Gustavo Adolfo Claudio Domínguez Bastida (Sevilla, 17 de febrero de 1836-Madrid, 22 de diciembre de 1870),Sádaba, Soraya. «El autor: Biografía.» Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Consultado el 8 de marzo de 2016. más conocido como Gustavo Adolfo Bécquer, fue un poeta y narrador español del posromanticismo. Aunque en vida ya alcanzó cierta fama, solo después de su muerte y tras la publicación del conjunto de sus escritos obtuvo el prestigio que hoy tiene.
Sus Rimas y Leyendas, un conjunto de poemas y relatos reunidos, constituyen uno de los libros más populares de la literatura hispana.
Orígenes familiares El apellido Bécquer o Bécker era y es bastante común en Alemania y Flandes. Proviene del oficio de "panadero" (en neerlandés bakker y en alemán Bäcker). Hacia 1588 el católico Enrique Bécquer se trasladó con sus hijos Miguel y Adam desde la ciudad alemana de Moers, muy disputada durante la guerra de los Ochenta Años, hasta Sevilla. Miguel y Adam fueron enterrados junto al altar de Santa Justa y Rufina de la Catedral de Sevilla, finalizado con el patrocinio de esta familia en 1622. Miguel adquirió terrenos de cultivo en Tomares y el cortijo de Troya de Utrera, así como casas en Sevilla. Se casó con Catalina Vants, de origen flamenco, y tuvieron como hijo a Guillermo, que fue caballero veinticuatro de Sevilla (equivalente a concejal). Con Guillermo la familia alcanzó su mayor apogeo económico y sus hijos entraron en órdenes militares o consiguieron tener cargos en la Inquisición.
Los Bécquer perdieron estatus social en el y en las primeras décadas del . Cuando nació Gustavo en 1836, el patrimonio familiar se había diluido al romperse la cadena de mayorazgos y ya no podían vivir de las rentas.
El primer familiar artista fue Juan José Bécquer, grabador activo a finales del .
El pintor José Domínguez Insausti, padre de Gustavo, tomó el apellido Bécquer de su familia paterna a la hora de firmar sus obras, evocando sus orígenes y el pasado ilustre de su familia. Fue considerado como uno de los pintores sevillanos más destacados de su tiempo. Pintaba cuadros costumbristas y retratos. Muchas de estas obras eran exportadas a Inglaterra o eran compradas por viajeros ingleses. También se dedicó a la docencia, enseñando pintura a Joaquín Domínguez Bécquer, Manuel Cabral Bejarano, Eduardo Cano de la Peña y otros. José alcanzó una buena situación económica gracias a su trabajo como artista. El 25 de enero de 1827 se casó con Joaquina Bastida Vargas, con quien tuvo ocho hijos: Eduardo (en 1828), Estanislao (en 1830), Jorque Félix (en 1832), Valeriano (en 1833), Gustavo Adolfo (en 1836), Ricardo (en fecha desconocida), Alfredo (en fecha desconocida) y José (póstumo, en 1841). De cuidarlos se encargaban tres criadas y un criado. La familia tenía coche, lo cual era un lujo en aquel entonces.
Tanto Gustavo Adolfo como su hermano, el pintor Valeriano Bécquer, adoptaron Bécquer como primer apellido en la firma de sus obras.
Biografía
En Sevilla Gustavo Adolfo nació en Sevilla el 17 de febrero de 1836, en la calle Conde de Barajas número 28 (antaño calle Ancha de San Lorenzo, número 9). Fue bautizado en la parroquia de San Lorenzo. Su madrina fue Manuela Monnehay Moreno, originaria de Francia. La familia se trasladó a diversos domicilios a lo largo del tiempo. En 1838 se trasladaron al número 27 de la calle del Potro. El padre falleció a los 36 años, el 26 de enero de 1841, cuando se encontraba en su domicilio de la calle Alcoy número 2, entonces llamada calle Las Cruces. Entonces Gustavo tenía cinco años. thumb|left|Casa natal de Gustavo Adolfo Bécquer en la calle del Conde de Barajas de Sevilla. En 1887 se colocó la lápida conmemorativa de la fachada. Hay indicios de que Manuela Monnehay ayudó económicamente a su ahijado huérfano. Su padre tenía su vivienda y una perfumería en la plaza del Duque y ella heredaría estas propiedades en 1849.
