Francia fue un reino que existió desde el año 843 hasta el 1792, aunque tradicionalmente se le suele poner como punto de inicio el año 987, con el ascenso de la dinastía de los Capetos. Los Capetos gobernaron Francia ininterrumpidamente hasta la Revolución francesa y el derrocamiento del rey Luis XVI. El Reino de Francia se conoció al principio con el nombre de «Francia Occidental» tras la fragmentación del Reino franco de Carlomagno, pero en algún punto antes del ascenso de Felipe II de Francia (primero en usar el término «rey de Francia») en 1180, el territorio obtuvo el nombre con el que se le conoce en la actualidad.
Este artículo aborda, de ese periodo, lo relativo a Francia en la Edad Media. La Edad Media en Francia se caracteriza, entre otros aspectos, por: La formación de identidad nacional frente a sus vecinos, manifestada en hitos como la batalla de Poitiers (732), la batalla de Bouvines (1214), el tratado de Corbeil (1258) y de París (1259), y la guerra de los Cien Años. El feudalismo como realidad política consolidada.
Alcance geográfico
Francia, como término en latín, designa el territorio geográfico de los francos, que establecidos en el limes del Imperio romano fueron expandiéndose y ocupando las Galias: Dioecesis Viennensis y Dioecesis Galliarum. En dichas diócesis ya estaban establecidos los galorromanos, los visigodos y los burgundios: los galorromanos fueron sometidos tras la batalla de Soissons, los visigodos fueron expulsados de Aquitania pero no de Septimania, y los burgundios perdieron su Reino, los bretones continuaron establecidos en Armórica. La expansión de los francos a Germania e Italia ampliará el ámbito territorial de dicho pueblo.
Con el Tratado de Verdún (843) se consuma la división territorial del Regnum francorum: Francia occidentalis (objeto del presente artículo, y que originaría la actual Francia), Francia orientalis (que originaría la actual Alemania) y Francia Media (que por su posición fronteriza se fragmentó políticamente oscilando entre los otros dos reinos, y por esta coyuntura fueron surgiendo nuevos países en época moderna).
Dada la desaparición de la noción romana de res publica, la denominación de Francia se limitó al dominio feudal del rey en torno a París y Orleans, más que a la red de vasallaje en torno al rex francorum, esto es, al dominio efectivo del rey. La ampliación del territorio real resultaría la expansión de Francia a costa de sus vasallos dentro del ámbito geográfico limitado por el Imperio Germánico, y por los reinos de Navarra y Aragón. La afirmación del poder real sobre el reino, con sus estructuras burocráticas va a dar paso a la Edad Moderna.
Dinastía merovingia ( - 751)
Los francos fueron establecidos en la desembocadura del Rin a mediados del por el emperador Juliano. Aprovechando el declive de la autoridad romana en la Galia tras el paso del Rin de las tribus germánicas (406), fueron conquistando gradualmente, desde la década de 420, la mayor parte de la Galia romana al norte del río Loira y al este de la Aquitania visigoda. Esta invasión avanzó por la región parisina, donde terminaron con el control romano que ejercía Siagrio en el 486, y prosiguió hacia los territorios al sur del río Loira, de donde se expulsó a los visigodos a partir del 507.
El artífice de esta expansión que expulsó a los visigodos de la Galia y suprimió el control romano en la región de París, fue un rey de los francos salios, de la estirpe de los merovingios, Clodoveo I. Este rey, además de expandir su territorio llevó a cabo campañas para eliminar a los demás reyes francos, tanto ripuarios como salios, de modo que quedó como el único rey de los francos. Por otro lado, la conversión de Clodoveo —y su pueblo— al cristianismo ortodoxo (en contraposición a los heterodoxos arrianos), favoreció su aceptación entre la población galorromana.
left|thumb|250px|La ampliación territorial de los francos entre 481 y 814.
El área franca se expandió aún más bajo el reinado de los hijos de Clodoveo, llegando a cubrir la mayor parte de la actual Francia (con la expulsión de los visigodos), pero incluyendo también zonas al este del río Rin, tales como Alamania (el actual sudoeste de Alemania) y Turingia (desde 531); Sajonia, en cambio, permaneció fuera de las fronteras francas hasta ser conquistada por Carlomagno siglos más tarde.
A la muerte de Clodoveo en 511, se repartió el reino entre sus cuatro hijos, hasta que su hijo Clotario I reunió temporalmente los reinos. Los soberanos merovingios, siguiendo la tradición germánica, tenían la costumbre de dividir sus tierras entre los hijos supervivientes, ya que carecían de un amplio sentido de la res pública, concebían el reino como una propiedad privada de grandes dimensiones. Esto dio lugar a divisiones territoriales, segregaciones y redistribuciones, reunificaciones y nuevas particiones, en un proceso que originaba asesinatos y guerras entre las distintas facciones.
Tras Clotario I, los territorios francos volvieron a dividirse en 561, y sus descendientes entraron en otra nueva guerra civil, en la que se delimitaron los reinos de Neustria, Austrasia y Borgoña (conquistada en 534 a los burgundios). Clotario II reunió en 613 estos territorios.
La rápida disminución del comercio y del numerario por la expansión musulmana en el Mediterráneo, y las frecuentes guerras civiles, provocaron que los reyes debían mantener apoyos entre la aristocracia, y como no tenían suficiente dinero, enajenaron su propio patrimonio real, resulta de lo cual, el propio poder real fue debilitándose.
