incorporó construcciones civiles y religiosas de estilos dórico, barroco y neogótico —como el Portal Fernández (casa grande de la hacienda de San Marcos), el Portal Aguilera y la parroquia de San Miguel—, mientras la economía local siguió articulada por la minería comarcal y por la producción agroganadera de sus haciendas y ranchos.
Revolución Durante la Revolución Mexicana, en 1911 se registró el intento por tomar la plaza de San Miguel del Mezquital, siendo el Sr. Everardo Núñez quien, acompañado por un grupo de hombres armados, organizó la defensa frente al 11.º regimiento militar al mando del capitán Villaseñor. Ese mismo año varios militares realizaron una visita de cortesía a la Presidencia Municipal, entre ellos Don Luis Moya, el general Pánfilo Natera, Manuel Caloca y Pedro Luna. Fue uno de los últimos actos de Don Luis Moya, ya que posteriormente sería asesinado por Pablo Méndez en 1912. En ese mismo año, San Miguel fue saqueado durante un ataque de las fuerzas orozquistas, al mando de Méndez, quien además destruyó los archivos municipales incendiándolos.
Siendo presidente municipal el Sr. Rodolfo Fernández, nuevamente se originó un combate el 30 de mayo de 1913, cuando más de 1600 hombres de caballería lograron apoderarse de la plaza. La defensa fue encabezada por el comandante de la guarnición, coronel F. Rivero, al frente de 45 hombres y otros vecinos. A pesar de sus esfuerzos, la resistencia fue infructuosa. Copados por el enemigo, el coronel Santiago F. Rivero y algunos sobrevivientes lograron romper el cerco y buscar ayuda con el general de división Cándido Aguilar (posteriormente Secretario de Marina), quien llegó en persecución del general Benjamín Argumedo, aunque este ya había abandonado la población.