En 1841 Gustavo comenzó sus estudios en el Colegio de San Francisco de Paula, que se encontraba también en la Plaza del Duque. El 1 de marzo de 1846, con diez años, Gustavo Adolfo pasó a estudiar como interno en el Colegio Naval de San Telmo de Sevilla, donde estudiaba su hermano Estanislao desde 1843. En San Telmo, coincidió que entonces era profesor un discípulo del poeta Alberto Lista, Francisco Rodríguez Zapata. También era profesor, concretamente de francés, el italiano Francisco Zoleo.
En San Telmo, Gustavo conoció a su gran amigo y compañero de desvelos literarios Narciso Campillo, huérfano de padre también. Campillo le enseñó a nadar en el Guadalquivir y a manejar la espada. Incluso a edad tan temprana ambos empiezan a escribir juntos, por primera vez, el "espantable y disparatado drama" Los conjurados, que llegó a ser representado en el colegio en una festividad, y luego comenzaron una novela jocosa titulada El bujarrón en el desierto. Una tarde, además, quemaron miles de versos que habían compuesto.
El 27 de febrero de 1847, los hermanos Bécquer quedaron huérfanos también de madre. En julio de 1847, por Real Orden de Isabel II, cerró el Colegio de San Telmo.
Gustavo y sus hermanos fueron a vivir a casa de su tía materna, María Bastida, casada con Juan Vargas. La casa se encontraba en el número 37 de la Alameda de Hércules.Izquierdo, P. (1989). «Introducción» en Bécquer, Gustavo Adolfo. Leyendas. Madrid: Cátedra, pp. 11-101. Estanislao se vio libre del servicio militar por tener que mantener a cinco hermanos menores de 16 años y empezó a trabajar en la Junta de Obras del Puerto, dando con su salario sustento a todos ellos. Por aquel entonces su hermano Ricardo había muerto y, poco después, dos hermanos se fueron a Cuba.
Gustavo se acercó a su hermano Valeriano, de quien se había separado mientras estaba en San Telmo. También fue acogido en casa de su madrina Manuela, una mujer que había tenido la oportunidad de viajar y que contaba en su casa con una nutrida biblioteca. En ella, Gustavo pudo leer a los clásicos (Horacio y Shakespeare) y a los contemporáneos (José Zorrilla, Víctor Hugo, Lord Byron, Walter Scott).
En 1848, el joven Gustavo trató de componer un poema en homenaje a Alberto Lista, que había fallecido ese año, pero no llegó a terminarlo.
Por esta etapa, Valeriano y Gustavo pasaron a estar bajo la protección de su pariente, Joaquín Domínguez Bécquer. Este era un pintor de éxito que quiso orientarles hacia la pintura. En 1848 Gustavo entró en la Escuela de Bellas Artes, situada entonces en el interior del Museo Provincial. La escuela y el museo estaban dirigidos por Antonio Cabral Bejarano. En 1850 abandonó los estudios en la Escuela, que le parecían rutinarios, y pasó al taller de Joaquín, donde se encontraba su hermano Valeriano desde hacía un par de años. Como Joaquín era pintor del duque de Montpensier su taller estaba en el apeadero del Palacio de San Telmo, donde este vivía desde 1849.
A Gustavo se le daba mejor el dibujo que la pintura. Joaquín llegó a decirle: "Tú no serás nunca un buen pintor, sino un mal literato". Joaquín costeó sus estudios de enseñanza media, entonces llamados de "latinidad", debido al gran peso que tenía el latín en ellos.
Gustavo cursó la enseñanza media en el Colegio de San Diego, probablemente entre 1851 y 1853. Cuando entró, su hermano Valeriano ya se encontraba también allí como alumno. En San Diego, Gustavo volvió a coincidir con los profesores Francisco Rodríguez Zapata y Francisco Zoleo. Este colegio se encontraba en la calle de las Armas, actualmente llamada Alfonso XII.
Se han conservado algunas obras de la adolescencia, la mayor parte en el llamado Libro de cuentas. Este era un libro que el padre utilizaba para llevar la contabilidad de sus clases de pintura. Cuando murió, Gustavo se dedicó a rellenar las páginas y los espacios en blanco con poesías y dibujos. La obra más extensa del Libro de cuentas es una versión del drama Hamlet de Shakespeare.