La época de minoridades reales generada durante la guerra entre Brunegilda y Fredegunda, hicieron reforzar la posición del mayordomo de palacio. Tras la muerte de Dagoberto I en 639 se desembocó en un periodo de reyes menores de edad. Como los reyes carecían de poder, las querellas por el poder las llevaron a cabo los mayordormos de palacio. Tras la muerte de Ebroino hacia 680 y la derrota neustriana en la Batalla de Tertry (687), los mayordomos de Austrasia pertenecientes al linaje de los pipínidas consolidaron su posición entre la aristocracia terrateniente a través de vínculos territoriales, esto es, el mayordomo otorgaba tierras enajenadas a la Iglesia o al fisco en régimen de usufructo (beneficio), a un aristócrata a cambio de contar con su fidelidad y de aportar apoyo militar de un grupo de vasallos, de modo que en el futuro, el rey se verá obligado a contar con sus vasallos, quienes en definitiva, son los que van a tener la fuerza militar. Desde esta posición asumieron el poder regio pero sin poder asumir el título real, hasta que a mediados del lograron ser elegidos con beneplácito del Papa y fundaron una nueva dinastía: los carolingios.
Apogeo de los carolingios (751-843)
El mayordomo de palacio de todos los reinos merovingios, Pipino el Breve (hijo del mayordomo Carlos Martel), logró destronar a su rey merovingio Childerico III en 751, y fue reconocido rey de los francos con apoyo del Papa Zacarías, y posteriormente ungido como rey por el Papa Esteban II en 754. Así, aunque Pipino fue rey electo, aseguró su legitimidad divina a través del Papa. Como contrapartida, Pipino conquistó el exarcado de Rávena a los lombardos, pero en lugar de devolvérselo al emperador romano/bizantino se los entregó al Papa, dando pie a la creación de los Estados Pontificios en la donación de Pipino, que dejó en la tumba de San Pedro.
Pipino repartió el reino a su muerte en 768, y tras la muerte prematura de Carlomán en 771, su hermano Carlos, se hizo rey de todo el territorio frente a sus sobrinos, Pipino y Siagrio, quienes contaron con el apoyo del rey de los lombardos, Desiderio, puesto que Carlos había repudiado a su hija Desiderata. En una campaña en 773-774, Carlos conquistó a los lombardos, incluyendo de esta manera el norte de Italia en su esfera de influencia. Por otro lado, Carlos amplió su territorio derrotando a los sajones en sucesivas campañas que desde el año 772 terminaron por someterlos en 804. En el 788, Carlos continuó expandiendo su reino todavía más hacia el sureste, incluyendo la sumisión de Baviera hasta la actual Austria y a partes de Croacia. El territorio del reino de Carlos abarcaba desde los Pirineos hasta la mayor parte de la actual Alemania, incluyendo el norte de Italia y la actual Austria. En la jerarquía de la Iglesia, los obispos y abades buscaban la protección del palacio del rey, fuente tanto de protección como de seguridad. Carlomagno se había erigido en líder de la cristiandad occidental.
El día de Navidad de 800, el papa León III coronó a Carlos como «Emperador que gobierna el Imperio romano», en Roma, y a su hijo Carlos el Joven como rey de los francos. Se trataba de uno más de los gestos llevados a cabo por el papado para definir los papeles de auctoritas papal y potestas imperial; así como para considerarle como sucesor de los emperadores romanos. Esto originó una serie de disputas con los bizantinos por la legitimidad de dicho título, pero finalmente, en 812, el emperador bizantino Miguel I Rangabé reconoció a Carlomagno como emperador (basileus), pero no como emperador de los romanos (Βασιλεύς των Ρωμαίων), título que se reservó el bizantino como el verdadero sucesor de los emperadores romanos.
thumb|250px|El reino de Carlomagno fue dividido en el tratado de Verdún (843): los francos centrales a Lotario I (rosa), los francos a Luis el Germánico (verde) y los francos del oeste a Carlos el Calvo (rojo).
Carlomagno tuvo varios hijos, pero solo uno le sobrevivió, Luis el Piadoso, quien sucedió a su padre en 814 al frente del territorio del imperio. Tras tres guerras civiles, Luis murió en 840, y sus tres hijos supervivientes decidieron repartirse el territorio en el Tratado de Verdún, en 843:
Lotario I emperador desde el año 817, le correspondió los francos centrales con las capitales imperiales Aquisgrán y Roma, territorios que se subdividieron entre sus hijos en Lotaringia, Burgundia e Italia (septentrional).
Luis el Germánico, pasó a ser rey de los francos del este.
Carlos el Calvo, pasó a ser rey de los francos del oeste, en lucha contra su sobrino Pipino II rey de Aquitania.
Más tarde, mediante el tratado de Mersen (870) y Ribemont (880) se realizó una nueva división de los territorios, en detrimento de Lotaringia.
El 12 de diciembre de 884, tras una serie de fallecimientos, el emperador Carlos III el Gordo reunió la mayor parte del Imperio carolingio, solo Bosón de Provenza resistía como rey en torno a Vienne.
A finales de 887, su sobrino, Arnulfo de Carintia se sublevó y se hizo con el título de rey de los francos del este (actual Alemania). Carlos se retiró y murió poco después, el 13 de enero de 888, la ausencia de una autoridad favorecieron la fragmentación regional abandonando el linaje carolingio: Italia, y Borgoña transjurana y cisjurana tuvieron reyes propios, y la Francia occidental, Eudes, conde de París fue elegido rey, pero en Aquitania Ranulfo se proclamó rey. Diez años más tarde, los carolingios recuperaron el poder en Francia occidental, donde gobernaron hasta 987, año de la muerte de Luis V.
El legado carolingio (843-987)