Hay constancia, a través de su diario, de que Bécquer tuvo sentimientos hacia algunas chicas durante su adolescencia. Por ejemplo, escribió en su diario que al ver a una chica en la inauguración del Puente de Triana el 23 de febrero de 1852 se sintió atraído por ella y también escribió un poema a una tal "señorita Lenona" ese mismo año, lamentando que se marchase de la ciudad. Sus hermanos mantuvieron relaciones con las hijas de Antonio Cabrera Cortés. Su hermano Estanislao se casó con Adelaida Cabrera, Valeriano fue novio de Nicolasa Cabrera y existe la posibilidad, sostenida por el biógrafo Rafael Montesinos, de que Gustavo hubiese tenido un noviazgo con Julia Cabrera, aunque no hay pruebas de ello.
Según Julio Nombela, con quien el poeta entabló amistad a partir de agosto de 1853, Bécquer era un absoluto aficionado a la ópera italiana y se sabía de memoria numerosas arias de Gaetano Donizetti y Vincenzo Bellini.
En 1853 Bécquer publicó en las revistas sevillanas La Aurora y El Porvenir.
El trono y la nobleza fue una revista fundada por el historiador Manuel Ovilo y Otero en 1848 en Madrid. Ovilo era amigo de Rodríguez Zapata, profesor de Bécquer. Posiblemente gracias a la influencia de este profesor, Bécquer pudo publicar en esta revista un soneto en diciembre de 1853 y un romance en marzo de 1854.
Gustavo realizó un álbum de caricaturas políticas, en el que también colaboró Valeriano, titulado Los contrastes o Álbum de la revolución de julio de 1854, por un patriota. Consta de 120 láminas y 131 hojas. El álbum es crítico y burlesco hacia los que participaron en aquel evento, conocido como la Vicalvarada.
Estando ya en Madrid, en 1859, describió a Sevilla como "el Edén perdido" y habló de ella como "la ciudad en la que he nacido y de la que tan viva guardé siempre la memoria". Dos de sus leyendas están ambientadas en Sevilla. La de Maese Pérez el organista, sobre un organista que tocaba en el Convento de Santa Inés, y la de La Venta de los Gatos, sobre un pintor que va a una taberna del barrio de San Jerónimo donde se bebía, se cantaba y se bailaba. Coincidía que su padre, José Bécquer, había pintado un cuadro de la Venta de los Gatos. La Venta de los Gatos sigue existiendo, aunque está abandonada. En 1928 se colocó en ella una placa conmemorativa realizada por el marmolista José Suárez Durán, que fue robada en 2022. En sus inmediaciones se colocó un monumento con un busto de Bécquer realizado en 1967 por el escultor Antonio Illanes Rodríguez.
En Madrid Gustavo Adolfo Bécquer, Julio Nombela y Narciso Campillo empezaron a componer versos con la intención de ir a Madrid a publicarlos. Su amigo Julio Nombela se fue a Madrid en junio de 1854. En octubre de 1854 Gustavo le siguió. Llevaba 30 duros que le había dado Joaquín Domínguez Bécquer. Se instaló en una pensión de la calle de la Hortaleza número 35, en una habitación pequeña y pobremente amueblada. A finales de 1854 llegó Campillo, aunque como había enfermado de viruela durante el viaje tuvo que venir su madre para cuidarlo y después regresó con él a Sevilla. En noviembre de 1854 Valeriano llegó a Madrid con una suma que le había dado Juan Vargas y que permitió que él y Gustavo se instalasen en una pensión de la Plaza de Santo Domingo. También le trajo a Gustavo una carta de presentación del abogado Juan José Bueno, muy bien relacionado en Sevilla y Madrid. Poco después, Valeriano regresó a Sevilla, aunque regresaría a Madrid en 1861, permaneciendo desde entonces junto a su hermano.
Campillo y Bécquer se distanciaron en 1854. Campillo terminó por tachar a Gustavo de ser casi iletrado, meramente intuitivo, falto de cultura y de estudios. Campillo presumía de haberse formado mejor que él en el Instituto Provincial de Sevilla y de haberle enseñado algunas cosas que aprendía allí. También dijo que Bécquer era sucio y descuidado, lo cual es desmentido por su manifiesto interés en vestir bien.